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CONCIERTO DE ÓRGANO DE ANTONIO TORRES RAUSA EN LA PUEBLA DE CASTRO


"En memoria de nuestros antepasados"


Concierto de órgano de Antonio Torres Rausa 


Lugar: Iglesia Parroquial de Santa Bárbara de La Puebla de Castro

Día: Domingo 11 de agosto de 2024

Hora: 13:30 h.

Entrada libre hasta completar aforo

Programa:
  1. Vísperas de Edward Elgar (en memoria de nuestros antepasados): Adagio; Allegro.
  2. Festive Trumpet Tune. David German.
  3. Salut d'amour. Edward Elgar.
  4. Evensong. Easthope Martin.
  5. Maitechu mía. F. Alonso.
  6. Alma, corazón y vida. Adrián Flores.
  7. Libertango. A. Piazzolla. Esta pieza será interpretada por la organista Jimena Torres Maro.
  8. La Dolores. T. Bretón.
  9. Presto del Concierto V de Haendel.
  10. Sinfonía de la cantata 29 de J.S. Bach.

Cartel del concierto de órgano de Antonio Torres Rausa.

Antonio Torres Rausa con el órgano de la Iglesia parroquial de Santa Bárbara de La Puebla de Castro. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.

RECUERDOS DE INFANCIA DE UN CATALÁN: “RAMONITO DEL ZAPATERO”, EN LA PUEBLA DE CASTRO. AÑOS 50.

RECUERDOS DE INFANCIA DE UN CATALÁN: "RAMONITO DEL ZAPATERO", EN LA PUEBLA DE CASTRO. AÑOS 50.

Ramón Areste sopena


Ramón Areste Sopena, "Ramonito del Zapatero"

(Artículo publicado por Antonio Torres Rausa en el Diario del AltoAragón el domingo 3 de Noviembre del año 2002)






Este artículo fue publicado en el año 2002 cuando Ramonito todavía vivía. Ramón Areste Sopena murió en el año 2011.


     Escribir  sobre cosas que uno recuerda, es siempre escribir sobre uno mismo, lo que produce, siempre, un cierto rubor, que disminuye conforme uno se va haciendo mayor. Al final, llegas a la conclusión, que aquellas cosas que tenías tan en secreto en tu corazón, como muy personales y exclusivas, son tan normales y aún comunes que hasta puedes contarlas con la esperanza de que te entiendan.  Todo lo que se pueda decir de la Puebla de aquellos cercanos- lejanos años, se podría decir de cualquier pueblo, lo cual te hace pensar que lo único original y extraordinario es el tiempo que te ha tocado vivir, ó como dice Heidegger, que el ser es el tiempo. Todo lo demás, ya digo que puede ser reconocido por cualquiera que haya tenido la suerte de haber nacido en cualquier pueblo de Aragón y aún de España. Por eso las impresiones de un niño, nacido en una ciudad como Barcelona, que va a pasar los veranos a La Puebla en aquellos difíciles años de la postguerra, que duraron hasta los cincuenta, tampoco nos serán ajenas.


     “Me llamo Ramón Areste Sopena, ó así me conocen en Barcelona, donde nací  en Mayo de 1.944. En esta gran ciudad he vivido, me he casado y he constituido una familia.  Tuve la suerte de que mi madre, y mis abuelos, eran de La Puebla, de Casa el Zapatero, lo que me permitió, en aquellos largos y difíciles años de la postguerra, pasar la totalidad de los veranos  en este pueblo, e incluso un año entero, y porque no, sacarme el hambre que durante el curso escolar pasaba en la ciudad. No es que mis abuelos tuvieran más medios que mis padres, simplemente se trataba de que en la ciudad  todo estaba racionado y, en cambio, en el pueblo era tan simple como ir a la era a por un pollo, ó al huerto a por unas patatas. Bueno, al menos, eso es lo que me parecía a mí.

     El caso es que me reconozco más por Ramonito del Zapatero que por Ramón Areste y en cuanto  tal voy a contar algunos recuerdos de mi infancia en La Puebla. Todo lo de La Puebla imprime carácter, empezando por el nombre. Me llamo Ramonito del Zapatero porque mi bisabuelo fue el zapatero del pueblo, oficio que se transmitió a la casa in “saecula seculorum” aunque las últimas generaciones nada tengamos que ver con los zapatos.



A la izquierda, Ramonito del Zapatero, junto a él, su amigo Ismael de Yardo. Tras la chocolatada de las Fiestas Patronales en la que, con los ojos vendados, tienen que dar de merendar pan con chocolate al compañero. Foto del archivo de Manolito del Zapatero

     La vida en el pueblo para uno que venía de la ciudad era de alucine por la sensación de libertad que me producía. Me levantaba pronto, la abuela me daba una rebanada de pan con vino y azúcar, y camino de la escuela me encontraba con todos los que entonces y durante muchos años formamos una banda, a saber, mis primos Pepito y Esther, Ismael de Yardo, Ramonito Nacenta, Manolito del Carpintero, Juané, Toñito del Portal, Manolito Belló, Alberto Chandomingo y varios más que ahora no recuerdo. Año arriba ó abajo, todos teníamos la misma edad. Ibamos juntos a la escuela, al recreo, y a la salida, a jugar por las eras hasta la hora de comer. Luego, a la escuela y a las cinco, libre para ir a merendar pan con longaniza ó una sardina salada que se conocía con el nombre de “guardia civiles”, por lo tiesas que iban en las cajas. De nuevo a correr por el pueblo ó a las eras, hasta que se hacía de noche. Cenábamos pronto, para ahorrar luz y pronto también nos íbamos a la cama. Las noches de invierno, que son tan largas, íbamos a hacer velada a casa de un vecino con el fin de ahorrar leña. Luego, la visita se realizaba a la inversa. Como se cenaba muy pronto, en la velada se tomaba un piscolabis a base de carne de membrillo, una torteta ó algún postre que había preparado la anfitriona, mientras se contaban historias del pueblo al calor de la lumbre.

     En casa no había radio y sólo nos distraíamos con las habladurías del pueblo y los cuentos que contaba la abuela. El abuelo nunca decía nada, era muy serio pero muy cariñoso y compensaba con sus silencios la musiquilla constante de la abuela. Algunas veces me hablaba de sus andanzas por Francia, a donde había ido a vendimiar junto con otros trabajadores de La Puebla, allá por los años próximos a la primera guerra mundial. El Señó Joaquín, el abuelo de Toñito del Portal, iba a Nissan, mientras que mi abuelo vendimiaba en Bourg- Madame. Iban andando, sin papeles, sin dinero y casi analfabetos y con un  jefe de grupo, el Señó Joaquín que, además, era sordo. Cruzaban de noche el Portillón de Benasque para no ser descubiertos por los guardias fronterizos, para llegar a Bagneres de Luchón al clarear el día, donde se separaban hacia sus respectivos destinos. Cuando el Otoño tiñe de óxido los pámpanos de las viñas, ya estaban de vuelta en La Puebla. Se traían unos buenos francos e incluso injertos de una variedad de uva que se llama “Gabernet Sauvignon”, que hace un vino del color de la cereza. El Señó Joaquín incluso se trajo, al hombro, una bomba de bronce que pesaba al menos 60 Kg., con la que se trasegó durante muchos años el vino de  las bodegas de La Puebla, hasta el punto que al hombre le quedó el mote de “cal pompiá”. Peor fue lo que se trajo mi abuelo Ramón, que fueron sus ideas republicanas, las cuales le llevaron al exilio, precisamente en Bourg-Madame donde tuvo que quedarse con toda la familia dos años, a consecuencia de haber ganado las derechas las elecciones del 23.

     Durante todo el año la abuela criaba un cerdo. Lo compraban lechal, barato, y para su alimentación, en el hogar de fuego -se cocinaba con leña- había colgado de un gancho una perola de hierro a la que iban a parar todo lo que no se comía la familia, pieles de patata, panochas de maíz, salvado, los tronchos de la verdura, el agua de fregar los platos, todo. A este mejunje le llamaban pastura y todo el día hacía chup-chup en el fuego. Por la mañana ó tarde, según, se llevaba en un cubo al cerdo, se abocaba en un comedero y el gorrino se ponía como un quico.

     A mitades de Noviembre hacían fiesta grande con la matanza.  Preparaban en la era una especie de banco, cuchillos bien afilados, un gran fuego y mucho agua hirviendo. Agarraban al cerdo entre dos ó tres hombres fuertes y otro clavaba un gancho en la barbilla del cerdo y a rastras, en medio de unos berridos terribles,  del puerco, lo tumbaban en el banco y el matarife le clavaba el cuchillo en la garganta, haciendo que se desangrara.

     La fiesta de la matanza del cerdo ó del mondongo, era tan importante que aquél día los niños no íbamos a la escuela. El maestro y el cura lo veían con buenos ojos ya que era obligado llevarles un presente que, como puede imaginarse, consistía en las mejores excelencias del cerdo. El rabo y la vejiga eran para el más pequeño de la familia. Con la vejiga, una vez inflada, jugábamos al fútbol a falta de balón y el rabo me lo asó mi abuela para un desayuno que recordaré siempre.

     En el pueblo pasé un año estupendo. Recuerdo que iba a la escuela, en la que sólo había una habitación y en la que estaban todos los alumnos, grandes y pequeños. Era una sala grande en la que al fondo había una especie de tarima con la mesa del maestro, un mapa de España colgando de la pared, otro de Europa de antes de la segunda guerra mundial, con una Alemania sin dividir, un crucifijo y las dos fotos obligatorias, tamaño poster, de Franco y José Antonio. (1)

     El maestro daba clases por turno, primero y más rato, a los mayores, y después y ayudado por los grandes, a los pequeños. Allí aprendí bastante, pues dentro de lo que cabe, la educación era buena.

     Aún recuerdo que un día, estaba sentado en un pupitre de aquellos de madera con banco incorporado y con tapa de madera inclinada para escribir y que cerraba un cajón para guardar los libros, cuando vi en el pupitre de delante a Cirilo, un chico de casa bien (2), de 9-10 años, que estaba sacando punta a un lápiz con una hoja de afeitar y le pregunté: “Qué haces con la gillette?” Se lo dije pronunciando la gi de Girona, una sola l y terminando en t. Entonces me miró con cara de mala leche y me contestó “joder con los catalanes, sólo falta que vengan a enseñarnos a hablar. Se dice gillette -con gi de Gijón, doble ll y tte-. Todos sois igual de cabrones” este fue el único problema que tuve con el idioma. Así acabó la bronca y aunque siempre hemos sido amigos, recuerdo la anécdota muy significativa de toda una época.

     A pesar de que había una gran estufa de leña que siempre estaba encendida y con las paredes al rojo vivo, en la escuela hacía mucho frío. Dentro íbamos con abrigo y con las mismas prendas salíamos al recreo a la era Andrés, donde a base de dar patadas al balón entrábamos en calor.  Cuando teníamos necesidad de ir al retrete, aunque en la escuela había uno con tabla y agujero de caída libre, el maestro nos mandaba a lo que se llamaba “las casas espaldadas”, que era un trozo de pueblo derruido donde se echaban las basuras. El maestro, que por lo que ahora pienso debía ser un maricón integral, tan pronto nos baldeaba el culo hasta que no podíamos sentarnos, como nos achuchaba a besos como arrepintiéndose del destrozo. El caso es que aprendimos mucho y, al final, nos protegíamos el culo poniéndonos la cartera debajo del pantalón.

Moto B.S.A. año 1950

     Los Domingos por las tarde, salíamos a la carretera a vigilar a los novios que salían a pasear ó a lo que las circunstancias permitiesen. Además, de tanto en tanto, pasaba un coche lo cual no dejaba de ser noticia. A este respecto, recuerdo que un día, Paquito de Tellé y su amigo Pepe del Chalé, tendrían unos catorce años, sacaron a la carretera una “B.S.A.”(si no me equivoco, matrícula Z-2692) que había en casa Tellé, aprovechando que sus padres habían ido a Graus. El caso es que se quedaron sin gasolina y como no pasaban muchos coches, pararon al del Obispo de Barbastro, el cual les preguntó: ¿saben vuestros padres que estáis aquí con esta moto? A lo que les respondió Paquito: “No solamente  lo saben,  sino que nos estarán esperando ya preocupados para ir a coger almendras”. Entendiendo el Obispo que era una cuestión de urgencia, ordenó al chofer que les diese dos litros para sacarlos del apuro, y no se si les creyó del todo, pues el caso es que al llegar al pueblo la anécdota era ya de dominio público y a ambos les estaban esperando sus respectivos padres con un buen palo”.

Notas:

1) En muchas escuelas de la postguerra española, por desidia, falta de medios, ó por no querer reconocer la derrota de nuestra admirada Alemania, se seguían utilizando los mapas anteriores a la partición.
2) Era hijo de Casa Cirilo, la única tienda de La Puebla. Algún bromista en lugar de decir La Puebla de Castro, decía La Puebla de Cirilo.
Nota de Antonio Torres Rausa:Ramonito del Zapatero, que me ha enviado éstos y otros recuerdos de La Puebla, vive actualmente en Barcelona, y Paquito y Pepe, pese a no haber logrado engañar con catorce años a todo un Obispo, que era D. Pedro Cantero Cuadrado, el que sería Arzobispo de Madrid y Consejero del Reino, han llegado, como es lógico, muy lejos en sus respectivas negocios.

MISA DE PIO X - CORPUS CHRISTI 2012

CORPUS CRHISTI 2012. CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA. MISA DE PIO X.  LA PUEBLA DE CASTRO 
Domingo 10 de Junio de 2012

Autor del Artículo: Pedro Bardaji Suarez

Domingo 10 de Junio de 2012, un día especial de cultura, tradición y religión, un día para el recuerdo.

El Coro"Vexilla Regis" con Vicente Burrel. 
Autor de la foto: Pedro Bardaji
Antonio Torres Rausa, pianista y organista de la Seo de Zaragoza, tuvo la iniciativa, la voluntad  y la generosidad de organizar y ofrecer, de acuerdo con Mosén José Mairal, a su querida Puebla de Castro una Misa concierto en el día del Corpus.  

Autor de la foto: Fernando Martin Bravo
La celebración eucarística dio comienzo a las 13 horas en la Iglesia Parroquial.  El Coro ”Vexilla Regisdirigido por Ramón Sabaté Ibarz nos ofreció la Misa de Pio X a tres voces mixtas de Julián Vilaseca. Como Soprano solista disfrutamos de la deliciosa y sublime voz de Ana Isabel Serrano Osanz; al órgano le acompañaba  Antonio Torres Rausa. Durante el acto se grabó un disco en directo.

Emocionante la interpretación de la Soprano Ana Isabel Serrano. Elevó nuestros espíritus con el Ave María de Schubert e hizo vibrar el templo con el Himno a la Virgen del Pilar de Juan Lambert que, tras la Procesión del Corpus, sirvió de colofón al acto.

La Misa de Pio X se la dedicaron al Maestro Vicente Burrel Guillén.

Vicente Burrel y Ramón Sabaté. Autor de la foto: Pedro Bardaji

Finalizada la celebración eucarística, se ofreció un aperitivo a todos los asistentes en el Bar de la Sociedad


Tomando un aperitivo en el Bar de la Sociedad. 
Autor de la foto: Pedro Bardaji

Después de la comida, los participantes visitaron el yacimiento arqueológico de Labitolosa, teniendo el lujo de contar como guía al propio Antonio Torres.

Visitando Labitolosa. En el centro, haciendo de guía, Antonio Torres. 
Autor de la foto: Pedro Bardaji.

 

Incluimos a continuación tres archivos audiovisuales:
    
  • Un Video resumen de la Misa de Pio X y de la Procesión del Corpus
  • Dos Podcast (archivos de audio); el primero del Himno del Pilar , el segundo de la Misa completa de Pio X.
   

AUDIOVISUAL RESUMEN DE LA MISA de PIO X  y PROCESIÓN DEL CORPUS


FICHA TÉCNICA:
Coro:  Vexilla Regis. Director: Ramón Sabaté Ibarz. Soprano Solista:  Ana Isabel Serrano Osanz. Organista:  Antonio Torres Rausa. Celebrante: Mosén José Mairal Villellas
Organiza: Antonio Torres y Parroquia de La Puebla de Castro Mosén José Mairal Villellas
Folletos, Publicidad y Protocolo: Eva Altemir Benabarre, Anselmo Burrel Trell, Cincaprint y Pedro Bardaji Suarez
Realizador del audiovisual: Pedro Bardaji Suarez


Podcast del HIMNO A LA VIRGEN DEL PILAR de Juan Lambert
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Antonio Torres y Ana Isabel Serrano. 
Autor de la foto: Pedro Bardaji



FICHA TÉCNICA: 
Soprano Solista:  Ana Isabel Serrano Osanz. Organista:  Antonio Torres Rausa. Grabación: Pedro Bardaji Suarez


Podcast de LA MISA DE PIO X
Misa de Pio X a tres voces mixtas de Julián Vilaseca; Ave Maria de Schubert; himno a la Virgen del Pilar de Juan Lambert.


FICHA TÉCNICA:
Coro:  Vexilla Regis. Director: Ramón Sabaté Ibarz. Soprano Solista:  Ana Isabel Serrano Osanz. Organista:  Antonio Torres Rausa. Grabación: Pedro Bardaji Suarez

Folleto diseñado y distribuido por Eva Altemir y Anselmo Burrel.

BARASONA Y SU EXPROPIACIÓN EN 1927

BARASONA Y SU EXPROPIACIÓN EN 1.927


 


Autor: Antonio Torres Rausa

(Artículo publicado en el Diario del AltoAragón el domingo 19 de noviembre de 2000)




          Cuando todavía resuena el estruendoso eco de 400.000 aragoneses diciendo no al trasvase del Ebro, yo me acuerdo de aquella caravana de tartanas, mulas y caminantes que se manifestaron en la plaza de Barasona... Pero los riegos del Alto Aragón no regarían más que los del Bajo Aragón y amplias zonas del Pirineo, Mediano, Cancer y Barasona, serían finalmente sacrificados. Mal precedente nos dimos los aragoneses.

Barasona. Años 20 del Siglo XX.

          Cuenta Justo Broto Salanova que “fue a las 10 de la mañana del 17 de Octubre de 1.926 cuando se inauguraron las obras de la presa bajo Lumbierri. Era Domingo y dicen que lucía en un cielo azul un sol esplendoroso (a veces, la naturaleza hace guiños incomprensibles). Esta tarde, en la Casa Consistorial de Barasona, fueron convocados los vecinos por don Pio Rivera, síndico de la Confederación Hidrográfica del Ebro. Don Pio Rivera expuso las condiciones de indemnización, y no hubo más. El vecindario tenía tres años para marcharse. Quienes subieron a Graus se trajeron los escudos de Castro y de Pinós  (ver fachada casa Oncino en el Barrichós)  y la pequeña imagen antigua de la Virgen del Cepillo. De la ermita de San Sebastián se trajo - y formaría la clave del arco de entrada a Hilaturas del Esera, como capricho -, una cabeza de carnero de piedra, recuerdo de la cañada secular. Allá por el 20 de Septiembre de 1.929, las aguas del río desbordaban los parapetos de las huertas, cubrían los ciruelos, subían aún hasta alcanzar los pretiles de piedra del pueblo para mojar las alpargatas a dos ó tres rezagados perplejos e incrédulos.Ese día, bajo un sol espléndido, Barasona, el feliz pueblo de la baja Ribagorza, se sumergía lentamente bajo las turbias aguas de un presunto progreso y desarrollo económico de las tierras bajas de Aragón... ó  de España. Qué más da. La milenaria torre de la iglesia fue la última en despedirse.

          Barasona ocupaba el centro de una llanura ondulada en cerros suaves. Las casas, lo mismo que ocurría con La Puebla,  aprovechaban sus compactas fachadas de piedra y cal para formar una muralla  defensiva  que no le sirvió ante las traicioneras expropiaciones. Según Justo Broto, era un pueblo de colonización, creado por los conquistadores de la zona allá por el siglo XI. Nosotros, como veremos más adelante, le damos una antigüedad mayor.

Foto del Pueblo de Barasona con los escudos de los Castro y los Pinós en Casa Oncino
          Pueblo trazado a cordel en cuadrilátero perfecto, como si de un campamento romano se tratase, con calles rectas que salían de la plaza. Al este, de cara a Graus un portalón (ver fotografía) lucía el escudo de los Castro y el de Pinós (que luego se trasladaría a Graus) como recordatorio de que nos encontramos en plena baronía de Castro.   

Los escudos de los Pinós y los Castros trasladados a Casa Oncino en Graus
Alrededor, la rica huerta que aprovechaba los meandros del río Esera, estaba protegida con paredes contra las frecuentes riadas. Barasona producía cereal, lino, cáñamo para alpargatas, nueces, almendras, ciruelas para secar, vino (algo flojo), ovejas, abundante caza de conejos y perdices... De todo ello había estado siempre bien informado, años atrás y durante siglos, el Abad de La Puebla de Castro sobre cuyo pueblo tenía la jurisdicción del diezmo.

Plaza de Barasona con la Torre de la Iglesa al fondo. Años 20 del Siglo XX.
 
          En su origen, Barasona fue una iglesia sufragánea del Abadiado de Castro, cuyo Abad y Racioneros, desde su atalaya románica, cuidaban de la salud de sus almas. El censo de 1.553 le da una población de 8 vecinos, equivalente a unos 40 habitantes.  Según un documento de 1.573 (“El Abad de Castro contra los jurados de Barasona”, legajo 88 del archivo diocesano de Barbastro), el Abad de Castro, don Francisco Riazuelo y sus sucesores, debía pagar el día de San Martín, a cargo de las rentas del abadiado y para el mantenimiento del cura encargado de Barasona, tres cahices y medio de trigo limpio, bueno y mercadero y un nietro de vino negro, condenando a los habitadores de Barasona a pagar todo lo que costase de más el mantenimiento de un Presbítero, que debía ser un Racionero de los que estaban en Castro formando Colegio con el Abad y que por turnos  ó semaneros, bajaban por el antiguo camino del Soto, cruzaban junto al molino harinero del barón de Castro, en la partida La Ribera, y alcanzaban con relativa facilidad el pueblo de Barasona. Más costoso sería el regreso que, probablemente, lo harían por el actual camino de la Reguera hasta alcanzar el más plano que va desde La Puebla a Castro.

          A partir del año 1.622 el Abad de castro y sus Racioneros se bajaron  a La Puebla de Castro y, poco después, Barasona fue declarada Vicaría Perpetua de La Puebla, con cura propio e independiente en cuanto a jurisdicción, pero conservando el Sr. Abad de La Puebla el derecho al Diezmo  pero  no a la Primicia.

          Todavía a finales del siglo XVIII (“Decretales de La Puebla de Castro de 1.776”, archivo diocesano) Barasona  (ó Varasona, como se escribía entonces) paga al Abad de La Puebla “décimo de trigo, mixtura, ordio común, ordio marcal, abena, cárraon, mijo, vino, cáñamo, lino, pollos, cebollas y guijas, y no se pagan primicia de ningún fruto, pero se advierte pagan décima de corderos y cabritos, aunque en el día, por convenio dan dos reales por cada cordero de décima”. El Abad, por otra parte, está obligado a dar al Vicario de Barasona 20 escudos, 8 cahices de trigo, 4 de centeno, 4 nietros de vino y 4 cántaros.

          Pero el pantano, y sobre todo el barro, sepultaron celosamente otros muchos misterios que quizás los hombres de hoy no merecemos conocer por haber cometido ó permitido el crimen de la expropiación.

Calle de Barasona. Foto delos años 20 del Siglo XX.

          Bienvenido Mascaray, en su interesante libro “El misterio de la Ribagorza”, dice que Barasona es un “crinónimo”, esto es, el nombre de un crimen, el nombre de un pueblo feliz hasta principios del siglo XX, en que fue sumergido bajo las aguas del pantano de Joaquín Costa. Pero el alma sigue ahí, insepulta, ocultando su misterioso pasado.

Según el mencionado libro, la etimología de este pueblo, como la de otros tantos pueblos de alrededor,  (Juseu, Lombierres, Nabarri, Grustan, etc.)  viene del vasco: Baratz = huerta; on =buena; a= la. Barasona quiere decir “La buena huerta, la huerta feliz". Su etimología sugiere una cultura y una existencia ibero-vasca, muy anterior a la romana Labitolosa.  Miles de años antes de los romanos, esta zona y otras de la Ribagorza, estarían pobladas por tribus, sin una unidad política,  pero con un sustrato cultural común de etnia  euskaldúna ó ibero-vasco. Si esto fuera así, como creemos, no debe interpretarse como un apoyo al nacionalismo expansionista vasco, sino todo lo contrario, pues al final de todo, se llegaría a la conclusión de que los  españoles de etnia euskalduna probablemente son muchos más que los que certifican los dispensadores oficiales del nacionalismo.

          Una segunda navarrización se produjo en el año 1.016 cuando Sancho Garcés III el Mayor, rey de Navarra, conquista Ribagorza, a pesar de lo cual el latín y la cultura romana han prevalecido hasta el punto que muchos topónimos de indudable origen ibero-vasco,  se han ido interpretando según los cánones de la cultura vencedora,  en lo cual ha influido, también, el absoluto desconocimiento del vasco. Este sería el caso de Barasona, “La huerta feliz”, que mataron los expropiadores y que esconde bajo los compactos barros del pantano el misterio de sus orígenes, probablemente ibero-vasco.

          En el Ayuntamiento de La Puebla, que también sufrió la expropiación de sus tierras de la Ribera, se guarda la documentación en la que consta el justiprecio del crimen.

          Las tierras consideradas de primera se pagaron a 22,50 Ptas. por área y a 15 Ptas. cada almendro, justiprecios que los de Barasona no aceptaron ya que sus tierras, al estar más próximas que las de La Puebla, suponían  para ellos un mayor valor añadido por su facilidad en el cultivo. En efecto, asi lo argumentó el perito-agrimensor:

 “Deben tener mayor valor  estos últimos (los de Barasona) debido a que  los terrenos objeto del expediente distan por lo menos de 5 a 6 Kilómetros de La Puebla, el camino que se encuentra es inaccesible para el carro y muy malo y pesado para las caballerías, que no pueden llevar más que la mitad de la carga acostumbrada por la razón de que el camino es muy pendiente y escabroso; mientras que esos mismos terrenos de el pueblo de Barasona están el que más a kilómetro y medio con muy buen camino para carro, pues si bien hay que cruzar el río Esera tienen tal costumbre ya de hacerlo que hasta los muchachos de corta edad lo vadean, porque salvo muy raras excepciones la altura del agua no excede nunca de 30 a 35 centímetros, así es que las labores resultan en Barasona un 25% más baratas y los acarreos un 75%, por lo tanto el valor de estas tierras para esos vecinos debe ser un 25% más que el valor que se les ha dado a los de La Puebla.

Los almendros que abona el perito de la Administración a 15  pesetas unos, no los puedo aceptar por considerarlo excesivamente bajo según voy a demostrar. Los almendros....pueden producir seguramente un doble-decálitro de almendras cada año, unos con otros 2/5....Las almendras hace algunos años que se han pagado por lo menos de 4 a 9 pesetas el doble y buscando el término medio que es de 6,50 pesetas resulta que los dos quintos de almendras que ha producido el árbol (unos años por otros) tiene el valor de 2,60 pesetas, deducido una pesetas por gastos de cultivo y recolección queda 1,60 pesetas la renta anual de cada almendro, la cual, capitalizada al 5% dá un valor de 32 pesetas que es el exacto y justo que debe tener cada almendro

          Tenemos la impresión que la Administración se salió con la suya, pese a tan razonables y sutiles argumentos y que no alcanzaban la esencia del problema, que era  el inicio de un proceso de destrucción de los pueblos del Alto Aragón en beneficio de los regadíos de las tierras bajas y de otros intereses capitalistas. Mucho me temo que este ejemplo que nos hemos dado los aragoneses no sea un buen precedente para defender las aguas del Ebro frente a otras comunidades. Tampoco, en este caso, se realizaron las inversiones y obras prometidas en Graus para regar algunas tierras  para los expropiados.

          Construido ya el Pantano, la playa de la Ribera se convirtió a partir de los 50, en un lugar muy exclusivo para “los catalanes” que venían a veranear a La Puebla ú otros pueblos de alrededor, algunos descendientes de Barasona que habían tenido que emigrar a Barcelona, en aquellos tiempos, la capital del trabajo en España.
          En los años del desarrollismo, se construyó la urbanización Lago de Barasona, que es como el barrio marítimo de La Puebla de Castro y un Camping muy visitado por holandeses y belgas. En la actualidad, el Lago de Barasona es un lugar internacional y conocido, pero muy pocos conocen la historia triste que subyace  en  sus aguas.

Torre de la Iglesia Parroquial de Barasona asomando sobre el Pantano

          Por el contrario,  los niños de entonces esperábamos el final del verano, cuando el pantano se deshinchaba por la sequía, para ver la torre de la iglesia que emergía enhiesta y enigmática, con su campanario de ojos tristes y alargados, sin campanas. Nos hacía soñar con las historias que guardaban las casas bajo el barro. Pero esta relación sentimental fue corta, pues allá por los años 50, el regimiento de Artillería  de Montaña, nº 29 parece que hizo puntería y acabó con este último testigo, guardián de un pueblo de 20 casas y  90 vecinos:

Casa Mathias Marro, Casa Sebastián Salas, Vicente Franco, Ramón Viñas, Juan Sopena, Franco Oncino, Lagüens, Agustín Franco, Joseph Angusto, Juan Franco, Joaquín Macarulla, Joaquín Serena, Román Gros, Blas Calvera, Francisco Baquer, Pedro Sesa, Igancio Arnal, Antonio Blanco, Ramón Bardina, Ramón Calvera.

In memorian de Barasona”, la huerta feliz.

EL SEÑOR PEDRO EL CARBONERO

EL SEÑOR PEDRO EL CARBONERO y JOSERÉ DE MIRANDA
LA PUEBLA DE CASTRO EN LA DÉCADA DE LOS 40




Autor del artículo: Antonio Torres Rausa

(Publicado en el Diario del AltoAragón el Domingo 6 de Octubre del año 2002)





Cuando Joseré de Miranda (José Torres Suiles de Casa Miranda), con poco más de 13 años, se enteró que dejaba la escuela y que se iba al “Món” a carrear el carbón del señó Pedro, se llevó una gran alegría. Como tantos otros niños de La Puebla, había jugado en las “Covetas” a carbonero, pero nunca había visto una carbonera, salvo en la enciclopedia “Alvarez”. Las carboneras se levantaban en el Món, la lejana montaña azulada que está al otro lado del Esera, en el antiguo camino de Aguinaliu, tierra de águilas, dinosaurios y valladares calizos cortados con cuchillo.

El Señor Pedro el Carbonero (Pedro Rodriguez Plaza), de origen Valenciano, ya jubilado, visitando el Mon.
Autor de la foto: Pedro Bardaji
En uno de estos valladares, se encuentra el “Forau de Caballera”, la misteriosa cueva que aprendimos a  divisar desde las eras del pueblo, y que era el rito iniciático en los misterios del lugar. Ver desde La Puebla, la redonda mancha obscura sobre el blanco acantilado, situado a más de dos horas largas de camino, era adentrarse en las viejas leyendas de los moros que la habitaron, de los maquis que la merodearon, ó soñar con sus secretos pasadizos que, según se decía, sólo una zorra logró recorrerlos saliendo, al fin, por Estadilla.

El primer día que Joseré (José Torres Suiles) se fue al Món para concretar con el seño Pedro (Pedro Rodriguez Plaza), se acercó sigiloso y con mucho respeto y dificultad se aproximó a la cueva.  Le pareció mucho más grande que misteriosa. Entonces se acordó que su tío José había pasado allí dos noches cuando, próximo a terminar la guerra civil, se escapó de Barbastro y se escondió en ese lugar hasta la entrada de los nacionales en el pueblo: “- José, ¡Viva España!, que los nacionales ya han entrado en La Puebla -“, le gritó desde las proximidades de la gruta, José el del Aguacil.

Con más facilidad encontró al seño Pedro Rodriquez, el carbonero. En una amplia faja donde terminaba un bosque de pinos y carrascas, entre ramicas de boj chamuscadas y brillantes como luceros, estaba la carbonera, humeante todavía por la parte inferior, cerca del suelo. Era como una caseta redonda que se iba estrechando hacia arriba pero con la chimenea invertida y tuerta. Ante la sorpresa de Joseré, el seño Pedro que no era un carbonero malo y huraño como en los cuentos, sino muy afable y comunicativo, dentro de un cierto aire magistral y de superioridad,  le explicó rápidamente:

- “Mira mocé, ves que el humo sale por los respiraderos que están cerca del suelo, pues eso significa que la próxima semana ya puedes traer las mulas ya que el carbón está a punto.” 

Foto de Eugenio Monesma publicada en el libro
Labores Tradicionales de Aragón publicado por la DGA

Y prosiguió: - “Como ves, una carbonera es un montón de leña, dispuesta en capas y cubierta de tierra.  Su altura es de aproximadamente dos metros y medio y está formada por tres pisos de leños, dispuestos en posición vertical alrededor de unas estacas que hacen de chimenea. Se principia encendiendo en la chimenea un fuego con ramaje y se mantiene un par de horas, transcurridas las cuales, el fuego se propaga a los troncos próximos a la chimenea; entonces se tapa ésta y se practican a cierta distancia unas aberturas laterales que se llaman vientos. Abriendo y cerrando nuevos vientos hasta llegar al suelo, se consigue quemar toda la leña y siempre de arriba abajo y desde el centro  hacia fuera. Porque eso es lo que es el carbón, madera medio quemada.”

Por el gesto y tono de la voz, el seño Pedro parecía haber concluido, por lo que Joseré, que estaba extasiado en la explicación, se atrevió a preguntarle:

-“¿Y como sabe el momento de tapar unos agujeros y abrir otros?

Entonces, el seño Pedro, halagado a seguir en un discurso que nunca se había permitido hacer tan largo, le dijo con voz sentenciosa:

-“Al igual que el herrero, por el chasquido del agua al contacto con el rusiente hierro, sabe cuando el temple es perfecto, un buen carbonero debe saber  por el color del humo, cuando hay que cerrar y abrir nuevos agujeros.”

Imagen tomada de la Guia del Campo de Cariñena
Ahora entendía Joseré porque el seño Pedro tenía la cabaña y el camastro tan cerca de la carbonera. Era como asistir a un largo y difícil parto que podía durar quince días, ó más si llovía, pues la tierra quedaba más compactada impidiendo la respiración. A mayor duración, la calidad del carbón era superior.

Ante la brillante mirada de Joseré y a modo de contener su entusiasmo, el seño Pedro continuó:
-“Este oficio es el más sacrificado del mundo, pues verás:  La leña hay que cortarla en invierno, para que esté bien seca, hay que traerla, prepararla adecuadamente, quemarla y, si todo va bien, acarrear el carbón hasta La Puebla, cosa que harás tú, a razón de siete duros por viaje, con las dos mulas. Esto es lo acordado con tu padre y podrás hacer, como mucho, cuatro viajes diarios.”

Joseré, que acababa de salir de la escuela y sabía multiplicar, le pareció una fortuna un jornal de 28 duros,  que ni en la Hidro Nitro se lo sacaban, hombres de pluma, horario fijo y moto Guzzi

Cuando a la semana siguiente empezó a acarrear en sacos de 60 Kgs. el carbón, cogió un trozo y se lo guardó como su fuera un tesoro. Era de color negro azulado y todavía conservaba la forma del leño. Lo había visto arder en la fragua de su tío José el herrero, sin humo y sin llama, produciendo tanto calor que derretía el mismo hierro. ¡Qué importante carga llevaban sus mulas y qué buen comienzo de vida laboral! Su entusiasmo fue tal que en lugar de cuatro viajes, hizo cinco. Nadie lo había conseguido antes.

Su padre, Ramón de Miranda (Ramón Torres Noguero de Casa Miranda), en el café de "El Ros", entre petaca y cigarro de cuarterón, bien podia presumir de hijo trabajador y de provecho.

LA PUEBLA DE CASTRO: EVOCACIONES DE UNA FOTO DE 1.934

La Puebla de Castro en los años previos a la guerra civil,
las campanas de la torre y
La Macaria, la bruja del pueblo.
      

Autor del artículo: Antonio Torres Rausa

Artículo publicado en el “Diario del AltoAragón”,  domingo 10 de Noviembre de 2002




La diferencia de una foto y de un vídeo, es que la foto fija en su memoria muchos momentos que uno puede ir viendo cuánto más la mira, mientras que un vídeo se acaba en la actualidad de su movimiento, como una eyaculación precoz. La foto que presentamos fija muchos momentos importantes de la vida de La Puebla de Castro, desde el 1.934, en que fue capturada por Eugenio Cama con su primera cámara fotográfica, hasta los años cincuenta en que desaparece La Macaria, la gran bruja de La Puebla de Castro.

Fuente del Portal. La Macaria a la izquierda.
Detrás, la torre con las antiguas campanas.
Foto realizada por: Eugenio Cama. Año 1934
La Macaria aparece entre hombres con ganas de subvertir el orden social, uno de ellos encaramado impúdicamente en el tejadillo de la fuente... Al fondo, la torre de la iglesia con las soberbias campanas que serán objeto de desacuerdos entre el cura y las fuerzas laicas (entonces anticlericales) del pueblo. Al final, como las campanas, todo quedará hecho añicos en Julio de 1.936.

La actitud revolucionaria y anticlerical de gran parte del pueblo, ó al menos de los que más ruido hacían, queda bien patente en la correspondencia que cruzan el Obispo y D. Manuel Arnal, cura de La Puebla desde el año  1.927 hasta Julio del 36, en que fue prendido y asesinado después de una penosa cacería por los tejados de la abadía. Pero la cacería, como digo, ya venía de mucho tiempo atrás. El 29 de Julio de 1.934, D. Manuel escribe una carta al obispo de Barbastro de la que entresacamos los siguientes párrafos:

Vea de nuevo otro anónimo más atrevido y más sucio que el anterior... y ya no ocultan que son tres jóvenes que se han empeñado en desbaratarlo todo con su matonismo. He de manifestarle que desde el día que retiré el Sacramento (hace más de un mes) no he estado más a celebrar la Santa Misa... El último día que estuve en ese pueblo me vi obligado a llamar la atención a un vecino con el pretexto de tener arrendada una pequeña parcela de la casa rectoral, y que antes servía de jardín, se aprovechaba para tener los cerdos en deterioro de las paredes de la Abadía, prometiéndome los retiraría porque ya comprendía que no era aquél lugar a propósito para tener una piara de puercos... Nunca pude soñar en cosas tan fuera de tino”.

En otra carta de fecha 27 de Febrero de 1.935, el mismo sacerdote, que por lo que se ve ya había regresado a La Puebla, le escribe al Excmo. Sr. D. Nicanor Mutiloa, Obispo de Barbastro, la siguiente carta:

Muy amado en Cristo: No puedo sufrir por más tiempo el abuso de poder (a mi entender) que viene cometiendo en mi desdichada parroquia por parte de la autoridad civil, y voy a ver si con la ayuda de V.E. logro corregirlo. En el día de hoy ha tenido lugar un enterramiento civil, uno de los muchos que se vienen haciendo, hasta el punto que si esto no tiene pronto remedio por demás habrá sacerdotes en este pueblo y me veré obligado a pedir el traslado por no vivir entre fieras; y digo esto porque la mayoría de los casos, tanto en matrimonios como en enterramientos, ya se hacen civilmente, y los niños quedan sin bautizar, habiendo madres que han consentido ver morir a sus hijos después de algún tiempo nacidos, sin bautizar; y como digo, pues, ha tenido lugar un enterramiento civil y tanto en éste como en los dos casos anteriores han hecho uso de las campanas constituyendo esto una burla ó escarnio para la misma Iglesia y para el sacerdote; ya no digo que la víspera por la noche se publicó un pregón con permiso de la autoridad anunciando el enterramiento civil; voy solamente al uso de las campanas. ¿Puede la autoridad civil mandar tocar las campanas para dichos actos?...Mucho le agradecería interpusiera su influencia para ver de corregir estos abusos, porque me encuentro sólo, nadie hay en el pueblo que saque la cara por las cosas de la religión ni por el cura, y en esta situación de abandono, de burla y de desprecio se hace imposible la vida...

A esta dramática carta, el Obispo de Barbastro, le contesta el 4 de Marzo, a máquina de escribir y sin firmar, el siguiente escrito, tan prudente como escolástico.

Muy amado Rvdo. Sr. C.P. de La Puebla de Castro
(La carta empieza con puntos suspensivos) “.........No veo claro en su carta del 27 de febrero último si el toque de campanas en esos entierros civiles es ordenado por el alcalde ó por los particulares. Y si por éstos, si están autorizados positivamente por el alcalde ó más bien amparados por la abstención de ejercer su autoridad para impedirlo, como debiera hacerlo. El caso varía, y claro que las medidas a tomar deben variar también. Dígamelo ante todo......” (los puntos suspensivos son el final de la carta)

Como se ha dicho, cura y campanas quedaron hechas trizas en Julio del 36. Del cura, Don Santos Lalueza escribió una pequeña biografía en el libro titulado “Mártires de la Iglesia de Barbastro” De las campanas, reproduzco lo escrito por el Dr. D. Manuel Clemente Cera, médico residente en Barcelona, erudito e hijo de La Puebla.

“En el libro denominado De statu animarum había una página, escrita a mano con preciosa letra redondilla, que bajo el epígrafe “inauguración de las campanas”, decía:

En el día de hoy, después de la Santa Misa, se han bendecido las campanas que han fundido y colocado en la Torre la Casa “Hermanos Menezo” de Santander. Se les ha puesto los nombres de de San Román, Santa Bárbara -titulares de la parroquia-, Santa Catalina y Santa Orosia -la más pequeña- que se llamará vulgarmente la de las doce.
En el bronce estaban grabados los nombres del alcalde y el párroco de la Puebla por aquellas fechas. La gente está de fiesta y los mozos cantan por las calles: “Campana de San Román -doscientas arrobas de peso- de las cuatro la más gran, que nos ha fecho Menezo
Por tradición oral, sabemos que era el juego de Campanas más importante de la Diócesis, si exceptuamos la que tiene la Torre exenta de la catedral de Barbastro. Siguiendo las mismas fuentes de información, las dos campanas mayores se fundieron en la Plaza Mayor, con una aleación de los metales cobre y estaño, con una pequeña porción de plata.

"La Valera" de la Seo de Zaragoza.
 Diametro 167 cm, altura 135 cm.
 Autor de la foto: Gerardo Añon

Catedral de la Seo de Zaragoza.
Autor de la foto: Ángel Jimenez
La campana de más peso y voz era la de San Román, semejante a la que existe actualmente en la catedral de La Seo de Zaragoza denominada La Valera; porque sólo se toca el día de San Valero.

.... Ante los deseos de los vecinos pueblenses de que sus campanas se oyesen a larga distancia por los pueblos de la comarca, el campanero fundidor le manifestó que el buen timbre y la sonoridad dependían de la cantidad de plata que llevasen. Se cuenta que las mujeres echaron al fuego que derretía cuanta plata tenían en sus hogares: cubiertos, bandejas, pulseras, anillos... consiguiéndose el deseo apetecido; las campanas se oían a varios kilómetros de distancia...

La fundición de las campanas debió ser anterior al 1.777, ya que en esta fecha “El lucero de la Colegial de La Puebla de Castro” ya menciona a las dos más grandes que “el capítulo debe levantar en los entierros de primera mano”. Desde entonces hasta el 1936, el pueblo conservó las mismas campanas, reparó en una segunda fundición en 1.863 la más grande, escuchó los mismos tañidos para las distintas circunstancias, el toque rápido de incendio y el lento y solemne de difuntos. Pero ¡qué percepciones tan distintas las de una y otra época!

La Macaria que yo he conocido no es la treintañera de la foto, sino la veterana de los años cincuenta, toda una señora bruja: corpulenta y poderosa, ancho culo y grandes tetas, cabeza erguida y alargada por un gran moño, su cara tenía la palidez de los espíritus y de la barbilla le salían unos grandes pelos negros; sus ojos eran grandes, claros, uno de ellos extraviado y amenazador cuando se la contrariaba. O sea que era una bruja como hecha con ordenador, casi virtual. No tuvo hijos y más de alguno dudaba de su auténtico sexo. En realidad se la denominaba Macaria por ser la mujer de un pobre albañil llamado Macario. Su verdadero nombre era Encarnación y nunca se la vio recibir visitas de familiares, o sea que hasta en esto parecía una mujer misteriosa, como venida de otro mundo.

La Macaria curaba toda clase de enfermedades utilizando como instrumental un muñeco articulado que tenía sentado en el balancín del salón. Para sus invocaciones utilizaba un libro escrito en latín que, si no me equivoco, eran las Catilinarias de Cicerón. Nunca tuvo problemas con el cura ni con “el régimen” ya que no se invadían competencias. En el fondo, colaboraba de una forma muy económica con la Seguridad Social. Más aún, ella se declaraba católica, iba a misa y decía tener visiones apocalípticas sobre La Puebla que se convertiría en un pedregal cuando ella faltase. Al morir asistida por sus vecinas, perdonó la destrucción de La Puebla.

En tiempos anteriores, a la luz de la fría luna de Invierno, hacía con sus adeptas procesiones, que tenían carácter de invocación ó rogativas acompañada de las postulantas casaderas para que lloviesen novios y que, como pedir no resultaba caro, pedían de duque para arriba: Oficiante Macaria: “Te casarás con un Duque” Contestaban todas: “Dice la Macaria”. Oficiante Macaria: “Los Ángeles del Cielo”. Contestaban todas: “Te harán la guardia”. La música de estribillo y coro, era la de la letanía de Todos los Santos.

La afición de La Macaria al latín y a las cantinelas de la Iglesia probablemente le venía de haberse criado entre curas, ya que su madre había sido casera  y no se recuerda haberle oído mencionar nunca a su padre.

Doña Encarnación Celaya murió en la década de los años 60. Fue en su comportamiento cotidiano una mujer muy normal, simpática y con cierta clase de superioridad. Cuando no brujeaba, se dedicaba a coser ó bordar, sentada en el Portal, mientras sus gallinas y gallos picoteaban por la plaza y alrededores. Le tocó vivir una viudedad larga y difícil, en un lugar y en una época en que los Rappel y Aramis Fuster que en el mundo han sido, no se hubieran comido ni un plato de acelgas de los que a ella nunca le faltó.





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