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EL CASTILLO DE CASTRO

José Ángel Asensio Esteban
EL CASTILLO DE CASTRO
ARQUEOLOGÍA Y ARQUITECTURA

Autor del Artículo:
Jose Ángel Asensio Esteban, Doctor en Historia y Director de las excavaciones arqueológicas de Labitolosa

Publicado en el Libré de las Fiestas de La Puebla de Castro del año 2009


Introducción 

A pesar del renombre y la importancia que adquirió desde su creación en la segunda mitad del siglo XIII la Baronía de Castro, muy escasas son las noticias de que disponemos en la bibliografía acerca del castillo que le dio nombre.

Ermita de San Román de Castro y restos del Castillo de Castro. 
Autor de la foto: Rafael Franco Suiles.

La roca de Castro se localiza a unos 2 km al Sur-Sureste del casco urbano de La Puebla, en una elevación de caliza y conglomerado que cuenta con pendientes relativamente suaves hacia el Norte y Oeste pero con paredes verticales al Este y al Sur que caen sobre la embocadura septentrional del congosto de Olvena. La cima, a 725 m. s.n.m., constituida por un pitón sólo accesible por el Sur, emerge a unos 300 m. de desnivel sobre el cauce del Ésera y unos 100 m. con respecto a la llanura de La Puebla. El acceso al conjunto se realiza por un trabajoso camino que parte al Sur del casco urbano de esta localidad, y que llega serpenteando hasta las ruinas del hábitat de Castro, que se desparraman por la ladera Sur hacia el precipicio del Ésera, y finalmente a la iglesia románica de San Román y al castillo en el punto culminante.

La función primordial de Castro, como honor de gran importancia, creemos que fue la de dominio de las gentes y las tierras de la llanura de La Puebla-Secastilla y de la huerta desaparecida de Barasona, áreas ambas de gran riqueza agrícola que estarían densamente pobladas por musulmanes en la Alta Edad Media a juzgar por la abundancia de restos arqueológicos pertenecientes a esta época que la prospección arqueológica y el análisis de las fuentes documentales parecen confirmar. 

Generalidades 

Hoy día el interior del castillo de Castro aparece yermo y desolado, ocupado por bancales con muros desmoronados que un día, una vez abandonado, posibilitaron el cultivo de cereales y frutales de secano.

Los restos constructivos del castillo de Castro están conformados por una gran muralla en barrera articulada, por un foso colmatado y por una torre exenta en el punto culminante del conjunto, todos los cuales denotan una uniformidad casi total en concepción poliorcética y técnica constructiva, de modo que a todas luces podemos asegurar que forman un conjunto homogéneo de datación sincrónica. Resulta de gran importancia el hecho de que el castillo y el templo de San Román, localizado al Sur y elevado a principios del siglo XII, presentan una evidente independencia entre sí, de manera que éste no se integra en el conjunto defensivo y se coloca al exterior del mismo, marcando el límite entre la parte noble del enclave de Castro, y el hábitat, que se dispuso en terrazas a lo largo y ancho de la ladera meridional frente al congosto.

Restos del Castillo de Castro y Ermita de San Román de Castro. 
Autor de la foto: Pere elbaroncolorao.

La defensa principal de la fortaleza de Castro estaba constituida por la gran muralla, que cerraba el único punto no defendido de manera natural, la ladera meridional. El resto del perímetro triangular con vértice orientado al Norte, aparecía perfectamente aislado por paredes de roca natural que caían a plomo sobre el terreno circundante que apenas requirieron la disposición de un simple parapeto, muy arruinado hoy día, del que quedan vestigios de muros de mampostería trabada con mortero de cal y relleno interno.

Por último, el vértice y a la vez punto culminante del triángulo compuesto por la planta del castillo de Castro aparece ocupado por las ruinas de la torre mayor, reducto último y atalaya principal del conjunto.

Castillo de Castro. Autores de la lámina: Jose Angel Asensio Esteban y Quint.

La muralla en barrera

Esta muralla de Castro, de complejo diseño, cubría una línea defensiva de poco menos de 70 m. de longitud Este-Oeste en la ladera Sur de la fortaleza. Sin embargo, esta estructura no se proyectó con un trazado recto, sino que fue dividida en dos tramos principales de similar longitud, unos 35 m., que se encontraban en un ángulo muy abierto reforzado por una torre central que rompía el frente de ataque y se introducía en forma de cuña en las filas de los posibles asaltantes.

La muralla se asentó además en un terreno de caliza cuidadosamente preparado al efecto, ya que los constructores tallaron la roca natural siguiendo los entrantes y salientes de las obras de flanqueo, alisando el basamento natural a pico en forma de talud o alambor.

El sector occidental aparece a su vez dividido en dos por medio de un codo de unos 4 m. de largo en dirección Noreste en el que se dispuso la entrada principal al conjunto, con estructura en ángulo. Donde no se talló la roca natural como en el resto del conjunto, sino que simplemente se alisó, seguramente porque así se podía disponer la rampa que condujese a la puerta.

Castillo de Castro. Autores de la lámina: Jose Angel Asensio Esteban y Quint.

Por su parte, el tramo oriental de la muralla en barrera de Castro aparece también dividido en dos trechos de algo más de 11 m. de longitud cada uno, por medio de un cubo medial escasamente acusado en planta que permitía reforzar este lienzo localizado.

La torre mayor 

En el punto culminante de la roca de Castro, ocupando el vértice septentrional de la misma, subsisten maltrechos los restos de una desmochada torre exenta de planta rectangular, con su eje mayor con perfecta orientación Norte-Sur y de 11 x 7'20 m. de la lado. De ella hoy día sólo se aprecian con cierta claridad el muro Sur, en unos 4 m. de alzado conservado que descuellan sobre los escombros y la tierra acumulada, y los dos tercios más meridionales de las caras Este y Oeste. El resto aparece confundido entre escombros y sólo sería visible tras una excavación arqueológica de entidad.

El aparejo de esta torre es idéntico al de los cubos o torreones de la muralla inferior, es decir, que también fue elevado con sillarejo y mampuestos colocados con mortero de cal dentro de un encofrado.

No se conservan visibles los restos de la entrada al interior de la torre, cuya parte superior aparece rellena de tierra. Es posible que su piso inferior fuese macizo y que la puerta estuviese en alto, pero ello es mera conjetura sin una excavación y desescombro.

Torre del Castillo de Abizanda (Huesca). Reconstrución realizada por Félix Ibáñez. Posiblementa la Torre del Castillo de Castro fuera similar.

Por otra parte, esta torre no se adosó al parecer a ninguna otra estructura, de modo que debió ser completamente exenta.

Las defensas exteriores: el foso

Aunque el estado actual de los restos y la transformación sufrida por la fortaleza a lo largo de los siglos no permiten una observación óptima de los vestigios del conjunto, hemos descubierto la existencia de un gran foso de 4 m. de anchura media que protegía exteriormente toda la muralla en barrera. Dicho foso se excavó en la roca con paredes inclinadas con perfil en uve y hoy aparece completamente colmatado de tierra y abancalado para su cultivo.

Restos de la muralla del Castillo de Castro. Autor de la foto: Pedro Bardaji Suarez.

Este foso, como la propia muralla a la que precede, presenta un recorrido en ángulo, con dos tramos similares de unos 40 m. de longitud separados por la torre central a los que hay que sumar un breve trecho de apenas 10 m. de longitud de dirección Norte-Sur, localizado en el vértice Sureste de la fortaleza.

Técnica constructiva

Todo el conjunto defensivo de Castro, excepto la iglesia de San Román, el aljibe y el pretil que protege la roca en sus puntos menos vulnerables, es decir, la muralla articulada en barrera y la torre maestra del interior, presenta una total uniformidad también en cuanto materiales y técnicas constructivas.

Concretamente, la técnica empleada en la erección del conjunto de torre y muralla fue el encofrado de mortero de cal que homogeneizaba un aparejo de bloques de piedra en general notablemente irregulares. Este encofrado se realizó disponiendo en la cara externa, la que limitaba directamente con la horma de madera, piedras de mayor tamaño colocadas con cierta regularidad con sus caras más planas mirando hacia las tablas para conseguir una mayor homogeneidad en la cara exterior del muro.

Las piedras de la base de las cortinas se asentaron en la roca natural sobre un generoso lecho de mortero de cal de color blanco o rosáceo, sin más cuidado ni una especial preparación de la banqueta de fundación.

Restos de la muralla del Castillo de Castro. Autor de la foto: Pedro Bardaji Suarez.

Los cubos y torreones, sobre todo los de mayor proyección en planta se elevaron con mayor cuidado que las cortinas, asentándose las piezas describiendo hiladas relativamente coherentes con menor cantidad de mortero de cal, intentando que las esquinas de los muros adarajasen correctamente mediante una disposición horizontal de los tendeles de mortero y las hiladas de piedra.

En origen, los muros de las cortinas tendrían un aspecto exterior liso a modo de enlucido, o bien presentarían las juntas salientes, ya que una fina capa de mortero fresco fraguaría entre las piedras y las hormas de madera del encofrado.

Obras hidráulicas

Como hemos ido apuntando, el recinto defensivo de Castro cuenta con un aljibe de planta rectangular de 5´10 x 2'90 m de dimensiones interiores localizado frente a la torre mayor, a 8 m hacia el Sur de ésta pero no perfectamente alineado con ella sino con su eje ligeramente desviado hacia el Este. Dicho aljibe se construyó excavando parcialmente la roca natural pero forrando las paredes naturales con muros de sillarejo de 0'70 m de anchura y elevándolos por encima del suelo. Estos muros se construyeron con la técnica del doble paramento de sillarejo asentado en hiladas pseudoisódomas y relleno interno de hormigón de cascotes y mortero de cal. Este aparejo presenta pues unas evidentes diferencias con respecto a la obra general del castillo, bien porque esta estructura hidráulica es de diferente cronología o simplemente porque dada su naturaleza se construyó con un mayor cuidado, ya que iba a contener agua.

Castillo de Castro. Delante, restos del Aljibe. Detrás, restos de la Torre Mayor. Autor de la foto: Pedro Bardaji Suarez.

El espacio interior de este depósito se cubrió con una bóveda de cañón rebajado, ya caída, y se impermeabilizó interiormente por medio de una capa de mortero recubierto de almagre rojizo.

Detalle del interior del Aljibe del Castillo de Castro. Autor de la foto: Pedro Bardaji Suarez.

El llenado del aljibe de Castro se realizaría quizá manualmente, ya que desconocemos si sería posible aprovechar las aguas pluviales por medio de canalillos. El agua se pudo obtener de una gran balsa localizada a la entrada del conjunto de Castro, al pie de la ladera occidental de la roca sobre la que se asentó el castillo. Esta balsa, que tiene agua todo el año, debe alimentarse de una surgencia, dada su perennidad, y abastecería al poblado hasta su abandono definitivo a comienzos del siglo XX.

Balsa de Castro. Autor de la foto: Rafael Franco Suiles.

En momentos de peligro o asedio los defensores del castillo disponían de un acceso defendido a dicha balsa, de modo que podrían resistir largos períodos de tiempo, consistente en un camino tallado en la ladera Oeste de la roca que descendía desde la parte Norte-Noroeste del castillo hasta el nivel de la balsa. La senda se cerraba por medio de un curioso portillo también tallado en las margas que podría disponer de puerta.

¿Ruina intencionada?

El estado de conservación de la fortaleza de Castro es de severa y generalizada ruina. No obstante, el alzado conservado es notablemente uniforme. No hay señales por lo general de grietas o desplomes ni en las cortinas ni en las esquinas de las obras de flanqueo. Resulta por lo tanto verosímil pensar que este castillo fue desmochado o desmantelado en un momento concreto, ya que creemos que no puede ser accidental tal regularidad. Este proceso de desmantelamiento de castillos fue frecuente en la Baja Edad Media por iniciativa de la Corona, que intentaba frenar el poder de la nobleza díscola, y en época Moderna, sobre todo con Felipe II y tras la Guerra de Sucesión a comienzos del siglo XVIII.

Restos de la muralla del Castillo de Castro. Autor de la foto: Pedro Bardaji Suarez.

Conclusiones

Aunque la utilización de la roca de Castro como fortaleza pudiera haber sido relativamente antigua, creemos que las obras que la transformaron en un castillo defendido por un foso, una muralla en barrera y una torre maestra deben datar de época altomedieval cristiana. De este modo, si anteriormente Castro fue un reducto defensivo pudo ser, sólo en virtud de los recursos del terreno quizá reforzados con algunas obras de escasa entidad de las que sin embargo no hemos hallado restos.

Por lo tanto, si aceptamos la datación cristiana de las obras defensivas de Castro, existen al menos dos posibilidades para localizar la construcción del conjunto, aunque no dispongamos de textos escritos que lo ratifiquen de manera incuestionable. Por una parte, y es la opción que proponemos, podríamos situar su erección en tiempos de Sancho Ramírez, repoblador del vecino Lumbierre, en donde ordenó levantar en 1081 un castillo. La construcción del castillo de Castro se relacionaría con la creación de la honor del mismo nombre, documentada desde 1083.

Castillo de Castro. Autores de la lámina: Jose Angel Asensio Esteban y Quint.

Otra posibilidad sería la de datar la construcción del castillo que conocemos en el momento en que Castro fue convertido en cabeza de una baronía, en 1262, que muy pronto vería cambiar su sede a un emplazamiento más cómodo, concretamente a Estadilla. En estos tiempos sabemos no obstante que el hábitat de Castro llegó casi despoblarse a favor del recién fundado de La Puebla en 1250.

En la Baja Edad Media, el castillo seguiría en activo aunque habiendo perdido gran parte de su importancia. En un momento dado de época Moderna éste sería desmantelado seguramente por orden de la Corona y abandonado definitivamente hasta el punto de que en su interior se construyeran bancales de cultivo, quedando reducido a simple terreno agrícola.







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