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Mostrando entradas con la etiqueta Autor: Jose Antonio Almunia Portoles. Mostrar todas las entradas
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EN MEMORIA DE RAMÓN ESPUÑA NACENTA "RAMONITO NACENTA"

Ramón Espuña Nacenta
Ramón Espuña Nacenta abandonó este mundo el día 14 de Abril de 2016, con 71 años de edad, rodeado del cariño de su familia, amigos, camaradas del partido, compañeros de trabajo y de su pueblo entero. 

Hemos dicho adiós a un gran y admirado vecino, inteligente, comprometido socialmente y con el medio ambiente, amante de su familia y de su pueblo, y dotado de un optimismo y simpatía arrolladores que a todos nos contagiaba.

Ramón Espuña Nacenta “Ramonito Nacenta”, llegó a este mundo el 17 de Octubre de 1944 en Casa Nacenta de La Puebla de Castro. Su familia de origen la formaban 4 personas, el padre Ramón Espuña Larruy, natural de Artasona, la madre Manuela Nacenta Clavería “Manolina”, natural de La Puebla de Castro; y dos hijos, nuestro Ramón, el mayor y Ana María, la pequeña.  

Ramón Espuña Nacenta con su esposa Raquel Torres Rubiella en Castro. Año 2016. Foto Propiedad de la familia Espuña Torres.

Ramón contrajo matrimonio el 12 de octubre de 1969 con Raquel Torres Rubiella. De esta unión nacieron Juan Ramón “Juancho” y Erika, que le dieron la alegría de tres maravillosos nietos, Sarai, Isak  y Diana.

( ...Siempre te recordare, Pedro Bardaji Suarez) 


Ramón Espuña Nacenta, sobre el escenario de la Plaza Mayor de La Puebla de Castro, finalizando el Pregón de las Fiestas patronales en honor a San Roque del año 2013. Autor de la foto: Pedro Bardaji Suarez.

El escrito siguiente fue leído, por Maite Bardaji, Alcaldesa de La Puebla de Castro, durante el multitudinario funeral de Ramón Espuña, en la Iglesia Parroquial de La Puebla de Castro el día 15 de Abril de 2016:


Hoy, con el corazón roto de tristeza, despedimos a Ramón, una persona humilde, buena, que allá por donde ha pasado ha dejado una huella imborrable.

Su familia pierde un compañero, un padre, un abuelo, un hermano insustituible. No hay palabras suficientes para suavizar el dolor que sienten y los que les queremos sólo podemos tenderles la mano y acompañarles en estos duros momentos.

Pero Ramón era mucho más: un hombre comprometido con su pueblo, luchador incansable, defensor de la justicia, fiel a su ideología, honesto, optimista, comprensivo… por eso fue concejal años atrás y por eso el año pasado decidió repetir e iniciamos una nueva etapa en el ayuntamiento. Estaba muy ilusionado y se sentía muy agradecido a sus vecinos

De él, los miembros de este ayuntamiento y, especialmente yo, hemos aprendido mucho. En él hemos encontrado compromiso, tesón, confianza, lealtad, experiencia y lo más importante, mucho cariño.

Ramón Espuña despachando documentos en el Ayuntamiento de La Puebla de Castro. De izquierda a derecha, Ramón Espuña Nacenta (Teniente de Alcalde), Manuel Ginés Pérez Bonache, Mª Teresa Bardají Lanau (Alcaldesa) y Jaione Irisarri Burrel. Autor de la foto: Pedro Bardaji Suarez.


Porque Ramón no sabía hacer las cosas de otra manera, porque él se entregaba en todo lo que hacía y, fallándole ya las fuerzas, su preocupación era no poder ayudar.

Ese era Ramón, un hombre generoso que supo trabajar en equipo, que sacaba lo mejor de cada uno de nosotros y que, en los momentos difíciles, te regalaba una anécdota o tan sólo una palabra que te hacía sonreír.

Ramón, te vamos a echar mucho de menos, pero allá donde estés, seguirás guiando los pasos de las personas que te queremos y siempre ocuparás un espacio en nuestros corazones.
Hasta siempre compañero, hasta siempre amigo. 

(María Teresa Bardají Lanau, Alcaldesa de La Puebla de Castro)


Corporación municipal del Ayuntamiento de La Puebla de Castro tras los comicios de 2015. De izquierda a derecha, Jesús Alos Pellicer, Fernando Franco Mancera, Ramón Espuña Nacenta (Teniente de Alcalde), Mª Teresa Bardaji Lanau (Alcaldesa), Jaione Irisarri Burrel, Juan Carlos Franco Barbanoj y Manuel Ginés Pérez Bonache. Autor de la foto: Pedro Bardaji Suarez.


 

HISTORIAS GRANDES. RAMONITO (RAMÓN DE LA PUEBLA)
Viernes 14 de abril a las 14:28. Barbastro, España.

Subir a La Puebla de Castro significaba hablar con Ramón. Era - y me duele hablar en pasado- un hombre bueno, de esos cuya trayectoria nadie cuestiona, porque su vida era su familia, sus vecinos, su gente... hasta el punto que decidió que la política municipal era la mejor forma de trabajar por su pueblo: La Puebla de Castro. Supo desde joven, cuando se quedó huérfano, lo que es capaz de trabajar una madre para sacar a sus hijos adelante. Tanto, que le devolvió ese cariño con creces cuidándola hasta hace bien poco. 

El mismo amor lo llevó hasta Raquel para crear una familia y, seguramente, también hasta la política para desde el gobierno o la oposición trabajar por aquello que creía necesario por encima de todo: la convivencia. Recuerdo su sonrisa en la campaña electoral, la tapa que nos tomamos juntos después del mitin. Adivinaba seguramente que le iba a tocar ser teniente de alcalde en esta legislatura y seguir trabajando por el pueblo que quería. 

Desde muy joven tuvo claro que la naturaleza era una parte importante de su mundo, y el respeto por ella se lo inculcó a su hija Erika. Erika que sigue sus pasos, como forestal.

Ayer nos dejó, en el día de la república, como si quisiera –en un gesto más de humildad– que su último momento de vida pasase desapercibido. Gracias Ramón, siempre seguirás en esa plaza de La Puebla con tu eterna sonrisa. DEP.

(José Antonio Almunia Portolés, Periodista)


Ramón Espuña Nacenta "Ramonito Nacenta". Foto propiedad de la familia Espuña Torres.

José Luis Acin Fanlo, la Federación Aragonesa de Montañismo y PRAMES publicaron en el Heraldo de Aragón, la siguiente nota de prensa "En Memoria de de Ramón Espuña":


EL SECRETO DE LA PUEBLA DE CASTRO - CORTOMETRAJE -

DESCUBRIMOS EL SECRETO DE LA PUEBLA DE CASTRO. 
¿Por qué no existe límite de edad para vivir la fiesta?

Los planes de Francisco Trell Suiles de Casa Pallarol (84 años), Aurora Arnal Sopena de Casa Pinza (95 años), María  Espuña Colomina de Casa El Cafetero (90 años), Ramón Franco Clavero de Casa Miquel (81 años), Mariano Bardají Cajigos de Casa Baldellau (79 años), Antonio Bardají Lalueza de casa Machín  (81 años) y Alegría Nacenta Garuz de Casa El Ros (81 años). Non Stop Fiesta. Non Stop Edad.





TÍTULOS DE CRÉDITO:

Realización: 
José Antonio Almunia Portoles y Elena Campo (134 Comunicación)
 
Dirección de Actores: 
Conchi Burrel Raso
 
Actores: 
Francisco Trell Suiles de Casa Pallarol, Aurora Arnal Sopena de Casa Pinza, María  Espuña Colomina de Casa El Cafetero, Ramón Franco Clavero de Casa Miquel, Mariano Bardají Cajigos de Casa Baldellau, Antonio Bardají Lalueza de Casa Machín y Alegría Nacenta Garuz de Casa El Ros.

La Puebla de Castro. Agosto de 2015.

Actores del cortometraje. De Izquierda a derecha: Alegría Nacenta Garuz de Casa El Ros (81 años), Antonio Bardají Lalueza de Casa Machín (81 años), Mariano Bardají Cajigos de Casa Baldellau (79 años), Ramón Franco Clavero de Casa Miquel (81 años), María  Espuña Colomina de Casa El Cafetero (90 años), Francisco Trell Suiles de Casa Pallarol (84 años) y Aurora Arnal Sopena de Casa Pinza (95 años).

José Antonio Almunia Portolés
José Antonio Almunia Portoles, Periodista y publicista, es Director General de 134 COMUNICACIÓN y Presidente Ejecutivo del consejo de COMUNICACIÓN PIRINEOS S.L.; empresa que, bajo las cabeceras “VIVIR”, constituye el mayor proyecto de comunicación territorial de la provincia de Huesca. Destacamos: VIVIR LOS PIRINEOS (la red social de Jacetania, Alto Gállego, Ribagorza y Sobrarbe para la Gente con Ganas de Vivir)  https://es-es.facebook.com/vivirlospirineos y GANAS DE VIVIR http://www.ganasdevivir.es/

LOS 30 BESOS DE VICENTE. EN MEMORIA DE VICENTE BURREL GUILLÉN

LOS 30 BESOS DE VICENTE

Matilde Raso Nacenta junto a su esposo Vicente Burrel Guillén. Fotografía propiedad de la familia Burrel-Raso.


Historias de amor en un hospital. Habitación 522

Autor del artículo: José Antonio Almunia

En las habitaciones de los hospitales se narran historias increíbles que te encogen el alma y, al segundo, la expanden por su grandeza humana. Son historias de amor profundo que salen a la luz en momentos de despedida, o de simple reconciliación con nuestras emociones vividas y a veces no explicadas.

En la habitación 522 escuché ayer una de esas historias conmovedoras. Matilde, sentada junto a la cama, cogía la mano de Vicente. Un ictus la noche anterior lo había llevado a ese espacio en el que el tiempo pierde su sentido y los recuerdos se limitan a lo imprescindible. Ni tan siquiera a lo necesario para sobrevivir. En la mirada de Matilde se reflejaban en un bucle las emociones vividas, solo las buenas, esas que te permiten mantener en el notable una convivencia de muchos años. Se reflejaban fiestas familiares, sus hijas construyendo un artilugio mecánico de madera y una rampa para despegar, nietas y nietos inyectando alegría con sus bromas... pero sobre todo se veían sus momentos, los de los dos. 

La noche del jueves, antes de que el ictus sumiera a Vicente en ese estado, colmó de besos a Matilde. “Nunca –confesaba a quiénes la rodeaban– me había dado tantos seguidos. ¿Se estaba despidiendo?”. Y acto seguido susurraba a Vicente al oído el nombre de la última visita como esperando, si no un nuevo beso, si al menos una sonrisa que le indicara que esa conexión de años, todavía existía.

Y entonces, en ese momento, la enfermera al tiempo que controlaba el mecanismo de la tensión arterial y en voz alta –para que Vicente la escuchara– le decía: “Vicente, que te ha venido a ver Matilde”. Y él, por dentro, esbozaba una sonrisa queriéndola besar de nuevo 30 veces.


Autora del Poema: Jaione Irrisarri Burrel

A nuestro abuelo Vicente, 
que encantaba conversar
de creencias e ideales
que le hacían batallar. 

De corazón entregado 
siempre dispuesto a ayudar
a aquel que se lo pedía o
veía necesitar. 

Por las artes y las ciencias 
sentías curiosidad
lleno de esas mariposas
de las que te hacen pensar. 

Y los sueños de grandeza, 
con los cuales cavilar,
dando vueltas pasan horas
tiempo de desayunar. 

Toda la vida aprendiendo 
así quisiste tocar
con tus nietos, el piano,
cuatro manos a la par. 

Qué grandes aquellos días 
que llenaban al vibrar
los pasillos del Mesón
los acordes al sonar. 

Y tú lleno de alegría 
con tan solo escuchar
los ritmos y melodías
por tus nietos al tocar. 

Y llegados a este punto 
comenzaste tú a firmar
la famosa oveja negra
que sentías ser y estar. 

Nunca fuiste el efusivo 
en cuestiones de besar
pero todos lo sabemos
es tu forma de expresar. 

Pero la edad hace mella 
al igual la enfermedad
todo cambia todo queda
y empezaste a acariciar. 

Dando besos y caricias 
hasta treinta sin parar
despedías a la abuela 
compañera sin igual.






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