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ÁRBOL GENEALÓGICO DE LA REAL CASA DE CASTRO

Árbol Genealógico de la Real Casa de Castro




Autor: Antonio Torres Rausa
Año 2001
Cronista de La Puebla de Castro

Este extraordinario trabajo ha sido realizado, sobre pergamino con tinta china, por Antonio Torres Rausa

Clicar encima de la imagen siguiente para ampliarla al tamaño que usted desee:




También pueden consultar el árbol genealógico en la siguiente ventana:

Castro en la Edad Media -3- LOS TENENTES DE CASTRO

CASTRO EN LA EDAD MEDIA

3- LOS TENENTES DE CASTRO
Autor: Antonio Torres Rausa

          En Aragón y Navarra no se conoció la cesión permanente y hereditaria a feudo, a favor de un barón ó noble, de un castillo, tal como ocurría en Cataluña y en la Europa feudal. Los castillos aragoneses pertenecían al Rey según la fórmula de la defensa y de la guerra centralizada, y confiaban su defensa a un caballero que se llamó “Tenente”, cuyo mandato no solía ser largo, y salvo raras excepciones, era muy movible. Este sistema de tenencias duró lo que la reconquista del reino, es decir, durante los siglos XI y XII.

          Si bien inicialmente tuvo un carácter militar, poco a poco fue asumiendo el poder político y administrativo. Así surgió el primer ordenamiento administrativo de Aragón. Las distintas tenencias se fueron acumulando en manos de unas pocas familias, que trataron de convertirlas en hereditarias, lo que en cierto modo consiguieron, dando orígen a la primera nobleza del reino. La influencia política y militar de estos Tenentes fue considerable y dejó huella secular en el reparto y posesión de la tierra de los “señoríos nobiliarios” bajo medievales. Resaltamos, no obstante, que en su orígen eran títulos funcionales, hasta el punto que un mismo castillo, si era importante, podía tener varios Tenentes al mismo tiempo, como fue el caso de Castro. Esto implicaba que los Tenentes no siempre vivían en estos castillos, a diferencia de los barones catalanes que sí estaban adscritos a su tierra feudal, por la propiedad en firme y por herencia.

          Castro se constituye en Tenencia desde el año 1083 y, dada su importante posición estratégica, entre los años 1089 y 1094 comparte tres Tenentes.

          Siguiendo a Agustín Ubieto, los Tenentes de Castro en los siglos XI y XII, son los siguientes:

  • Ramón Guillén, desde el año 1089 a Noviembre de 1094, fecha en que muere el Rey Sancho Ramirez en el asedio de Huesca, plaza que será conquistada dos años después. Es lógico pensar que este Tenente acompañó al Rey en el asedio de Huesca. Ramón Guillén comparte la tenencia con Lope Sanchez y Berenguer Gombal. Esto lo sabemos, entre otros documentos, por la Colección Diplomática de Obarra, según publicación de Martín Duque, documento 145, en el que al donar Pedro I a Santa María de Obarra y San Victorián la Iglesia de Santa María y la villa de Torres en el año 1094, a continuación de la firma del Rey, nombra a los señores más importantes del reino, dándole así mayor valor histórico al documento. Por citar al de Castro, entre pocos, me permito la transcripción literal, que dice: “...regnante me Dei gratia in Aragone, et in Pampilona et in Suprabi et in Ripacurtia. Episcopus Raimundus in Rota. Episcopus Petrus in Iacca. Alius Episcopus Petrus in Urunia. Don Kavet in Eleson (Boltaña) et in Civitate (Torreciudad). Lop Sangiz et Raimundus Guillen et Berengarius in Castrum.

En aquel tiempo en que corrían vientos de cuchillo y, por miedo a los árabes, todos los nobles guardaban los caballos en las habitaciones de sus mujeres, a fín de salir con presteza en caso de necesidad, Castro se presentaba como un refugio seguro y como vigía necesario en la puerta de Ribagorza, frente al amenazante y cercano Barbastro que, de nuevo, estaba en manos musulmanas, hasta que, como se ha dicho, fuera definitivamente conquistado en el año 1100 por el Rey Pedro I, cuando contaba con 35 años, cuatro antes de morir.


  • Galindo Jimenez, fue Tenente de Castro en el año 1112, reinando ya Alfonso I el Batallador, hermano de Pedro I.

  • Berenguer Gombal. En la Colección Diplomática de la Catedral de Huesca, según edición de Durán Gudiol, el documento 112 hace mención a la venta de una finca situada entre Barbastro y Castillazuelo que Doña Urraca, esposa de Blasco Fortuñones hace en Junio de 1113 a Mose. Pues bien, tal como era costumbre de citar a los distintos señores del reino para dar mayor historicidad al documento, aparece Berengarius Gombal in Castro. Por lo tanto, podemos afirmar que Berenguer Gombal es ya Tenente de Castro en Junio de 1113. Su tenencia se prolonga hasta Diciembre de 1131. En el transcurso de esta tenencia se produce la conquista de Zaragoza (1118) y las incursiones del Batallador por  Andalucía (1124 - 1126), en las que le acompañan Berenguer Gombal, señor de Castro, Pedro Jazbert, señor de San Esteban de Mall (Puebla de Roda) y Berenguer Ramón, señor de Fantova.

Sabemos que al regreso de las campañas de Andalucía, año 1126, el Rey Alfonso I el Batallador se trajo unos 10.000 mozárabes con el doble objetivo de liberarles y de repoblar las desérticas tierras de Aragón. Con la parte de mozárabes que no fueron absorbidos por Zaragoza y la villa de Alfaro en particular, probablemente repoblaría las tierras de los tres señores de Ribagorza que le acompañaron en la expedición, concediéndoles especiales privilegios a sus villas que se convirtieron en Pueblas. Como dice el historiador de la Ribagorza, D. Manuel Iglesias Costa, de cuya amistad me honro y del que me siento deudor, no es por casualidad que en torno a los tres señoríos señalados, el de Castro, el de San Esteban de Mall y el de Fantova, hayan surgido La Puebla de Castro, La Puebla de Roda y La Puebla Fantova. Así tendríamos el origen de La Puebla de Castro, no tanto como poblamiento nuevo que procede de Castro, sino como Puebla del señor de Castro a la que Alfonso el Batallador, en agradecimiento por su aportación a la guerra de Andalucía, repobló con mozárabes, dándole mano de obra barata y concediéndoles especiales privilegios. Esta teoría, en cuanto al origen de La Puebla de Castro, no ha sido probada. La supuesta repoblación de mozárabes andaluces pudo favorecer al poblado de Castro pero no se corresponde con la fundación de La Puebla de Castro, cuya Carta Puebla está concedida por el Rey Jaime I el Conquistador en el año 1250.


Delante, La Puebla de Castro; detrás, en el centro de la foto, La Puebla de Fantova.
 Foto de Fernando Martín Bravo

También asiste Berenguer Gombal a la sangrienta batalla de Corbins en Cataluña, en el año 1126. Lo cuenta así Zurita: “Parece... que en el año 1126 hubo una muy sangrienta batalla con los moros en Cataluña, delante del castillo de Corbins, y se perdieron en ella muchos cristianos y las cosas estuvieron en grande peligro. Y el emperador don Alonso se fue a ver con el conde de Barcelona y con sus hijos para dar favor a la guerra contra los infieles; y fueron con él a estas vistas don Esteban obispo de Huesca y don Esteban electo de Roda, Berenguer Gombal señor de Castro y Capilla, Jimeno Fortuñón señor de Calasanz y Bardajin, Lope Iñiguez señor de Perarrúa y Pedro Ramón señor de estada, Atho Garcez señor de Barbastro, Garcí Ramirez señor de Monzón y Tizón señor de Buil”.

  • Iñigo López, fue Tenente desde Agosto de 1134 a Julio de 1135. A este Tenente le tocó vivir la agitada sucesión, entre los partidarios del Rey Ramiro y del Rey Alfonso de Castilla, como así mismo, las guerras entre el Rey de Aragón y el de navarra.

  • García Garces de Grostán, desde febrero de 1135  a Junio del mismo año.

  • Pedro Ramón,  fue Tenente de Castro desde Junio de 1135 a Noviembre de 1137. Durante esta tenencia, el Rey Ramiro decapitó a los quince nobles aragoneses más levantiscos haciendo una famosa campana, en la que no se encontraba Pedro Ramón.

La campana de Huesca por José Casado del Alisal

También se concierta la boda de la hija del Rey, Petronila, con el conde Berenguer de Barcelona, precisamente en Barbastro, el 11 de Agosto de 1137.También encontramos a Pedro Ramón entre los ricos hombres que prestan juramento al Rey Ramiro.

  • Arnal Mir, fue Tenente de Castro desde Agosto de 1137 hasta el año 1175. En el documento 146 de la mencionada Colección Diplomática de la catedral de Huesca, se narra como Ramiro II, Rey de Aragón, dona a Lope Galindez de Bolás, los bienes de Igrés que habían sido del judio Zaraxorda. Esto ocurría en Agosto de 1137 “regnante me dei gratia rex in Aragone...Comité Arnal Mir Palierensis in Castro et in Boil...Arnal Mir es, por tanto, Conde de Pallás, uno de los títulos más importantes del Reino, y, además, Señor de Castro y Buil, lugares que raramente visitaría, en todo caso, cuando el 13 de Noviembre de 1137 el Rey Ramiro entrega a su yerno el gobierno y se vuelve a su primitiva vocación de monje, probablemente acompañado por Arnal Mir, pasó por Castro, y al principio de su reinado, cuando tuvo que refugiarse en las montañas ante la amenaza del Rey de castilla.
    Arnal Mir fué siempre un fiel vasallo del Rey Monge, y ya desde Octubre de 1134 cuando muere el Batallador y Ramiro se encontraba en el castillo de Barbastro, uno de sus mejores valedores fue Arnal Mir.

    Dice Zurita que Arnal Mir acompañó en 1149 al príncipe de Aragón en el cerco de Lérida, y que tambien entre los ricos hombres que se hallaban en Zaragoza en el casamiento que el Rey don Alonso celebró con don Sancho, estaba Arnal Mir, conde de Pallás.

    Estos caballeros medievales, que no pagaban a  Hacienda, no tenían residencia habitual. Vivían allí donde estaba la cambiante necesidad, junto al Rey y el campo de batalla; por eso, no hay que pensar que Arnal Mir, dueño y señor de tantos castillos y de tantos frentes donde acudir,  pasara muchos días en Castro, que gobernaría a través de un alcaide. En cualquier caso, fue Castro, sin duda, su referencia obligada en la Ribagorza, por lo que la figura mítica de este guerrero dignifica nuestro lugar. Así describe Zurita en los Anales (I-XVIII) a este hombre legendario: “Hubo en las montañas de Ribagorza y Pallás un caballero que se decía Arnal Mir, hijo de Mir, que por su valor y esfuerzo grande hubo diversas victorias de los moros y los persiguió y echó de los lugares fuertes que tenían en las montañas de Pallás y ganó dellos muchos castillos... y fue señor de muchos castillos y villas en los condados de Urgel, Pallás y Ribagorza”.  Caballero mítico fue este Arnal Mir, Señor de Castro.

Una segunda vinculación de Castro y el señor de Capella, aparece en un documento del ocho de Mayo de 1212 (A.C.A., cancillería, Pergaminos Pedro I, carpeta 64, nº389)

En el mencionado documento aparece la donación hecha por Pedro II a doña Ermesinda, viuda de Guillermo de Capella y a toda su descendencia, de todos los honores, posesiones y castillos anteriormente poseídos por el dicho Guillermo y predecesores, dados por los Reyes de Aragón, a saber: castillos de Juseu, Merli y Lerb (Lierp), villa de Ballabriga y  ¼ del castillo de Capella, ½ del castillo llamado Castro. Todo ello dado a feudo según fuero y costumbres de Barcelona y según lo tuvieron los predecesores de Guillermo de Capella por nosotros y nuestros antecesores, es decir, a plena utilidad pero reservando para nosotros y nuestros sucesores, la fidelidad y el dominio. Dado en Zaragoza, Ocho de Mayo de 1212.

De este documento resaltamos que también Castro y no sólo Lumbierres, como hemos visto anteriormente, fue tenido según fuero catalán, al menos, hasta su constitución como Baronía.

Castro en la Edad Media -4- RAMIRO II EL MONJE Y CASTRO

CASTRO EN LA EDAD MEDIA
4- RAMIRO II EL MONJE Y CASTRO
Autor: Antonio Torres Rausa


          El apoyo que el Rey Monje recibió de Castro, antes y después de su reinado, fue permanente e inequívoco, tanto a través del Abad y su Capítulo como de sus diferentes Tenentes que estuvieron al frente de esta importante plaza y que, concretamente, fueron Iñigo López, Pere Ramón, García Garcez y el Conde Arnal Mir.

Ramiro II el Monje
     El humilde monje Ramiro ya había sido tentado a ser Obispo de Huesca por su hermano Alfonso I el Batallador. Pensando dejar a su muerte el Reino a las Ordenes Militares, creía el Batallador que su hermano Ramiro, como Obispo de Huesca podría jugar un papel importante como primer consejero del Reino, título inherente a este obispado. Ante los escrúpulos y humildad de Ramiro, fue elegido como Obispo de Huesca Arnaldo Dodón, abad de la Peña, en tanto que Ramiro fue destinado a la sede de Roda-Barbastro, enclave importante en las relaciones con los Condes de Urgel y Barcelona y, por otra parte, muy afín a las buenas relaciones que D. Ramiro tenía con los arcedianos de Benasque, Tierrantona y Abad de Castro, los cuales le apoyarían ante el Capítulo de San Vicente de Roda. Tampoco se podía considerar a Roda una sede menor, ya no sólo por suceder al Obispo Ramón, sino porque estaba previsto la conquista de  Lérida, plaza a la que se extendería  su jurisdicción.

          Pero no siempre las cosas suceden tal cual han sido trazadas, incluso por testamento de un poderoso Rey. El 7 de Septiembre de 1134 muere el Rey Alfonso I. García Garcez de Grustán, Tenente de Castro, presidente de la Curia y mayordomo del Rey, en representación de parte de la nobleza que no se siente vinculada a acatar el testamento del Batallador, acude al electo Obispo de Roda para que acepte ser Rey de Aragón y Pamplona como representante más genuino de la Casa de Aragón.

          Pero D. Ramiro, que se siente más monje que monarca, quiere tener la total seguridad de que la púrpura que se le ofrece, con todos sus derechos y obligaciones, no quiebra sus compromisos de monje y Obispo electo, sino que, más bien al contrario, supone una suspensión teológica de sus votos, exigida por una circunstancia excepcional y en aras del bien supremo del Reino. Por eso, quiere consultar primero con todos aquellos Abades y eclesiásticos cuyo consejo valora especialmente para, después ó al mismo tiempo, conseguir el mayor apoyo de los barones, pues sin el consenso de estos, su sacrificio resultaría  inútil.

          En pocos días recorrió las principales plazas, recibiendo adhesiones y vasallajes y concediendo donaciones, como es propio de los Reyes. Acompañado siempre por un alférez, con la lanza y cintas del estandarte real, se personó, en primer lugar, en el Arcedianato de Tierrantona el 8 de Septiembre de 1134, fiesta de la Natividad de Santa María, pasó después a San Victorián, Roda, y bajó a Castro a  mantener capítulo con su Abad y los Conventuales. Sería a mediados de Septiembre cuando D. Ramiro llegaría a Castro cruzando el viejo puente sobre el Esera y subiendo por el camino de herradura, el mismo que utilizaban la cincuentena de habitantes que tendría la villa  para pasar al monte de El Mon, al otro lado del río. Mientras la cabalgata real se aproximaba, la campana del Abadiado volteaba de regocijo, confundiendo su atiplada voz con el cascoteo de los caballos sobre las peñas. Frente a la iglesia y almenado castillo, en la pequeña terraza, esperaban el Abad, sus cinco conventuales y toda la población de la villa.

Ermita de San Román de Castro. Autor de la foto: Fernando Martín Bravo

          Aprovechó su estancia en Castro para hacer donación a la Iglesia de San Vicente de Roda de tres claveros, según documento que dice “dono ibi ipsos meos claveros que sunt in Rota, pernominatos Pere Galín et Mir Galín, ambos fratres, et Bonuz Vital... Facta ista Karta era Mª Cª IIª, in mense Septembrio in villa que dicitur Kastro”. Pero lo fundamental de su viaje fue el apoyo moral del Abad y su Capítulo, en la misma línea que el recibido, días antes, del Abad de San Victorián y de Ramón de Foratata, Abad de Pano.  Debía aceptar la pesada carga de la púrpura real en beneficio del Reino aún teniendo que sacrificar sus votos monásticos, por lo que con la serena fuerza que dá la conciencia bien formada, prosiguió camino hacia Barbastro, donde fue recibido y aclamado por Fortún de Dat. En todos los sitios, salían a recibirlo gran número de caballeros que añadían sus mesnadas y le prometían fidelidad.  Desde Castro, ó quizás ya antes, le acompañaba su Tenente Iñigo López que ya no se separaría de D. Ramiro hasta su proclamación en Jaca, el 11 de Septiembre y  posteriormente en Huesca, el 20 del mismo mes. En recompensa a sus servicios, D. Ramiro le nombró su Tenente General y en Diciembre del mismo año 1134, estando el Rey en Ejea, le donó la villa de Oso, que está junto a Jaca, con todos sus términos y habitantes.

          Cuando el 21 de Octubre, García Ramirez se quiere proclamar Rey en Pamplona, las huestes que lo ponen en fuga en el río Aragón son las que se pudieron reunir en Huesca, complementadas por las de Barbastro, Estada, Naval, Ainsa, Castro, Buil, Lascuarre, Luzás, Benabarre, Monesma, Graus, Pallars, Alquezar y Pano.

          El 1 de Febrero de 1135, estando el Rey Ramiro en Montearagón, donó a Pedro Ramón de Estada, Tenente de Castro, el castillo y la villa de Secastilla...”regnante me Dei gratia.....(y entre otros) Enneco López in Napal et in Castro...” (Es curioso que a Iñigo López lo siga titulando señor de Naval y Castro y no de Oso).

Lamina del Castillo de Castro. Autores José Ángel Asensio y Quint

          A finales de 1136 había finalizado la tregua con los los árabes, los cuales habían ocupado varias plazas del Cinca y del hondo Alcanadre. Convocó el Rey Curia en Tierrantona y bajaron las huestes de El Muro. Los ríos iban desbordados y el puente del Congosto había cedido, por lo que los caballeros tuvieron que bajar hasta la tenencia de Castro, donde el Rey consultó con sus curiales la conveniencia de proponer nueva tregua con el gobernador de Valencia. Ya nos podemos imaginar el revuelo que supondría para la pequeña villa tan florida presencia y los problemas de intendencia que ocasionaría, en parte solucionados con los afamados corderos de Olvena.

          El 18 de Marzo de 1137, el Rey llega al castillo de Torreciudad del que es Tenente Galino Ximinones. Aquí duerme y medita sobre el futuro del Reino, que piensa encomendar, mediante alianza matrimonial, a un hombre fuerte y poderoso, posiblemente el Conde Berenguer IV de Barcelona. Aquí, en Torreciudad, dá el castillo de Escanilla y La Mata a las catedrales de Jaca y Huesca, a las que quiere dotar suficientemente para cuando él haya abandonado el poder. “Facta vero carta era Mª.Cª.LXXª.Vª. in mense marcio, in castrum quod vocatur Civitate, regnante me Dei Gratia...Galin Ximinones in Alcala et in praedicta Civitate.”

Boda de Petronila de Aragón con el Conde Berenguer IV de Barcelona. Cromo de la colección de Historia de Cataluña editados en 1932 por la Casa Juncosa

          Finalmente, el 11 de Agosto de 1137, puede realizar en Barbastro su ansiado plan. Dar una segura sucesión al Reino y poderse retirar a  las austeras tierras de Roda, imágenes vivas de su alma de monje. En Barbastro, como digo, se producen los esponsales de su pequeña hija, Petronila, de 1 año de edad, con el aguerrido Conde Berenguer IV de Barcelona, con la condición de no traspasar a la Casa de Cataluña el título de Rey, que lo seguirá teniendo él mientras viva y seguirá en la Casa de Aragón. Berenguer será príncipe al casarse con una princesa, de ahí el nombre de Principado de Cataluña.

          El primer testigo en firmar tan importante acuerdo es el “comitem Palearensem”, Arnal Mir, Conde de Pallars, que ese mismo mes sería nombrado Tenente de Castro, como queriendo unir los intereses de catalanes con territorios de Aragón. También estaba presente en los esponsales Pedro Ramón , todavía, Tenente de Castro.

Firma o Sgino Real del Rey Ramiro II el Monje:
 una cruz dentro de un círculo entre dos cadenillas de las que penden
un Alfa y una Omega. Simboliza la trinidad y que
Cristo es el principio y fin de todas las cosas.

          Cuando cumplidos sus deberes como Rey, D. Ramiro se retiró a Roda, es seguro que pasaría por Castro, donde tantos recuerdos y apoyos había recibido de su Abad y Capítulo, así como de todos sus Tenentes y, en especial, de su fiel vasallo el Conde Arnal Mir, a quien quiso vincular con la tenencia de Castro.

          Abadiado de Castro, siglos de peñascosa paciencia, coronado por la flor del almendro y la humildad del romero, ¡qué buenos consejos y sensaciones diste a nuestro buen Ramiro!

Castro en la Edad Media -5- JAIME I EL CONQUISTADOR Y CASTRO

CASTRO EN LA EDAD MEDIA

5- JAIME I EL CONQUISTADOR Y CASTRO
Autor: Antonio Torres Rausa


          Visto lo que es hoy Castro, lugar apacible y callado entre romero oloroso y piedras olvidadas, parece imposible que a mediados del S. XIII ocupase la atención y el deseo del Rey Jaime I el Conquistador, de manera que fue unos de los castillos que revertieron a la corona, y lo que es más importante, diese nombre al linaje que nacería de su propia y juvenil sangre al haber escogido precisamente Castro como feudo que, con el título de Baronía, iba a regalar a su hijo natural Ferrán Sánchez, el hijo de los pecados de su juventud y penitencia y cilicio de sus últimos días. Pero de esto hablaremos en el próximo capítulo.

          El Rey don Jaime nació en 1207, y sabemos por historiadores contemporáneos suyos, como Desclot ó Muntaner, que era persona de trato agradable y de temperamento ardiente, apasionado y varonil. En cuanto a su aspecto externo, dice Desclot en el año 1300, que “este Rey de Aragón Jaime fue el más bello del mundo: sobrepasaba un palmo a cualquier otro hombre, cara grande y rubia, nariz larga, boca bien hecha, dientes grandes y muy blancos que parecían perlas, ojos negros, grandes espaldas, delgado pero con recios brazos y bellas manos, piernas largas...” Otro historiador posterior, Bernat Boadas, decía en 1420 que “fue muy belicoso y guerreador... sabiendo manejar admirablemente todas las armas, así como la palabra y las Sagradas Escrituras”. Pero los tres cronistas coincidían, también, en que, al igual que su padre Pedro el Católico, fue un hombre mujeriego: “no tenía en toda la cristiandad otro que lo igualase, y era tan gentil y hermoso de aspecto, que todas las damas giraban sus ojos al verle, de manera que no tenía trabajo alguno para escoger entre ellas.

          Este era el padre de Ferrán Sánchez, y es de suponer que la madre, Blanca de Antillón, debía ser un monumento de mujer,  para haberse fijado en ella quien tantas facilidades tenía para la conquista de mujeres, que lo de Conquistador parece que también le viene de esto. El hijo de ambos, Ferrán, aunque bastardo, predilecto del Rey durante muchos años, madera de tal astilla. Baste, por el momento, esta tarjeta de presentación de la familia y del que fue el primer Barón de Castro e iniciador de este noble y real apellido, uno de los cinco más importantes de Aragón.

          Pero teniéndolo todo, nunca fue fácil la vida del Conquistador, máxime teniendo que reinar siendo un joven de catorce años y ante una nobleza altiva que ni siquiera su bisabuelo, el Rey Ramiro II el Monge, logró domeñar pese al célebre campanazo que se le ocurrió dar en Huesca.

          Seguían divididos en bandos irreconciliables los ricos hombres de Aragón y parte de la nobleza de Cataluña. La muerte de don Pedro de Ahones, señor de Bolea y Sobrarbe, muerte en la que participó muy directamente, aunque noble y caballerosamente, el propio Rey clarificó los posicionamientos de cada cual. De una parte, su tío el infante don Hernando, que por lo que parece, no se conformaba con ser Abad de Montearagón, se unió con Guillén de Moncada, Pedro Cornel y, por supuesto, con el Obispo de Zaragoza que era hermano del difunto Pedro Ahones. Por el Rey, estaban el vizconde de Cardona, Nuño Sánchez, Blasco de Aragón, Artal de Luna, Atho de Foces y Rodrigo de Lizana. Esta gresca se producía en el año 1225 y en Cuaresma, para ser exactos, porque el propio Obispo de Zaragoza absolvía y daba todo tipo de bulas y de indulgencias para que pudiesen comer carne todos aquellos que luchaban contra el Rey.

          Dice Zurita que “estaba todo el reino por este tiempo con tanta turbación y escándalo que no había más justicia en él de cuanto prevalecían las armas, siguiendo unos la parte del Rey y otros la del infante don Hernando, que se favorecía de las ciudades de Zaragoza, Huesca y Jaca.


Retrato de Jaime I. Pintado por Manuel Aguirre y Monsalbe

          Transcurría el invierno de 1226, cuando el Rey sólo contaba con 17 años, y por lo que conocemos,  algún respiro se tomó el Rey en esta guerra, pues nos lo encontramos monteando por tierras de Huesca, Pomar y Las Cellas.... ¿conoció entonces a Blanca de Antillón? Pero no seamos tan curiosos, aquí bástenos saber que Castro era unos de los castillos destacados en la lucha contra el Rey y que seguía el bando del infante don Hernando,  como no podía ser de otra forma ya que el castillo pertenecía a don Guillén de Moncada, Bizconde de Bearn y principal aliado del Infante. Tenía en Castro como Alcaide a don Pedro de Sesé.

          Ricardo del Arco refiere en su Catálogo Monumental de España que “cuando Guillén de Moncada se unió al infante don Hernando contra el Rey Jaime I, pasó Castro a la Corona de Aragón, con la alevosa muerte de su alcaide Pedro Sessé”. Se refiere del Arco a que el castillo de Castro fue conquistado por las tropas del Rey y ejecutado su Alcaide, Pedro de Sesé, de forma injusta e innecesaria, toda vez que no estaba en el ánimo del Rey tomar ningún tipo de venganza con los vencidos. Así lo comenta Zurita cuando dice que “entraban en el perdón, don Pedro Cornel, don Atorella y don Pedro Jordán y los otros caballeros que habían  seguido la parcialidad del infante; y pusiéronse en libertad los prisioneros de ambas partes; y restituyéronse los castillos de Castro, San Medir, Angües, Junzano y Santa Olalla y otros que se habían ocupado en esta guerra, reservando el castillo de las Cellas.” El alcaide de Castro, Pedro de Sesé, no fue perdonado. Era el año 1227 y Castro fue restituido a su anterior propietario-tenente don Guillén de Moncada.

          Treinta y ocho años después, el Rey don Jaime confirma a un Pedro de Sesé la donación de la villa de Mediana y sus aldeas. ¿Se trataba de una compensación que hacía a un posible hijo de Pedro de Sesé, el alcaide de Castro asesinado inútilmente?

          Pero Castro seguía en la pupila del Conquistador, y es curioso que, años más tarde, aprovechase la amistad íntima con Blanca de Antillón, a la sazón propietaria de Castro, para comprárselo por 400  doblones de oro. Esto ocurría en 1241, y al decir de Ferrán Fondevila,  un año antes del nacimiento de Ferrán Sánchez.

          La compra de Castro por el Rey, la hemos visto en un documento del Archivo de la Corona de Aragón, Cancillería, carp. 83, nº 878, en un pergamino que bien podría ser el original y que dice: “Notum sit cunctis quod ego dompna Blancha/dAntillio... espontanea mea propria voluntate... vendo, trado et in perpetuo concedo vobis domno Jacobo, gratia Dei, regi Aragonum... et successoribus vestris, totum illum meum ius, racionem... in Castro et ville qui vocatur Castre... vendo per quatuorcentos aureos quos iam de vobis numerando habui et recepi unde mihi (satisfactum) est...

          Así  es como Castro pasa a la corona hasta que sea regalado como Baronía a su hijo Ferrán Sánchez, que con toda seguridad ya es Barón de Castro en el año 1263, cuando frisaba los veintiún años (según Fondevila), dos años antes de su matrimonio con doña Aldonza de Urrea. El texto latino de la venta, es sucinto y escueto: Blanca de Antillón, libremente y sin coacción alguna, vende a su señor el rey (señor y amante) el castillo y tierras de castro y sus términos, por 400 doblones de oro, que confiesa haber recibido en su momento. Pero lo interesante, no es saber lo que ha costado al Rey el señorío de Castro, sino porqué lo compra ó para qué lo compra, él que, unos años después, donará las villas de Salas Altas y Salas Bajas a doña Ozenda, la madre de Blanca de Antillón.

          En nuestra opinión, el Conquistador compra Castro como expresión de agradecimiento a “los favores” de su amante Blanca, que al parecer ya está  preñada, y en previsión de la futura donación del señorío al hijo futuro. Castro y todos sus territorios adyacentes, lo que es hoy La Puebla de castro, Ubiergo, Bolturina, Torreciudad, Secastilla y Olvena, se constituyen  como Baronía “in pectore” ya en el año 1241, y las tres circunstancias que concurren y explican tal hecho, son las siguientes:
  1. El interés de los Reyes de dotar a sus hijos naturales de señoríos que, aparte de su valor económico, tuvieran una importancia estratégica pues nadie podía defender mejor los intereses del Rey que los hijos de la propia sangre.
  2. El hecho de que perteneciera a la madre de su hijo, con lo que, de alguna manera, comprándole el señorío también pagaba sus favores.
  3. El prestigio y antigüedad de la Abacial de Castro, referencia de un Estado digna incluso para el hijo de un gran Rey. Por otra parte, ocasiones no le faltarían para ir complementando la Baronía con otras tierras más fértiles al sur, como Estadilla y Pomar de Cinca.

Castro en la Edad Media -6- FERNÁN SÁNCHEZ, PRIMER BARÓN DE LA REAL CASA DE CASTRO

CASTRO EN LA EDAD MEDIA

6- FERNÁN SÁNCHEZ, PRIMER BARÓN DE LA REAL CASA DE CASTRO
Autor: Antonio Torres Rausa


(Este trabajo se publicó en 4 entregas en el periódico "Diario del Alto Aragón". La fecha de publicación de los artículos fueron los Domingos 24-4-2005 / 1-5-2005 / 8-5-2005 / 15-5-2005)

          De este desconocido personaje, que pudo haber cambiado la historia de Aragón, es decir, de Europa, pues eso era Aragón a mediados del siglo XIII, un poder emergente en el mediterráneo, dice Ferrán Soldevilla: “Este fue Fernán Sánchez: el pensamiento que hierve, una procesión de llamas de infierno iluminando la noche. La desgracia fue pródiga con él, y su cabeza fue el perdón de todas las ofensas contra el Reino. Fernán Sánchez es digno de Aragón. Es un héroe.”

          Fue el primer Barón de un lugar que sólo la terquedad del románico salva del olvido: Castro, peñascosa pesadumbre de una aldea abandonada y de un castillo roqueño vencido por el tiempo.

Ermita de San Román de Castro. Autor de la foto: Pedro Bardají Suarez.

El teatro histórico y los personajes.-

          Uno de los motivos por el que el Rey don Jaime I el Conquistador, el gran paladín de la cristiandad y conquistador de tres reinos, no ha sido canonizado por la Iglesia como lo fueron sus coetáneos San Luis de Francia y San Fernando de Castilla, quizás con menos méritos, fue su adicción a las mujeres.

          Poco tiempo después de morir la Reina doña Violante, pusiéronse de manifiesto las debilidades del Conquistador. El más antiguo documento conocido en que don Jaime designa a sus amantes o a sus hijos bastardos, data del año 1252. Sin embargo, hacía tiempo que el Rey de Aragón tenía dos hijos naturales, Ferrán ó Fernán Sánchez y Pedro Fernández.  Fernán Sánchez había nacido de una joven noble de Aragón  llamada Blanca de Antillón, con la que, según hemos escrito en anteriores artículos, tuvo relación el Rey en el año 1241, cuando esta dama le vende Castro. Ferrán Soldevila relaciona el nacimiento de Fernán Sánchez con esta compraventa, en el año 1242. Otros historiadores sitúan su nacimiento mucho antes, hacia 1226, fecha en que el Conquistador estuvo monteando, según refiere Zurita, por tierras de Pomar, Huesca y Las Cellas. Según esta segunda hipótesis, acompañó a su padre a la conquista de Valencia en 1240, y como recompensa, le hizo Señor de Castro en 1241 a cuyo objeto realiza la compra. Nuestra opinión, está más cerca de Ferrán Soldevila, con el matiz de que la compra de Castro en el año 1241 tiene un carácter simbólico, para poder hacer el propio Rey la donación a su hijo de esta importante Abadía que convertirá en Baronía.

          De otra dama aragonesa, llamada Berenguela Fernández, tuvo don Jaime a Pedro Fernández, “joven valiente y apuesto”, dice Miedes, el cual supo atraerse las simpatías, en tanto que Fernán despertaba repulsión y odio, dado su carácter altivo, envidioso y turbulento. Al menos, esto es lo que dice Tortoulon, que recoge esta descripción de Miedes, historiador contemporáneo de los hechos.

          De una tercera amante del Conquistador, Guillerma de Cabrera, parece que el Rey no tuvo hijo alguno, no así de una cuarta amante, que en realidad fue esposa morganática, Teresa Gil de Vidaure, de la que tuvo dos hijos: Jaime, que fue señor de Hijar, y Pedro que lo fue de Ayerbe. A estos dos hijos, aunque sin derecho a la sucesión, el Rey los consideró infantes.

          Por delante de los hijos bastardos y demás infantes, estaban los hijos legítimos: Don Pedro, que le sucedería en el reino de Aragón (Pedro III el Grande), personaje que según Muntaner, “jamás nació hijo de Rey que no fuese más bravo, más decidido, más prudente y más apuesto...”; su otro hijo don Jaime, persona prudente y de buen corazón que le sucedería en Mallorca, su otro hijo el Arzobispo de Toledo y, finalmente, su hija Violante que casó con el Rey Alfonso X de Castilla.

          Estos son los personajes que intervienen ó condicionan la increíble historia que vamos a contar y algo habrá que decir de las circunstancias históricas que les toca vivir.

Retrato de Jaime I el Conquistador

          El Rey, a parte de mujeriego y buen semental, condición esta última muy importante en los reyes, era hijo respetuoso y agradecido de la Iglesia, pero no esclavo y seguidor ciego. Con mano de hierro y guante de seda supo poner en su sitio al Arzobispo de Tarragona que pirateaba por el mediterráneo, y a clero y Abades que se negaban a pagar los diezmos concedidos por el Papa para la guerra contra los infieles. Con la espada y la ley tuvo que luchar contra la arbitrariedad feudal a favor del pueblo y las ciudades, y su gran problema fue que tanto los Barones catalanes como y principalmente los Ricos Hombres de Aragón, no siempre estuvieron a la altura de su política universalista, tanto en la península, a cuyo yerno tenía que ayudar contra los moros fronterizos, como en el mediterráneo, mar cuyos peces ya empezaban a llevar en sus plateadas panzas las barras rojas de Aragón.

          Pero ya se sabe que el aragonés, aunque noble, es rudo, valiente, sacrificado, pero terco y rebelde. Los levantamientos de la nobleza de Aragón, fueron la pesadilla del trono durante centurias. El Rey Ramiro II el Monje, con su célebre campanazo, cortó las rosas que sobresalían más de su jardín, pero esta misma sabia, orgullosa y rebelde, siguió en las raíces de sus sucesores. Siglos después, tampoco Felipe II quiso sufrir con mansedumbre tanta soberbia y cortó en la cabeza del Justicia, lo más sagrado de aquella nobleza: los fueros. ¡Los fueros por cuya conservación y robustecimiento pugnaban con tanta acritud los levantisco que coreaban a Fernán Sánchez! Pero quizás idealizamos la historia. A lo peor, el interés del Rey por luchar contra el moro de Granada no era otro que asegurar a su nieto un reino, lo cual entendemos que al Vizconde de Cardona se la traía tan fresca, y a lo mejor, ni don Pedro era tan bravo, apuesto y prudente, ni nuestro bastardo, tan altivo, envidioso y turbulento. Pero la historia la escriben los ganadores, por eso nosotros, desde la distancia, intentaremos ser objetivos, aún reconociendo que la figura altiva del Barón de Castro, nos cae simpática, ya no sólo por ser el gran perdedor de esta historia, sino fundamentalmente por haber tomado de Castro el apellido que hará honor a toda una genealogía ilustre, la de la Real Casa de Castro.

Fernán Sánchez, hijo bastardo del Rey don Jaime.-

          Hemos dicho que muy probablemente Fernán Sánchez nació en el año 1242. La relación entre el Rey y doña Blanca intuimos que, aunque larga, nunca fue oficial, pues hay documentación que sí demuestra que ya en el año 1238 el Rey mantenía relaciones con Teresa Gil de Vidaure, tres años después de casarse con Violante de Hungría. Dice Zurita que “en este tiempo (año 1255) el Rey gobernaba gran parte de sus negocios con el consejo de una dueña muy principal que se decía doña Teresa Gil de Vidaure, con la cual vivió mucho tiempo como con su mujer legítima”. Ya hemos dicho que los hijos habidos con esta dama, Pedro de Ayerbe y Jaime de Hijar, fueron considerados infantes, no así el habido con Blanca de Antillón, nuestro Fernán Sánchez, que aunque reconocido como hijo y dotado como tal, siempre fue bastardo. Blanca de Antillón era hija de Sancho de Antillón y de doña Ozenda, viuda ya en 1267 y a la que, por estas fechas, el Rey ya le había donado Salas Altas y Salas Bajas.

          La bastardía, en Aragón, ha tenido sanción legal. El bastardo perdía el derecho a la sucesión. Pero, con todo, el reconocimiento de la consanguinidad y de la pertenencia a la Familia Real, se encuentra en todos los registros del Archivo de la Corona de Aragón en los documentos que se refieren a los Fernández de Castro y demás sucesores: “Dilecto suo et quamplurimum diligendo Philippo de Castro, consanguíneo suo... dilecto consanguíneo suo...” Tratamiento, pues, de Familia Real.

          No parece que Fernán tuviera ningún resentimiento contra su hermano, el heredero legítimo por su bastardía, más bien al contrario, se sintió orgulloso de ser hijo reconocido del Rey, que en muchas ocasiones lo distinguió encomendándole misiones importantes, como ratificar en el año 1261 el compromiso matrimonial del infante heredero don Pedro con doña Constanza, la hija del Rey Manfredo de Sicilia, ó actuar como testigo de esta boda, el 13 de Junio de 1262 en Monpelier, acciones que, como veremos, mal se las agradecerá su hermano, el futuro Pedro III el Grande.

Las relaciones de Fernán Sánchez con su padre y una buena boda.-

          Hay detalles del amor que el Rey sentía por su hijo Fernán, como por ejemplo, cuando le regala un hermoso caballo. Tendría Fernán no más de 18 años y esto fue el 18 de Enero de 1260. Lo sabemos por un documento en el que el Rey confiesa deber a P. Despecio, habitante de Teruel, setecientos sueldos por la compra de un caballo que “dedimus Ferrando Sancii filio nostro”. Probablemente este fue el mejor y más querido caballo que tuvo Fernán y que respondía al nombre de Asenyallat, nombre de látigo que rastallea y que dicho con voz de guerra, debía producir en el animal un brinco mortal. ¡Asen-ya-llat!. Como veremos al final de esta historia, este grito no le sirvió al escudero de Fernán para escapar de la tenaza de los soldados de don Pedro.

          No faltan otras ocasiones, en las que el Rey le demuestra su consideración. Estando el Rey en Barcelona, el 21 de Agosto de 1262, el Rey hizo reparto de sus reinos, dándole al infante Pedro el reino de Aragón con el condado de Barcelona y Valencia. Dice Zurita que, entre los Prelados y Ricos Hombres presentes estaba “don Fernán Sánchez, hijo del Rey que fue señor de Castro”.

Mapa del avance de las conquistas de Jaime I

          Dos años después, en 1265, tenía Fernán 23 años, un importante Señorío y un buen apellido para poder aspirar a una buena boda. Y así lo hizo pues se casó con doña Aldonza de Urrea, hija de Jimeno de Urrea, uno de los nobles más ricos de Aragón. Y debía ser cierto, pues hemos encontrado cantidad de textos por los que reconoce el Rey deber diversas partidas de dinero a su hijo, a quien le da como garantía los rendimientos de las salinas de Naval (“castrum et villam de Naval cum salinis et aliis redditibus eiudem castri et ville”). Este será el fundamento por el que Fernán, años después cuando está en guerra con su padre, mantiene ocupado el castillo de Naval contra las pretensiones de su padre.

          Probablemente el Rey, como cualquier estado moderno, que emite deuda que nunca llegará a pagar, ni siquiera llegó a hacer efectivo la dote de la boda de su hijo consistente en 500 morabetinos alfonsinos de oro, que reconoce en un debitorio a favor de Jimeno de Urrea: “Nos Jacobus... recognoscimus et confitemur debere vobis nobili Eximino de Urrea et vestris quingentos morabetinos alfonsinos in auro, quos vobis damus et de gratia speciali in auxilium dotos filie vestre, quam dolecto filio nostro Ferrando Sancii in uxorem dedistis”.

          En otro texto, el Rey reconoce deber a su hijo 11.800 maravedís,  y entre las cartas reales de Alfonso III, la de número 190, se expone bien este estado de insolvencia del Rey Jaime I, quien no solventó siquiera las deudas que tenía con su hijo Fernán.

Escudo de Fernán Sánchez de Castro, el primer Barón de la Real Casa de Castro. Combina dos símbolos, las barras rojas y las estrellas, uniendo así su linaje paterno y materno: las barras de Aragón por su padre el rey Jaime I y las estrellas por la línea materna de los Antillón. Escudo cuartelado. Cuarteles 1 y 4, con dos barras de gules (rojo) sobre oro; cuarteles 2 y 3, con una estrella de gules de ocho puntas sobre fondo blanco (de plata).

Las primeras discrepancias de Fernán Sanchez con su padre el Rey.-

          Las conquistas en Sicilia hechas por Manfredo, de las que la Iglesia creíase despojada, fueron ofrecidas por el Papa Urbano a Carlos de Anjou bajo pacto de vasallaje. Años después, Clemente IV excomulga a Manfredo y corona al de Anjou como Rey de Sicilia. El partido del papado, los güelfos, se impuso a los gibelinos, Carlos de Anjou a Manfredo, Rey que fue asesinado. 

          El Rey de Aragón contempla la inutilidad de una alianza con el Rey Manfredo asesinado, ratificada por un matrimonio inútil, el de su hijo Pedro con Constanza, la hija de Manfredo, del que fue testigo de boda Fernán Sanchez. Veremos como este cambio de escenario, influirá decisivamente en las relaciones entre el infante don Pedro y su hermanastro Fernán que pese a haber actuado de testigo en esta boda, aceptará ser investido caballero por Carlos de Anjou.  

          Por estos años, Ferriz de Lizana, hermanastro de Fernán, desafió al Rey con una carta, por ser pasada la tregua que había asentado el Rey con los Ricos Hombres de Aragón. Dice Zurita que “por esta causa se vino el Rey a Lérida a donde apercibió sus gentes y mandó que le siguieran contra don Ferriz; y de allí partió a Monzón y proveyó que fuesen a combatir un castillo que le decían Picamox; de allí pasó el Rey a cercar Lizana; y había gente de guarnición en la villa puesta por don Fernán Sánchez, hijo del Rey, desde el tiempo que los Ricos Hombres se confederaban para seguir su derecho en las causas y querellas de que pretendían ser desaforados”.

          Don Fernán Sánchez se viene al servicio de Lizana, y saca su gente y entra gente de don Ferriz. En esta sazón don Fernán era venido al servicio del Rey y suplicó le diese lugar que saliesen los suyos de Lizana y entrase en el castillo gente de don Ferriz que estaba en Alcolea; “y olgó de ello el Rey”. Es aquí donde aparece por primera vez Fernán Sánchez aliado con los Ricos Hombres frente al Rey, pero entre el noble rebelde, que es su hermanastro, y la fidelidad a su padre el Rey, escoge lo segundo, y menos mal, porque los de Lizana fueron todos ajusticiados. Tenemos, pues, a un Fernán  que en el fondo está a favor de la levantisca nobleza aragonesa, pero con un corazón que le impide traicionar a la monarquía representada por su padre. Su padre, que le quería, “olgó por ello”.

          El 31 de Mayo de 1265, el Rey don Jaime concede un salvoconducto a Fernán Sánchez, Bernardo Guillén de Entenza, Ferriz de Lizana y a Doña Toda de Estada, con garantía de protección de todos sus bienes y súbditos hasta que el Rey vuelva de la frontera de Murcia y Granada. Por este documento sabemos ya los graves problemas que Fernán tenía con su hermanastro don Pedro, cuales eran sus aliados, y de la estrecha protección que le dispensaba su padre el Rey, el cual, por cierto le invita a la conquista de Tierra Santa, su sueño postrero.
Sa Juan de Acre (Acre) en Israel

          Con estas buenas disposiciones, partió Fernán Sánchez para Tierra Santa, con el Rey y su hermano Pedro Fernández, almirante de la armada, un 4 de Septiembre de 1269. El sueño dorado de cualquier caballero cristiano era la conquista de los Santos Lugares, y ni que decir tiene que mucho más para un Rey que había conquistado tres reinos. Haber incluido a su hijo bastardo en este proyecto, debió suponer para Fernán el más gratificante de los premios y un definitivo seguro de lealtad. Mientras que don Jaime se vio obligado a regresar a la Península por las tempestades apenas había zarpado, parte de la escuadra aragonesa continuaba su marcha a Oriente. Algunos buques se habían perdido durante la tempestad y algunos otros habían anclado en las costas de Cerdeña, pero los que llevaban por almirante a don Pedro Fernández, entre ellos el de Fernán Sánchez, llegaron hasta San Juan de Acre. Pero en vano aguardaron a su padre, cuya suerte ignoraban. Viendo que ni el Khan de los tártaros, ni el Emperador de Oriente Paleólogo parecían dispuestos a unírseles, tal como estaba previsto en la conquista de Tierra Santa, dejaron a los cristianos de Siria auxilios en hombres, víveres y dinero y tomaron la vuelta a España, deteniéndose en Creta y Sicilia. En este último país, Carlos de Anjou, Rey de Nápoles y Sicilia, les recibió con toda consideración y trabó amistad con don Fernán Sánchez, a quien armó Caballero.

          Estas buenas relaciones entre Fernán y el Rey Carlos de Anjou, vencedor de Manfredo, suegro del infante don Pedro, hicieron brotar en el infante un odio para con su hermanastro que no iba a  ceder hasta la muerte del bastardo. En cierta medida era comprensible este odio, si pensaba que Carlos de Anjou y Fernán Sánchez, podían hacer una alianza contra él y su padre, que con seguridad contaría con el apoyo de una buena parte de la nobleza aragonesa y, desde luego, con el Papa, amigo del de Anjou. De cumplirse sus presagios, el futuro Rey de Aragón y quizás el conquistador de los Santos Lugares, sería Fernán Sánchez, el señor de aquél obscuro lugar que se llamaba Castro. En ese momento, el excitado pensamiento de don Pedro le llevó a la determinación de que su hermano bastardo tenía que morir.

          El primer episodio grave de la lucha entre los hermanos, o por mejor decir, de la guerra abierta por el infante contra Fernán, ocurrió en Burriana, muy probablemente cuando todos los hijos del Rey se encontraban en guarnición de la frontera de Murcia. Cuenta Zurita que sucedió que “estando don Fernán Sánchez en Burriana le combatieron y entraron en la casa donde moraba, hallándose el infante presente, y le anduvieron buscando por toda ella con las espadas arrancadas; y le hubieran muerto si antes no se hubiera salido con doña Aldonza de Urrea su mujer”.

          Sigue refiriendo Zurita que “cuando pasó aquel caso en Burriana, don Fernán Sánchez dio aviso al Rey suplicándole que le defendiese de toda injuria y le asegurase del peligro de la muerte, pues lo podía hacer mandando castigar a los ministros de aquel delito, porque si su enemigo sucediese en el reino en vida de su padre, como decía don Fernán Sánchez que lo procuraba, no sería después poderoso de vengar su muerte... Pues era príncipe justo y clemente, mandase hacer castigo ejemplar de tan grave insulto”.

          La inmediata reacción del Rey fue convocar Cortes en Ejea, a primeros de Marzo de 1272, en las que destituyó fulminantemente al infante don Pedro de la Procuratoría General del reino. Por el momento, Fernán ganaba la batalla.

          En el capítulo LXXXI del mismo libro, cuenta Zurita que el infante don Pedro, pese a la protección que el Rey ejerce sobre Fernán, persiste en procurar la muerte del de Castro, al que consigue desprestigiar mediante la falsa acusación de alta traición
De Ejea partió el Rey para el reino de Valencia, y porque el infante no quería estar a juicio con su hermano como él lo pedía y por todas vías insistía en le procurar la muerte, en presencia del Obispo de Valencia... le exhortó que personase a su hermano y se concordase con él. Pero el infante por la insistencia que en esto se hacía, se salió una noche de Valencia sólo con tres caballeros, sin responder al Rey, con deliberado ánimo de proseguir su venganza. Entonces, determinó el Rey de amparar a don Fernán y defenderle de cualquier fuerza e injuria y castigar al infante su hijo. En este medio fue don Fernán Sánchez con don Jimeno de Urrea, su suegro, a Valencia y dio al Rey grandes gracias...
Mas el infante envió luego al Rey a don Ruy Jimenez de Luna y a Tomás de Junqueras con su carta de creencia. Y estando con el Rey don Bernardo Guillén de Entenza, don Ferriz de Lizana... en presencia de don Jimeno de Urrea, Yomás de Junqueras refirió que no quisiera el infante su señor decir al Rey lo que en el hecho de don Fernán Sánchez pasaba, y que hasta entonces lo había encubierto, porque era de calidad que a todos sus hermanos quedaría gran infamia si quedase sin castigo.
Pero pues tanta voluntad tenía que se publicase, entendieren y supieren por cierto que don Fernán Sánchez había dicho que el Rey no debía reinar, y había procurado que fuesen dados hechizos al infante  don Pedro su hermano, y trataba de alzarse con la tierra con algunos Ricos Hombres y gente de su valía.
Habiendo oido el Rey una ocurrencia tan criminosa y grave como esta... apartóse a una parte con don Bernardo Guillén de Entenza y con don Jimeno de Urrea... y díjoles que a ellos tocaba responder... Mas a esto respondió don Jimeno de Urrea que siendo aquél que lo decía clérigo y persona vil, no era obligado a responderle y que le daría su igual. 
Entonces dijo a los mensajeros del infante que mandaría parecer a don Fernán Sánchez a cierto plazo para que salvase su honor a cerca de lo  que se le oponía y cuando no satisficiese a ello le mandaría dar castigo que su culpa merecía. Y porque no tenían orden del infante de aceptar aquella provisión se partieron con esto.
Estaba el infante en Algecira a donde hizo juntar su gente y determinó el Rey de partir para aquella villa, y mandó que fuesen a cierto día con él a Corte los Prelados y Ricos Hombres, y trataba de apremiar al infante hasta que desistiese de la guerra que quería hacer contra su hermano. Y andando el Rey a caza pasó el infante por el vado de Jegayren con treinta de a caballo y entrose en Corbera. Después se juntaron a Cortes el infante don Jaime, don Bernaldo de Olivella Arzobispo de Tarragona, y los Obispos de Barcelona, Lérida y Valencia, don García Ortiz de Azagra, don Artal de Luna y los procuradores de los concejos de Zaragoza, Teruel, Calatayud y Lérida y otros lugares.
Propuso en estas Cortes el Rey el atrevimiento y desacato del infante su hijo, que había ayuntado gente de guerra acaudillándola contra su mandamiento y bastecido todos los castillos que tenía por él, no queriendo estar a derecho con su hermano en la querella que de él tenía. Fueron por esta causa los Prelados y Ricos Hombres que allí estaban a Corbera para apartar al infante de la guerra que contra su padre se esperaba quería mover; y quedó con el Rey don Artal de Luna; y anduvieron en esto diversos días tratando de partida; pero no parecieron al Rey tales que honestamente se pudiesen aceptar, y dejando buena guarnición en Algecira, el Rey pasó a Játiva. Mas el Obispo de Valencia anduvo procurando la concordia entre el Rey y el infante; y finalmente por su medio el infante deliberó de ponerse en la merced del Rey, un Miercoles antes de la fiesta de la Navidad del año 1272; y fue a Játiva con todos sus caballeros y besóle el pié y dijo palabras de grande arrepentimiento y humildad; y el Rey le recibió muy bien. Y fue con el infante el maestre del espital que tenía en su poder preso. Esto se concertó con gran daño y peligro de la persona de don Fernán Sánchez como después pareció”.
          Del texto de Zurita, se deduce en primer lugar, que la acusación de alta traición hecha por don Pedro, tiene escaso eco en la Nobleza y aún en el propio monarca, y que quien está a punto de rebelarse contra el Rey es el propio infante heredero. Fernán sigue protegido por el Rey. Es el Obispo de Valencia el que intercede por el infante y el que procura la paz entre éste y el Rey, aún a costa de sacrificar al de Castro. Y quizás fue esto lo políticamente correcto para evitar una guerra civil y ante el nuevo frente de problemas que ya estaban ocasionando al Rey los Barones de Cataluña, capitaneados por el Vizconde de Cardona, el cual no quería secundar el llamamiento que el  Rey hizo desde Monpellier a todos los Ricos Hombres de Aragón y Barones de Cataluña para que le ayudasen a favor de su yerno Alfonso X, el Rey de Castilla que estaba en guerra con los moros. Esto sucedía el 30 de Enero de 1273 y el  Vizconde de Cardona, ante el ruego de que le acompañase a la guerra, le había respondido “que no era obligado de servirle los feudos y honores en las guerras que tenía el Rey de Castilla en su reino”. A lo cual el Rey le pidió le entregase los feudos que tenía en su honor. El Vizconde determino no darlos. Y esta fue la causa de la guerra que se movió poco después entre el Vizconde de Cardona y los Barones de Cataluña con el Rey y con el infante don Pedro su hijo”.

          Hay que subrayar este hecho como causa fundamental de la rebelión de la Nobleza catalana contra el Rey, en la que, en un primer momento, Fernán Sánchez nada tiene que ver, si bien es cierto que por coincidir  sus intereses con los de los insurgentes, acabará  por capitanearla.

La Nobleza Catalano-Aragonesa capitaneada por el Señor de Castro.-

          Un clima de conjuración se iba extendiendo bajo el pretexto de defender los usos y costumbres que siempre se habían guardado por los Reyes de Aragón. Más la principal ocasión fue que el infante don Pedro pretendía que algunos feudos fueran devueltos a la corona real y que no podían heredarlos las mujeres.

          Dice Zurita que el Vizconde de Cardona trató mañosamente de confederarse con Fernán y con algunos Ricos Hombres de Aragón y Castilla. Lo cuenta así:
Sucedió por este mismo tiempo que el Vizconde de Cardona y don Fernán Sánchez y don Artal de Luna y algunos otros Ricos Hombres de Aragón se vieron en el reino de Castilla y se confederaron y juramentaron entre sí; y volvieron con don Fernán Sánchez a Estadilla, a donde se hicieron ayuntamientos de gentes de este reino. Entonces se juntaron también algunos Barones de Cataluña en Ager, con sus compañías, y eran el Vizconde de Cardona y los Condes de Ampurias y Pallás...
Muchos de los Ricos Hombres de Aragón y Cataluña siguen la opinión de don Fernán Sánchez. En estas circunstancias, el infante don Pedro, que estaba en Aragón, habiendo ayuntado por mandato del Rey los Ricos Hombres y concejos del reino para ir contra Fernán Sánchez, fue a ponerse sobre el castillo de Antillón que estaba en poder de Fernán Sánchez y se había apoderado de él por razón de la dote de su madre. Y estaba dentro de su defensa Jordán de Peña, que era hermano de parte de madre. Y mandole combatir con trabucos de noche y de día; el castillo se defendió muy bien por los de dentro con esperanza que don Fernán Sánchez y los de su valía que estaban en Estadilla y comarca, los socorrerían”.
          Entretanto, y aprovechando que el infante estaba en Aragón haciendo la guerra a su hermano Fernán Sánchez, el Conde de Ampurias entra en Figueras, ciudad que había repoblado el infante don Pedro, quema su castillo y tala su término. El Rey acude a Barcelona donde recibe, a 10 de Noviembre, la declaración de guerra de otros Barones que estaban con el Conde de Ampurias.

          Queriendo el Rey apaciguar la rebelión de Aragón, y no pudiendo ausentarse de Barcelona, porque también aquí la situación estaba muy alterada, mandó convocar Cortes en Aragón y “cometió al infante don Pedro que estaba en el reino, que en su lugar y con autoridad suya mandase congregar la Corte en el lugar que más expediente fuese dentro de Aragón, y que de su parte en aquellas Cortes prometiese a los Ricos Hombres, caballeros e infanzones, que el Rey les guardaría sus fueros y estaría a derecho y justicia con los querellantes”.

Castillo de Castro: murallas.

          Pero razones poderosas tenían los Nobles aragoneses confederados para no aceptar la paz del Rey. Veamos la carta por la que Fernán Sánchez se despide definitivamente de su padre. La carta fue llevada a Barcelona, donde  estaba el Rey, en el mes de Diciembre de 1274, por don Ramón Andrés Proenzal y decía así: “que el Rey le había dado muchas ocasiones por donde le debiere deservir, las cuales ni por letra ni mensajero no se sufriría explicar sino se viese con él y que todo lo había sufrido hasta entonces. Querellábase que el Rey le había asegurado por quince días, hasta Todos Santos; y dentro de aquel seguro, vasallos del infante don Pedro le corrieron tierra de Rodellar y le llevaron gran presa de ganado; y que Pedro de Meitat que era vasallo del infante, puso en celada a los de Castro de Olvena que iban con seguro al mercado y llevó muchos de ellos presos; y otro vasallo del infante que se decía Pedro de Molina que tenía la junta de Sobrarbe por el Rey con toda la junta de aquella tierra, fue sobre el castillo de Castro que un vasallo suyo que se decía Juan de Rodellar lo tenía por don Fernán Sánchez, y lo combatió e hirieron a su mujer y a sus hijos y con una brígola (máquina de guerra para batir murallas) que había en Ainsa iba otra vez a combatirlos. Decía también que los de Ainsa y su tierra quemaron y talaron todo cuanto tenía en Boltaña un vasallo suyo que se decía Iñigo López. Y que le hacían tantas injurias y ofensas que más no se podía sufrir. Y que por esto y porque estaba desheredado de Pinzano y de Lorbés y Sasa y de Sierracastillo y Foradada, y por otras muchas causas que diría al Rey si tuviese lugar, se despedía de él, y que no quería ser su vasallo y se salía de su obediencia; y aunque a donde quiera que estuviese su persona lo acataría como a padre y señor, pero de sus gentes y vasallos y de los que mal le habían hecho y hacían, se defendería cuanto pudiese”. Hasta aquí,  la carta de Fernán, según viene referida por Zurita y que constituye el verdadero testamento político del señor de Castro.

          Por el contenido de esta carta, se deduce claramente que la guerra de Fernán es puramente defensiva y de supervivencia, no va contra su padre pues la alianza con los Ricos Hombres de Aragón y Barones de Cataluña es puramente coyuntural, con motivaciones diferentes y, en todo caso, deja un resquicio para la esperanza si su padre el Rey tiene a bien recibirle, cosa que no sucede. Con dureza el Rey le manda una carta en la que le recrimina que mantenga a la fuerza el castillo de Naval que por ley no lo puede retener contra su señor, ni aún estando como garantía de deudas que el Rey tenía contraídas con su hijo; no obstante, de forma muy genérica, le ofrece la paz y dar satisfacción justa a sus demandas y en caso de no aceptar, “le convendría defenderse y proceder contra él como contra aquél que no quería admitir la razón y justicia de su señor”. Es decir, si no aceptaba la rendición incondicional, tendría que defenderse del Rey como si se tratase de un simple vasallo.

          Mas se acercaba la Navidad de 1274 y siempre es un buen momento para firmar una tregua. Los reyes de Castilla, sus hijos, pasaban la Navidad en Barcelona. El hijo bastardo, Fernán Sánchez, entre Estadilla, Castro, Pomar y Antillón. Sabe que la paz es imposible, por lo que recorre sus castillos preparándose para lo peor, no obstante llega el anuncio de unas Cortes en Lérida, para las Carnestolendas, en las que confiaba bien poco. El odio implacable del infante hacia Fernán ha cristalizado todas las razones y sinrazones de los Barones de Cataluña y algunos Ricos Hombres de Aragón, de manera que él, Fernán Sánchez de Castro, por los hados de una cruel fatalidad, se ha convertido en el Capitán de la Nobleza Catalano-Aragonesa que se rebela contra la Corona.

Refiriéndonos ya a las Cortes de Lérida, dice Zurita que el Vizconde de Cardona y los de su opinión, temiéndose del Rey, aunque les ofrece seguro, no quieren entrar en Lérida, y desde Corbins  envían sus procuradores. “Llegado el Rey a Lérida, el infante se fue también allá y se aposentó en el castillo; más el Vizconde de Cardona y los Condes de Ampurias y Pallás y don Fernán Sánchez, don Artal de Luna y don Pedro Cornel y los otros Ricos Hombres y caballeros de su bando, no quisieron entrar en Lérida, diciendo que se temían del Rey; y juntáronse en Corbins, y aunque el Rey les ofreció que les daría seguro, no quisieron ir y enviaron por sus procuradores a Guillén de Castelaulí y Guillén de Rajadell. Estos caballeros pidieron que ante todas cosas el Rey mandase restituir a don Fernán Sánchez las villas y lugares que el infante don Pedro le había tomado”.
En la respuesta, el Rey decía que ”no era obligado a esto porque don Fernán Sánchez y don Jimeno de Urrea y don Artal de Luna y don Pedro Cornel, con ofrecerles de estar a derecho con ellos, habían desafiado al infante... y lo que era más grave, que don Fernán Sánchez tenía forciblemente los castillos de Alquezar y Naval y no los quería restituir al Rey”.

La anunciada muerte fratricida.-

          La paz no ha sido posible y negros augurios se ciernen sobre  las postrimerías del mes de Marzo de 1275. Las aguas del Segre y del Cinca se van a teñir de sangre real y hermana. La razón de estado, una vez más, se impone con toda su brutalidad.

          Es precisamente el 28 de Marzo, según el Itinerari, cuando el Rey da la orden al infante para que aniquile a don Fernán Sánchez. Dice Zurita que “el Rey estaba tan indignado por el desacato y ofensa de don Fernán Sánchez, que mandó al infante antes que saliese de Lérida, que luego fuese contra él e hiciese todo el daño que pudiese... y que no pusiese cerco a castillo sobre el cual le tuviese forzado detenerse mucho tiempo”. Había que ir rápido contra los cabecillas y, una vez más, en Aragón, había que cortar las rosas que más sobresalían del jardín, aunque esa rosa fuese el propio hijo del Rey. Comenta Zurita que “era cosa de gran maravilla ver cuán puesto estaba el Rey de proseguir este negocio y castigar el atrevimiento de su hijo y de los Ricos Hombres. Porque con ser en infante don Pedro uno de los mejores caballeros del mundo y de gran valor y que perseguía a su hermano con odio terrible, el Rey le incitaba más y animaba, diciendo que desenvolviese bien las manos en aquel menester y les hiciese cuanto mal y daño pudiese, y que para el día que tenía señalado a sus huestes se juntasen con él en Lérida y también se hallase con él el infante, pues si Dios era de ello servido purgaría de tal manera la tierra que mientras él viviese estaría en paz, y después de sus días no tendría el infante tanta contienda con sus Ricos Hombres”.

          Como se comprenderá, poca necesidad tenía el infante de que el Rey le azuzase, ya que su obsesión era desde hacía tiempo, acabar matando a su hermano.

El fratricida Pedro III de Aragón. Pintura de Filippo Ariosto

          Mientras el Rey sigue en Lérida hasta el 9 de Mayo, fecha en que partirá a Barcelona para sofocar la rebelión en Cataluña, el infante don Pedro inicia sus movimientos contra Fernán. Según el Itinerari, el 31 de Marzo el infante se encuentra en Huesca, el 22 de Abril en Barbastro, y el 26 del mismo mes, en Pertusa. Sería a finales del mes de Abril (estamos en 1275)cuando el infante, sabiendo que su hermanastro andaba con poca gente visitando sus castillos y animando a los suyos que los tenía en guarnición, teniendo aviso que había de ir al castillo de Antillón, puso en celada hasta ciento de caballo y dieron de sobresalto sobre don Fernán Sánchez, y escapándose de ellos encerráronle en el castillo de Pomar que está sobre la ribera del Cinca; y pusiéronse en torno del castillo y dando aviso de ello al infante, acudió con su gente sobre él.”

          Refiere Bernardo Aclot que entendiendo don Fernán que no podría allí defenderse y que necesariamente le convenía rendirse, por no ponerse en manos del infante, mandó a un escudero suyo que se armase con sus armas y saliese con algunos a caballo fuera del castillo y a toda velocidad procurase escabullirse de entre los enemigos como mejor pudiese. Y disfrazándose en hábito de pastor pensó él en aquel rebato escaparse. Pero siendo cogido el escudero por la gente del infante, descubierto el engaño, siguieron a don Fernán Sánchez.

          El dramático final, lo cuenta así Tortoulon: Era un duelo a muerte entre los dos hermanos. Derrotado por los hombres del infante y cercado en su castillo de Pomar, el bastardo escapaba disfrazado de pastor, mientras que los sitiadores perseguían a uno de sus escuderos, que huía a toda brida, vestido con las ropas de don Fernán y montado en Asenyallat, su mejor caballo; pero descubriose la estratagema y el bastardo, cogido en un campo de trigo, donde se había ocultado, después de haber intentado en vano pasar el río Cinca a nado, fue conducido ante su hermano, que lo hizo ahogar. Este acto de odiosa justicia inspiró al Rey tales palabras que, por honor a don Jaime quisiéramos creer que hay algún error de copia en este pasaje de su crónica: “Llegó a nuestros oídos, antes de salir de Perpiñán, como el infante don Pedro, teniendo sitiado un castillo de Ferrán Sánchez, había preso a éste y lo había hecho ahogar; de lo que nos alegramos por cierto, pues era dura cosa que siendo él nuestro hijo y después de haberle hecho tanto bien y honrado con pingüe patrimonio, se levantase así contra Nos”. (Crónica de D. Jaime cap. CCCV)

          Es muy posible que estas terribles palabras no las haya dicho nunca don Jaime, ó hayan sido mal interpretadas, como sugiere Tourtoulon. Esclot, hablando de este hecho, dicey cuando el Rey supo que el infante Pedro había hecho ahogar a Ferrán Sánchez, esto le disgustó mucho, porque era su hijo”. Esta interpretación cuadraría más con el carácter compasivo del Rey y, por supuesto, con el amor de padre que le había profesado. De todas formas, paradojas del destino, uno de los descendientes de Fernán Sánchez, don Gaspar Galcerón de Castro, de Pinós, de Gurrea y de Aragón, Conde de Guimerá, iniciaría en el año 1634 el proceso de beatificación del monarca aragonés Jaime I el Conquistador, el que había sacrificado a su hijo, ascendiente suyo. Paradójica venganza.

          Hemos dejado al Rey en Lérida hasta el 9 de Mayo que parte a Barcelona, para poner en orden las cosas en Cataluña. Según el Itinerari, el Rey llega a Barcelona el día 13 y permanece allí hasta el día 3 de Junio que parte para Perpiñán, donde le aguarda su hija la Reina de Castilla. Llega a Perpiñán el día 8 de Junio. El 9, en Perpiñán, el Rey reconoce un crédito de 720 cahices de trigo a favor de su hijo Pedro, que entregará Sarroca, Obispo de Huesca. El día 25 de Junio sale el Rey para Ampurdán a combatir al Conde de Ampurias, pero antes de salir de Perpiñán, recibe la noticia de que su hijo Fernán ha sido asesinado por su hermano.

          Todas estas fechas nos llevan a la certeza de que el fratricidio tuvo lugar entre los días 4 y 6 de Junio, muy probablemente el 5 de Junio de 1275. Efectivamente, siguiendo el Itinerari:
  • el 16 de Mayo el infante don Pedro asedia Antillón
  • el 17 de Mayo Pere Meitat toma Artasona, vasallo de Fernán Sánchez
  • el 25 de Mayo seguía efectivo el sitio de Antillón
  • el 1 de Junio Fernán Sánchez ya estaba encerrado en su castillo de Pomar
  • el evento no pudo producirse después del 6 de Junio, pues calculadas las distancias y los tiempos necesarios de recorrido, según los utilizados por el propio Rey, la noticia no le hubiera podido llegar antes del 25 de Junio, como refiere la crónica real.

La gorga de la muerte.-

          Ferrán Soldevilla sitúa en una famosa gorga del Cinca, el lugar exacto donde Fernán Sánchez de Castro fue ahogado.

          Bajando de Monzón, pasa el río por frente a Las Cellas, hoy ermita de Nuestra Señora de la Alegría, y luego por las huertas exuberantes de Pueyo de Santa Cruz. Entre estas y las de Pomar de Cinca, frontera a la derruida fortaleza de Fernán Sánchez de Castro, hállase la célebre gorga. Gorga en aragonés significa garganta. Dicen que de esa garganta, en las ateridas noches de invierno, cuando la nieve y el hielo siembran la agonía en todas las almas, en la misteriosa gorga óyense los suspiros de un ahogado que pide venganza. Si no suspiros,  nosotros, con esta aportación, hemos intentado hacerle justicia. Como dice el refrán, “talis vita, finis ita”. En el caso de Fernán Sánchez, el final sobrepasó, incluso, su azarosa vida. Yo creo que la injusticia de su muerte perdonó sobradamente cualquier atisbo de culpabilidad, si la hubo. 

Sepulcro de Fernán Sánchez en el monasterio de Santes Creus (Tarragona), 
donde también se encuentra el de su hermanastro Pedro III de Aragón.

          Y como ocurre frecuentemente con las vidas trágicas, también su tumba ha sido objeto de discusiones. El querido maestro D. Manuel Iglesias Costa, la sitúa en un sarcófago que hay en la ermita de San Salvador de Selgua. Mariano Badía Buil, en su libro “Estadilla, cabeza de la Baronía de castro”, la sitúa en el monasterio de Santes Creus, donde, paradojas del destino, está enterrado su hermanastro el fratricida. Por nuestra parte, podemos confirmar que Fernán Sánchez fue enterrado en el monasterio de Santes Creus, según documentación que he encontrado en el A.H.P. “casa ducal de Hijar”. También lo confirma el Barón de Valdeolivos, en un escrito inédito de 1927, según puso en mis manos D. Enrique Badía, alcalde que fue de Fonz, que dice: “fue llevado a enterrar al monasterio de Santes Creus, donde se conserva un sepulcro muy cerca del de su hermano don Pedro III Rey de Aragón”. Por cierto, que también está enterrada en este monasterio, Doña Teresa de Montcada y Benavides, marquesa de La Puebla de Castro y último representante de la familia de los Montcada en la línea sucesoria de la Baronía de Castro.

El Testamento de Fernán Sánchez de Castro.- 

(A.H.P. Leg.2 N.L.E.) 

          El 3 de Septiembre de 1269 (era MCCC septima), estando Fernán Sánchez próximo a partir a las partes ultramarinas hizo un testamento, ante Joannes de Fontibus en Zaragoza, del que hemos encontrado una copia medieval que la Dra. Nuria Silleras de la universidad de Barcelona nos ha transcrito, y que he traducido lo más literalmente posible. 
          “Los casos del testamento de D. Fernán Sánchez, hijo del Rey don Jaime, que tocante a cosas, a lugares, quitados los legados, son los abajo escritos y comienza así:

Conozcan todos, que nos Fernán Sánchez, hijo del ilustre Rey de Aragón y Señor de Castro, sano e íntegro y con plena memoria, queriendo partir a las tierras ultramarinas, hago el siguiente testamento.
Que una vez sean pagadas sus deudas, se paguen a doña Aldonza, su mujer, las rentas de sus castillos y lugares si ésta vive castamente; y del resto de rentas y bienes que no se vendan y conserven, dice así
Que si doña Aldonza, su mujer, quedase preñada, de hijo ó hija, a tal consanguíneo le dejamos todo, a excepción de los subsiguientes XII legados dejados a hijos naturales, padres, vasallos, lo dejado para pagar deudas y todo lo que haya que enmendar por justicia. Si muero no teniendo ni hijo ni hija, dejamos el castillo y la villa de Estadilla, el castillo y la villa que se llama Ciudad (Torreciudad), y la villa de Enate, al señor Rey, su padre o el que le suceda con posterioridad.
Así mismo, dejamos el castillo y la villa de Boriaman (Borgaman) a Marco Ferrico (hermano de Fernán Sánchez)...
Así mismo dejamos a Jordano de Penna, hermano mío, los castillos y las villas de Olvena y de Casa (Sasa?) próxima a Barbiesto (Barbastro)... con la condición de que sirva al señor Rey con un caballo armado.
Así mismo dejamos a Sancha Fernández, hija mía, el castillo y la villa de Pomar...
Así mismo dejamos a Martino Sánchez, hijo nuestro natural, dos mil alfonsinos que quiero asegurar con los castillos y villas de Casa y la villa de Estadilla que poseerá hasta que se hagan efectivos.
Así mismo, cumplida la obligación, el castillo y villa de Casa pasará al predicho Jordano de Penya, hermano nuestro. Así mismo dejamos a Marco Ferrinco el castillo y villas de Spodellar (Rodellar)
Así mismo dejamos a Martino Alfonso, hijo nuestro natural, el castillo y la villa de Puig Pintano, y de Andues Pintano (Undues) y de Castiello con todo el valle de Pintano y que sea vasallo del Rey de Navarra bajo cuyo amparo lo deja para que lo defienda si alguno le molestare.
Así mismo queremos y mandamos que si morimos sin hijos legítimos, el castillo de Antelión (Antillón) quede para Sancius de Antelion, nuestro consanguíneo. De tal modo que si el predicho Sancius de Antelion herede sin tener hijos legítimos, pase por mitad a mis hermanos Marco Ferrinco y Jordano, y la otra mitad a los hijos de Sancius de Antelion
Efectuado el día VII del mes de Septiembre, era MCCC septima, Signum Ioannis de Fontibus, notari publice..Sotosigna Quilez scripsit
Y no hay más en todo el testamento que toque la disposición de mi titular, salvo los legados píos y otros seminarios.

He hallado dos destos testamentos cuia mano los dos sacados por el mismo notario, y como el uno no se puede leer bien, lo he retirado por el peligro que podría haber”

Hasta aquí la trascripción y traducción del latín del documento medieval que se conserva en el A.H.P. Leg.2 N.L.E y que fue firmado ante el notario que se menciona en Zaragoza el 7 de Septiembre de 1269

Inicio del testamento de Fernán Sánchez según una copia medieval

          Respecto a los legados píos, en  el mismo archivo (S. IV leg. 109-34) dice que: “manda le entierren en el monasterio de Santa María de Fuentes-Claras de la orden Cisterciense, situado entre Cinca y Albalate de Vallobar, en donde quiere se construyan cinco altares, de San Pedro, San Martín, Santa María Magdalena, San Bartolomé y San Jorge, con dos Capellanías perpetuas, bajo la invocación de San Pedro y la Magdalena, dotadas en 2.200 maravedís, para los capellanes, monasterio y fábrica”.

          De los lugares que aparecen en el testamento  sólo tenemos dudas en la localización de “Borgaman”, que posiblemente era una población situada en el actual municipio de Salillas, cerca del río Guatizalema (Ubieto Arteta, “Pueblos y Despoblados”)

          Más enigmática nos parece la población de Casa ó Sasa, próxima a Barbastro. ¿Podría tratarse de una antigua población llamada Caxal, junto a Sena, en cuyo pueblo todavía hay memoria de un antiguo poblado en un monte que tiene la misma denominación? Pero la cosa se complica todavía más, por un Privilegio que hemos encontrado en el A.H.P. por el que D. Jaime el Conquistador concede en Jaca el 30 de Julio del año 1250 “a los vecinos del lugar de Castro para poder ir a vivir a la Población llamada Cgxal y que habiten y tengan su domicilio en ella, y que las casas que hiciesen las tengan francas de la misma forma que las tenían en Castro. La palabra  que nosotros transcribimos como Cgxal implica un error del copista que no corrige y podría tratarse de Caxal ó Sasal. ¿Sasal de Jaca?

          Del testamento se deduce, así mismo, que en esta fecha Fernán Sánchez todavía no tiene hijo legítimo, por lo que, en su defecto, deja lo más valioso de sus posesiones a su padre el Rey ó a quien le suceda, es decir, a su hermanastro Pedro que, paradójicamente, es quien le asesinaría no muchos años después, lo cual demuestra su gran generosidad y sentido de estado, si bien es cierto que por estas fechas las relaciones con su hermano no estaban rotas. Justamente, es a la vuelta de este viaje “a las partes ultramarinas”, que es armado caballero por D. Carlos de Anjou, cuando las relaciones con su hermano empeoran.

          Sorprende, finalmente, que en todo el testamento no aparezca el lugar de Castro, precisamente el lugar del que toma su título de señor. ¿Se trataba de un poblado cuyos habitantes se habían ido a Caxal en su mayor parte y el testante lo incluye en el término de Olvena ó de Ciudad?

          Para terminar, diremos que este testamento no tuvo eficacia ya que, felizmente, D. Fernán Sánchez pudo volver sano y salvo de esta campaña fallida a la conquista de Tierra Santa. Esto quiere decir, que con toda probabilidad no se cumplieron sus deseos de ser enterrado en el monasterio de Fuentes-Claras, sino en el de Santes Creus, tal como hemos  mantenido.

          Su destino fue cruel hasta el final: sus despojos descansarán para siempre en un rincón marginal de la iglesia del monasterio de Santes Creus, donde, en lugar preferente se exhibe el rico sarcófago de su hermano Pedro III el Grande, el fratricida.


Bibliografía:

Zurita Jerónimo: Anales de la Corona de Aragón. Institución Fernando el Católico. Zaragoza 1977
Fondevila Ferrán: Congrés d’Historia de la Corona de Aragón.(1908) “La nobleza catalanoaragonesa capitaneada por Ferrán Sanxez de Castro en 1274”
Archivo Valdeolivos de Fonz:  “Noticias de los Privilegios de la Villa de estadilla y Casa de Castro”
A.C.A.  CA leg 99-248
A.H.P. Leg. 2 N.L.E..
Itinerari de Jaume I
Linajes de Aragón. Revista quincenal ilustrada, tomo III, nºs 15 y 16


Pueden consultar el artículo sobre la heráldica y linaje de los primeros Barones de la Real Casa de Castro hacinedo "clic" en el siguiente título: 






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