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BARASONA Y SU EXPROPIACIÓN EN 1927

BARASONA Y SU EXPROPIACIÓN EN 1.927


 


Autor: Antonio Torres Rausa

(Artículo publicado en el Diario del AltoAragón el domingo 19 de noviembre de 2000)




          Cuando todavía resuena el estruendoso eco de 400.000 aragoneses diciendo no al trasvase del Ebro, yo me acuerdo de aquella caravana de tartanas, mulas y caminantes que se manifestaron en la plaza de Barasona... Pero los riegos del Alto Aragón no regarían más que los del Bajo Aragón y amplias zonas del Pirineo, Mediano, Cancer y Barasona, serían finalmente sacrificados. Mal precedente nos dimos los aragoneses.

Barasona. Años 20 del Siglo XX.

          Cuenta Justo Broto Salanova que “fue a las 10 de la mañana del 17 de Octubre de 1.926 cuando se inauguraron las obras de la presa bajo Lumbierri. Era Domingo y dicen que lucía en un cielo azul un sol esplendoroso (a veces, la naturaleza hace guiños incomprensibles). Esta tarde, en la Casa Consistorial de Barasona, fueron convocados los vecinos por don Pio Rivera, síndico de la Confederación Hidrográfica del Ebro. Don Pio Rivera expuso las condiciones de indemnización, y no hubo más. El vecindario tenía tres años para marcharse. Quienes subieron a Graus se trajeron los escudos de Castro y de Pinós  (ver fachada casa Oncino en el Barrichós)  y la pequeña imagen antigua de la Virgen del Cepillo. De la ermita de San Sebastián se trajo - y formaría la clave del arco de entrada a Hilaturas del Esera, como capricho -, una cabeza de carnero de piedra, recuerdo de la cañada secular. Allá por el 20 de Septiembre de 1.929, las aguas del río desbordaban los parapetos de las huertas, cubrían los ciruelos, subían aún hasta alcanzar los pretiles de piedra del pueblo para mojar las alpargatas a dos ó tres rezagados perplejos e incrédulos.Ese día, bajo un sol espléndido, Barasona, el feliz pueblo de la baja Ribagorza, se sumergía lentamente bajo las turbias aguas de un presunto progreso y desarrollo económico de las tierras bajas de Aragón... ó  de España. Qué más da. La milenaria torre de la iglesia fue la última en despedirse.

          Barasona ocupaba el centro de una llanura ondulada en cerros suaves. Las casas, lo mismo que ocurría con La Puebla,  aprovechaban sus compactas fachadas de piedra y cal para formar una muralla  defensiva  que no le sirvió ante las traicioneras expropiaciones. Según Justo Broto, era un pueblo de colonización, creado por los conquistadores de la zona allá por el siglo XI. Nosotros, como veremos más adelante, le damos una antigüedad mayor.

Foto del Pueblo de Barasona con los escudos de los Castro y los Pinós en Casa Oncino
          Pueblo trazado a cordel en cuadrilátero perfecto, como si de un campamento romano se tratase, con calles rectas que salían de la plaza. Al este, de cara a Graus un portalón (ver fotografía) lucía el escudo de los Castro y el de Pinós (que luego se trasladaría a Graus) como recordatorio de que nos encontramos en plena baronía de Castro.   

Los escudos de los Pinós y los Castros trasladados a Casa Oncino en Graus
Alrededor, la rica huerta que aprovechaba los meandros del río Esera, estaba protegida con paredes contra las frecuentes riadas. Barasona producía cereal, lino, cáñamo para alpargatas, nueces, almendras, ciruelas para secar, vino (algo flojo), ovejas, abundante caza de conejos y perdices... De todo ello había estado siempre bien informado, años atrás y durante siglos, el Abad de La Puebla de Castro sobre cuyo pueblo tenía la jurisdicción del diezmo.

Plaza de Barasona con la Torre de la Iglesa al fondo. Años 20 del Siglo XX.
 
          En su origen, Barasona fue una iglesia sufragánea del Abadiado de Castro, cuyo Abad y Racioneros, desde su atalaya románica, cuidaban de la salud de sus almas. El censo de 1.553 le da una población de 8 vecinos, equivalente a unos 40 habitantes.  Según un documento de 1.573 (“El Abad de Castro contra los jurados de Barasona”, legajo 88 del archivo diocesano de Barbastro), el Abad de Castro, don Francisco Riazuelo y sus sucesores, debía pagar el día de San Martín, a cargo de las rentas del abadiado y para el mantenimiento del cura encargado de Barasona, tres cahices y medio de trigo limpio, bueno y mercadero y un nietro de vino negro, condenando a los habitadores de Barasona a pagar todo lo que costase de más el mantenimiento de un Presbítero, que debía ser un Racionero de los que estaban en Castro formando Colegio con el Abad y que por turnos  ó semaneros, bajaban por el antiguo camino del Soto, cruzaban junto al molino harinero del barón de Castro, en la partida La Ribera, y alcanzaban con relativa facilidad el pueblo de Barasona. Más costoso sería el regreso que, probablemente, lo harían por el actual camino de la Reguera hasta alcanzar el más plano que va desde La Puebla a Castro.

          A partir del año 1.622 el Abad de castro y sus Racioneros se bajaron  a La Puebla de Castro y, poco después, Barasona fue declarada Vicaría Perpetua de La Puebla, con cura propio e independiente en cuanto a jurisdicción, pero conservando el Sr. Abad de La Puebla el derecho al Diezmo  pero  no a la Primicia.

          Todavía a finales del siglo XVIII (“Decretales de La Puebla de Castro de 1.776”, archivo diocesano) Barasona  (ó Varasona, como se escribía entonces) paga al Abad de La Puebla “décimo de trigo, mixtura, ordio común, ordio marcal, abena, cárraon, mijo, vino, cáñamo, lino, pollos, cebollas y guijas, y no se pagan primicia de ningún fruto, pero se advierte pagan décima de corderos y cabritos, aunque en el día, por convenio dan dos reales por cada cordero de décima”. El Abad, por otra parte, está obligado a dar al Vicario de Barasona 20 escudos, 8 cahices de trigo, 4 de centeno, 4 nietros de vino y 4 cántaros.

          Pero el pantano, y sobre todo el barro, sepultaron celosamente otros muchos misterios que quizás los hombres de hoy no merecemos conocer por haber cometido ó permitido el crimen de la expropiación.

Calle de Barasona. Foto delos años 20 del Siglo XX.

          Bienvenido Mascaray, en su interesante libro “El misterio de la Ribagorza”, dice que Barasona es un “crinónimo”, esto es, el nombre de un crimen, el nombre de un pueblo feliz hasta principios del siglo XX, en que fue sumergido bajo las aguas del pantano de Joaquín Costa. Pero el alma sigue ahí, insepulta, ocultando su misterioso pasado.

Según el mencionado libro, la etimología de este pueblo, como la de otros tantos pueblos de alrededor,  (Juseu, Lombierres, Nabarri, Grustan, etc.)  viene del vasco: Baratz = huerta; on =buena; a= la. Barasona quiere decir “La buena huerta, la huerta feliz". Su etimología sugiere una cultura y una existencia ibero-vasca, muy anterior a la romana Labitolosa.  Miles de años antes de los romanos, esta zona y otras de la Ribagorza, estarían pobladas por tribus, sin una unidad política,  pero con un sustrato cultural común de etnia  euskaldúna ó ibero-vasco. Si esto fuera así, como creemos, no debe interpretarse como un apoyo al nacionalismo expansionista vasco, sino todo lo contrario, pues al final de todo, se llegaría a la conclusión de que los  españoles de etnia euskalduna probablemente son muchos más que los que certifican los dispensadores oficiales del nacionalismo.

          Una segunda navarrización se produjo en el año 1.016 cuando Sancho Garcés III el Mayor, rey de Navarra, conquista Ribagorza, a pesar de lo cual el latín y la cultura romana han prevalecido hasta el punto que muchos topónimos de indudable origen ibero-vasco,  se han ido interpretando según los cánones de la cultura vencedora,  en lo cual ha influido, también, el absoluto desconocimiento del vasco. Este sería el caso de Barasona, “La huerta feliz”, que mataron los expropiadores y que esconde bajo los compactos barros del pantano el misterio de sus orígenes, probablemente ibero-vasco.

          En el Ayuntamiento de La Puebla, que también sufrió la expropiación de sus tierras de la Ribera, se guarda la documentación en la que consta el justiprecio del crimen.

          Las tierras consideradas de primera se pagaron a 22,50 Ptas. por área y a 15 Ptas. cada almendro, justiprecios que los de Barasona no aceptaron ya que sus tierras, al estar más próximas que las de La Puebla, suponían  para ellos un mayor valor añadido por su facilidad en el cultivo. En efecto, asi lo argumentó el perito-agrimensor:

 “Deben tener mayor valor  estos últimos (los de Barasona) debido a que  los terrenos objeto del expediente distan por lo menos de 5 a 6 Kilómetros de La Puebla, el camino que se encuentra es inaccesible para el carro y muy malo y pesado para las caballerías, que no pueden llevar más que la mitad de la carga acostumbrada por la razón de que el camino es muy pendiente y escabroso; mientras que esos mismos terrenos de el pueblo de Barasona están el que más a kilómetro y medio con muy buen camino para carro, pues si bien hay que cruzar el río Esera tienen tal costumbre ya de hacerlo que hasta los muchachos de corta edad lo vadean, porque salvo muy raras excepciones la altura del agua no excede nunca de 30 a 35 centímetros, así es que las labores resultan en Barasona un 25% más baratas y los acarreos un 75%, por lo tanto el valor de estas tierras para esos vecinos debe ser un 25% más que el valor que se les ha dado a los de La Puebla.

Los almendros que abona el perito de la Administración a 15  pesetas unos, no los puedo aceptar por considerarlo excesivamente bajo según voy a demostrar. Los almendros....pueden producir seguramente un doble-decálitro de almendras cada año, unos con otros 2/5....Las almendras hace algunos años que se han pagado por lo menos de 4 a 9 pesetas el doble y buscando el término medio que es de 6,50 pesetas resulta que los dos quintos de almendras que ha producido el árbol (unos años por otros) tiene el valor de 2,60 pesetas, deducido una pesetas por gastos de cultivo y recolección queda 1,60 pesetas la renta anual de cada almendro, la cual, capitalizada al 5% dá un valor de 32 pesetas que es el exacto y justo que debe tener cada almendro

          Tenemos la impresión que la Administración se salió con la suya, pese a tan razonables y sutiles argumentos y que no alcanzaban la esencia del problema, que era  el inicio de un proceso de destrucción de los pueblos del Alto Aragón en beneficio de los regadíos de las tierras bajas y de otros intereses capitalistas. Mucho me temo que este ejemplo que nos hemos dado los aragoneses no sea un buen precedente para defender las aguas del Ebro frente a otras comunidades. Tampoco, en este caso, se realizaron las inversiones y obras prometidas en Graus para regar algunas tierras  para los expropiados.

          Construido ya el Pantano, la playa de la Ribera se convirtió a partir de los 50, en un lugar muy exclusivo para “los catalanes” que venían a veranear a La Puebla ú otros pueblos de alrededor, algunos descendientes de Barasona que habían tenido que emigrar a Barcelona, en aquellos tiempos, la capital del trabajo en España.
          En los años del desarrollismo, se construyó la urbanización Lago de Barasona, que es como el barrio marítimo de La Puebla de Castro y un Camping muy visitado por holandeses y belgas. En la actualidad, el Lago de Barasona es un lugar internacional y conocido, pero muy pocos conocen la historia triste que subyace  en  sus aguas.

Torre de la Iglesia Parroquial de Barasona asomando sobre el Pantano

          Por el contrario,  los niños de entonces esperábamos el final del verano, cuando el pantano se deshinchaba por la sequía, para ver la torre de la iglesia que emergía enhiesta y enigmática, con su campanario de ojos tristes y alargados, sin campanas. Nos hacía soñar con las historias que guardaban las casas bajo el barro. Pero esta relación sentimental fue corta, pues allá por los años 50, el regimiento de Artillería  de Montaña, nº 29 parece que hizo puntería y acabó con este último testigo, guardián de un pueblo de 20 casas y  90 vecinos:

Casa Mathias Marro, Casa Sebastián Salas, Vicente Franco, Ramón Viñas, Juan Sopena, Franco Oncino, Lagüens, Agustín Franco, Joseph Angusto, Juan Franco, Joaquín Macarulla, Joaquín Serena, Román Gros, Blas Calvera, Francisco Baquer, Pedro Sesa, Igancio Arnal, Antonio Blanco, Ramón Bardina, Ramón Calvera.

In memorian de Barasona”, la huerta feliz.

ORTOPROTÉSICA ARTESANAL, LOS MARIANO SÁNCHEZ DE CASA RITA DE LA PUEBLA DE CASTRO

Tres generaciones en Ortoprotésica Artesanal desde 1924

Autor del artículo: Mariano Sánchez Font de Casa Rita de La Puebla de Castro

Publicado en el Libé de las Fiestas del año 2012 (especial sobre "Oficios y Emprendedores de La Puebla de Castro", recopilado por iniciativa de Anselmo Burrel Trell)

 

Ortoprotésica Artesanal, las 3 generaciones de Mariano Sánchez: Mariano Sánchez Ramón, Mariano Sánchez Llacera “Mariano Rita” y Mariano Sánchez Font. Foto facilitada por Mariano Sánchez Font.

En el año 1924 un mecánico industrial llamado D. Mariano Sánchez Ramón, natural de Aniñón de la Cañada, provincia de Zaragoza, y residente en Barcelona, decidió dedicar su experiencia formativa a la Ortopedia Técnica.

Con la ayuda indispensable y colaboración de expertos médicos traumatólogos y cirujanos ortopédicos, dio comienzo el primer paso de su andadura hacia la Técnica Ortoprotésica Artesanal, siempre personalizada a las diferentes patologías que precisaban de su labor profesional: amputados, poliomielitis, parálisis cerebral, espinas bífidas, escoliosis, paraplejía, ayudas técnicas y silla de ruedas a medida, mobiliario clínico y quirúrgico, etc.

Los estudios, con gran esfuerzo y sacrificio para la época y situación, los cursó mayormente en el Ateneo Obrero de Barcelona, en la Calle Montcada de dicha ciudad.  Su actividad profesional la ejerció tanto en Barcelona como en el resto del territorio nacional, incluida, por supuesto, La Puebla de Castro.

Contrajo matrimonio con Dª Concepción Llacera Gros, de Casa Rita de La Puebla de Castro, iniciando así su andadura familiar. De esta relación nacieron seis hijos (3 chichos y 3 chicas), de los cuales dos se dedicaron, como su padre, a la Ortoprotésica Técnica, Mariano y Enrique Sánchez Llacera. Ambos ejercieron como Técnicos Ortoprotésicos, uno en el taller y el otro llevando el peso exterior de consultas hospitalarias, etc., en colaboración con médicos especialistas.


Mariano Sánchez Llacera “Mariano Rita” trabajando en su taller de Ortoprotésica Artesanal. Foto facilitada por Mariano Sánchez Font.


D. Mariano Sánchez Llacera “Mariano Rita”, el segundo de la saga, comenzó, sobre los años 50 (del siglo XX), a llevar la responsabilidad de la empresa con la ayuda de su hermano menor Enrique. Ambos se Diplomaron en la Universidad Complutense de Madrid en Técnica Ortoprotésica y, al igual que su padre, contaron con la colaboración de distinguidos cirujanos, traumatólogos y rehabilitadores. Su espíritu de lucha, el esfuerzo y la entrega por la profesión les proporcionó un alto reconocimiento profesional, fueron dos de los profesionales más considerados de su época. Mariano recibió diferentes diplomas por sus conferencias en congresos médicos y de la profesión, tanto nacionales como en el extranjero, y varios homenajes al final de su carrera en agradecimiento por su participación y aportaciones profesionales.

D. Mariano Sánchez Llacera se casó con Dª María Font Osorio de cuya unión nació el tercer Mariano Sánchez, la tercera y última generación de Artesanos Ortoprotésicos en España.


Mariano Sánchez Llacera “Mariano Rita” y su esposa María Font Osorio. Foto facilitada por Mariano Sánchez Font.


Mariano Sánchez Font, el tercero de la saga, contrajo matrimonio con Antonia Ortiz. Son padres de tres hijas. Cursó estudios en la Universidad de Medicina de la Complutense de Madrid, completó su formación en Barcelona y en empresas alemanas y americanas, coronando, a partir de 1985, la trilogía familiar de Diplomados en Técnica Ortoprotésica. Ocupó varios años el cargo de vicepresidente de la Confederación Española y Federación Española de Técnicos Ortoprotésicos, colaboró profesionalmente con asociaciones como ASPACE, hospitales como Valle de Hebrón, Bellvitge, etc., aportando su experiencia en equipos interprofesionales nacionales e internacionales. Orgulloso, en definitiva, de continuar la saga familiar y de las muchas y gratas experiencias vividas tanto a nivel personal como profesional en el ejercicio de su vocación.


Mariano Sánchez Llacera “Mariano Rita” y su hijo Mariano Sánchez Font, a la entrada de su taller de Ortoprotésica Artesanal de Barcelona. Foto facilitada por Mariano Sánchez Font.


Mariano Sánchez Font afirma que “… esta profesión siempre será para mí entrañable, me ha regalado grandes satisfacciones, sobre todo el ver las caras de los pacientes y familiares a los que, con nuestro trabajo, logramos mejorar su calidad de vida; esa es la mayor recompensa.  Mi abuelo, mi padre y mi tío me enseñaron que la primera norma en nuestro trabajo es el factor humano, primero el paciente y después el cliente”.


JUEVES SANTO Y EL MONUMENTO EN LA DÉCADA DE LOS 20 (S. XX) EN LA PUEBLA DE CASTRO

Román Carrera Giménez
 

Autor del artículo: 

Román Carrera Giménez de Casa Román de Giral.


Artículo publicado en el Libré de las Fiestas de La Puebla de Castro del año 2004


“Tres jueves hay en el año

que relumbran más que el sol;

Jueves Santo, Corpus Crhisti

y el día de la Ascensión”

 

EL MONUMENTO

Recordando el Jueves Santo en la década de los años 20 del siglo XX, empezaré por decir que, en la Iglesia Parroquial de La Puebla de Castro se empleaban seis o siete hombres para montar el colosal y precioso Monumento que, instalado en el presbiterio, ocultaba el también precioso y gran retablo de Santa Bárbara. Dirigían la labor el sacristán “siño” Mariano Borbón y el imprescindible carpintero local “siño” Pepe. Se trataba de una impresionante arcada con cuatro arcos formados con maderas y lienzos decorados que, de menor a mayor, llegaba desde el fondo del presbiterio a la cancela del mismo, y de altura el arco superior hasta el borde de la bóveda. Cada arco se subía con una soga de cáñamo por el agujero hecho en la bóveda para tal efecto; unos tiraban desde arriba cuando a voces les mandaban los de abajo y, cuando el arco ya estaba en su punto, ataban la soga en una de las fuertes tijeras de madera (hoy de hierro) que sostenían la cubierta de la iglesia.

Jueves Santo, iglesia Parroquial de Santa Bárbara de La Puebla de Castro. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.

Por el centro del presbiterio ascendía la gran escalinata compuesta por varios cuerpos de madera hasta dos metros encima del altar mayor, donde se colocaba un sagrario en forma de sepulcro para la reserva del Sacramento.

El Monumento se levantaba el Miércoles Santo por la mañana, después de la Santa Misa, y por la tarde, tras haber hecho la limpieza de la Iglesia, eran las mujeres las que se encargaban de adornarlo.

El año 1926 ocurrió un accidente sin más consecuencia que un gran susto y un cierto daño material. El arco mayor, como ya no coincidía con la bóveda, era elevado y quedaba sujeto por una pequeña carrucha que durante el año servía para subir y bajar la bella y gran lámpara de aceite que ardía para el Santísimo. Esta carrucha se hallaba bajo el angelote de yeso que hay en el centro del arco de la bóveda. Cuando ya se hallaba la pieza a cierta altura, se rompió dicha polea y cayó al suelo con gran estrépito tal pieza, pero milagrosamente no atrapó a nadie. Desde entonces ya quedó el Monumento incompleto para los diez años que le quedarían de vida.

En el Monumento. De izquierda a derecha, Antonio Franco Nadal (Tonón de Palacín), Mosén José Mairal Villellas, Mariano Serena Samitier de Casa Borbón y Anselmo Burrel Trell de Casa Gros. Año 2017. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.

EL JUEVES SANTO

TRASLADO DEL SANTÍSIMO AL MONUMENTO

El Jueves Santo se celebraba, sobre las 10 de la mañana, la MisaIn Coena Domini”, en el altar de San Román. Al entonar el Celebrante el “Gloria”, el sacristán y monaguillos hacían tocar todas las campanillas mientras sonaban las campanas de la torre y el órgano acompañaba el canto del “Gloria” por el coro. A partir de aquél momento, ni órgano ni campanas sonarían hasta la Vigilia Pascual del Sábado Santo a las 10 de la mañana, por lo cual estas eran sustituidas por la matraca del monaguillo que ya empezaba en el “Sanctus” de la Misa y la gran matraca de la torre con seis u ocho mazos pegados sobre las tablas para anunciar los Oficios a celebrar hasta el Sábado Santo.

Restos de la matraca de madera en la parte superior de la torre campanario de la Iglesia parroquial de La Puebla de Castro. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.

Al finalizar la Misa, el Santísimo era trasladado bajo palio, desde el altar de San Román al Monumento. La procesión, precedida por la cruz alzada y velada, daba la vuelta a la Iglesia con el canto del “Pange lingua” hasta llegar al Monumento, que ya se hallaba adornado con clavelinas y otras flores e iluminado con lámparas y multitud de velas. Entonces, el Párroco, ascendía por la escalinata para colocar el Santísimo, dejando el Sagrario abierto; bajaba para incensarlo de nuevo desde abajo, mientras se cantaba el “Tantum ergo”. Finalizado el canto volvía a subir para cerrar la portezuela del Sagrario, colgándose la llave al cuello con una cinta blanca para llevarla hasta el momento de la reposición del Santísimo en el altar de San Román, al día siguiente, sobre las 10 de la mañana, donde por él sería consumida la Sagrada Forma.

Jueves Santo, trasladando el Santísimo al Monumento. Delante, de izquierda a derecha, Antonio Franco Nadal (Tonón de Palacín), Mosén José Mairal Villellas y Vicente Burrel Guillén del Mesón. Detrás, Anselmo Burrel Trell de Casa Gros. Año 2014. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.

EL LAVATORIO

Sobre las 3 de la tarde y anunciado por la gran matraca de la torre, tenía lugar el Lavatorio. Allí en aquél altar y revestido con amito, alba, estola y capa pluvial morada, cantaba el Celebrante las oraciones propias del acto y, después de incensar el libro, cantaba el Evangelio según San Juan, del Mandato

Monaguillo de la Iglesia Parroquial de Santa Bárbara de La Puebla de Castro. A su alrededor niños y niñas vistiéndose  para participar en los actos de Semana Santa. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.

Ya finalizado, se quitaba la capa, se ceñía una toalla y procedía a lavar el pie derecho de cada uno de los doce chicos de los cuales uno solía ser el que hoy, siendo un humilde viejo, esto escribe. Para tal menester ayudaban el sacristán y dos monaguillos, portando la jarra con el agua, la jofaina y la toalla con la que después de lavar el pie derecho de cada niño, lo enjugaba, lo besaba y terminado el acto, daba a cada niño una moneda de cincuenta céntimos, la cual era conocida como “dos reales”.

Moneda de 2 reales (50 céntimos de peseta).

EL OFICIO DE TINIEBLAS

Una hora más tarde se celebraba el Oficio de Tinieblas durante el cual, se colocaba entre el altar y el Monumento, el tenebrario o candelabro de 15 velas en representación de los 11 apóstoles (sin Judas), las tres Marías (María Salomé, María de Cleofás y María Magdalena) y de la Virgen María. El Sacerdote y ayudantes cantaban en el coro, cada vez que un monaguillo avisaba con la matraca desde el coro, el sacristán con el apagavelas apagaba una de ellas.

Tenebrario de madera del s. XVIII  con quince porta velas.

Durante todo el acto, que tendría sobre una hora de duración, una pareja de romanos, uno a cada lado, relevándose de dos en dos, hacían guardia ante el Monumento plantados como estatuas.

Apagadas ya las quince velas así como todas las del Monumento y las lámparas, el coro cantaba el “Miserere” y el “Benedictus Dóminus”.  Al finalizar este último, el Párroco daba una palmada en la tapa de su libro, ya cerrado, y empezaba el estruendo entre golpes a los bancos, acción de matracas y carracas portadas por la chiquillería, además de fuertes voces; hasta que al cabo de un minuto, salía el sacristán de la sacristía con una vela encendida en medio de la oscuridad y entonces cesaba aquel seguido estruendo y se encendían de nuevo las lámparas y velas del Monumento. Ante el Monumento habían estado firmes y juntos todos los romanos y en la oscuridad durante aquel bullicio, después de salir de la sacristía donde habían tenido su “cuerpo de guardia” durante tan largo acto.


LA PROCESIÓN DEL JUEVES SANTO

Poco tiempo más tarde y con el “tracatrá” de la gran matraca de la torre, salía la bella procesión, que bajaba por el Barrio de Santa María, camino del Mesón y camino entre los huertos para después de pasar por delante de la Ermita de Santa María, subir camino arriba y por el mismo barrio hasta llegar a la Plaza de la Cruz y enfilar por Calle Cervantes, Calle Mayor y Plaza Mayor hasta terminar en la iglesia ya anocheciendo.

Restos de la matraca de madera en la parte superior de la torre campanario de la Iglesia parroquial de La Puebla de Castro. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.

La procesión iba encabezada por los romanos y durante ella se habían cantado el “Miserere” y cánticos penitenciales.

Procesión durante la Semana Santa en La Puebla de Castro. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.

DESMONTAR EL MONUMENTO

El Viernes Santo por la mañana, después de celebrar los Oficios, se desmontaba el Monumento y las grandes piezas que lo formaban se llevaban al almacén, donde se guardaban con las vestimentas, lanzas y escudos de los romanos, las túnicas y mantos de los personajes bíblicos y las cruces, faroles y peanas para las bellas procesiones de la Semana Santa. Dicho almacén estaba pegado a la fachada de la iglesia a la izquierda del pórtico.

El hombre de la caña junto al Cristo. Procesión de Semana Santa de La Puebla de Castro. Año 2018. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.

Para terminar contaré un hecho desagradable, por irreverente, ocurrido el Jueves Santo del año 1933, al anochecer, mientras varios fieles estaban en el Monumento haciendo la Hora Santa -a partir del año 1931 con el advenimiento de la Segunda República quedaron prohibidas todas las procesiones y bandeos de campanas-; como decía, en aquellos momentos entraron en la iglesia, por la puerta principal, un grupo de voluntarios que corriendo se dirigían hacia la Capilla del Corazón de Jesús, donde enfilaban las escaleras de la torre. Era día 13 y al día siguiente, siendo Viernes Santo, era nada menos que el 14 de Abril, segundo aniversario de la proclamación de la Segunda República Española. Empezaron a voltear las campanas, no cansándose aquellos voluntarios de bandearlas con todas sus fuerzas.

Torre campanario de La iglesia parroquial de Santa Bárbara de La Puebla de Castro. Delante, un grupo de jóvenes junto a la fuente abrevadero del portal. Foto facilitada por Ángel Vidal Abizanda.

Los fieles en la iglesia, quedaban disgustados al oír las campanas en aquel día sagrado en que ellas estaban de “luto”, en silencio hasta el Sábado Santo, habiendo sido sustituidas, como ya se ha dicho, por la gran matraca de la torre que, girando con su eje acompasadamente, anunciaba todos los actos de la Semana Santa.

Al día siguiente en el pueblo y para más inri, gran alboroto y más bandeos de campanas.

 

LA FRATERNIDAD PUEBLENSE: LA SEGURIDAD SOCIAL DE LA PUEBLA DE CASTRO.

"La Fraternidad Pueblense no fue un sueño, fue realidad. Un ejemplo a imitar de tolerancia, de concordia, de honradez, de unión, de hermandad, de búsqueda del beneficio común por encima del personal. El Pueblo unido para el bien del pueblo. Hemos de ser dignos merecedores de este legado de nuestros antepasados y mantener vivo su espíritu en las instituciones establecidas, en la creación de nuevas organizaciones, y desde cualquier acción tanto colectiva como individual, todo para el bien y el progreso de nuestro Pueblo, que es, sin duda, la forma más directa de alcanzar el beneficio personal."

Autor del artículo: Pedro Bardaji Suarez
Colaborador: Gregorio Bardaji Cajigos


La Seguridad Social es definida por la Organización Internacional de Trabajo como: “La protección que la sociedad proporciona a sus miembros, mediante una serie de medidas públicas, contra las privaciones económicas y sociales que, de no ser así, ocasionarían la desaparición o una fuerte reducción de los ingresos por causa de enfermedad, maternidad, accidente de trabajo, o enfermedad laboral, desempleo, invalidez, vejez y muerte; y también la protección en forma de asistencia médica y de ayuda a las familias con hijos.”

En España, el actual sistema de Seguridad Social nació el año 1967, al entrar en vigor “La Ley General de la Seguridad Social”, en plena dictadura Franquista.

Sin embargo, en La Puebla de Castro, el invento de la Seguridad Social había nacido 69 años antes, en 1898; fue bautizado con el nombre de LA FRATERNIDAD PUEBLENSE.
Detalle de los dos primeros artículos del Reglamento (Estatutos) de la Fraternidad Pueblense.
Tomado del Libro de Actas de dicha Sociedad.

El día 25 de Diciembre de 1898, día de Navidad, un grupo destacado de Pueblenses autodenominados “Junta Iniciadora y Directiva” firmaron los Estatutos de la Sociedad de Socorros Mutuos entre vecinos denominada “La Fraternidad Pueblense”; inspirándose en una establecida en Graus llamada “La Protectora Mutua”. Cuatro días después fue presentada en el Gobierno Civil de Huesca.

El 1 de Enero de 1899, día de Año Nuevo, a las dos de la tarde, convocados todos los vecinos mediante bando de alcaldía y bajo la presidencia del Sr. Alcalde, se reunieron en la Casa Consistorial, dándose inicio a la Primera Junta General. Por unanimidad se aprobó que la “Junta Iniciadora y Directiva” quedara establecida como Primera Junta Directiva, quedando como sigue: Presidente: Antonio Trell Labrid; Vicepresidente: Domingo Arcarazo Arno; Tesorero: José Torres Citutat; Secretario: Ramón Permisán Sesa; Vicesecretario: Vicente Burrel; Andador: Tomás Moliner Prat. Se decidió también entregar, gratuitamente, un ejemplar impreso del reglamento (los estatutos) a cada Socio en el momento de pagar la Cuota de Entrada, y cobrar al precio de 25 céntimos cualquier otra copia que solicite.
Detalle del Libro de Actas de la Fraternidad Pueblense.
Acta número 1, correspondiente a la Junta General celebrada el día 1 de Enero de 1899

En la Junta Directiva, sólo los cargos de Secretario y de Andador son retribuidos. El Andador está siempre al servicio de la Junta, es el cauce de comunicación entre ésta y los Socios, ejecuta las órdenes del Presidente y es quien recoge del Socio enfermo el documento firmado por el médico que justifica su enfermedad y que le dará derecho a recibir el socorro de la Sociedad.

Los objetivos de la Fraternidad Pueblense son: socorrer económicamente a los asociados en caso de incapacidad temporal o permanente para trabajar, prestarles dinero con fianza personal, sin garantía inmueble, y asegurar su vida por una cantidad en beneficio de la viuda o familiares. Su carácter es benéfico y no se mezclará en asuntos políticos, religiosos o sociológicos.

Pueden ser Socios los varones entre 20 y 50 años que gocen de buena salud; y, con 15 años, los hijos de los Socios difuntos (acuerdo del año 1917). Se prohíbe la entrada a los que hubieran calumniado a la Sociedad (acuerdo del año 1908). En 1911 la Fraternidad contaba ya con 90 los Socios.

·       La cuota de entrada son 3 pesetas, pudiéndose pagar en tres meses (acuerdo del año 1915). En 1929 se fijaron las siguientes tarifas: 3 pts. los que ingresen con 20 años y antes de cumplir los 21; 5 pts. los que ingresen antes de los 25 años; 8 pts. los que ingresen antes de los 35 años; y 10 pts. los que ingresen antes de los 45 años. En aquellas familias en las que hubiera 2 Socios, el tercero no paga cuota de ingreso (por ejemplo: el padre y 2 hijos).

·       La cuota mensual es de 50 céntimos. En 1930 subió a 1 peseta. El Socio que podía y decidía cotizar más, por ejemplo, pagar dos recibos mensuales, tenía derecho a un incremento similar en su derecho de socorro o cobro (acordado en 1908).

·       Los tres primeros meses se denominan de purgación, durante los cuales no se podrá percibir ningún tipo de socorro.

Una vez cumplidos los 60 años y con 30 años como Socio activo, se dejaba de pagar la cuota mensual conservando los mismos beneficios que los demás Socios.
Recibo del Socio Ramón Tapia Samblancat que acaba de incorporarse como nuevo Socio de la Fraternidad Pueblense en 1929. Recibo facilitado por Casa Teruel.


En cuanto a los subsidios o dietas por enfermedad se establece:

·       1 peseta diaria: Los enfermos de medicinas, con un máximo de 60 días; los de cirugía mayor, hueso roto o dislocado, con un máximo de 30 días; los de cirugía menor, con un máximo de 20 días.

·       50 céntimos diarios: Si la enfermedad perdura más tiempo del establecido en el párrafo anterior o si dejara impedido al Socio para trabajar.

Medidas anti picaresca:

·       El Socio enfermo solo podrá cobrar socorro si su enfermedad excede de 3 días, en cuyo caso se le concederá desde el primer día de la enfermedad (acuerdo del año 1909).

·       El Socio que hubiese recibido socorro, dietas por enfermedad, no podrá abandonar la Sociedad hasta que hayan transcurrido 12 meses desde su último socorro (acuerdo del año 1909).

·       El enfermo sólo podrá salir de casa en casos de cirugía menor y previa autorización por escrito que emitirá el Presidente de la Junta Directiva una vez haya recibido el pase de paseo expedido por el médico.

·       El Andador visitará, al menos 2 veces por semana, al enfermo, dando cuenta al Presidente de la Junta Directiva si dudase de la enfermedad, en cuyo caso se enviará a un médico para comprobarlo. En 1932 se nombró una Comisión encargada de vigilar a los enfermos durante el plazo de dietas reglamentario, cito textualmente según consta en Acta, “para evitar todo fraude o estafa a la Fraternidad  por medio de enfermedad simulada”; fueron nombrados para esta Comisión los socios: Antonio Trell y Luis Ferrer.

·       Si al enfermo se le encontrara en los Cafés, se le sancionará sin cobrar las dietas que le correspondieran (acuerdo del año 1927). En el Acta Nº 56 del año 1927 se hace referencia explícita a uno de los cafés del pueblo, denominado “Café de los Naipes”.

·       Si al enfermo se le encontrara ocupado en algún trabajo, será expulsado de la Fraternidad Pueblense sin derecho a reclamación alguna.

En cuanto al seguro de vida. Al fallecer el Socio, su viuda y en su defecto sus herederos, percibirán, de una vez, 30 pesetas ó 20 pesetas si las dietas de socorro percibidas en su última enfermedad fueron mayores a 6. Este dinero no podrá ser embargado por tribunales para el pago de deudas, su destino es exclusivo para la viuda o herederos.

En cuanto a los préstamos. Todo Socio tendrá crédito hasta un límite máximo de 50 pesetas por 1 año a un interés del 4 %. Para solicitar este préstamo tendrá que presentar dos fiadores solidarios o avalistas.

El Socio que se ausente de la Villa, siempre que no salga al extranjero o a ultramar (en este caso sus derechos quedarán en suspenso hasta su vuelta) y siempre que deje un representante que pague sus mensualidades, disfrutará de los mismos beneficios que los Socios que permanezcan en la localidad.
Sello de La Fraternidad Pueblense

En cuanto a las Juntas Generales. Todos los Socios tienen obligación de asistir a las dos Juntas Generales o Asambleas Generales de Socios que se celebran al año, en Enero y en Agosto, siendo el local de reunión el salón de la Casa Escuela de niñas; multando con 1 peseta al que faltare sin causa justificada. Esta multa pasó a ser de 2 pesetas a partir de 1929. Si el que falta es un miembro de la Junta Directiva, se le aplica una multa doble. Solo quedan dispensados de acudir a Juntas y otros actos obligatorios: el cura párroco, los coadjutores, el maestro de instrucción primaria, los peones camineros, el practicante en cirujia menor y el médico. El objetivo principal de estas reuniones es el discutir y, en su caso, aprobar las cuentas de la Sociedad en el periodo comprendido entre la anterior Junta General y la actual, así como tratar otros asuntos de interés. El Tesorero, que guarda el arca de hierro de la Sociedad con las existencias en caja (dinero en metálico, pagarés y préstamos, 6 acciones de la Eléctrica Pueblense, Títulos de la Deuda del Estado), la abre, coloca los bienes sobre la mesa y los muestra a los Socios; de este modo todos podían comprobar que el contenido del arca coincidía con las cuentas presentadas. Dicha arca tiene dos compartimentos; el Tesorero tiene en exclusiva la llave de uno de ellos que contiene como máximo 250 pesetas, el otro compartimento, protegido por 3 cerraduras, guarda el resto del metálico y demás valores de la Sociedad, las 3 llaves necesarias para abrirlo están en poder del Presidente, del Secretario y del Tesorero. En 1899 las existencias en caja ascendían a 305’90 pesetas; en 1936 a 5.195’25 pesetas; alcanzándose el pico mayor en 1922 con 8.214’75 pesetas. En la Junta General de Enero se lleva a cabo la renovación anual de la Junta Directiva y el nombramiento de los 4 Socios encargados de acarrear cadáveres.

En cuanto a los entierros. Se establece la obligación a todos los Socios de asistir al entierro de los Socios que fallezcan, sin distinción alguna de clase ni de ideología (acuerdo del año 1933), multándose con 1 peseta al que faltare sin causa justificada. Esta multa pasó a ser de 2 pesetas a partir de 1929. Se comenzó pasando lista de asistencia en La Plaza de la Cruz, al regreso del cementerio (acuerdo del año 1930); posteriormente se acordó pasar lista en el cementerio (acuerdo del año 1935); y finalmente se decidió, para evitar la espera del Socio mientras se pasa lista, rellenar una tarjeta de asistencia y entregarla al salir del acto (acuerdo del año 1936).

Como he comentado, en la Junta General anual de Socios del mes de Enero se designan a los 4 Socios acarreadores de cadáveres que, revestidos con capa, son los encargados de conducir el féretro desde la casa a la iglesia y luego de llevarlo hasta el cementerio. Los primeros Socios que realizaron este servicio, año 1889, fueron: Simón Llarden Latres, Calixto Marro Gros, Ramón Guillén Ferrer y Agustín Sopena Aventín. Se les pagaba 50 céntimos a cada uno por fallecido que conducían. Otros acarreadores fueron: en 1925, Antonio Mazana Miranda, Victoriano Subias Cortina, Andres Doz y Angel Espuña; en 1926, Antonio Girón Buiro; en 1929, Gregorio Girón Llacera; en 1931, Sebastián Visar Sopena y José Balaguer Menal; en 1932, Julio Espuña y José Subias. En un artículo publicado en el libré de las fiestas de 1998, Román Carrera Gimenez nos recuerda que estos 4 Socios acarreradores de cadáveres también se encargaban de llevar a hombros el Santo Sepulcro en la Procesión del Viernes Santo.
Pago de dietas al acarreador de cadáveres D. José Balaguer Menal.


El día de San Román se celebraba una misa de aniversario en memoria de todos los Socios difuntos. La asistencia de los Socios a la misma era libre.

Se consideran motivos para expulsar a un Socio de la Fraternidad Pueblense, perdiendo cuantos derechos hubiera adquirido:

·       Simular enfermedad

·       Simular insolvencia para no devolver un préstamo solicitado

·       Dejar de pagar 3 mensualidades seguidas y agotar los 8 días de moratoria que le dará la Junta Directiva después de exhortarle al pago.

·       Faltar 3 veces seguidas, sin causa justificada, a la Junta General

·       No pagar la multa por no asistir al entierro de un Socio

En cuanto a la disolución de la Fraternidad Pueblense. Se establece que ésta no podrá disolverse mientras haya 10 Socios que se opongan, contando en este número a los ausentes. Al disolverse, todos los bienes con que cuente la Sociedad serán repartidos a partes iguales entre todos los Socios que entonces cuente la Sociedad.

La Fraternidad Pueblense asumió también otros servicios para sus Socios:

·       En 1899 la Fraternidad integró a los cofrades de “La Hermandad Nuestra Señora de Camino Fuero”, a propuesta del cura párroco Francisco Trell Labrid, asumiendo su objetivo caritativo y benéfico de acompañar, desde la casa mortuoria a la iglesia, los cadáveres de los Hermanos fallecidos, asistir a los funerales y conducirlos al cementerio.

·       En 1913 pasó a custodiar y administrar el Capital de “La Regeneración Pueblense” Sociedad de crédito y ahorro que funcionaba en el Pueblo.

·       Se solicitó una serie de conferencias al Ingeniero Agrónomo de la Provincia sobre temas agrícolas para que ilustrara a los agricultores de la Villa en el cultivo del almendro, de la vid y del olivo (año 1913).

·       Se Constituyó una Comisión de Abastos para comprar y distribuir los artículos de sulfatos, azufres y abonos químicos para la sementera. Constituían esta Comisión en al año 1921 los Socios: Francisco Fuster, Antonio Vistuer Santaliestra y Pablo Nacenta Escanilla.

·       Se solicitó y le fueron concedidas del Ministerio de Fomento dos Subvenciones por importe de 750 pesetas cada una, los años 1915 y 1916.

·       En el año 1916, dada la penuria y escasez que se sufrió, se acordó que, solo por ese año, los Socios pudieran solicitar crédito por el doble de lo establecido.

·       Se apoyó el proyecto de la Instalación Eléctrica en el Pueblo. En 1915 se destinaron 1.500 pesetas para la compra de 6 acciones de la Eléctrica Pueblense que permanecieron como bienes de la Sociedad hasta que se decidió venderlas en 1936.
Una de las 6 Acciones que la Fraternidad tenía de la Eléctrica Pueblense. Dimensiones: 45 x 32 cm. Su valor era 250 pesetas. El resto de acciones, hasta completar un total de 261 de La Eléctrica Pueblense, las poseían los 10 vecinos siguientes: D. José Trell Labrid 121 acciones; Dª María Teresa Escanilla 109 acciones; D. Ramón Castillón Noguero 8 acciones; D. Juan Antonio Salinas Bergua 4 acciones; Dª Agustina Vidal viuda de Plana 4 acciones; D. Ignacio de Mur Cirera 2 acciones; D. Valentín Augusto Ferrer 2 acciones, D. Mariano Serena Lecina 2 acciones; Dª María Pardo Roca 2 acciones; y D. José Moliner Guillén 1 acción.

El curioso caso del Socio que no asistía nunca a las reuniones. En el acta  de la Junta General del 17 de Enero de 1902, se refleja lo siguiente: “Habiéndose suscitado moción  referente a que el Socio D. Mariano Raso Guardia, faltaba a casi todas las reuniones de la Junta General y que por más que en las papeletas de convocatoria alegaba causas para dejar de asistir y entendiendo que sus alegaciones eran injustas o engañosas, se propuso la Asamblea proceder a la votación de acuerdo al artículo 16 del Reglamento (…es motivo de expulsión faltar 3 veces seguidas sin motivo justificado a la Junta General) por si acordaba su expulsión, más como para que dicha votación fuera válida procedía la previa citación y audiencia del interesado, fue éste citado de inmediata comparecencia por el Andador y manifestó éste que el indicado D. Mariano Raso le había contestado que no quería acudir a la Asamblea y que dijera a la misma que había decidido no querer continuar en la Sociedad de referencia. En su virtud la Junta General dio por excluido de dicha Sociedad al repetido D. Mariano Raso Guardia, declarando no tiene derecho a fondos ni beneficio alguno de la misma”.

Socios destacados:

·       Antonio Trell Labrid, impulsor del proyecto y primer Presidente de la Junta Directiva de la Fraternidad. Ocupó diversos cargos en la misma y se le confiaron determinados servicios como la inversión de capitales, etc.

·       Francisco Trell Labrid, cura párroco de La Puebla de Castro. Ejerció el cargo de Presidente de la Junta Directiva en 1906 y el de Secretario desde 1907 hasta 1922, año en que fue nombrado Canónigo de la Catedral de Barbastro y pasó a vivir en dicha ciudad. Propició la fusión de la Cofradía “Hermandad Nuestra Señora de Camino Fuero” con la Fraternidad Pueblense. Como anécdota y muestra de su espíritu caritativo y altruista consta en acta su renuncia a su derecho a dietas de socorro que le correspondían por enfermedad.

·       José Bestué Laplana, médico de La Puebla de Castro. En 1905 hizo la generosa donación de 12 pesetas de sus honorarios a favor de la Sociedad.

·       Antonio Gros Escanilla, fue Secretario de la Fraternidad desde 1929 a 1936.


Listado de Juntas Directivas desde 1899 y de Socios admitidos, por unanimidad, en Juntas Generales desde 1905:

1899.       Junta Directiva: Presidente, Antonio Trell Labrid; Vicepresidente, Domingo Arcarazo Arno; Secretario, Ramón Permisan Sesa; Vicesecretario, Vicente Burrel; Tesorero, José Torres Ciutat; Andador, Tomás Moliner Prat.


1900.       Junta Directiva: Presidente, José Mur Lacasa; Vicepresidente, José María Laplana Vidal; Secretario, Ramón Permisan Sesa; Vicesecretario, Joaquín Sopena Raso; Tesorero, Manuel Garuz Palacin; Andador, Tomás Moliner Prat.


1901.       Junta Directiva: Presidente, José María Laplana Vidal; Vicepresidente, Mariano de Mur Castillon; Secretario, Ramón Permisan Sesa; Vicesecretario, Román Castarlenas Faro; Tesorero, Francisco Cama Fuster; Andador, Tomás Moliner Prat.


1902.       Junta Directiva: Presidente, Manuel Asin Ferraz; Vicepresidente, Alberto Lacasa y Cera; Secretario, Ramón Permisan Sesa; Vicesecretario, Francisco Llone Cosialls; Tesorero, José Suils Angusto; Andador, Tomás Moliner Prat.


1903.       Junta Directiva: Presidente, Vicente Gode Viola; Vicepresidente, Vicente Bistuer Blanco; Secretario, Ramón Permisan Sesa; Vicesecretario, Francisco Llone Cosialls; Tesorero, Gregorio Bardaji Subias; Andador, Tomás Moliner Prat.


1904.       Junta Directiva: Presidente, Francisco Cama Fuster; Vicepresidente, José Serena Santaliestra; Secretario, Ramón Permisan Sesa; Vicesecretario, Manuel Asin Ferraz; Tesorero, Francisco Llone Cosialls; Andador, Luís Torres Miranda.


1905.       Nuevos Socios: Pablo Asín Vidal y José Cornel Tellet.


Junta Directiva: Presidente, Alberto Lacasa Cera; Vicepresidente, Tomás Lasierra Giron; Secretario, José Asin Lecina; Vicesecretario, Manuel Asin Ferraz; Tesorero, Román Castarlenas Faro; Andador, Luís Torres Miranda.


1906.       Junta Directiva: Presidente, Francisco Trell Labrid (cura párroco de La Puebla de Castro); Vicepresidente, Simón Llarden Latres; Secretario, José Asin Lecina; Vicesecretario, Manuel Asin Ferraz; Tesorero, Antonio Sierra Sahun; Andador, Pedro Salamero Arroyo.


1907.       Nuevos Socios: Antonio Sopena Faro, Joaquín Salamero Sanz, Francisco Trell Vidal, José Bardaji Obis, Manuel Noguera Colomina y Joaquín Mur Lasierra.


Junta Directiva: Presidente, José Serena Santaliestra; Vicepresidente, Antonio Tellet Sallan; Secretario, Francisco Trell Labrid (cura párroco de La Puebla de Castro); Vicesecretario, Manuel Asin Ferraz; Tesorero, José Lecina Castan; Andador, Pablo Asin Vidal.


1908.       Nuevos Socios: José Nacenta Subias, Macario Sanblancat Nacenta, Victoriano Subias Cortina, Antonio Guillén Girón, Antonio Bruballa Trell, Antonio Salamero Suarez, Vicente Noguera Colomina, Juan Miranda Sopena y Joaquín Torres Llacera.


Junta Directiva: Presidente, Manuel Garuz Palacin; Vicepresidente, Santiago Sarrablo Badel; Secretario, Francisco Trell Labrid (cura párroco de La Puebla de Castro); Vicesecretario, Francisco Carrera Laplana; Tesorero, Pedro Torres Peña; Andador, Pablo Asin Vidal.


1909.       Nuevos Socios: Antonio Trillo Labrid, Julian Vidal Arroyo, Francisco Serena Nacenta y Mariano Oncino Marro.


Junta Directiva: Presidente, José Suils Angusto; Vicepresidente, Joaquín Sopena Raso; Secretario, Francisco Trell Labrid (cura párroco de La Puebla de Castro); Tesorero, Francisco Cama Fuster; Andador, Pablo Asin Vidal.


1910.       Nuevos Socios: José Lacasa Gudel, Manuel Mas Guardia, Antonio Mas Guardia, Joaquín Bardaji Plana, Joaquín Menal Boira, José Suils, José Giral Gil, Manuel Garuz Torres, Tomás Giral Morancho, Francisco Suiles Labazuy, Joaquín Cambra Solana y Mariano Martinez.


Junta Directiva: Presidente, Simón Llarden Latres; Vicepresidente, Agustín Sopena Aventin; Secretario, Francisco Trell Labrid (cura párroco de La Puebla de Castro); Tesorero, José María Laplana Vidal; Andador, Pablo Asin Vidal.


1911.       Nuevos Socios: Francisco Cama Arnal, Antonio Sanz Lecina, Gregorio Carruesco, Cecilio Noguera y Antonio Cera Laplana.


Junta Directiva: Presidente, Antonio Tellet Sallan; Vicepresidente, Gregorio Bardaji Subias; Secretario, Francisco Trell Labrid (cura párroco de La Puebla de Castro); Tesorero, Joaquín Bardaji Plana; Andador, Francisco Trell Vidal.


1912.       Nuevos Socios: Joaquín Boira Arnal, José Pano Consul, Antonio Vistuer, José Mur Castillón, Juan Antonio Salinas Bergua, José Tellet Lasierra, José Palacín Oncino, Mariano Serena Lecina, Santiago Martinez Castelar, Ramón Trell Salamero, Sebastián Visac Sopena y Francisco Giral Gil.


Junta Directiva: Presidente, Román Castarlenas Faro; Vicepresidente, Francisco Carrera Laplana; Secretario, Francisco Trell Labrid (cura párroco de La Puebla de Castro); Tesorero, Joaquín Bardaji Plana; Andador, Francisco Trell Vidal.


1913.       Nuevos Socios: Ramón Carrera Mur, Miguel Torres Colomina y José Faro Benabarre.


Junta Directiva: Presidente, Antonio Vistuer Santaliestra; Vicepresidente, Juan Antonio Salinas Bergua; Secretario, Francisco Trell Labrid (cura párroco de La Puebla de Castro); Vicesecretario, José de Mur Castillon; Tesorero, Joaquín Bardaji Plana; Andador, Francisco Trell Vidal.


1914.       Junta Directiva: Presidente, José Nacenta Sanchez; Vicepresidente, Sebastián Lalueza Toda; Secretario, Francisco Trell Labrid (cura párroco de La Puebla de Castro); Tesorero, Benigno Arnal Bardaji; Andador, Francisco Trell Vidal.


1915.       Nuevos Socios: Pedro Ricoll Puy, Mariano Latorre Romeo, José Arnal Vidal, José Cera Salis, Antonio Mur Claveria y Miguel Lecina.


Junta Directiva: Presidente, Joaquín Mur Lasierra; Vicepresidente, Santiago Sarrablo Badel; Secretario, Francisco Trell Labrid (cura párroco de La Puebla de Castro); Vicesecretario, Francisco Llone Cosialls; Tesorero, Joaquín Bardaji Plana; Andador, Francisco Trell Vidal.


1916.       Junta Directiva: Presidente, Paulino Mora Nevot; Vicepresidente, José Giron Campo; Secretario, Francisco Trell Labrid (cura párroco de La Puebla de Castro); Tesorero, Isidro Salamero Vidal; Andador, Francisco Trell Vidal.


1917.       Junta Directiva: Presidente, Juan Antonio Salinas Bergua; Vicepresidente, Antonio Badel Torres; Secretario, Francisco Trell Labrid (cura párroco de La Puebla de Castro); Tesorero, José Torres Miranda; Andador, Francisco Trell Vidal.


1918.       Nuevos Socios: Antonio Pueo Llaquet, Francisco Gil Larruy Jovellar, José Mur Espuña, José Sahun Asin, Ramón Rami Guillen, Matías Ferraz Miranda, Julián Laplana Español y Pedro Moliner Bruballa.


Junta Directiva: Presidente, Julián Vidal Arroyo; Vicepresidente, Antonio Badel Torres; Secretario, Francisco Trell Labrid (cura párroco de La Puebla de Castro); Tesorero, José Torres Miranda; Andador, Francisco Trell Vidal.


1919.       Nuevos Socios: Antonio Gros Escanilla, Joaquín Cambra Rausa, Macario Samblancat, Antonio Trell Tobeña, Marcelino Cama Arnal, Pablo Nacenta Castarlenas y Vicente Latorre Torres.


Junta Directiva: Presidente, Joaquín Bardaji Plana; Vicepresidente, Antonio Lecina Torres; Secretario, Francisco Trell Labrid (cura párroco de La Puebla de Castro); Tesorero, Antonio Badel Torres; Andador, Francisco Trell Vidal.


1920.       Nuevos Socios: José Suarez Serena, Ramón Arnal Vidal, Ramón Sopena Sanmartin, Gregorio Lasierra Torres, Blas Cornel Gode, Mariano Arnal Gros, Ramón Espuña Pascual, Rafael Franco Cosialls, Benito Mur Campo y Paulino Antonio Bruballa Trell.


Junta Directiva: Presidente, Joaquín Bardaji Plana; Vicepresidente, Antonio Lecina Torres; Secretario, Francisco Trell Labrid (cura párroco de La Puebla de Castro); Vicesecretario, Francisco Llone Cosialls; Tesorero, Antonio Badel Torres; Andador, Francisco Trell Vidal.


1921.       Nuevos Socios: Antonio Riva Galindo y Joaquín Piniello Latorre.


Junta Directiva: Presidente, Paulino Mora Nevot; Vicepresidente, Pedro Moliner Bruballa; Secretario, Francisco Trell Labrid (cura párroco de La Puebla de Castro); Vicesecretario, José María Laplana Vidal; Tesorero, Antonio Lecina Torres; Andador, Antonio Badel Torres.


1922.       Nuevos Socios: Teodoro Ricoll Moliner (hijo del Socio Pedro Ricoll Puy) y José Lacasa Guardia.


Junta Directiva: Presidente, Antonio Trell Tobeña; Vicepresidente, Mariano Subias Marro; Secretario, Francisco Trell Labrid (cura párroco de La Puebla de Castro); Tesorero, Antonio Lecina Torres; Andador, Antonio Badel Torres.


1923.       Nuevos Socios: José Subias Rausa, José Balaguer Menal y Ramón Doz Raso.


Junta Directiva: Presidente, Antonio Trillo Labrid; Vicepresidente, José Suarez Serena; Secretario y Tesorero, Antonio Lecina Torres; Andador, Pio Vidal Subias.


1924.       Nuevos Socios: Gregorio Giron Llacera, José Marro Doz y Ramón Giral Morancho.


Junta Directiva: Presidente, José Torres Miranda; Vicepresidente, Manuel Mas Guardia; Secretario y Tesorero, Antonio Lecina Torres; Vicesecretario, Pablo Nacenta Castarlenas; Andador, Martín Tapia Giral.


1925.       Nuevos Socios: Jaime Sarroca Moliner, José Lasierra y Jesús Vidal Subias.


Junta Directiva: Presidente, Francisco Trell Vidal; Vicepresidente, Gregorio Lasierra Torres; Secretario y Tesorero, Antonio Lecina Torres; Vicesecretario, Pablo Nacenta Castarlenas; Andador, José Lacasa Guardia.


1926.       Nuevos Socios: Pedro Sin Mir.


Junta Directiva: Presidente, Mariano Ciutat Costa; Vicepresidente, Francisco Suiles Labazuy; Secretario y Tesorero, Antonio Lecina Torres; Vicesecretario, Pablo Nacenta Castarlenas; Andador, José Lacasa Guardia.


1927.       Nuevos Socios: Jesús Latorre Meler y Francisco Suiles Enseñat.


Junta Directiva: Presidente, Pio Vidal Subias; Vicepresidente, Francisco Suiles Labazuy; Secretario y Tesorero, Antonio Lecina Torres; Vicesecretario, Pablo Nacenta Castarlenas; Andador, José Marro Doz.


1928.       Nuevos Socios: Manuel Arnal Esforzado (cura párroco de La Puebla de Castro), Antonio Mora Llacera, Pascual Moliner Latre, Miguel Pau Pueo, Luis Ferrer Garreta, José Lecina Gudel, José Bardaji Oncino, Martín Nadal Sanz, Francisco Trell Palacin y José Noguera Torres.


Junta Directiva: Presidente, Pio Vidal Subias; Vicepresidente, Francisco Suiles Labazuy; Secretario y Tesorero, Antonio Lecina Torres; Vicesecretario, Pablo Nacenta Castarlenas; Andador, Ramón Rami Guillen.


1929.       Nuevos Socios: Gregorio Bardaji Trell, Antonio Bardaji Trell, Francisco Vidal Ciutat, José Sopena Mora, José Serena Torres, Manuel Menal Lecina, Joaquín Portella Guardia, Manuel Guillen Torres, Julio Trell Torres, Pablo Francisco Cosialls, Juan Franco Clemente, Julio Espuña Sanz, José Pano Raluy, Rafael Rami y Ramón Tapia Samblancat.


Junta Directiva: Presidente, Blas Cornel Gode; Vicepresidente, Antonio Cera Laplana; Secretario y Tesorero, Antonio Lecina Torres; Vicesecretario, Pablo Nacenta Castarlenas; Andador, Ramón Rami Guillen.


1930.       Nuevos Socios: Pablo Trell Palacin, Adolfo Cemeli Enjuanes, Francisco Riva Galindo y Francisco Altemir Lanau.


Junta Directiva: Presidente, Pascual Moliner Latre; Vicepresidente, Antonio Bruballa Trell; Secretario, Antonio Gros Escanilla; Tesorero, Gregorio Bardaji Trell; Andador, Ramón Rami Guillen.


1931.       Nuevos Socios: José Sanmartin, Antonio Lecina Nadal, Manuel Arnal Boira y Joaquín Baldellou Toveña.


Junta Directiva: Presidente, Pedro Moliner Bruballa; Vicepresidente, José Lacasa Guardia; Secretario, Antonio Gros Escanilla; Tesorero, Gregorio Bardaji Trell; Andador, Julio Espuña Sanz.


1932.       Nuevos Socios: Paulino Mora Salamero.


Junta Directiva: Presidente, José Faro Benabarre; Vicepresidente, Manuel Guillen Torres; Secretario, Antonio Gros Escanilla; Tesorero, Gregorio Bardaji Trell; Andador, Julio Espuña.


1933.       Junta Directiva: Presidente, Gregorio Bardaji Trell; Vicepresidente, Manuel Menal Boira; Secretario, Antonio Gros Escanilla; Tesorero, Pablo Trell Bardaji; Andador, Julio Espuña Sanz.


1934.       Nuevos Socios: Félix Buatas.


Junta Directiva: Presidente, Joaquín Baldellou Toveña; Vicepresidente, Manuel Ferraz Garuz; Secretario, Antonio Gros Escanilla; Tesorero, Pablo Trell Palacin; Andador, Julio Espuña Sanz


1935.       Junta Directiva: Presidente, José Sopena Mora; Vicepresidente, Manuel Mas Guardia; Secretario, Antonio Gros Escanilla; Tesorero, Manuel Menal Lecina; Andador, Julio Espuña Sanz


1936.       Nuevos Socios: Leandro Salinas.


Junta Directiva: Presidente, Antonio Bardaji Trell; Vicepresidente, Antonio Bruballa Trell; Secretario, Antonio Gros Escanilla; Tesorero, Juan Antonio Salinas Bergua; Andador, Julio Espuña Sanz



  La Fraternidad Pueblense no fue un caso aislado en la Provincia; en el año 1915, dieciséis años después de que se fundara La Fraternidad Pueblense, en la Provincia de Huesca aparecen recogidas por el Ministerio de Fomento de España, en la Memoria Descriptiva-Estadística de las Entidades Agrícolas y Pecuarias del País, las siguientes Sociedades de Socorros Mutuos: “La Fraternidad Pueblense” de La Puebla de Castro, “La Caridad” y “La Esperanza” de Barbastro, “La Protectora Mutua” de Boltaña, “La Benéfica” de Naval, “La Caritativa” de El Grado, “La Protectora Mutua Gradense” de Graus, y otras en Fonz y Cofita, Estadilla, Almunia de San Juan, Olvena y en Secastilla.

La Fraternidad Pueblense inició su andadura en 1898 y finalizó abruptamente en 1936, al estallar la Guerra Civil, víctima de los convulsos acontecimientos que sacudieron las instituciones, las costumbres y el orden en el Pueblo. Destacados Socios de la Fraternidad, que habían compartido y convivido en la paz y el respeto que la misma les exigía y proporcionaba, tomaron bandos diferentes en la contienda civil, algunos de ellos murieron fusilados por los de ideología contraria.

La Fraternidad Pueblense supuso un gran beneficio para La Puebla de Castro. Recuperar el recuerdo de esta institución nos tiene que llenar de orgullo. Es ejemplo de tolerancia, de concordia, de honradez, de unión, de hermandad, de búsqueda del beneficio común por encima del personal. El Pueblo unido para el bien del pueblo. Hemos de ser dignos merecedores de este legado de nuestros antepasados y mantener vivo su espíritu en las instituciones establecidas, en la creación de nuevas organizaciones, y desde cualquier acción tanto colectiva como individual, todo para el bien y el progreso de nuestro Pueblo, que es, sin duda, la forma más directa de alcanzar el beneficio personal.



Si desea saber más sobre “La Fraternidad Pueblense”, clicar sobre los títulos siguientes:




Pueden también consultar, en la siguiente ventana, el Reglamento (Estatutos) de la Fraternidad Pueblense editado en 1899 por la imprenta Faustino Gambón de Graus; este ejemplar fue propiedad de D. Román Carrera Gimenez y lo donó al archivo de la Iglesia Parroquial de La Puebla de Castro:




Pueden también consultar, en la siguiente ventana, el Reglamento (Estatutos) de la Fraternidad Pueblense editado en 1922 por la Imprenta A. Santamaría de Barbastro; este ejemplar fue propiedad de D. Ramón Tapia Samblancat y ha sido facilitado por sus herederos de Casa Teruel:



Y pueden, por último, consultar, en la siguiente ventana, el Libro de Actas  de las Juntas Generales de La Fraternidad Pueblense; el original se encuentra en el archivo de la Iglesia Parroquial:




Los datos utilizados en este artículo han sido obtenidos del libro de actas de la Sociedad denominada “La Fraternidad Pueblense” y de dos ejemplares del reglamento de la misma, el publicado en 1899 y el modificado y publicado en 1922; los dos primeros documentos se guardan en el archivo de la Iglesia parroquial de La Puebla de Castro y he podido consultarlos por gentileza del cura párroco, Mosén José Mairal Villellas; el ejemplar del reglamento de 1922 me lo ha facilitado Casa Teruel. Y también el artículo titulado ‘’La Fraternidad Pueblense’’ escrito por Román Carrera Gimenez y publicado en el Libré de las Fiestas de La Puebla de Castro de 1998. Y del libro "Memoria Descriptiva-Estadística de Entidades Agrícolas y Pecuarias del País" del año 1915 editado por el Ministerio de Fomento de España.





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