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POSIBLE ASENTAMIENTO CELTÍBERO EN EL ACTUAL EMPLAZAMIENTO DE LA PUEBLA DE CASTRO

¿HUBO UNA URBE DE LA PUEBLA, CELTIBERA?



Autor del artículo: José Luis Espurz Espuña

Artículo publicado en la Revista“Historias d´aquí” Nº1, Noviembre de 2010. Revista editada por la Asociación Cultural de la Puebla de Castro y que dirige Rafael Franco Suiles.



Ahora que han encontrado nuevos tesoros ocultos en Labitolosa, tanto ciudad romana como fortificación musulmana; ahora que Castro cumple años como monumento nacional… quiero hacer una reflexión sobre la génesis de La Puebla de Castro.

Este conjunto de viviendas, esta urbe ¿de dónde ha salido? A bote pronto se dice que es un recinto medieval. No voy a entrar a discutirlo, pero hace días que me da vueltas en la cabeza una posible teoría: La Puebla de Castro como asentamiento celtíbero. No dejamos de estar entre los “Iaccetanos” y los “Cerretanos” que eran pueblos prerromanos de Aragón.
Poblado cerrado de Castellar de Arévalo en Soria

Me explicaré. Según dicen los entendidos en los siglos V y IV a.C se utilizó el castro como único sistema de hábitat y estructura social y de control territorial que generó un nuevo tipo de urbanismo. Este se caracterizaba por ser un poblado cerrado, que consiste en construcción de casas rectangulares con medianiles comunes dispuestas con sus muros posteriores con función de muralla, a ser posible sobre un cantil o borde de pendiente, dando la puerta hacia un espacio central o posteriormente longitudinal que a su vez ésta “calle” puede dar lugar a estructuras más complejas y evolucionadas.
Planta de Numancia

Los castros tipo “poblado cerrado” han podido llegar hasta nuestros días, de hecho compararemos la estructura del casco antiguo de La Puebla con otras urbes declaradas celtíberas.

La ubicación recurrente de los castros permite identificar una misma y primitiva estructura socio-económica y de organización territorial, mantenida casi sin cambios hasta la  actualidad. El territorio circundante ofrece varios tipos de utilización, pero casi siempre la misma catalogación: huerto, pastos, tierras de labor y bosques.

Dice Almagro-Gorbea que “junto al pueblo, como parte de la unidad doméstica y al cuidado de las mujeres, están los huertos… regados por fuentes, arroyos o pozos”. También las labores próximas se cercan con muros de piedra seca que en su mayoría de casos era para deslindar propiedades, más que para protegerlos de los animales.

Si reflexionamos sobre lo dicho, podemos crearnos una imagen en la cabeza que se puede aproximar a La Puebla. Veamos unos ejemplos y comparemos.

Asentamientos clasificados como prerromanos:


Casco antiguo de La Puebla de Castro:

Casco antiguo de La Puebla de Castro.

No obstante también dice el propio Almagro-Gorbea que estos asentamientos prerromanos no varían ni en tamaño ni en número respecto de la época medieval.

Hecha la comparativa visual del plano de planta, apreciamos el parecido urbanístico estructural de calle central y/o plaza.

Dejando el urbanismo y en lo que se refiere a estructura social prerromana, creo que también nos reconoceremos.


Vecino, era el que tenía un “hogar”, unidad formada por casa, corral, era y huerto.
Todos los de una casa recibían un mismo nombre, generalmente un epíteto o apodo que se heredaba durante 4 ó 5 generaciones y que los unificaba frente a los demás.
El cabeza de familia actúa como “vecino” a efectos administrativos. Al casarse pasa a vivir en casa diferente y pasa a considerarse vecino.

En conclusión creo que La Puebla de Castro bien merece este tipo de reflexiones puesto que normalmente los asentamientos, al igual que las iglesias se superponían unas sobre otras y por tanto en nuestro caso, si bien no confirmado, pudiera ser que antes incluso de Labitolosa, hubiera un pequeño asentamiento y éste, estuviera en La Puebla.   

Para escribir el artículo he consultado la Enciclopedia Aragonesa (monográficos de Los Pueblos Prerromanos en Aragón) y El Urbanismo de la España Céltica de Almagro-Gorbea.

LA PUEBLA DE CASTRO BAJO EL PODEROSO INFLUJO DE CASTRO Y LABITOLOSA

LA PUEBLA DE CASTRO BAJO EL PODEROSO INFLUJO DE CASTRO Y LABITOLOSA




Autor del artículo: Antonio Torres Rausa
(Licenciado en Derecho y Filosofía y Letras. Organista.
Cronista local)

Artículo publicado en el “Diario del AltoAragón”,
 2 de enero de 2002




           A vista de pájaro, los territorios comprendidos entre Torreciudad, Secastilla, La Puebla de Castro, Castro y la romana Labitolosa, forman un círculo mágico y estratégico entre el Somontano y la montaña, el Sobrarbe y la Ribagorza, el Ésera y el Cinca. No es casualidad, pues, que los romanos en el siglo II antes de Cristo se decidieran a construir aquí, en los aledaños de La Puebla de Castro, la importante ciudad de Labitolosa, la última ciudad romana en el camino de las Galias, en dirección a San Bertrán de Cominges.

Mapa de la época de Labitolosa
          Gracias a las excavaciones que se han venido efectuando, sabemos que la ciudad contaba con dos magníficas termas, un foro lleno de estatuas e inscripciones y de toda una serie de servicios que poco a poco irán emergiendo del sueño de la tierra que todavía esconde importantes secretos que se irán descubriendo ya que, por suerte, se trata de una ciudad que fue abandonada en el siglo III y sobre la cual no se ha construido nada con posterioridad.

          Cuando se inicia la decadencia de las ciudades en el siglo III, muchas ciudades son abandonadas, decae el comercio y la industria y toda actividad queda relegada a un lugar seguro y enriscado. De la ciudad se pasa a la aldea, arropada bajo un castillo y señor que le da seguridad. Muchas aldeas surgieron de las ruinas de villas abandonadas, pero en su mayoría fueron continuación de núcleos preexistentes. Posiblemente el origen de Castro, tal como indica su etimología, fuera una torre de vigilancia que la cercana Labitolosa tenía para controlar la entrada al río Esera y su valle. Pensamos que abandonada Labitolosa, algunos de sus habitantes se establecerían en este lugar estratégico al amparo de un señor y su torre.

          Sabemos que el Rey D. Alfonso I el batallador al regreso de las campañas de Andalucía se trajo en el año 1126 unos 10.000 mozárabes con el doble objetivo de liberarlos de los moros y de repoblar las desérticas tierras de Aragón. En tales incursiones del Batallador por Andalucía, en los años 1124 y 1126, entre otros caballeros de Aragón, le acompañaron D. Berenguer Gombal, señor de Castro, Pedro Jazbert, señor de San esteban de Mall (La Puebla Roda) y Berenguer Ramón, señor de Fantova. No es casualidad que en torno a los señoríos de Castro, San Esteban de Mall y el de Fantova, hayan surgido La Puebla de Castro, La Puebla de Roda y La Puebla de Fantova. De esta forma, tendríamos el origen de La Puebla de Castro, no tanto como poblamiento nuevo que procede de Castro, sino como nueva Puebla privilegiada por Alfonso el Batallador que pobló con mozárabes procedentes de Andalucía concedidos a su buen vasallo. Entonces, como ahora, el problema era la mano de obra para trabajar las difíciles y áridas tierras de Aragón. La mejor recompensa que el Rey podía dar a su fiel servidor era la adjudicación de algún ciento de los muchos mozárabes que no fueron absorbidos por las anchas tierras de Zaragoza y Alfaro. Esta teoría, en cuanto al origen de La Puebla de Castro, no ha sido probada. La supuesta repoblación de mozárabes andaluces pudo favorecer al poblado de Castro pero no se corresponde con la fundación de La Puebla de Castro, cuya Carta Puebla está concedida por el Rey Jaime I el Conquistador en el año 1250.

Delante, La Puebla de Castro; detrás, en el centro de la foto, La Puebla de Fantova.
 Foto de Fernando Martín Bravo
          En cualquier caso, la importancia histórica de La Puebla viene dada por su apellido Castro, origen del poder secular de la Baronía de Castro y del poder religioso de su Abadiado. De ambas instituciones queda constancia en las magníficas joyas y tesoro que pueden visitarse en la Iglesia parroquial de La Puebla y, sobre todo en el magnífico retablo dedicado a San Román, patrón de Castro, lugar de donde procede. El conjunto consta de 24 tablas que fueron pintadas, por varios pintores, entre 1495 y 1500. Las que narran la Pasión de Cristo, de mejor factura, son obra de Juan de Lovaina, pintor flamenco cuya estancia en Aragón está documentada en esas fechas, y las tablas que narran la historia de San Román se atribuyen a dos pintores de la escuela de Bartolomé Bermejo. Hay que decir, que se trata de uno de los pocos retablos que sobrevivieron en Ribagorza la última guerra civil, gracias a que fue desmontado y trasladado en cajas a Ginebra en el año 1936, hasta el 39 que fue restituido a La Puebla de Castro. Recientemente ha sido restaurado por la Dirección General de Patrimonio y luce con todo su esplendor. Es una obra de arte que por sí misma merece una visita a La Puebla.

Retablo de la antigua Ermita de Castro. Actualmente se encuentra en la Iglesia Parroquial de La Puebla de Castro. Autor de la foto: Rafael Franco Suiles
          Pero el testigo testarudo y peñascoso de lo que fue la Baronía y el Abadiado sigue siendo Castro, aldea abandonada, Iglesia románica que es monumento nacional y castillo que tuvo gran importancia en las guerras internas entre el Rey D. Jaime I el Conquistador, los Ricos-Hombres de Aragón y Barones de Cataluña y la alevosa muerte del que fue primer Barón de Castro, Fernán Sánchez, hijo de Jaime I el Conquistador y de su amante Blanca de Antillón, a la que, por cierto compró Castro por 400 doblones de oro en el año 1241, probablemente para dotar con este importante feudo a su hijo bastardo. Fernán Sánchez fue ahogado en aguas del Cinca, junto a Pomar, por su hermanastro, el que sería Pedro III de Aragón, en la primera quincena de Junio del año 1275.

Castro. Foto de Fernando Martín Bravo
           De Fernán Sánchez desciende, pues la Real Casa de Castro, linaje de gran importancia en la historia de Aragón y de España y cuyos descendientes emparentaron con la Casa de Peralta, Pinós, Aytona y, finalmente, con la casa ducal de Medinaceli al casar en 1722 Teresa María de Moncada y Benavides, 6ª marquesa de Las Puebla de Castro, con Luis Antonio Fernández de Córdoba, XI Duque de Medinaceli y X Duque de Feria.

          Respecto al Abadiado, dice Saturnino López Novoa citando un manuscrito del Racionero Cañada que “el año 775 el Rey de Francia sacó a Castro del poder de los moros, y dio esta Iglesia a los monjes benedictinos, quienes permanecieron en ella hasta 1466. Esto, según Cañada, consta de una escritura de privilegio que otorgó a favor de los de Castro, D. Felipe Galcerán de Castro, siendo testigos entre otros, D. Antonio Español, Abad de Castro y de nuestra Señora de la O.“ Con independencia de la veracidad de lo que nos dice Saturnino López Novoa, es lo cierto que Castro fue un importante Abadiado, cuyo Abad se trasladó en el año 1622 a La Puebla de Castro, donde por muchos años siguió firmando como Abad de Castro. Su jurisdicción abarcaba a Castro, Barasona, la Casa Peralta y La Puebla de Castro, sobre cuyos territorios cobraba el diezmo. Los servicios espirituales los atendía mediante un Vicario que tenía en Barasona y tres Racioneros que servían en las demás iglesias. Si en toda la Diócesis no había más que tres Abades , contando el de Estadilla que, en realidad, pertenecía a la Diócesis de Lérida, sólo el de La Puebla tenía la potestad de la colación ó nombramiento de sus Racioneros, poder reservado normalmente a los Obispos. Esto da idea de la importancia que tuvo el Abad de Castro y las prerrogativas que siguió conservando en el Abadiado de La Puebla de Castro.

          En la actualidad, La Puebla de Castro consigue aguantar un censo de población en torno a los 350 habitantes y con unos medios económicos suficientes, derivados de sus empresas y servicios, que en estos momentos son, 3 empresas cárnicas, 3 de construcción, 1 camping, 2 hoteles y 4 restaurantes. El total de mano de obra directa generado es de 45 trabajadores fijos y 25 más en la temporada de verano. La población escolar asciende a 22 niños y es atendida en el propio pueblo por los maestros correspondientes.

La Puebla de Castro. Foto de Fernando Martín Bravo
          Sin descuidar el día a día, es un pueblo que no se olvida de su brillante pasado histórico cultural, para lo cual el Ayuntamiento acaba de conseguir del Ministerio de Fomento una subvención de 36 millones correspondiente al 1% cultural que invertirá en la limpieza y consolidación del castillo de Castro, artesonado mudéjar de la Iglesia románica (declarado recientemente patrimonio de la humanidad) y aseguramiento de los restos que
quedan de la vieja aldea.

          Labitolosa, La Puebla y Castro son, sin duda alguna, visitas imprescindibles para todos aquellos que se aproximen por estos mágicos parajes del prepirineo.

Castro en la Edad Media -3- LOS TENENTES DE CASTRO

CASTRO EN LA EDAD MEDIA

3- LOS TENENTES DE CASTRO
Autor: Antonio Torres Rausa

          En Aragón y Navarra no se conoció la cesión permanente y hereditaria a feudo, a favor de un barón ó noble, de un castillo, tal como ocurría en Cataluña y en la Europa feudal. Los castillos aragoneses pertenecían al Rey según la fórmula de la defensa y de la guerra centralizada, y confiaban su defensa a un caballero que se llamó “Tenente”, cuyo mandato no solía ser largo, y salvo raras excepciones, era muy movible. Este sistema de tenencias duró lo que la reconquista del reino, es decir, durante los siglos XI y XII.

          Si bien inicialmente tuvo un carácter militar, poco a poco fue asumiendo el poder político y administrativo. Así surgió el primer ordenamiento administrativo de Aragón. Las distintas tenencias se fueron acumulando en manos de unas pocas familias, que trataron de convertirlas en hereditarias, lo que en cierto modo consiguieron, dando orígen a la primera nobleza del reino. La influencia política y militar de estos Tenentes fue considerable y dejó huella secular en el reparto y posesión de la tierra de los “señoríos nobiliarios” bajo medievales. Resaltamos, no obstante, que en su orígen eran títulos funcionales, hasta el punto que un mismo castillo, si era importante, podía tener varios Tenentes al mismo tiempo, como fue el caso de Castro. Esto implicaba que los Tenentes no siempre vivían en estos castillos, a diferencia de los barones catalanes que sí estaban adscritos a su tierra feudal, por la propiedad en firme y por herencia.

          Castro se constituye en Tenencia desde el año 1083 y, dada su importante posición estratégica, entre los años 1089 y 1094 comparte tres Tenentes.

          Siguiendo a Agustín Ubieto, los Tenentes de Castro en los siglos XI y XII, son los siguientes:

  • Ramón Guillén, desde el año 1089 a Noviembre de 1094, fecha en que muere el Rey Sancho Ramirez en el asedio de Huesca, plaza que será conquistada dos años después. Es lógico pensar que este Tenente acompañó al Rey en el asedio de Huesca. Ramón Guillén comparte la tenencia con Lope Sanchez y Berenguer Gombal. Esto lo sabemos, entre otros documentos, por la Colección Diplomática de Obarra, según publicación de Martín Duque, documento 145, en el que al donar Pedro I a Santa María de Obarra y San Victorián la Iglesia de Santa María y la villa de Torres en el año 1094, a continuación de la firma del Rey, nombra a los señores más importantes del reino, dándole así mayor valor histórico al documento. Por citar al de Castro, entre pocos, me permito la transcripción literal, que dice: “...regnante me Dei gratia in Aragone, et in Pampilona et in Suprabi et in Ripacurtia. Episcopus Raimundus in Rota. Episcopus Petrus in Iacca. Alius Episcopus Petrus in Urunia. Don Kavet in Eleson (Boltaña) et in Civitate (Torreciudad). Lop Sangiz et Raimundus Guillen et Berengarius in Castrum.

En aquel tiempo en que corrían vientos de cuchillo y, por miedo a los árabes, todos los nobles guardaban los caballos en las habitaciones de sus mujeres, a fín de salir con presteza en caso de necesidad, Castro se presentaba como un refugio seguro y como vigía necesario en la puerta de Ribagorza, frente al amenazante y cercano Barbastro que, de nuevo, estaba en manos musulmanas, hasta que, como se ha dicho, fuera definitivamente conquistado en el año 1100 por el Rey Pedro I, cuando contaba con 35 años, cuatro antes de morir.


  • Galindo Jimenez, fue Tenente de Castro en el año 1112, reinando ya Alfonso I el Batallador, hermano de Pedro I.

  • Berenguer Gombal. En la Colección Diplomática de la Catedral de Huesca, según edición de Durán Gudiol, el documento 112 hace mención a la venta de una finca situada entre Barbastro y Castillazuelo que Doña Urraca, esposa de Blasco Fortuñones hace en Junio de 1113 a Mose. Pues bien, tal como era costumbre de citar a los distintos señores del reino para dar mayor historicidad al documento, aparece Berengarius Gombal in Castro. Por lo tanto, podemos afirmar que Berenguer Gombal es ya Tenente de Castro en Junio de 1113. Su tenencia se prolonga hasta Diciembre de 1131. En el transcurso de esta tenencia se produce la conquista de Zaragoza (1118) y las incursiones del Batallador por  Andalucía (1124 - 1126), en las que le acompañan Berenguer Gombal, señor de Castro, Pedro Jazbert, señor de San Esteban de Mall (Puebla de Roda) y Berenguer Ramón, señor de Fantova.

Sabemos que al regreso de las campañas de Andalucía, año 1126, el Rey Alfonso I el Batallador se trajo unos 10.000 mozárabes con el doble objetivo de liberarles y de repoblar las desérticas tierras de Aragón. Con la parte de mozárabes que no fueron absorbidos por Zaragoza y la villa de Alfaro en particular, probablemente repoblaría las tierras de los tres señores de Ribagorza que le acompañaron en la expedición, concediéndoles especiales privilegios a sus villas que se convirtieron en Pueblas. Como dice el historiador de la Ribagorza, D. Manuel Iglesias Costa, de cuya amistad me honro y del que me siento deudor, no es por casualidad que en torno a los tres señoríos señalados, el de Castro, el de San Esteban de Mall y el de Fantova, hayan surgido La Puebla de Castro, La Puebla de Roda y La Puebla Fantova. Así tendríamos el origen de La Puebla de Castro, no tanto como poblamiento nuevo que procede de Castro, sino como Puebla del señor de Castro a la que Alfonso el Batallador, en agradecimiento por su aportación a la guerra de Andalucía, repobló con mozárabes, dándole mano de obra barata y concediéndoles especiales privilegios. Esta teoría, en cuanto al origen de La Puebla de Castro, no ha sido probada. La supuesta repoblación de mozárabes andaluces pudo favorecer al poblado de Castro pero no se corresponde con la fundación de La Puebla de Castro, cuya Carta Puebla está concedida por el Rey Jaime I el Conquistador en el año 1250.


Delante, La Puebla de Castro; detrás, en el centro de la foto, La Puebla de Fantova.
 Foto de Fernando Martín Bravo

También asiste Berenguer Gombal a la sangrienta batalla de Corbins en Cataluña, en el año 1126. Lo cuenta así Zurita: “Parece... que en el año 1126 hubo una muy sangrienta batalla con los moros en Cataluña, delante del castillo de Corbins, y se perdieron en ella muchos cristianos y las cosas estuvieron en grande peligro. Y el emperador don Alonso se fue a ver con el conde de Barcelona y con sus hijos para dar favor a la guerra contra los infieles; y fueron con él a estas vistas don Esteban obispo de Huesca y don Esteban electo de Roda, Berenguer Gombal señor de Castro y Capilla, Jimeno Fortuñón señor de Calasanz y Bardajin, Lope Iñiguez señor de Perarrúa y Pedro Ramón señor de estada, Atho Garcez señor de Barbastro, Garcí Ramirez señor de Monzón y Tizón señor de Buil”.

  • Iñigo López, fue Tenente desde Agosto de 1134 a Julio de 1135. A este Tenente le tocó vivir la agitada sucesión, entre los partidarios del Rey Ramiro y del Rey Alfonso de Castilla, como así mismo, las guerras entre el Rey de Aragón y el de navarra.

  • García Garces de Grostán, desde febrero de 1135  a Junio del mismo año.

  • Pedro Ramón,  fue Tenente de Castro desde Junio de 1135 a Noviembre de 1137. Durante esta tenencia, el Rey Ramiro decapitó a los quince nobles aragoneses más levantiscos haciendo una famosa campana, en la que no se encontraba Pedro Ramón.

La campana de Huesca por José Casado del Alisal

También se concierta la boda de la hija del Rey, Petronila, con el conde Berenguer de Barcelona, precisamente en Barbastro, el 11 de Agosto de 1137.También encontramos a Pedro Ramón entre los ricos hombres que prestan juramento al Rey Ramiro.

  • Arnal Mir, fue Tenente de Castro desde Agosto de 1137 hasta el año 1175. En el documento 146 de la mencionada Colección Diplomática de la catedral de Huesca, se narra como Ramiro II, Rey de Aragón, dona a Lope Galindez de Bolás, los bienes de Igrés que habían sido del judio Zaraxorda. Esto ocurría en Agosto de 1137 “regnante me dei gratia rex in Aragone...Comité Arnal Mir Palierensis in Castro et in Boil...Arnal Mir es, por tanto, Conde de Pallás, uno de los títulos más importantes del Reino, y, además, Señor de Castro y Buil, lugares que raramente visitaría, en todo caso, cuando el 13 de Noviembre de 1137 el Rey Ramiro entrega a su yerno el gobierno y se vuelve a su primitiva vocación de monje, probablemente acompañado por Arnal Mir, pasó por Castro, y al principio de su reinado, cuando tuvo que refugiarse en las montañas ante la amenaza del Rey de castilla.
    Arnal Mir fué siempre un fiel vasallo del Rey Monge, y ya desde Octubre de 1134 cuando muere el Batallador y Ramiro se encontraba en el castillo de Barbastro, uno de sus mejores valedores fue Arnal Mir.

    Dice Zurita que Arnal Mir acompañó en 1149 al príncipe de Aragón en el cerco de Lérida, y que tambien entre los ricos hombres que se hallaban en Zaragoza en el casamiento que el Rey don Alonso celebró con don Sancho, estaba Arnal Mir, conde de Pallás.

    Estos caballeros medievales, que no pagaban a  Hacienda, no tenían residencia habitual. Vivían allí donde estaba la cambiante necesidad, junto al Rey y el campo de batalla; por eso, no hay que pensar que Arnal Mir, dueño y señor de tantos castillos y de tantos frentes donde acudir,  pasara muchos días en Castro, que gobernaría a través de un alcaide. En cualquier caso, fue Castro, sin duda, su referencia obligada en la Ribagorza, por lo que la figura mítica de este guerrero dignifica nuestro lugar. Así describe Zurita en los Anales (I-XVIII) a este hombre legendario: “Hubo en las montañas de Ribagorza y Pallás un caballero que se decía Arnal Mir, hijo de Mir, que por su valor y esfuerzo grande hubo diversas victorias de los moros y los persiguió y echó de los lugares fuertes que tenían en las montañas de Pallás y ganó dellos muchos castillos... y fue señor de muchos castillos y villas en los condados de Urgel, Pallás y Ribagorza”.  Caballero mítico fue este Arnal Mir, Señor de Castro.

Una segunda vinculación de Castro y el señor de Capella, aparece en un documento del ocho de Mayo de 1212 (A.C.A., cancillería, Pergaminos Pedro I, carpeta 64, nº389)

En el mencionado documento aparece la donación hecha por Pedro II a doña Ermesinda, viuda de Guillermo de Capella y a toda su descendencia, de todos los honores, posesiones y castillos anteriormente poseídos por el dicho Guillermo y predecesores, dados por los Reyes de Aragón, a saber: castillos de Juseu, Merli y Lerb (Lierp), villa de Ballabriga y  ¼ del castillo de Capella, ½ del castillo llamado Castro. Todo ello dado a feudo según fuero y costumbres de Barcelona y según lo tuvieron los predecesores de Guillermo de Capella por nosotros y nuestros antecesores, es decir, a plena utilidad pero reservando para nosotros y nuestros sucesores, la fidelidad y el dominio. Dado en Zaragoza, Ocho de Mayo de 1212.

De este documento resaltamos que también Castro y no sólo Lumbierres, como hemos visto anteriormente, fue tenido según fuero catalán, al menos, hasta su constitución como Baronía.





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