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MONAGUILLOS DE LA PUEBLA DE CASTRO, AÑO 1967 - FOTO

Foto de Eugenio Cama Permisán de Casa Nasarre de La Puebla de Castro.

Esta foto formó parte de la Exposición de Diapositivas de Eugenio Cama Permisán inaugurada el día 16 de Noviembre de 2019, en el marco de la Feria de San Román de La Puebla de Castro, que permaneció abierta al público hasta el día de Reyes de 2020. Impulsó el proyecto y comisarió la ExposiciónAurora Mur Sánchez.

La diapositiva fue cedida para la muestra y su posterior divulgación por D. Juan Antonio Besoli Permisán, primo hermano de Eugenio Cama Permisán. 

La Exposición fue posible gracias a la colaboración de los Informadores Turísticos Locales, la Asociación Cultural de La Puebla de Castro y el respaldo del Ayuntamiento y de la Diputación de Huesca que digitalizó el material y prestó los marcos para la misma.

- Clique sobre la fotos para disfrutarla a mayor tamaño -

Monaguillos y Mosén Antonio delante del Mesón de La Puebla de Castro, junto al Seat 600 de Eugenio Cama Permisán. De izquierda a derecha:     Francisco Vidal Carruesco, Pacón de Casa Carrasco;    Juan Bruballa Torres, Juanito de Casa Giral;    Mariano Serena Samitier de Casa Borbón;    Antonio Durán Portella de Casa Campón;    Román Carrera Blanco de Casa Román de Giral;    Mosén Antonio Olivera Labazuy. Año 1967. 


Si desea ver las fotos de la Exposición de Eugenio Cama Permisán clique sobre los Títulos siguientes:

 

 

EL ANÍS DE LA MEDALLA

FÁBRICA DE ANÍS DE LA MEDALLA EN LA PUEBLA DE CASTRO



Autor del artículo: Vicente Burrel Guillén
Escrito el mes de Julio de 2013. 

Publicado en el Libré de Fiestas de La Puebla de Castro del año 2013



En La Puebla de Castro, junto a la fuente de Santa María se encontraba la Fábrica de Anisados, fundada por D. Anselmo Pueo Cavero. Y a su lado, la parada de la diligencia o coche de línea, que como único servicio de pasajeros de Graus a Barbastro, tenía parada obligatoria en La Puebla de Castro, a 8 kilómetros de Graus. Sería posteriormente, en el año 1904 cuando se construyó el actual Mesón, con este producto, el Anís, a la vista y consumo de los visitantes.

El Mesón de La Puebla de Castro. Autor de la foto: Pedro Bardaji Suarez.
En la Exposición Universal de París de 1878, en el stand de España, se presentó el Anís fabricado por D. Anselmo Pueo en La Puebla de Castro. D. Joaquín Costa y Martínez, comentó en uno de sus libros que le tocó a él, con veintidós años, quedarse como único representante del stand de España. Los cuatro o seis caciques que consiguieron viajar gratis a esta Exposición Internacional, aprovecharon para pasarse un mes de juerga, mientras dejaban al joven Joaquín Costa todo el día solo al frente de la representación hispana, atendiendo a los visitantes. 
 
Exposición Universal de París de 1879, en la foto, el Palacio del Campo de Marte construido en la Plaza del Trocadero; a su entrada se mostró la cabeza de la Estatua de la Libertad.

De modo que allí, en la Exposición Universal de París, estuvo el Anís de La Puebla de Castro promocionado en exclusiva por el inconmensurable D. Joaquín Costa. Anís que fue agraciado con la Medalla de Plata, para orgullo de la Comarca y en principal para nuestra Villa. Y fue el mismo D. Joaquín Costa quien, haciendo de ilustre portador, entregó el premio a D. Anselmo Pueo y a su familia.

Vicente Burrel Guillén, del Mesón de La Puebla de Castro, con la Medalla de Plata de la Exposición Universal de París de 1878 que le concedieron a su Bisabuelo Anselmo Pueo Cavero, por la calidad del anís que fabricaba en La Puebla de Castro. A partir de ese premio el anís fue denominado “Anís de la Medalla”.

A partir de ese momento, al Anís premiado, se fabricó con la marca comercial de “Anís de la Medalla”, con un prestigio y solicitudes del producto a nivel nacional. Un año, la familia de D. Anselmo Pueo, llegó a importar seiscientos litros de alcohol de calidad a Francia, en un esfuerzo por continuar la producción del “Anís de la Medalla.

Anverso de la Medalla de Plata de la Exposición Universal de París de 1878 que le concedieron a Anselmo Pueo Cavero, del Mesón de La Puebla de Castro, por la calidad del anís que fabricaba en dicho pueblo.

Este famoso Anís fue reconocido con dos importantes premios: la medalla de plata en la Exposición Internacional de París de 1.878, y Diploma en una exposición regional de Zaragoza.

Reverso de la Medalla de Plata de la Exposición Universal de París de 1878 que le concedieron a Anselmo Pueo Cavero, del Mesón de La Puebla de Castro, por la calidad del anís que fabricaba en dicho pueblo.

La hija de D. Anselmo Pueo Cavero, llamada Dª Josefa Pueo, casó con D. Vicente Burrel Sarrado, de este matrimonio nació D. Vicente Burrel Pueo que casó con Dª Trinidad Guillén Enjuanes, y fruto de éste enlace nací yo, D. Vicente Burrel Guillén, quien conservo con orgullo la famosa Medalla de plata que le fue concedida a mi bisabuelo y que puede apreciarse en las fotografías con las que ilustro este escrito.

El Mesón de La Puebla de Castro. Autor de la foto: Pedro Bardaji Suarez.

ADIÓS A UN AMIGO. EN MEMORIA DE VICENTE BURREL GUILLÉN.

Vicente Burrel Guillén

2 de marzo de 2015. 
Se nos ha ido, con 89 años de edad, Vicente Burrel Guillén, un amigo.



Autor del artículo: Pedro Bardaji Suarez 








En los últimos años tuve ocasión de disfrutar de la amistad de Vicente Burrel Guillén, “El Mesonero” o “Tío Vicente” como cariñosamente le llamábamos los de mi generación.  

Nacido en El Mesón de La Puebla de Castro el 17 de febrero de 1926 y bautizado en la Iglesia de Santa María bajo la advocación de Nuestra Señora del Camino Fuero, llegó a ser un importante e influyente prócer de La Puebla de Castro. Entre sus negocios regentó “El Mesón”, un patrimonio agrícola, una granja y matadero de pollos, y gestó el embrión de la gran empresa local que actualmente es Copima.

A este hombre trabajador, emprendedor, de visión de futuro, yo lo he conocido ya jubilado, con algo más de tiempo disponible. Resaltaba su imagen pulcra, cuidada presencia personal y un saber estar, con gestos de humildad propios de las grandes personalidades.

Es bien sabido que una amistad se sostiene minimizando las faltas y cultivando los detalles. Con Vicente no he tenido faltas que pasar por alto y los detalles fueron continuos.

A pesar de nuestra diferencia de edad, hemos estado encantados, el uno con el otro, de habernos conocido. ¡Cómo echaré en falta nuestras charlas, siempre escasas, a la salida de misa, sentados en el banco de Olivera del portal, junto al fuego en la falsa de Casa Romeu, durante alguna que otra excursión…! Gustábamos de intercambiar libros, nuestras reflexiones de vida y nuestros escritos.

Me decía “puesto que estamos vivos, vivamos”. Y Vicente vivía, ya lo creo, recordando el pasado sí,  pero sobre todo adaptándose al presente. Era admirable verlo a su edad, 89 años, usando las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación. Utilizaba el ordenador para escribir sus reflexiones, memorias y ensayos, y seguía la prensa diaria por internet. De cuando en cuando enviaba correos electrónicos poniéndome al corriente de sus últimos escritos o sugiriéndome un imprescindible y crucial artículo que consultar en la red.

Inventor empedernido. No podía evitar que su mente focalizara continuamente la búsqueda de soluciones. A veces el remedio estaba ya inventado, pero él disfrutaba diseñando artilugios y fabricándolos en su taller o con la ayuda de amigos artesanos. Últimamente estaba ilusionado con patentar un espectacular y eficaz diseño de asador de carne.

También era tozudo, ya lo creo, fiel a su raíz aragonesa. Sus convicciones las defendía contra todo y contra todos. Había dirigido sus opiniones, su reconocimiento y también sus críticas a altos cargos de la política, incluida la Casa Real de España,  y a destacados miembros del arte y la cultura.

Gran defensor del estilo epistolar. Pienso que no habrá ningún miembro de su amplia familia, ni de sus amigos, que no haya recibido una de esas extensas y entrañables cartas de Vicente.

Solía firmar algunos de sus escritos con el seudónimo de “la oveja negra”. Recuerdo su carcajada y su abrazo cuando le regalé la viñeta que expongo a continuación. Vicente la miraba, se reconocía en la misma, volvía a mirarme a mí y con la palma de su mano me propiciaba un cariñoso y cómplice golpe en el hombro.


Y el folclore y la música. Fue maestro de canto. Su órgano, sus jotas… vivía envuelto en melodías.

Me hablaba del pasado, de historias que le había contando su abuelo, que a su vez recordaba las que le había contado el suyo. Conversando con Vicente alcanzaba 5 generaciones atrás; las podía tocar a través de él. Cuando una persona así se va, perdemos el acceso a un ingente registro de memoria. Por eso es tan importante escuchar a nuestros mayores y recoger en escritos sus recuerdos.

Este hombre de negocios, intelectual, defensor del clan familiar por encima de las diferencias, fue consciente de que sus días en este mundo tocaban a su fin. Hombre de iglesia, de firmes convicciones católicas, creía en la continuidad de la vida tras la muerte. Sus últimos comentarios me evocaron los versos siguientes de Santa Teresa de Jesús:

Quíteme Dios esta carga,
más pesada que el acero,
que muero porque no muero.
Sólo con la confianza
vivo de que he de morir,
porque muriendo, el vivir
me asegura mi esperanza.
Muerte do el vivir se alcanza,
no te tardes, que te espero,
que muero porque no muero.”

En nuestra última conversación Vicente  me dijo, “Perico, esto va muy rápido, mi tiempo ya se ha cumplido, pero no te preocupes que no me da ningún miedo la muerte, tengo ganas de reunirme con los seres queridos que están en el otro lado, tengo mucha curiosidad por ver lo que hay allí”. Me dictó unos versos en los que había estado trabajando para incorporarlos al himno de la Virgen del Camino Fuero y nos despedimos; versos que a continuación transcribo:

Oh Virgen del Camino Fuero
que aquí impartes tu potestad,
dime el camino más recto
para llegar a la eternidad,
si el fuero juzgo de los romanos
o por el Castro de San Román.”  

Mi apreciado Vicente Burrel Guillén ya está viendo lo que hay al otro lado. Hasta pronto amigo.







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