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SAN ANTONIO Y LA FOGUERA POR ROMÁN CARRERA GIMÉNEZ

SAN ANTONIO ABAD, BENDICIÓN DE LOS ANIMALES, LA SUBASTA Y LA FOGUERA. 17 de Enero.


Autor del poema: Román Carrera Giménez
Poema publicado en “El Libré” de las fiestas de La Puebla de Castro de 1993




Al bendito San Antonio
qu´al desierto s´en va í,
en su capilla del Barrio
s´ha venerau mucho aquí.


Ermita de San Antonio Abad.
Autor de la foto: Pedro Bardaji Suarez

D´aquella tan llarga vida
yo no sé to´l historial,
pero en custión de memoria
aún m´encontro prou tar cual
y m´acordo d´estas cosas
de cuan eba yo zagal:

Aprovechán las vacaciones
y pasada la Navidá
la leña pa la foguera
mos meteban a carriá.

Cara´l monte desfilaban
las cuadrillas de zagals
per las tardes cuan marchaban
ben provistos de ramals.
Cada cuadrilla su choca
cojeba con ilusión,
cuan la teneban atada
mos meteban en cordón
y estiraban cara´l Bario
on formaban el montón.

Tamé iban a los leñeros
de las eras y las casas,
y mos llevaban maderos
de las casas espaldadas.

Al escurecé per la tarde
los días del novenario,
iban al Santo a rezale
la novena y el Rosario.
con pío fervor
de Antonio los triunfos
victorias y honor”.

Ya en el día de su fiesta,
el diecisiete d´enero,
encendé la gran foguera
eba siempre lo primero.


Foguera de San Antonio. Autor de la foto: José Noguera García
La puerta de la capilla
s´abriba a continuación;
to´l día la chen dentraba
llevada per la devoción
hacia el Santo que visitaba
pedinle su protección.

Las imágenes y el retablo
eban de güeña calidá;
estaban con San Antonio,
de compañeros d´altá,
San Vicente y San Lorenzo
y la Virgen del Pilá.

En el lau de San Vicente
estaba la tenalleta,
la que guardaba l´aceite
pa cargá la lampareta.

Cuan al Santo en su capilla
tanta chen el veneraba
y allí misas ofrecidas
tantísmas sen celebraba,
se le feba la novena
cuan su fiesta s´acercaba,
con misa per la mañana
y rosario a la tardada.

Allí la misa primera
feba siempre sobre tó
en el día de su fiesta
el especial predicadó.

La mayó feba el párroco
en la iglesia parroquial,
on predicaba l´otro
un sermón fenomenal.

Aquel día las campanas
baldiaban todas a la vez,
a las diez pa la gran Misa
y a las doce pa comé.

Tamé sobre la capilla,
arriba en su ventaneta,
daba güeltas muy ligera
la graciosa campaneta.

Hasta l´año trenta y nueve
no va sé costumbre aquí;
al Portal tó aquellos vajes
sacaban a bendecí,
y abrevá ta las Cañutas
los llevaban desd´allí.

Güegos, cebollas, patatas,
bel guirlache u mazapán,
de tocino muchas patas,
y algún pollo de corral;
algunos de mucha pasta
per la tarde en el Portal
al puyá en la subasta
se gastaban un dineral.


Subasta de San Antonio año 2009. En la mesa, de izquieda a derecha, Gregorio Bardaji Cajigós de Casa Romeu, Mosén Jose Mairal Villellas y Mariano Serena Garuz "Borbón". Detrás, de izquierda a derecha, Manuel Garuz Suils "Manolé de Gul", Raquel Torres Rubiella de Casa Nacenta y María Dolores Barbanoj Arasanz de Casa Tereseta. Delante, en la esquina inferior izquierda, María Cosculluela Mora de Casa el Sastre.  
Autor de la foto: Pedro Bardaji Suarez

En el Bario mientras tanto,
ardeba la foguera,
y en la capilla ante el Santo
muchísmas velas de cera.

Hoy se llevan sobre ruedas
las chocas y los maderos
y zagals casi no´n queda
en estos tiempos modernos.

Ya en La Puebla de Castro
é poca chen la que queda;
más el diecisite d´enero,
aunque seiga sin novena,
aún celebrán San Antonio
y le fan la gran foguera.




Pueden acceder al artículo sobre la presentación de Poemario de Román Carrera en La Puebla de Castro clicando sobre el siguiente título:

LA ROMERÍA DE CASTRO

LA ROMERÍA D´ANTAÑO

Autor: Román Carrera Giménez
Publicado en el “Libré de las Fiestas” de La Puebla de Castro de 1988.



Iglesia de San Román de Castro. Autor de la foto: Juan Mora Insa.

De Pentecostés en la Pascua
el lunes per la mañana
ya ben pronto con la fresca
repican las campanas.
Llaman pa la romería
cuan las siete y media son;
los hijos de La Puebla
acuden con ilusión
y a las ocho, de la iglesia,
va salín la procesión.

Ya desfila per la Plaza,
calle Prim y el Portal
y per San Antonio baja;
con su lento pasá avanza
hasta que llega al Royal
aone ya se desbarata.
Dispués qu´en dicho sitio
la procesión ha siu rompida,
van baján per el camino
hasta empezá la subida,
diriginse ta Castro
qu´está güen troz más arriba.
 
Iglesia de San Román de Castro. Año 1908. Autor de la foto: Julio Soler Santaló, conservada en el Archivo Fotográfico del Centro Excursionista de Cataluña.

Desde Puchalín contemplán
espléndido panorama;
a l'otro lau de Rezpena
y allá tapás de La Ubaga
s´encontran con garraberas,
buixos, chinebros y aldiagas.
Trasponida ya la basa,
y a muy escasa distancia,
ya veyen la vieja iglesia
toda de piedra y con gracia;
de tremoncillo y romero
van percibín la fragancia
mientras en aquel altero
su meta ya l´alcanzan.

Virgen de madera de la Iglesia de San Román de Castro. Año 1908. Esta talla se perdió durante la Guerra Civil. Autor de la foto: Julio Soler Santaló, conservada en el Archivo Fotográfico del Centro Excursionista de Cataluña.

Antes que toquen a misa
que no pasará mucho rato,
van dentrán pa fé visita
t´aquel recinto santo.
Allí, en antiguo retablo,
pintaus con otros están
San Pedro, San Pablo,
San Jerónimo y San Román.
Así como pa coronación
un Calvario pintau lleva,
escenas de la Pasión
componen la predela
del Retablo qu´é un orgullo
pa los hijos de La Puebla.

Retablo de San Román en la Iglesia de Castro.
Autor de la foto Juan Mora Insa.

Tamé de San Pedro y San Pablo
ñ´hay dos tablas aún más viejas
que van se d´otro retrablo
y están allí como puertas.
 
Tabla de San Pedro de estilo Gótico Lineal. Perteneciente al primitivo retablo fechado en 1303 de la Iglesia de San Román de Castro. Esta tabla se utilizó posteriormente como puerta de la sacristía. Fotografía del año 1908. Autor de la foto: Julio Soler Santaló, conservada en el Archivo fotográfico del Centro Excursionista de Cataluña.

Lo mismo qu´en el central
a San Román bendito,
en el altá lateral
tamé cumplen con el rito
fenle visita especial
al colosal Santocristo.

Santocristo de madera de la Iglesia de San Román de Castro. Año 1908. Esta talla se perdió durante la Guerra Civil. Autor de la foto: Julio Soler Santaló. Conservada en el Archivo Fotográfico del Centro Excursionista de Cataluña.


Contemplan con atención
el Balcón de la Marquesa
y su cráneo en un arcón
en el que fá siglos se conserva.
 
El Balcón de la Marquesa en la Iglesia de San Román de Castro.

Del Coro el artesonau
con su estilo mudéjar;
debajo los decoraus,
que son tamé de belleza,
como los escudos pintaus
y el célebre “Pereza”.


Tabla de "Pereza Castro" en el artesonado del Coro de la iglesia de Castro. Autor de la foto: Juan Mora Insa.

S´han mirau, antes que nada,
d´un arco la piedra clave,
que se vey como colgada
perque toda sobresale,
y que parece muy raro
qu´en situación tan grave
faiga tantismo años
qu´está si cae u no cae.
Arriba en la´spadaña
on la baldian ben aprisa,
ya llama la campana
pa que dentren toz a misa.
Detrás de dos monaguillos
que le suelen aduyá,
revestiú de coló royo
sale el cura a celebrá,
mientras arriba n´el Coro
ya empecipian a cantá.

Pueblenses en la Romería de Castro

Dispués de fé la visita
y la misa ben cantada;
entre´l castillo y la´rmita
está la chen asentada
y allí p´almorzá s´anima
perque ya tiene prou gana.
Llevan tortilla patata,
llonganiza, güenas magras,
llomo, salchichón, chireta,
chuletas rebozadas,
olivas, güegos duros…
Pa postre llevan tortadas,
rosquillas, buñuelos
y almendras garrapiñadas.
Amás de güen apetito,
pa fé pasá tanta jarcia,
llevan abundante vino
de moristel y garnacha;
pues allí alzan la bota
danle güenos apretóns
mientras cantan “bella” jota
y alegran los corazóns.

Pueblenses en la Romería de Castro. 
Clicar sobre la foto para ampliarla.

S'intercambian los manjares
así como los vinos
en aquel tan majo ambiente
que toz resultan amigos;
el cura, el juez y Ayuntamiento
presiden la refección,
y si no enreda el tiempo
tó resulta de pistón.

Per cuenta del monecipio
y según la tradición,
con un burro con argadós
y un otro con esportóns,
suben agua en cantaros
y vino en garrafons.


Pueblenses en la Romería de Castro. 
Clicar sobre la foto para ampliarla.

Mientras algunos aún cantan,
otros apuran el vino,
y de que ñ´hay se preparan
pa torná, cojén camino.
Ya van recojén los bajes,
los que han teniu que subilos,
pa las alforchas cargales
y pa montaye los críos.

La puerta del viejo templo
ya se vey que van cerrán,
per el camino entabajo
poco a poco van marchán
y muy solitario aquello
otra vez s´está quedán.



Pueblenses finalizando la Romería de Castro.
Reuninse casi toz
en la fuente de Santa María
organizan la procesión
allá sobre mediodía
y p´el camino pedregoso
suben con gran alegría
cantán ben animosos
el "Diostesalvemaría".
Desde la airosa torre
on las cuatro van a bando
las campanas acompañan
de la procesión el canto,
hasta qu´en dentro la iglesia
ya se remata el acto
con “Gloria Patri et Filio
et Spiritui Sancto”.

De Pentecostés Lunes de Pascua
é pa La Puebla un gran día
y fan animada fiesta
dispués de la Romería.

Con el corré de los tiempos
tamé ha llegau el cambio
a la Romería de Castro
que se sigue fen cad´año
en el lunes tan gozoso
caiga en junio u caiga en mayo.


El autor del poema, Román Carrera Gimenez, junto a
la imagen de San Román en la Iglesia de Castro.



Si desea contemplar el efecto mágico del rayo de luz sobre el altar de la Iglesia de Castro, impresionante efecto de luz diseñado por los maestros del románico constructores del templo, haga "clic" sobre el título siguiente:



Puede también acceder al artículo sobre la presentación de Poemario de Román Carrera en La Puebla de Castro clicando sobre el siguiente título:

JUEVES SANTO Y EL MONUMENTO EN LA DÉCADA DE LOS 20 (S. XX) EN LA PUEBLA DE CASTRO

Román Carrera Giménez
 

Autor del artículo: 

Román Carrera Giménez de Casa Román de Giral.


Artículo publicado en el Libré de las Fiestas de La Puebla de Castro del año 2004


“Tres jueves hay en el año

que relumbran más que el sol;

Jueves Santo, Corpus Crhisti

y el día de la Ascensión”

 

EL MONUMENTO

Recordando el Jueves Santo en la década de los años 20 del siglo XX, empezaré por decir que, en la Iglesia Parroquial de La Puebla de Castro se empleaban seis o siete hombres para montar el colosal y precioso Monumento que, instalado en el presbiterio, ocultaba el también precioso y gran retablo de Santa Bárbara. Dirigían la labor el sacristán “siño” Mariano Borbón y el imprescindible carpintero local “siño” Pepe. Se trataba de una impresionante arcada con cuatro arcos formados con maderas y lienzos decorados que, de menor a mayor, llegaba desde el fondo del presbiterio a la cancela del mismo, y de altura el arco superior hasta el borde de la bóveda. Cada arco se subía con una soga de cáñamo por el agujero hecho en la bóveda para tal efecto; unos tiraban desde arriba cuando a voces les mandaban los de abajo y, cuando el arco ya estaba en su punto, ataban la soga en una de las fuertes tijeras de madera (hoy de hierro) que sostenían la cubierta de la iglesia.

Jueves Santo, iglesia Parroquial de Santa Bárbara de La Puebla de Castro. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.

Por el centro del presbiterio ascendía la gran escalinata compuesta por varios cuerpos de madera hasta dos metros encima del altar mayor, donde se colocaba un sagrario en forma de sepulcro para la reserva del Sacramento.

El Monumento se levantaba el Miércoles Santo por la mañana, después de la Santa Misa, y por la tarde, tras haber hecho la limpieza de la Iglesia, eran las mujeres las que se encargaban de adornarlo.

El año 1926 ocurrió un accidente sin más consecuencia que un gran susto y un cierto daño material. El arco mayor, como ya no coincidía con la bóveda, era elevado y quedaba sujeto por una pequeña carrucha que durante el año servía para subir y bajar la bella y gran lámpara de aceite que ardía para el Santísimo. Esta carrucha se hallaba bajo el angelote de yeso que hay en el centro del arco de la bóveda. Cuando ya se hallaba la pieza a cierta altura, se rompió dicha polea y cayó al suelo con gran estrépito tal pieza, pero milagrosamente no atrapó a nadie. Desde entonces ya quedó el Monumento incompleto para los diez años que le quedarían de vida.

En el Monumento. De izquierda a derecha, Antonio Franco Nadal (Tonón de Palacín), Mosén José Mairal Villellas, Mariano Serena Samitier de Casa Borbón y Anselmo Burrel Trell de Casa Gros. Año 2017. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.

EL JUEVES SANTO

TRASLADO DEL SANTÍSIMO AL MONUMENTO

El Jueves Santo se celebraba, sobre las 10 de la mañana, la MisaIn Coena Domini”, en el altar de San Román. Al entonar el Celebrante el “Gloria”, el sacristán y monaguillos hacían tocar todas las campanillas mientras sonaban las campanas de la torre y el órgano acompañaba el canto del “Gloria” por el coro. A partir de aquél momento, ni órgano ni campanas sonarían hasta la Vigilia Pascual del Sábado Santo a las 10 de la mañana, por lo cual estas eran sustituidas por la matraca del monaguillo que ya empezaba en el “Sanctus” de la Misa y la gran matraca de la torre con seis u ocho mazos pegados sobre las tablas para anunciar los Oficios a celebrar hasta el Sábado Santo.

Restos de la matraca de madera en la parte superior de la torre campanario de la Iglesia parroquial de La Puebla de Castro. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.

Al finalizar la Misa, el Santísimo era trasladado bajo palio, desde el altar de San Román al Monumento. La procesión, precedida por la cruz alzada y velada, daba la vuelta a la Iglesia con el canto del “Pange lingua” hasta llegar al Monumento, que ya se hallaba adornado con clavelinas y otras flores e iluminado con lámparas y multitud de velas. Entonces, el Párroco, ascendía por la escalinata para colocar el Santísimo, dejando el Sagrario abierto; bajaba para incensarlo de nuevo desde abajo, mientras se cantaba el “Tantum ergo”. Finalizado el canto volvía a subir para cerrar la portezuela del Sagrario, colgándose la llave al cuello con una cinta blanca para llevarla hasta el momento de la reposición del Santísimo en el altar de San Román, al día siguiente, sobre las 10 de la mañana, donde por él sería consumida la Sagrada Forma.

Jueves Santo, trasladando el Santísimo al Monumento. Delante, de izquierda a derecha, Antonio Franco Nadal (Tonón de Palacín), Mosén José Mairal Villellas y Vicente Burrel Guillén del Mesón. Detrás, Anselmo Burrel Trell de Casa Gros. Año 2014. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.

EL LAVATORIO

Sobre las 3 de la tarde y anunciado por la gran matraca de la torre, tenía lugar el Lavatorio. Allí en aquél altar y revestido con amito, alba, estola y capa pluvial morada, cantaba el Celebrante las oraciones propias del acto y, después de incensar el libro, cantaba el Evangelio según San Juan, del Mandato

Monaguillo de la Iglesia Parroquial de Santa Bárbara de La Puebla de Castro. A su alrededor niños y niñas vistiéndose  para participar en los actos de Semana Santa. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.

Ya finalizado, se quitaba la capa, se ceñía una toalla y procedía a lavar el pie derecho de cada uno de los doce chicos de los cuales uno solía ser el que hoy, siendo un humilde viejo, esto escribe. Para tal menester ayudaban el sacristán y dos monaguillos, portando la jarra con el agua, la jofaina y la toalla con la que después de lavar el pie derecho de cada niño, lo enjugaba, lo besaba y terminado el acto, daba a cada niño una moneda de cincuenta céntimos, la cual era conocida como “dos reales”.

Moneda de 2 reales (50 céntimos de peseta).

EL OFICIO DE TINIEBLAS

Una hora más tarde se celebraba el Oficio de Tinieblas durante el cual, se colocaba entre el altar y el Monumento, el tenebrario o candelabro de 15 velas en representación de los 11 apóstoles (sin Judas), las tres Marías (María Salomé, María de Cleofás y María Magdalena) y de la Virgen María. El Sacerdote y ayudantes cantaban en el coro, cada vez que un monaguillo avisaba con la matraca desde el coro, el sacristán con el apagavelas apagaba una de ellas.

Tenebrario de madera del s. XVIII  con quince porta velas.

Durante todo el acto, que tendría sobre una hora de duración, una pareja de romanos, uno a cada lado, relevándose de dos en dos, hacían guardia ante el Monumento plantados como estatuas.

Apagadas ya las quince velas así como todas las del Monumento y las lámparas, el coro cantaba el “Miserere” y el “Benedictus Dóminus”.  Al finalizar este último, el Párroco daba una palmada en la tapa de su libro, ya cerrado, y empezaba el estruendo entre golpes a los bancos, acción de matracas y carracas portadas por la chiquillería, además de fuertes voces; hasta que al cabo de un minuto, salía el sacristán de la sacristía con una vela encendida en medio de la oscuridad y entonces cesaba aquel seguido estruendo y se encendían de nuevo las lámparas y velas del Monumento. Ante el Monumento habían estado firmes y juntos todos los romanos y en la oscuridad durante aquel bullicio, después de salir de la sacristía donde habían tenido su “cuerpo de guardia” durante tan largo acto.


LA PROCESIÓN DEL JUEVES SANTO

Poco tiempo más tarde y con el “tracatrá” de la gran matraca de la torre, salía la bella procesión, que bajaba por el Barrio de Santa María, camino del Mesón y camino entre los huertos para después de pasar por delante de la Ermita de Santa María, subir camino arriba y por el mismo barrio hasta llegar a la Plaza de la Cruz y enfilar por Calle Cervantes, Calle Mayor y Plaza Mayor hasta terminar en la iglesia ya anocheciendo.

Restos de la matraca de madera en la parte superior de la torre campanario de la Iglesia parroquial de La Puebla de Castro. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.

La procesión iba encabezada por los romanos y durante ella se habían cantado el “Miserere” y cánticos penitenciales.

Procesión durante la Semana Santa en La Puebla de Castro. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.

DESMONTAR EL MONUMENTO

El Viernes Santo por la mañana, después de celebrar los Oficios, se desmontaba el Monumento y las grandes piezas que lo formaban se llevaban al almacén, donde se guardaban con las vestimentas, lanzas y escudos de los romanos, las túnicas y mantos de los personajes bíblicos y las cruces, faroles y peanas para las bellas procesiones de la Semana Santa. Dicho almacén estaba pegado a la fachada de la iglesia a la izquierda del pórtico.

El hombre de la caña junto al Cristo. Procesión de Semana Santa de La Puebla de Castro. Año 2018. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.

Para terminar contaré un hecho desagradable, por irreverente, ocurrido el Jueves Santo del año 1933, al anochecer, mientras varios fieles estaban en el Monumento haciendo la Hora Santa -a partir del año 1931 con el advenimiento de la Segunda República quedaron prohibidas todas las procesiones y bandeos de campanas-; como decía, en aquellos momentos entraron en la iglesia, por la puerta principal, un grupo de voluntarios que corriendo se dirigían hacia la Capilla del Corazón de Jesús, donde enfilaban las escaleras de la torre. Era día 13 y al día siguiente, siendo Viernes Santo, era nada menos que el 14 de Abril, segundo aniversario de la proclamación de la Segunda República Española. Empezaron a voltear las campanas, no cansándose aquellos voluntarios de bandearlas con todas sus fuerzas.

Torre campanario de La iglesia parroquial de Santa Bárbara de La Puebla de Castro. Delante, un grupo de jóvenes junto a la fuente abrevadero del portal. Foto facilitada por Ángel Vidal Abizanda.

Los fieles en la iglesia, quedaban disgustados al oír las campanas en aquel día sagrado en que ellas estaban de “luto”, en silencio hasta el Sábado Santo, habiendo sido sustituidas, como ya se ha dicho, por la gran matraca de la torre que, girando con su eje acompasadamente, anunciaba todos los actos de la Semana Santa.

Al día siguiente en el pueblo y para más inri, gran alboroto y más bandeos de campanas.

 






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