Translate

Mostrando entradas con la etiqueta Desviaciones y excesos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Desviaciones y excesos. Mostrar todas las entradas

JOSÉ FARO, PRIOR DE TORRECIUDAD, UN HOMBRE CORRUPTO Y LUJURIOSO

Antonio Torres Rausa
D. JOSEPH FARO, PRIOR DE TORRECIUDAD 
del 22 de Septiembre de 1794 
al 10 de Julio de 1796.
 
 
Autor del Artículo: Antonio Torres Rausa
Publicado en el Diario del AltoAragón 
el día 10 de Agosto de 2005



En anteriores escritos sobre La Puebla de Castro y Torreciudad, hemos hablado de curas y priores santos e, incluso, mártires. Son las vidas que antaño tanto interesaban como ejemplos vivos a seguir. Para desgracia de los tiempos actuales, son “las crónicas marcianas” las que más entretienen al personal. La que presentamos en este artículo, está totalmente documentada y no procede de Marte, sino de un hijo de La Puebla de Castro que con una vocación muy dudosa, fue sacristán de la Colegial de La Puebla de Castro y Prior del Santuario de Nuestra Señora de los Angeles de Torreciudad.

Lápida de laTumba de Jose Faro en la Iglesia parroquial
de La Puebla de Castro. Autor de la foto: Pedro Bardjai Suarez

Especial interés merece, el severo ritual y exquisitas formas en el nombramiento eclesiástico que contrastan con la conducta entre delictiva y picaresca del personaje. No cabe duda que, en este caso, el Sr. Obispo fue muy mal asesorado, pero en cambio, reaccionó con gran celeridad al destituirlo poco después de un año de haberlo nombrado Prior perpetuo.

Nuestros dirigentes políticos actuales podrían aprender de este Obispo, Don Agustín de Abbad y Lasierra, nacido en Estadilla y dotado de un carácter muy enérgico (autor de obras tan importantes como “Historia de Puerto Rico”, “Relación de la Florida” escrita por encargo del Conde de Floridablanca para defender los derechos de España sobre aquellos territorios).
Castillo Torre y el Santuario de Torreciudad.
Autor de la Foto: Serie Documental Aragón el Viaje Fascinante

NOMBRAMIENTO E INVESTIDURA
Había nacido en La Puebla de Castro. En aquellos tiempos, la carrera eclesiástica era una salida muy digna y provechosa tanto para aquellas familias que no tenían especiales recursos económicos, en cuyo hijo sacerdote encontraban un apoyo social y aún económico, como para las familias acomodadas que, en base a la creación de Capellanías y Beneficios aseguraban a sus hijos segundones un puesto de cierto relieve en su mismo pueblo natal. Por lo que veremos, el caso de D. Joseph Faro participaba de ambas circunstancias vocacionales, es decir, ninguna vocación para clérigo.

En Diciembre de 1.787, nos lo encontramos haciendo inventario de los objetos, ornamentos y alhajas recibidas como nuevo Sacristán de la abacial de La Puebla de Castro. Tendría 23 años, poco más ó menos. Su hermano Antonio, se constituyó en fiador suyocon todos sus bienes, rentas muebles y sitios habidos y por haber. Tal era la norma canónica para todos los clérigos que recibían alguna responsabilidad de tenencia ó administración de bienes, particularmente los Sacristanes, norma, por lo que se verá, muy sabia y que gracias a ella las iglesias han podido conservar el rico patrimonio de sus antepasados.

Virgen de Torreciudad.
Autor de la foto: Eduardo Nó
Los buenos informes del Sr. Abad de La Puebla, y su innata habilidad en saberse vender, determinaron al Obispo de Barbastro nombrarle para una responsabilidad mayor. Precisamente para esto fue llamado a la capital de la Diócesis, el 22 de Septiembre de 1.794.

Joaquín Esplugas, notario de S.I. le acompañó al salón llamado “del trono”. Por el ceremonial, casi tan majestuoso como el de su ordenación, comprendió que se trataba de algo importante. Después de un breve y formal saludo, empezó el acto el Sr. Obispo:

“Nos Don Agustin de Abbad y Lasierra, por la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica, Obispo de Barbastro, del Consejo de su Majestad...:

A nuestro amado en Cristo Don Joseph Faro, Presbítero, natural de La Puebla de Castro y beneficiado de su Iglesia Colegial de esta nuestra Diócesis de Barbastro, salud en el Señor.

Los loables informes que de vos habemos oído a personas fidedignas nos mueven a haceros esta gracia; y es que por cuanto habiéndonos rogado encarecidamente el Ayuntamiento del Lugar de Bolturina, nos sirviésemos nombrar un vicario perpetuo para la Casa y Santuario de Nuestra Señora de Torre-Ciudad existente en los términos de dicho Lugar, con residencia en ella e independiente en un todo del rector de la Iglesia parroquial del mismo, proponiéndonos para inclinarnos a diferir a su solicitud los muchos inconvenientes y graves perjuicios que se han seguido en dicho Santuario por las ausencias que ha causado la precisa mutación de sus Priores naturales, estando bien penetrados de la verdad de este informe, provehemos a aquella como se pedía, otorgándose para dicho fín de diferentes Bienes y sitios, capaces de producir anualmente con sus frutos el valor de ciento y once libras y diez y seis sueldos jaqueses, ó más, pero imponiendo a dicho Vicario la obligación de haber de acudir siendo llamado a dicho lugar de Bolturina para confesar a cualquier enfermo que lo pidiese y para asistir a cualquier enfermo que lo pidiese y para asistir a cualquier función de entierro, contribuyéndosele con la Caridad o Propina acostumbrada.... y habiendo elegido y nombrado en tal Vicario a Vos Don Joseph Faro, aceptando dicho nombramiento nos habeis suplicado os conferiésemos la Colación (investidura) de dicha Vicaría. Por tanto, condescendiendo con dicha súplica, usando de mi autoridad ordinaria, constándonos como nos consta de vuestra aptitud y suficiencia,  en la mejor forma que de derecho ó en otra manera, os la conferimos y colamos con todos los derechos a ella tocantes y pertenecientes y de la misma manera os damos la investidura presencialmente mediante la imposición del bonete sobre vuestra cabeza hallándoos humildemente postrado a nuestros pies... Y porque habéis prometido y jurado en nuestro poder y manos in péctore sacerdotis la obediencia y reverencia a Su Santidad, su Santa Sede Apostólica, a nuestros Vicarios Generales...de conservar y no deteriorar los bienes y rentas de dicha Casa Santuario... mandamos a cualquier presbítero ó clérigos y a cada unos de ellos in solidum os den y pongan en la verdadera, real, actual y corporal posesión de aquella...”


Antigua Torre de señales y Santuario de Torreciudad. Autor de la foto: Pedro Bardaji Suarez

Ya de camino hacia La Puebla, leyó y releyó el documento de nombramiento. Pensó que demasiada retórica para ciento once libras y diez y seis sueldos. Pero estaba contento pues el cargo era de perpetua misa y olla y con otros gajes que sus ojos vivarachos empezaban a vislumbrar, le permitiría una cómoda subsistencia y aún ser generoso con su numerosa familia de La Puebla.

Por su parte, el Señor Obispo debió pensar: "Al fin, hemos encontrado una solución permanente para Torreciudad"

 
TOMA DE POSESIÓN
No era cuestión de perder el tiempo, y al fin,  púsose de acuerdo con el notario de La Puebla, D. Ignacio Ferrer y Romeo, y el beneficiado organista, Mosén Antonio Ferrer, para tomar posesión del cargo.

Iría con ellos, como testigo, Felipe Lasierra, estudiante, y allí acudiría como segundo testigo, Alberto Turmo, infanzón vecino de Artasona. Quedaron para el día 14 de Octubre.

La Posesión era un acto solemne, pero así como en el nombramiento y colación el personaje importante era el Obispo, aquí la figura central sería él, que tomaba lo suyo “corporalmente y realmente”. ¡Cómo le gustaban estas palabras!

El camino que separa La Puebla de Torre-Ciudad, apenas cuesta recorrerlo una hora, por lo que se fueron a pié, si bien acompañados de un burro para llevar las viandas, vino y otros manjares, con los que Mosén Joseph quería agasajar a los asistentes. De todo ello se encargaba su hermano Antonio.

En amena conversación cruzaron el llano que va hacia Ubiergo y, dejando éste a la derecha, cogieron el desvío que serpentea hacia Bolturina y Torre-Ciudad. Bolturina es un pueblo muy bien  protegido por la montaña de “Las Serrafinas”, que sigue el puerto de San Roque, y está confortablemente recostado mirando hacia el Oriente. La plaza que está frente a la Iglesia, con su nogal de piel de elefante, es un lugar muy aireado en Verano y soleado en Invierno. Invita al caminante a echar una charradeta con los viejos que tienen abonado el lugar,  pero ellos iban a lo que iban, por lo que dejaron Bolturina a la derecha y, una vez pasado el corto plano que cruza el cogote de “Las Serrafinas”, divisaron en la hondonada, entre rocosos acantilados que perfila con su cinta azul el río Cinca, la pétrea mole del castillo-torre, y el viejo caserón del Santuario. Al fondo, según se mira al Norte, la Peña Montañesa, que es como la cabeza donde termina el Pirineo del Sobrarbe, sin el habitual turbante blanco de  nieve que viste en Invierno.


Camino de La Puebla de Castro a Torreciudad.
Vista de la antigua Torre de señales y del Santuario de Torreciudad una vez pasadas “Las Serrafinas”.
Autor de la foto: Pedro Bardaji Suarez

Llegados a la puerta del Santuario, salió a recibirlos un Ermitaño, quien se hizo cargo del burro y lo acomodó en el corral que está a la izquierda, en el exterior, bajo la galería.


Santuario de Nuestra Señora de Los Ángeles de Torreciudad.
Autor de la foto: Pedro Bardaji Suarez

Entonces, como queda escrito en el acta notarial, “pareció Don Joseph Faro,  Presbítero, y presentó al dicho Mosén Antonio Ferrer las antecedentes letras de Colación de la Vicaría perpetua de dicha Casa y Santuario...y con ellas le requirió le diese la posesión de dicha Vicaría perpetua, a que se ofreció pronto, y en consecuencia tomó (Mosén Antonio) a dicho Don Joseph Faro la mano derecha y lo introdujo en dicha Iglesia y condujo al altar mayor, que es de Nuestra Señora, donde dijo la oración “concédenos. etc.”. de allí lo condujo a la sacristía donde abrió y cerró los calajes; registró los ornamentos y cáliz,  de allí condujo al Confesionario, en que se sentó; e hizo otros actos y cosas denotantes la verdadera, corporal y real posesión de dicha Vicaría; todo lo cual se ejecutó de día, alta, pública, pacífica y quietamente, sin contradicción de persona alguna....

Signó el documento Ignacio Ferrer y Romeo, notario y vecino de La Puebla de Castro y con las autoridades Apostólica y  Real etc. etc.


JURAMENTO DE OBEDIENCIA

Si la fuerza del derecho está en la forma, la liturgia es la fuerza de la Iglesia, por esto, la Iglesia,  que es desconfiada por naturaleza y cree más en Dios que en los hombres, es barroca en las exigencias rituales. Para ejercer como Prior, todavía le faltaba realizar la Profesión de Fe y el Juramento de Obediencia.

Detalle Virgen de Torreciudad Autor Jose Antonio Duce

Para cumplir con este requisito, bajó Don Joseph a Barbastro, según un documento que dice. “En Barbastro a diez de Diciembre del año mil setecientos noventa y cuatro, ante el Ilustrísimo Sr. D. Gerónimo Aquilón, Presbítero canónigo magistral de la Santa Iglesia de dicha Ciudad... Vicario general interino... Don Joseph Faro, presbítero, habiendo presentado las letras de Colación y acto de Posesión que anteceden, hizo profesión de la fe y juró su obediencia en forma....Y para que conste lo certifico y firmo.”


DESTITUCIÓN
  
Pese a tanto rito cuasi sacramental, la vicaría perpetua de D. Joseph no duró más que año y medio, aproximadamente. La Iglesia puede ser muy paciente y comprensiva con sus clérigos, siempre y cuando éstos, si no castos, al menos, son cautos. Pero D. Joseph tenía una lujuria de tigre, y no se puede cabalgar sobre sus lomos mucho tiempo sin correr graves riesgos, y éste fue el de su sustitución fulminante a mediados de Julio del mismo año del Señor de 1.796.

Lo más penoso fue el auto celebrado el 4 de Septiembre, ante el notario visitador del Obispo y testigos. Lo demás le importaba poco, pues todo el mundo sabe cuán flaca es la naturaleza humana. En realidad, él ya había renunciado al Priorato, ante las graves acusaciones y presiones del Sr. Obispo, por esto, tampoco esta vez entendía a qué fin servía tanta parafernalia. Pero hubo que celebrar el auto pues las formas son la fuerza del derecho.

Las acusaciones que el notario de visita, Don Joseph Ayllón, en nombre del obispo, le notificó en el mismo Santuario de Torre-Ciudad, no parecían tan graves,  pues ya se sabe que, a diferencia de los testigos, los juristas no se entretienen en pelos y señales y demás groserías que son propias de plebeyos y gente que no sabe latines. Lo que temía más, eran los testigos.

Se le acusaba de que “no sólo malversaba, enajenaba, y disipaba las limosnas con que los fieles contribuían por devoción y caridad a Nuestra Señora, invirtiéndolas en su propio provecho, en el de sus parientes, manteniendo a unos en el propio Santuario sin destino, ni utilidad ninguna de éste, ya dándoles de las limosnas y frutos que colectaba, ya llevándoselas a sus propias casas; sino que también ha causado muy mala nota con el trato demasiado familiar y sospechoso con Raymunda N, Casera ó Ama que se trajo al Santuario, a quien hacía dormir en su propio Cuarto... lo que ha dado motivo a los Pueblos de la comarca a la mala opinión y concepto que han formado en la administración de las limosnas y bienes del Santuario...., de su poca prudencia y religiosidad con que administraba el Sacramento de la Penitencia.... y otras circunstancias, etc. etc... por lo que mandaba comparecer a declarar ante S.S.I. al Ermitaño, ó Ermitaños y demás Dependientes de la Casa que hubiesen vivido en ella en el tiempo en que fue Prior dicho D. Joseph Faro, y bajo la religión del juramento digan lo que supieren sobre estos particulares... mandó y firmo, de  que doy fe”.


Santuario de Nuestra Señora de Los Ángeles de Torreciudad.
Autor de la foto: Pedro Bardaji Suarez

Efectivamente, fueron los autos y las declaraciones de los testigos, lo que más incomodó a nuestro personaje, tanto por los detalles de su lujuria que detallaban las sirvientas ó mujeres que no habían consentido, que por lo que sabemos eran muchas,  como los testimonios abrumadores de sus ermitaños a los que tanto había maltratado y castigado, especialmente el de Antonio Franco, natural de Secastilla, que al menos una vez a la semana debía ir cargado como un burro y a pié hasta La Puebla para llevar las mercancías en que trapicheaba el Prior: velas, aceite, vino y otras mercancías que  con gran esfuerzo, recaudaban los ermitaños por esas tierras de Dios. Decisiva para su destitución fue “que en el Santuario mantenía a  siete parientes y una casera con su hijo, en gravísimo perjuicio del Santuario, pues les daba muy buen trato, sin embargo de ser poca la utilidad que de ellos resultaba, y que se ocupaban la mayor parte del tiempo en bailar y cantar y tocar instrumentos, y a los ermitaños, que eran los que llevaban el trabajo en hacer colectas de las limosnas por los Lugares y mantenían con ellas el Santuario, los trataba ásperamente cuando llegaban; y al declarante, en todo el tiempo que le sirvió, sólo le dio una chupa, un par de calzones, y otro par de alpargatas, sin darle más salario, ni dinero alguno en recompensa de su trabajo.”. etc. etc. En parecidos términos se expresaron los otros testigos, hombres y mujeres, incluido el alcalde y párroco de Bolturina, que omitimos por no sobrepasar los folios de esta colaboración ni poner más colorado, si esto fuera posible, al inculpado.

Celebración de la Misa en Santuario de Nuestra Señora de Los Ángeles de Torreciudad.
 Autor de la foto: Pedro Bardaji Suarez

Especialmente demoledor fue el testimonio de Joaquina Sopena, vecina de Artasona y que fue contratada para las labores de coser y limpieza del Santuario: La declaración de esta mujer, fluida y espontánea, fue directamente al grano:

Que por el mes de Septiembre del año antepasado, vino a dicho Santuario una mujer llamada Raymunda, natural de Puidecinca, casada en Labuerda, cuyo marido estaba,  por sentencia,  destinado al  Servicio de las Armas; Que  cuando vino dicha Raymunda a Torre-Ciudad, había en él varias gentes de Puidecinca y otros pueblos, a quienes oyó murmurar de que el Prior iba todo el día siguiendo por todas partes de la Casa a la mencionada Raymunda. Que dicho Prior Mosen Joseph Faro llamó a parte a la declarante, y la dijo que buscase medio de separar de la cocina y del patio a aquellas gentes para que no notasen qué tenía que hacer con la mencionada Raymunda. Que entonces la declarante tomó el pretexto de tener que barrer la cocina, y el Patio para que las gentes que allí estaban, se fuesen; Que hecho esto el dicho Prior Mosen Faro se retiró a su Cuarto con la Raymunda a la que vio salir de él, después de mucho rato, toda despeinada, componiéndose la red y pañuelo, y que de el Cuarto del Prior, vio que se subía a los Cuartos altos con mucha priesa y disimulo para que no la viesen...

Que  pasado algún tiempo, vino la dicha Raymunda a servir de Casera al Santuario, y que ésta tenía la cama en el mismo Cuarto de la Declarante, a la que mandaba el Prior después de cenar que se fuese a acostar, quedándose él con la Raymunda en la Cocina, ó en su Cuarto. Que la Raymunda solía acostarse unas noches a la una, ó las dos horas después que ella, que otras noches no subía, e infiere se quedaba en el Cuarto del Prior, porque habiendo llamado la Raymunda a la Declarante por un criado, para que bajase, y ejecutándolo, la halló en el Cuarto del Prior, en su cama, desnuda, muy alegre y risueña;...”

Interior del zaguán de la Ermita de Torreciudad.
 Autor de la foto: www.torreciudad.org

El caso es que, el 10 de Julio del mismo fatídico año de 1.796, desde su nueva Parroquia de Mediano, nos volvemos a encontrar a Mosén Joseh Faro, reclamando por lo judicial a su sucesor en Torre-Ciudad, D. Alberto Sampietro, el ajuar personal y privativo que había tenido que abandonar por la precipitada renuncia.

El auto le permitió recuperar sus bienes en el plazo de seis días. Estos se reducían a: “unas cortinas indiana histiada, dos almohadas llenas de lana, dos delante camas, uno de indiana, otro de xándula, una mesa con sus tapetes indiana, tres sillas mascobrá, doce sillas de anea, dos colchones, un estante para libros, dos cuadros, uno de San Ignacio y otro de San José, un burro y un cerdo”.

Después de todo, tampoco había robado tanto, pensó. Otra cosa eran los excesos de la carne que la edad, una mayor prudencia, ó por qué no, un sincero arrepentimiento, se encargarían de moderar en su nueva parroquia de Mediano.


Vista Aérea de Torreciudad en su entorno natural. 
Fotógrafo Jose Luis Nuñez. Piloto Viecente Brieba

COROLARIO Y ARREPENTIMIENTO
  
Como hemos dicho, este desagradable auto, especialmente condimentado con los testimonios de los testigos, no suponía más que una prueba “a posteriori”, de que el acto de renuncia al Priorato, instado por el Obispo, estaba bien justificado.


En cuanto a su actitud, tenía la piel de su cara  bien curtida y colorado lo había estado siempre como la garnacha de Secastilla,  por lo que, aparte de aguantar estoicamente el chaparrón, como quien da a entender un cierto arrepentimiento, nada podía alterar su ceño fijo, casi de cicatriz, de hombre del Somontano.

Vista aérea de Torreciudad. A la derecha,  el Santuario actual y a la izquierda, el antiguo.
Autor de la Foto: Serie Documental Aragón el Viaje Fascinante

Pueden consultar otros artículos sobre Torreciudad haciendo "clic" sobre los títulos siguientes:


ABADIADO DE CASTRO - 2 de 3 - LAS VISITAS PASTORALES DE LOS AÑOS 1.528, 1597 Y 1.699

ABADIADO DE CASTRO (2 de 3)

2) LAS VISITAS PASTORALES DE LOS AÑOS 1.528, 1597 Y 1.699

(Autor: Antonio Torres Rausa)

Este trabajo se publicó en 2 entregas en el periódico "Diario del Alto Aragón". La fecha de publicación de los artículos fueron: domingo 1 de mayo  de 2002 y domingo 26 de mayo de 2002.



LAS VISITAS PASTORALES DE LOS AÑOS 1.528 y 1597

Los obispos como verdaderos rectores y pastores de sus diócesis, han tenido desde el siglo IV la obligación canónica de visitar sus parroquias una vez al año, y si la diócesis es muy extensa, al menos cada dos años. Esta era una obligación personal, salvo fuerza mayor, ó sede vacante, en cuyo caso era realizada por un visitador delegado del obispo ó del cabildo en su caso. Como se comprenderá, por pequeña que fuera la diócesis, si deducimos los meses más inclementes y las principales festividades del año, en que el Obispo debía presidir la liturgia en la catedral, eran muchos los días del año en que al obispo y su séquito, por lo general, un notario, un fiscal y un nuncio, se les podía encontrar con sus mulas y carruajes, por los peñascosos caminos de la vieja Ribagorza.

 Cada viaje era preparado concienzudamente y era avisado con doble carta, una para el párroco, no estuviera ausente, y otra para los jurados del pueblo a fin de asegurarse un buen alojamiento que no siempre coincidía con las abadías. El cuestionario por lo general era común a los distintos pueblos programados en el viaje y respondía a las preocupaciones del obispo: conductas de los curas, estado material de las iglesias y objetos del culto, abadías, cementerios, libros parroquiales, testamentos, etc. Por todo ello cobraban los visitadores unos derechos que se llamaban de dieta, de pila (por la visita a la pila bautismal), de testamentos, de sepultura, etc. que les permitía sobradamente sufragar los gastos de desplazamiento y que se anotaban en un libro paralelo al de la visita.

Analizadas desde hoy las visitas pastorales, constituyen un valioso testimonio de la vida de aquellos pueblos, muy centrada por cierto en la iglesia, su liturgia, las celebraciones importantes de sus vidas, presididas por el clero desde el bautismo hasta la muerte. Puede decirse que la iglesia y lo que acontecía en ella, era lo único de importancia y de relieve que pasaba por sus anodinas vidas, nacidas para sufrir, trabajar de sol a sol, desde los 4- 5 años hasta  el fin de sus días que, por término general, ocurría antes de los 60 años. El tener un retablo con imágenes de santos, diablos ó ángeles con que llenar su necesitada imaginación ó un buen juego de campanas en lo alto de la torre, para guiar al perdido en las noches más obscuras, levantar el ánimo en un bandeo festivo ó modular los sentimientos tristes en el toque de difuntos,  eran necesidades que debían ser aseguradas por el Visitador, y por supuesto, entraban en los cuestionarios de las visitas pastorales, como en la que se hace en 1.597 a La Puebla conminando a los Jurados de la villa a que, en el plazo de un año, concierten un retablo para el altar mayor. Fue precisamente el 25 de Julio del año 1.597 cuando el Visitador Carolus Muñoz, Dei Apostólica Sedis Gratia Barbastrensis,  visitó la parroquial de San Román de Castro y de La Puebla, aneja a Castro. Entre otras cosas, manda al Abad, Vicario y racioneros de Castro que en los tres dichos lugares (Castro, La Puebla y Barasona) enseñen cada Domingo la doctrina cristiana y que hagan guardar las fiestas y cumplir con el precepto de ir a misa. Pero lo que el Visitador subraya con tinta roja es que no se entiende que los de La Puebla de Castro sigan sin tener un retablo en el altar mayor, tal como había ordenado hace un año. Por lo cual conmina a los Jurados y primicieros de dicho lugar a que en el plazo de un año concierten con un maestro un retablo cuyo proyecto, traza y formas él deberá aprobar, bajo pena de cincuenta escudos. Este sería el anterior retablo que hubo en La Puebla y que desapareció, no se sabe como, al traer de Castro el actual, sin duda de mayor calidad.
Hay que destacar en esta visita, que se ordena arreglar la pila bautismal de Castro, poniendo un vaso por dentro y una carroza a modo de tapadera. A la vez se ordena a los jurados y primicieros se compre unas crismeras de plata (las actuales que se conservan) para La Puebla y una horquilla de plata.


Sesenta y nueve años antes, en el mismo mes de Julio, concretamente el 16, del año 1.528 llegaba a Barasona la esperada comitiva presidida por Don Jacobus Maqull, Visitador Apostólico delegado del Cabildo de Lleida, a la sazón, sede vacante, y a cuya diócesis pertenecían la mayor parte de los actuales pueblos de la Diócesis de Barbastro, todavía no erigida. Serían, poco más ó menos, las 8- 9 de la mañana. No habían madrugado mucho ya que el día anterior habían visitado los pueblos de Aguinaliu, Castarlenas y Pueyo, donde habían dormido.

El programa de la visita ya se lo había anunciado al Abad de Castro, D. Francisco de Riazuelo, y a los jurados de La Puebla. Primero harían la visita a Barasona, luego la de Castro y, finalmente, la de La Puebla, donde pasarían la noche ya que la abacial de Castro se encontraba bastante deteriorada, como ellos mismos comentan en el resumen de la visita. Al día siguiente, 17 de Julio, cumplirían con Volturina, Obiergo y Sequastella. Los días de Julio eran largos lo cual unido a una buena organización del itinerario, les permitía hacer tres pueblos en un día.


Foto de Barasona antes de ser inundada por el Pantano
Comienza con la visita a Barasona, y dice que la iglesia está dedicada a San Sebastián y servida por un vicario, cuyo nombre es ilegible, pero lo suficiente para saber que ya entonces tenía cura residente, aunque dependiente del Abad de Castro. Esto no ocurría con La Puebla que era atendida, lo mismo que Peraltilla (la actual Casa Peralta), por unos Racioneros que vivían en Castro. El visitador dice que es una parroquia sufragánea de la de Castro y halla todo correcto, el campanario y sus dos campanas, así como el cementerio que se halla a la salida del pueblo, debidamente cerrado y cercado. Es una iglesia de poca importancia ya que no tiene otros altares y “beneficios”, por lo que poco más hay que comentar. No obstante, en el libro de visitas, aparece con título propio, no así la visita a La Puebla que aparece como apéndice de la de Castro, eadem diari personarum”, ya que efectivamente era en Castro donde residían el Abad y los Racioneros que atendían La Puebla y Peraltilla (La actual Casa de Peralta).

De Castro dice que la iglesia está dedicada a San Román, y está presidida por D. Franciscus de Riazuelo el cual no es sólo rector sino Abad. Del espléndido retablo (hoy en La Puebla) dedicado a San Román y que había sido pintado hacía unos 28-30 años, probablemente a instancia de alguna anterior recomendación pastoral, no dice mas que “visitó el altar mayor y lo encontró adornado con todo lo necesario y bastante decentemente”, lo cual no nos debe extrañar ya que para entonces esta monumental obra no era más que un conjunto de cuadros con la historia de la Pasión y la vida heroica de San Román para ejemplo de las cuatro casas que había en la aldea. “Invenit illud ornatum omnibus necessariis satin decenter” Casi nada, que diría un coleccionista de arte.

Por el contrario, y curiosamente, al hablar del altar mayor dice que hay un beneficio, bajo la invocación de San Román y cuyo beneficiado es Bernardus Juan Sierra, el cual no está presente y tiene de rentas cien sueldos con la obligación de celebrar en dicho altar 20 misas por los fundadores del Beneficio que son la familia Falena.  Una forma de vincular a la tierra y a la carrera eclesiástica a los hijos, las familias pudientes, como probablemente sería la familia Falena, dejaban en testamento una cantidad de dinero adscrita a una fundación o beneficio de modo que se beneficiasen determinadas personas, por lo general los hijos, induciéndoles así a la carrera eclesiástica, a la vez que se aseguraban con sus oraciones un tranquilo descanso en el más allá. Bernardus JuanSierra sería el beneficiado y aunque ausente, al menos 20 días debería estar en Castro para celebrar las respectivas misas y poderse llevar los cien sueldos, cantidad con la que entonces se podía comprar 34 gallinas y que equivalía a 20 sueldos ó jornales de un peón.

Visitó el delegado episcopal otro altar dedicado a San Miquel, el cual estaría adosado al muro de la epístola. En este altar había un beneficiosub eadem invocatione” cuyo beneficiado era Salvador Angulo, presbítero ausente, el cual tenía por rentas  diez libras (aproximadamente 700 sueldos), debiendo celebrar en dicho altar sesenta misas. Este mismo altar tenía otro beneficio, bajo la invocación del Beato Albino y cuyo beneficiado era el Venerabilis Miquel Calvera, presente en Castro, el cual tenía de rentas diez libras y entre otras cosas que no se leen bien, cuatro casas que el visitador halló convenientemente conservadas, con la obligación de celebrar sesenta misas. Por lo que se ve, este altar era una mina de oro y la mayoría de las casas de la aldea pertenecerían al venerable Calvera, por cierto apellido que aparecerá posteriormente en Barasona y que ya existía en La Puebla en el famoso censo de 1.495. En la actualidad, del apellido Calvera no queda en La Puebla más que el topónimo “la baseta de Calvera”. Los otros apellidos de Santaliestra y Juan Sierra quedan patentes en sendas casas del pueblo.

Del resto de la visita, se destacan dos grandes lámparas que ardían frente al altar mayor, el cementerio que lo halló debidamente cerrado y el campanario en el que halló tres campanas, debidamente conservadas. La abadía, ya hemos dicho que la encontró  indigente” por lo que la mandó restaurar bajo pena de diez libras.
Destacamos la noticia que nos da del cementerio, debidamente cerrado, y que debemos situar junto al muro sur de la iglesia, en donde hay abierta una puerta por donde bajarían a los muertos desde el interior de la iglesia.

Respecto a personas y dignidades dice el visitador que hay en Castro cuatro dignidades, ademas del Abad, que son: Dominus Juan Sierra, dominus Calvera, que sirve Volturina, Manuel Santaliestra y Romualdus Santaliestra, que cuidan de la iglesia de Castro, de la villa de La Puebla de Castro, de Barasona y de Peraltilla.

A continuación habla de las relaciones económicas entre Abad y racioneros.



LA VISITA PASTORAL DE AÑO 1.699 Y OTROS DOCUMENTOS
             

Las visitas pastorales que los Obispos hacían a sus parroquias por imperativo canónico, se debían hacer una vez al año, con un cuestionario más ó menos standard y que casi siempre respondía a conductas y cosas materiales. Pero cuando se enteraban, por una acusación, de que algún cura no cumplía con sus obligaciones canónicas, sobre todo, sus obligaciones derivadas del celibato, la actuación era rápida y fulminante. Podrían aprender de esta forma de actuar, muchos monseñores de hoy que por tapar conductas reprobables de sus clérigos han tenido que enfrentarse incluso con la justicia secular.

La visita pastoral la efectuó a La Puebla de Castro el día 20 de Febrero de 1.699,   Don Joseph Martínez del Villar, por la Gracia de Dios, Obispo de Barbastro. Respondía a una acusación efectuada por el fiscal de la Diócesis, el Reverendo Emanuel López, que “dijo y alegó que en la Iglesia Colegial de la Villa de La Puebla de Castro y San Román de Castro hay una gran necesidad de visita y así mismo a los Abad, Racioneros, Vicario y Beneficiados de la Iglesia Colegial, por no cumplir aquellos con las obligaciones que tienen de sus beneficios.....para corregir y castigar sus operaciones y modo de vivir y examinarlos de su idoneidad y suficiencia......  La acusación es genérica pero ya se encargará el obispo de concretarla en el edicto que manda al Capítulo de La Puebla para que sea publicado en la primera misa de precepto que se celebre en la colegial y que, visto desde hoy, nos llama la atención por su claridad y valentía.

El edicto dice así: “Nos D. Joseph Martínez del Villar, por la Gracia de Dios.....etc. etc. sobre todo Juez Apostólico Delegado en las causas de visita...a todas y cualesquiera personas, así eclesiásticas como seglares de cualquier estado, grado ó condición sean a cuya noticia de abajo contenido...os exhortamos y amonestamos bajo las penas puestas por derecho que todo lo que supiereis ó hubieseis entendido algunos de dichos crímenes ó excesos...lo manifestéis ante Nos dentro del tiempo abajo señalado, especialmente si sabéis ó habéis entendido que no se digan y celebren los aniversarios y misas de tabla que hay fundados en esta Iglesia Colegial de Beneficios y Capellanías con el orden y cuidado que se debe. Item si sabéis ó habéis entendido que por culpa del Abad, Racioneros y Vicario de esta colegial, se haya muerto algún parroquiano sin recibir los Santos Sacramentos ó que haya dejado de visitar los enfermos consolando y exhortándolos a que dispongan en tiempo las misas concernientes a descargo de sus conciencias, ó que no les hayan ordenado sus testamentos habiéndoselo pedido, ó que no acudan a ayudar a buen morir a los enfermos, como tienen obligación ó que no declaren  al pueblo el evangelio los Domingos y Fiestas Principales, ni enseñen a los niños la doctrina cristiana...ó que pidiéndole entre el año algún parroquiano le confiese y comulgue no lo haya querido hacer. Item si sabéis que los Abad, Racioneros, Vicario ó Beneficiados sean causa de algunas riñas ó disensiones, si han jugado públicamente con escándalo a los dados, tablas, naipes, pelota, ó, otros juegos, ó si han sido tratantes ó entendido en otros oficios y ejercicios que desdigan el hábito sacerdotal....Item si sabéis que hayan vivido ó viven deshonestamente teniendo conversación con personas sospechosas entrando en sus casas ó consintiendo que ellas entren en las suyas de suerte que de su trato y de las frecuentes entradas y salidas de los unos en las casas de los otros, haya murmuración y verdadero escándalo, ó que se tengan en su servicio mujeres sospechosas..

..Y porque todo lo dicho resulta de gran daño al Pueblo....os amonestamos  y exhortamos bajo las penas puestas por derecho que si algo supiereis ó hubierais entendido de lo arriba dicho ó de otros cualesquiera vicios, lo vengáis a denunciar ante Nos y en nuestro Palacio episcopal de Barbastro en quince días naturales........Y que esto lo mandamos a vos el Vicario de la Colegial de La Puebla de Castro y a cualesquiera de sus presbíteros de esa diócesis que el primero día festivo ó en cualquier otro lo publiquéis en dicha colegial el presente edicto y de dicha publicación nos hagáis relación al pié de la presente...........

En nuestro Palacio episcopal de Barbastro el veinte del mes de Febrero del año de mil seiscientos noventa y nueve. Joseph Obispo de Barbastro.”


Al pié del edicto consta. “Ago verdadera relación el abajo firmado como he publicado el presente edicto al tiempo del ofertorio de la misa conventual en veintidós de Febrero del año mil seiscientos noventa y nueve en la Colegial de La Puebla de Castro. Mosén Ildefonso Ferrer  Vicario de La Puebla de Castro”.

Las desviaciones y excesos del clero de La Puebla no debían ser infrecuentes si tenemos en cuenta su número, su fuerza como colectivo y las complejas relaciones económicas que mediaban entre Concejo, Abad y Racioneros. En el año 1.699, para una población que no alcanzaba los 600 habitantes, el Colegio presbiterial está formado por el Abad y por tres racioneros, Juan Gudal, Jaime Janbel y Rafael de La Casa.

Las disensiones entre el propio Capítulo eran casi siempre por la complejidad de sus relaciones económicas. Ya en la visita pastoral del año 1.571 que comentamos en otro capítulo y por una sentencia arbitral del año 1.573 que se conserva en el archivo de la diócesis de Barbastro, sabemos que el Abad D. Francisco de Riazuelo estaba  obligado a dar de las rentas de su abadiado “por cada año y perpetuamente a los dichos bayles, consejo y jurados y universidades del dicho lugar de La Puebla  cien sueldos jaqueses en cada año, pagadero por el día de San Martín, y un caíz de trigo, bueno, limpio y mercadero, ...y medio caíz de segaltrigo, bueno, limpio.. y un nietro y medio de vino... todo pagadero por el mismo día de San Martín, y esto ab aeterno, para siempre jamás.” Todo esto irá a cargo de la Abadía y será el mínimo de subsistencia para pagar al Racionero que se haga cargo de La Puebla, siendo todo lo necesario que excediere a estas cantidades por cuenta del Concejo.

Si complejas eran las relaciones económicas con un solo Racionero, imaginémonos la época que comentamos en la que había tres Racioneros. De una época algo posterior, año 1791, tenemos la “Nota de los Beneficios, Capellanías y servicios que hay fundados en La Puebla de Castro” y que nos sitúan en el contexto que comentamos. Las disensiones que surgían entre Abad y Racioneros venían de la obligación de aquél de dar al conjunto de los tres Racioneros, 16 cahices y medio de trigo, 17 nietros de vino y 6  escudos, todo ello a cargo de los diezmos.

Por la respuesta que el Abad, D. Francisco Lacasa, dio al cuestionario presentado por el obispo en 1.818, sabemos que “los diezmos los percibe el Abad y los (cuatro) Racioneros, y éstos tienen la décima de cuatro casas, y además de esto paga el Abad a dichos Racioneros cuatro cahices y medio de trigo a cada uno, y cuatro nietros de vino, y al Vicario de Barasona cuatro cahices de trigo, cuatro de mixtura y ocho nietros de vino. Se paga la décima de pan, vino, aceite, cebada, corderos y cáñamo. No hay casa privilegiada” (excusada, es decir, reservada al Rey).

A parte, había que repartir los derechos derivados de novenas, misa conventual, entierros etc. cuya normativa compleja y prolija quedó definitivamente plasmada en el año 1.777 en el “Lucero de las costumbres, estilos y observancias de la Iglesia Colegial de La Puebla de Castro”, un modelo de regulación minucioso y prolijo que pondría fin a las permanentes disputas entre el propio clero y jurados.

Con respecto al incumplimiento con las obligaciones de los aniversarios según los Beneficios y Capellanías, el problema era el siguiente. Los Beneficios eran una especie de fundaciones que afectaban las rentas de un capital mobiliario ó inmobiliario para efectuar un determinado número de misas a favor del fundador de la capellanía. Como es natural, con el transcurso de los años y la inflación, un beneficio podía no generar los suficientes intereses ó rentas, por lo que el capellán que ostentaba el beneficio dejaba de cumplir con la obligación. Hay que señalar que sólo el Obispo podía reducir ó modificar las condiciones del Beneficio, lo cual ocurría siempre a instancia del beneficiario cuando las rentas no compensaban las obligaciones.

Es así mismo interesante anotar la obligación que, según el edicto, tenían los sacerdotes de asistir en los testamentos a los que eran requeridos, como verdaderos notarios que eran, y su influencia en el descargo de las conciencias de los causantes que, con frecuencia, dejaban sustanciosas sumas para misas.

Del celibato queda patente en el edicto la importancia que se daba incluso a las formas externas, de modo que si no castos, al menos debían ser cautos, aunque el obispo no limita la acusación a las puras apariencias externas.







¡¡ ÚLTIMAS PUBLICACIONES EN EL BLOG !!

Gifs Animados - Imagenes Animadas

¡¡ VERÁ QUE INTERESANTES...

NO SE LAS PIERDA !!







http://puebladecastro.blogspot.com.es/