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SANTA ÁGUEDA DEL AÑO 1967

PROGRAMA DE FESTEJOS DEL AÑO 1967.
SANTA ÁGUEDA EN LA PUEBLA DE CASTRO.
Publicado en el Libré de las Fiestas del año 1996.

Imagen de Santa Águeda que se venera en
la Iglesia Parroquial de La Puebla de Castro.
Autora de la foto: Miryam Miguelez Fernandez

"Si las mujeres mandasen en vez de mandar los hombres serían balsas de aceite los pueblos y las naciones"
(de Gigantes y Cabezudos).


La Puebla de Castro al día.
En Víspera de Fiesta.
Importancia y trascendencia de estos típicos actos en honor a Santa Águeda.



     Reunidas todas las mullés casadas debajo del Portal del medio (Portal de Olivera) van acordá, per mayoría, elegí Alcaldesa a Doña Telesfora Castarlenas Colomina y Secretaria a Doña Monse Vilas. Como bufaba la boira a 800 Kilómetros por hora, se van tení que zampá dentro de un patio y en segunda convocatoria van acordá lo siguente: Antes de empezá a fé  el programa va decí la Alcaldesa:
 “Agradezco el  nombramiento que mez dispensau perque las que están aquí reunidas sen la flló del buen humor y teníz en cuenta que ninguna he vieja perque eiga viviu cierto número de años; las que conservan la alegría, la ilusión y esta grandeza de espritu, siempre sen chovens; las que esto han perdiu, a cuarquier edá son viejas” (grandes aplausos van interrumpí las últimas palabras de tan elocuente oradora).

PROGRAMA

En lo Social
  1. Solicitá al Podé Público, que la fuente de La Abrevada dé aigua, día y noche; como siempre eba fecho, sen esto una gran obra de caridá. 
  2. Que la brigadilla de Bomberos, retire los esturbos de la calle, según de qui sean…

En lo Festivo

- DÍA 4 - 
  • A las 12. Disparo de codetes, chupinazos y bombas de arteficio, anunciarán el prencipio de las Fiestas seguido de un gran pasa-calle por la ORQUESTA TORRENTE de Alcampel. (Desde esta hora hasta el final de los festejos, en la calle no mandarán mas que las mullés; pos el resto del año mandan en casa).

  •  A las 9’30. El Cuadro Escénico EL CORÁN, presentará la aplaudida comedia original de Ángel Lozano,  LA CIUDAD NO ES PARA MI, interpretada per las mullés casadas de esta localidad. Acabada ésta, animado Baile por la afamada ORQUESTA TORRENTE, de Alcampel, con duración, hasta las 5 de la madrugada.
Santa Águeda 1967. Representación Teatral de la obra “La Ciudad no es para mí”. De izquierda a derecha: Telesfora Catarlenas Colomina (Telesfora Faro) como Paco Martínez Soria; asomando la cabeza tras la cortina, Concha Isabal Menal (Concha de JuanSierra)  como Doncella; Montse Vilas Plana (Montse del Cortante) como Señora de la casa; Serafina Suarez Salamero (de Casa Romeu) y Carmen Salamero Sierra (Carmen Flores o Carmen de Orencia) como Marquesas. Foto facilitada por Telesfora Faro.



- DÍA 5 - 
  • A las 7. Gran Diana y chupinazos.
  •  A las 8. Chocolatada. 
  • A las 9. Almuerzo extra con salseta de tortera y MORCILLA. A los hombres que estén entre los 19 y 60 años se les podría dá medio litro de vino con sequillas, de la bodega que tiene la gran casa de Escanilla; al resto se les daría leche de vaca de la misma vaquería. 
  • A las 12. Misa cantada, participada, oficiando el Rvdo. Don Antonio Olivera, nuestro párroco. Terminada la misa, acompañamiento al señor párroco hasta la abadía, donde se cantarán Jotas alusivas, demostrando el cariño y adhesión que el pueblo siente hacia él. 
  • A la 1. Gran rondalla pasa-calle. 
  • A las 3 de la tarde. Corrida de toros de la acreditada ganadería de Concha y Sierra local, lidiándose dos novillos en menos tiempo que en Graus les va costá matane uno.



Santa Águeda 1967. Peligrosísima Corrida de Toros en la Plaza Mayor.
Sobre el brioso caballo (el burro de Toné Miranda), Matilde Raso Nacenta (la Mesonera);
 la recibe desde el remolque, entre los músicos, Carmen Salamero Sierra (Carmen Flores o Carmen de Orencia); con el capote, como Torera, Concha Isabal Menal de Casa Juan Sierra; el público contiene el aliento. Una vez muerto el Toro, fue arrastrado, desde el brioso caballo, por toda la Plaza (un gato muerto hacía el papel de Toro muerto)
Fotos facilitadas por Mari Pili del Ferrero.

  • A las 4. Gran Partido de Fútbol entre dos equipos locales. A continuación, Corrida de Sacos. 


Santa Águeda año 1967. Emocionante partido de futbol en la Plaza Mayor.
En primer plano, de izquierda a derecha: Concha Isabal Menal (Concha JuanSierra) y Montse Vilas Plana de Casa el Cortante.

  • A las 5 de la tarde. Segunda representación de LA CIUDAD NO ES PARA MI, y al acabá, la gran Orquesta interpretará escogida música bailable a discreción de los bailadores, terminando a las 6 de la mañana.

Representación teatral de la obra "La ciudad no es para mí". Santa Águeda año 1967.
De izquierda a derecha: Aurora Arnal Sopena de Casa Pinza, como Cura; María Espuña Colomina de Casa el Cafetero, como Juez. Foto facilitada por Mari Pili del Ferrero.


Santa Águeda 1967. Tras el éxito alcanzado con la representación Teatral de la obra “La Ciudad no es para mí”, el elenco de actrices participantes, brinda y comparte su alegría con todo el Pueblo. De izquierda a derecha: Carmen Salamero Sierra (Carmen Flores o Carmen de Orencia), Tere Lanau Subias de Casa Baldellau, Aurora Arnal Sopena (Aurora Pinza), Alicia Trell Noguero de Casa Lapallarola, el joven Juan Salinas Isabal (Juanito de Casa JuanSierra), su madre, Concha Isabal Menal (Concha Juan Sierra), Telesfora Catarlenas Colomina (Telesfora Faro), Montse Vilas Plana de Casa el Cortante, Serafina Suarez Salamero de Casa Romeu, y María Espuña Colomina de Casa el Cafetero. Foto facilitada por Telesfora Faro.




NOTAS:
La prensa MONTES editará ediciones especiales sobre el desarrollo de estos festejos a fin de informar a los ausentes del pueblo.
Los Taxis establecerán servicios especiales durante estos días.
La Comisión de Festejos se reserva el derecho de alterar el Programa si por causas imprevistas se viera obligado a ello.

LA PUEBLA DE CASTRO, Febrero de 1967.


Aprobado por la Alcaldesa, TELESFORA CASTARLENAS COLOMINA de Casa Faro
La Secretaria, MONSE VILAS PLANA de Casa el Cortante
Programa de Festejos de Santa Águeda del año 1967.

LA ROMERÍA DE CASTRO EN ÉPOCAS PASADAS

Detalle del Cartel de la Romería de Castro de 2010.
 Cartel realizado por Mariano Serena Samitier


LA ROMERíA
DE CASTRO
EN ÉPOCAS PASADAS


(Texto publicado en el “Libré de las Fiestas de La Puebla de Castro” del año 1978)





          A la romería  a San Román en la ermita de Castro iba todo el pueblo, familiares y amigos. Se salía en procesión de la iglesia parroquial hasta Santa María, desde allí continuaba la comitiva y al llegar a la balsa de Castro, volvía a organizarse la procesión, para entrar en la iglesia cantando los gozos a San Román. Se celebraba misa cantada y, después, la comida al campo libre, intercambiándose los manjares entre sí.

          En la época en la que existía todavía la Casa Oncino en Castro, por encargo del ayuntamiento y en servicio de vecinal, iban varias casas con caballerías a llevar agua para los asistentes a la romería. Se hacía baile en el piso principal de dicha Casa Oncino. Con el tiempo, la referida familia se retiró a La Puebla definitivamente.



Pueblenses almorzando en la Romería de Castro. Clicar sobre la foto para ampliarla.

         Finalizada la comida y de vuelta al pueblo, salía la comitiva y al llegar nuevamente cerca del pueblo se organizaba la procesión, donde los mozos se lucían haciendo la cortesía con la bandera sobre los asistentes que pasaban por la plaza sobre la entrada a la iglesia. 

ORTOPROTÉSICA ARTESANAL, LOS MARIANO SÁNCHEZ DE CASA RITA DE LA PUEBLA DE CASTRO

Tres generaciones en Ortoprotésica Artesanal desde 1924

Autor del artículo: Mariano Sánchez Font de Casa Rita de La Puebla de Castro

Publicado en el Libé de las Fiestas del año 2012 (especial sobre "Oficios y Emprendedores de La Puebla de Castro", recopilado por iniciativa de Anselmo Burrel Trell)

 

Ortoprotésica Artesanal, las 3 generaciones de Mariano Sánchez: Mariano Sánchez Ramón, Mariano Sánchez Llacera “Mariano Rita” y Mariano Sánchez Font. Foto facilitada por Mariano Sánchez Font.

En el año 1924 un mecánico industrial llamado D. Mariano Sánchez Ramón, natural de Aniñón de la Cañada, provincia de Zaragoza, y residente en Barcelona, decidió dedicar su experiencia formativa a la Ortopedia Técnica.

Con la ayuda indispensable y colaboración de expertos médicos traumatólogos y cirujanos ortopédicos, dio comienzo el primer paso de su andadura hacia la Técnica Ortoprotésica Artesanal, siempre personalizada a las diferentes patologías que precisaban de su labor profesional: amputados, poliomielitis, parálisis cerebral, espinas bífidas, escoliosis, paraplejía, ayudas técnicas y silla de ruedas a medida, mobiliario clínico y quirúrgico, etc.

Los estudios, con gran esfuerzo y sacrificio para la época y situación, los cursó mayormente en el Ateneo Obrero de Barcelona, en la Calle Montcada de dicha ciudad.  Su actividad profesional la ejerció tanto en Barcelona como en el resto del territorio nacional, incluida, por supuesto, La Puebla de Castro.

Contrajo matrimonio con Dª Concepción Llacera Gros, de Casa Rita de La Puebla de Castro, iniciando así su andadura familiar. De esta relación nacieron seis hijos (3 chichos y 3 chicas), de los cuales dos se dedicaron, como su padre, a la Ortoprotésica Técnica, Mariano y Enrique Sánchez Llacera. Ambos ejercieron como Técnicos Ortoprotésicos, uno en el taller y el otro llevando el peso exterior de consultas hospitalarias, etc., en colaboración con médicos especialistas.


Mariano Sánchez Llacera “Mariano Rita” trabajando en su taller de Ortoprotésica Artesanal. Foto facilitada por Mariano Sánchez Font.


D. Mariano Sánchez Llacera “Mariano Rita”, el segundo de la saga, comenzó, sobre los años 50 (del siglo XX), a llevar la responsabilidad de la empresa con la ayuda de su hermano menor Enrique. Ambos se Diplomaron en la Universidad Complutense de Madrid en Técnica Ortoprotésica y, al igual que su padre, contaron con la colaboración de distinguidos cirujanos, traumatólogos y rehabilitadores. Su espíritu de lucha, el esfuerzo y la entrega por la profesión les proporcionó un alto reconocimiento profesional, fueron dos de los profesionales más considerados de su época. Mariano recibió diferentes diplomas por sus conferencias en congresos médicos y de la profesión, tanto nacionales como en el extranjero, y varios homenajes al final de su carrera en agradecimiento por su participación y aportaciones profesionales.

D. Mariano Sánchez Llacera se casó con Dª María Font Osorio de cuya unión nació el tercer Mariano Sánchez, la tercera y última generación de Artesanos Ortoprotésicos en España.


Mariano Sánchez Llacera “Mariano Rita” y su esposa María Font Osorio. Foto facilitada por Mariano Sánchez Font.


Mariano Sánchez Font, el tercero de la saga, contrajo matrimonio con Antonia Ortiz. Son padres de tres hijas. Cursó estudios en la Universidad de Medicina de la Complutense de Madrid, completó su formación en Barcelona y en empresas alemanas y americanas, coronando, a partir de 1985, la trilogía familiar de Diplomados en Técnica Ortoprotésica. Ocupó varios años el cargo de vicepresidente de la Confederación Española y Federación Española de Técnicos Ortoprotésicos, colaboró profesionalmente con asociaciones como ASPACE, hospitales como Valle de Hebrón, Bellvitge, etc., aportando su experiencia en equipos interprofesionales nacionales e internacionales. Orgulloso, en definitiva, de continuar la saga familiar y de las muchas y gratas experiencias vividas tanto a nivel personal como profesional en el ejercicio de su vocación.


Mariano Sánchez Llacera “Mariano Rita” y su hijo Mariano Sánchez Font, a la entrada de su taller de Ortoprotésica Artesanal de Barcelona. Foto facilitada por Mariano Sánchez Font.


Mariano Sánchez Font afirma que “… esta profesión siempre será para mí entrañable, me ha regalado grandes satisfacciones, sobre todo el ver las caras de los pacientes y familiares a los que, con nuestro trabajo, logramos mejorar su calidad de vida; esa es la mayor recompensa.  Mi abuelo, mi padre y mi tío me enseñaron que la primera norma en nuestro trabajo es el factor humano, primero el paciente y después el cliente”.


JUEVES SANTO Y EL MONUMENTO EN LA DÉCADA DE LOS 20 (S. XX) EN LA PUEBLA DE CASTRO

Román Carrera Giménez
 

Autor del artículo: 

Román Carrera Giménez de Casa Román de Giral.


Artículo publicado en el Libré de las Fiestas de La Puebla de Castro del año 2004


“Tres jueves hay en el año

que relumbran más que el sol;

Jueves Santo, Corpus Crhisti

y el día de la Ascensión”

 

EL MONUMENTO

Recordando el Jueves Santo en la década de los años 20 del siglo XX, empezaré por decir que, en la Iglesia Parroquial de La Puebla de Castro se empleaban seis o siete hombres para montar el colosal y precioso Monumento que, instalado en el presbiterio, ocultaba el también precioso y gran retablo de Santa Bárbara. Dirigían la labor el sacristán “siño” Mariano Borbón y el imprescindible carpintero local “siño” Pepe. Se trataba de una impresionante arcada con cuatro arcos formados con maderas y lienzos decorados que, de menor a mayor, llegaba desde el fondo del presbiterio a la cancela del mismo, y de altura el arco superior hasta el borde de la bóveda. Cada arco se subía con una soga de cáñamo por el agujero hecho en la bóveda para tal efecto; unos tiraban desde arriba cuando a voces les mandaban los de abajo y, cuando el arco ya estaba en su punto, ataban la soga en una de las fuertes tijeras de madera (hoy de hierro) que sostenían la cubierta de la iglesia.

Jueves Santo, iglesia Parroquial de Santa Bárbara de La Puebla de Castro. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.

Por el centro del presbiterio ascendía la gran escalinata compuesta por varios cuerpos de madera hasta dos metros encima del altar mayor, donde se colocaba un sagrario en forma de sepulcro para la reserva del Sacramento.

El Monumento se levantaba el Miércoles Santo por la mañana, después de la Santa Misa, y por la tarde, tras haber hecho la limpieza de la Iglesia, eran las mujeres las que se encargaban de adornarlo.

El año 1926 ocurrió un accidente sin más consecuencia que un gran susto y un cierto daño material. El arco mayor, como ya no coincidía con la bóveda, era elevado y quedaba sujeto por una pequeña carrucha que durante el año servía para subir y bajar la bella y gran lámpara de aceite que ardía para el Santísimo. Esta carrucha se hallaba bajo el angelote de yeso que hay en el centro del arco de la bóveda. Cuando ya se hallaba la pieza a cierta altura, se rompió dicha polea y cayó al suelo con gran estrépito tal pieza, pero milagrosamente no atrapó a nadie. Desde entonces ya quedó el Monumento incompleto para los diez años que le quedarían de vida.

En el Monumento. De izquierda a derecha, Antonio Franco Nadal (Tonón de Palacín), Mosén José Mairal Villellas, Mariano Serena Samitier de Casa Borbón y Anselmo Burrel Trell de Casa Gros. Año 2017. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.

EL JUEVES SANTO

TRASLADO DEL SANTÍSIMO AL MONUMENTO

El Jueves Santo se celebraba, sobre las 10 de la mañana, la MisaIn Coena Domini”, en el altar de San Román. Al entonar el Celebrante el “Gloria”, el sacristán y monaguillos hacían tocar todas las campanillas mientras sonaban las campanas de la torre y el órgano acompañaba el canto del “Gloria” por el coro. A partir de aquél momento, ni órgano ni campanas sonarían hasta la Vigilia Pascual del Sábado Santo a las 10 de la mañana, por lo cual estas eran sustituidas por la matraca del monaguillo que ya empezaba en el “Sanctus” de la Misa y la gran matraca de la torre con seis u ocho mazos pegados sobre las tablas para anunciar los Oficios a celebrar hasta el Sábado Santo.

Restos de la matraca de madera en la parte superior de la torre campanario de la Iglesia parroquial de La Puebla de Castro. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.

Al finalizar la Misa, el Santísimo era trasladado bajo palio, desde el altar de San Román al Monumento. La procesión, precedida por la cruz alzada y velada, daba la vuelta a la Iglesia con el canto del “Pange lingua” hasta llegar al Monumento, que ya se hallaba adornado con clavelinas y otras flores e iluminado con lámparas y multitud de velas. Entonces, el Párroco, ascendía por la escalinata para colocar el Santísimo, dejando el Sagrario abierto; bajaba para incensarlo de nuevo desde abajo, mientras se cantaba el “Tantum ergo”. Finalizado el canto volvía a subir para cerrar la portezuela del Sagrario, colgándose la llave al cuello con una cinta blanca para llevarla hasta el momento de la reposición del Santísimo en el altar de San Román, al día siguiente, sobre las 10 de la mañana, donde por él sería consumida la Sagrada Forma.

Jueves Santo, trasladando el Santísimo al Monumento. Delante, de izquierda a derecha, Antonio Franco Nadal (Tonón de Palacín), Mosén José Mairal Villellas y Vicente Burrel Guillén del Mesón. Detrás, Anselmo Burrel Trell de Casa Gros. Año 2014. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.

EL LAVATORIO

Sobre las 3 de la tarde y anunciado por la gran matraca de la torre, tenía lugar el Lavatorio. Allí en aquél altar y revestido con amito, alba, estola y capa pluvial morada, cantaba el Celebrante las oraciones propias del acto y, después de incensar el libro, cantaba el Evangelio según San Juan, del Mandato

Monaguillo de la Iglesia Parroquial de Santa Bárbara de La Puebla de Castro. A su alrededor niños y niñas vistiéndose  para participar en los actos de Semana Santa. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.

Ya finalizado, se quitaba la capa, se ceñía una toalla y procedía a lavar el pie derecho de cada uno de los doce chicos de los cuales uno solía ser el que hoy, siendo un humilde viejo, esto escribe. Para tal menester ayudaban el sacristán y dos monaguillos, portando la jarra con el agua, la jofaina y la toalla con la que después de lavar el pie derecho de cada niño, lo enjugaba, lo besaba y terminado el acto, daba a cada niño una moneda de cincuenta céntimos, la cual era conocida como “dos reales”.

Moneda de 2 reales (50 céntimos de peseta).

EL OFICIO DE TINIEBLAS

Una hora más tarde se celebraba el Oficio de Tinieblas durante el cual, se colocaba entre el altar y el Monumento, el tenebrario o candelabro de 15 velas en representación de los 11 apóstoles (sin Judas), las tres Marías (María Salomé, María de Cleofás y María Magdalena) y de la Virgen María. El Sacerdote y ayudantes cantaban en el coro, cada vez que un monaguillo avisaba con la matraca desde el coro, el sacristán con el apagavelas apagaba una de ellas.

Tenebrario de madera del s. XVIII  con quince porta velas.

Durante todo el acto, que tendría sobre una hora de duración, una pareja de romanos, uno a cada lado, relevándose de dos en dos, hacían guardia ante el Monumento plantados como estatuas.

Apagadas ya las quince velas así como todas las del Monumento y las lámparas, el coro cantaba el “Miserere” y el “Benedictus Dóminus”.  Al finalizar este último, el Párroco daba una palmada en la tapa de su libro, ya cerrado, y empezaba el estruendo entre golpes a los bancos, acción de matracas y carracas portadas por la chiquillería, además de fuertes voces; hasta que al cabo de un minuto, salía el sacristán de la sacristía con una vela encendida en medio de la oscuridad y entonces cesaba aquel seguido estruendo y se encendían de nuevo las lámparas y velas del Monumento. Ante el Monumento habían estado firmes y juntos todos los romanos y en la oscuridad durante aquel bullicio, después de salir de la sacristía donde habían tenido su “cuerpo de guardia” durante tan largo acto.


LA PROCESIÓN DEL JUEVES SANTO

Poco tiempo más tarde y con el “tracatrá” de la gran matraca de la torre, salía la bella procesión, que bajaba por el Barrio de Santa María, camino del Mesón y camino entre los huertos para después de pasar por delante de la Ermita de Santa María, subir camino arriba y por el mismo barrio hasta llegar a la Plaza de la Cruz y enfilar por Calle Cervantes, Calle Mayor y Plaza Mayor hasta terminar en la iglesia ya anocheciendo.

Restos de la matraca de madera en la parte superior de la torre campanario de la Iglesia parroquial de La Puebla de Castro. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.

La procesión iba encabezada por los romanos y durante ella se habían cantado el “Miserere” y cánticos penitenciales.

Procesión durante la Semana Santa en La Puebla de Castro. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.

DESMONTAR EL MONUMENTO

El Viernes Santo por la mañana, después de celebrar los Oficios, se desmontaba el Monumento y las grandes piezas que lo formaban se llevaban al almacén, donde se guardaban con las vestimentas, lanzas y escudos de los romanos, las túnicas y mantos de los personajes bíblicos y las cruces, faroles y peanas para las bellas procesiones de la Semana Santa. Dicho almacén estaba pegado a la fachada de la iglesia a la izquierda del pórtico.

El hombre de la caña junto al Cristo. Procesión de Semana Santa de La Puebla de Castro. Año 2018. Autor de la foto: Pedro Bardají Suárez.

Para terminar contaré un hecho desagradable, por irreverente, ocurrido el Jueves Santo del año 1933, al anochecer, mientras varios fieles estaban en el Monumento haciendo la Hora Santa -a partir del año 1931 con el advenimiento de la Segunda República quedaron prohibidas todas las procesiones y bandeos de campanas-; como decía, en aquellos momentos entraron en la iglesia, por la puerta principal, un grupo de voluntarios que corriendo se dirigían hacia la Capilla del Corazón de Jesús, donde enfilaban las escaleras de la torre. Era día 13 y al día siguiente, siendo Viernes Santo, era nada menos que el 14 de Abril, segundo aniversario de la proclamación de la Segunda República Española. Empezaron a voltear las campanas, no cansándose aquellos voluntarios de bandearlas con todas sus fuerzas.

Torre campanario de La iglesia parroquial de Santa Bárbara de La Puebla de Castro. Delante, un grupo de jóvenes junto a la fuente abrevadero del portal. Foto facilitada por Ángel Vidal Abizanda.

Los fieles en la iglesia, quedaban disgustados al oír las campanas en aquel día sagrado en que ellas estaban de “luto”, en silencio hasta el Sábado Santo, habiendo sido sustituidas, como ya se ha dicho, por la gran matraca de la torre que, girando con su eje acompasadamente, anunciaba todos los actos de la Semana Santa.

Al día siguiente en el pueblo y para más inri, gran alboroto y más bandeos de campanas.

 

LA INOCENTADA AL CURA

Autora del artículo: Serafina Suárez Salamero

Publicado en el Libré de las Fiestas de La Puebla de Castro del año 2018


Veamos primero el contexto en el que tienen lugar los hechos que se narran en el relato “La inocentada al cura” y que ayudarán a su interpretación.

Los acontecimientos suceden en el año 1945 en La Puebla de Castro.

Solo había un teléfono para todo el pueblo que se encontraba en Casa Cirilo (Casa Pueo) en la Calle General Prim.


Casa Pueo (Casa Cirilo). Calle General Prim de La Puebla de Castro. Año 1945. Foto facilitada por Casa Gul de La Puebla de Castro.

No había agua corriente en las casas. Las mujeres eran las encargadas de traer el agua, con cántaros, de las dos fuentes del pueblo, la del portal y la del chinchano, reponiendo diariamente la “tinaja del agua” de sus casas (hasta 1962 no llegó el agua corriente a las viviendas). En el relato se hace referencia a que las chicas van a la puesta del sol (al oscurecido) a buscar el agua a la fuente.


Fuente del Chinchano de La Puebla de Castro. Llenando los cántaros, Pilar Permisán González (Pilarín de Casa Ronda), año 1950.

Cada casa criaba, en la corraleta que solía estar en la era, un cerdo destinado a la matacía. Se le alimentaba con pastura, cocinada en un caldero, sobre el fuego de leña del fogaril de la cocina, caldero al que se echaban restos de comida, pieles de patatas, panochas de maíz, salvado, tronchos de verdura… Las mujeres eran las encargadas de llevar la pastura, en una caldereta o “cubo de la pastura”, al comedero del cerdo. En el relato se menciona a una de las chicas llevando la pastura a la era.

Eran tiempos en que la mayoría de las chicas soñaban con la ilusión de encontrar un buen hombre, casarse y crear una familia. Para poder logarlo, las virtudes de la chica constituían su mayor galardón, eran su dote personal y su encanto.

Los personajes que aparecen en la historia:

El cura de la localidad: Mosén Antonio Olivera Labazuy. Residía en esas fechas en Casa del Cirujano, cuya dueña era Vitoriana Rami Torres. La vida cotidiana estaba condicionada por la religión. Mosén Antonio, revestido siempre con la tradicional sotana, simbolizaba la figura más respetable del pueblo. Era hombre de genio y de marcado temperamento cuya sola presencia irradiaba autoridad.

Cirilo Burrel Pueo: regentaba la tienda de ultramarinos y el teléfono del pueblo.


Tienda de Cirilo (Casa Pueo de La Puebla de Castro). En el Centro de la foto, Cirilo Burrel Pueo, rodeado de su familia en su tienda de ultramarinos. De Izquierda a Derecha: su hija Pura Burrel Porta, su hijo Cirilo Burrel Porta, Cirilo Burrel Pueo, su mujer Florencia Porta Aturiac, y el sobrino Rafael del pueblo de Abiego que vivia con sus tíos y trabajaba de dependiente en la tienda. Este comercio, fundado en 1926, se fue ampliando con artículos de ferretería, calzado, ropa, etc. Existiendo también una rompedora de almendras que daba trabajo a unas 14 personas. El negocio lo regentó, junto con su esposa e hijos, hasta su fallecimiento. Foto facilitada por Pura Burrel Porta y José Moliner Trell.

Las jóvenes que realizaron la inocentada: Amalia Ciutad Mora de Casa el Cortante y Serafina Suárez Salamero de Casa Romeu.

Comienza el relato de los hechos reales ocurrido el día de los Santos Inocentes del año 1945 en La Puebla de Castro, escrito por una de sus protagonistas, Serafina Suárez Salamero.


LA INOCENTADA  AL CURA.


Lo que os voy a contar, hace años que pasó, teníamos 16 años. Era el 28 de Diciembre, día de los Inocentes del año 1945. Dos chicas muy atrevidas pensaron: “¿A quién podríamos engañar este año…? Una dijo, “…a Mosén Antonio. La inconsciente ocurrencia se transformó en acción. Allá que fuimos. Desde la puerta de Casa del Cirujano llamamos resueltas: “¿Siña Viturianaaaa… está Mosén Antonio…?”. La Siña Vitoriana contesta: Sí chiquetas, está desayunando, ¿qué queréis?. Respondemos: “¡qué lo llaman al teléfono!”. Al punto Mosén Antonio deja el desayuno y en cuatro zancalladas llega a Casa Cirilo: ¿Quién me llama?”. La respuesta del Siño Cirilo lo deja descompuesto: ¡…ay Mosén Antonio ya l’an engañau, hoy son los Inocentes!”. Nosotras, a distancia, y con cuidado de no ser vistas, observábamos la escena desde la Plaza Mayor, asomando escasamente la cabeza por la esquina de Casa Tereseta. Creo que se nos heló la sangre, con el genio que gastaba Mosén Antonio, si en ese momento nos pilla yo cuento que nos devora.


Mosén Antonio Olivera Labazuy. Foto facilitada por Casa el Cirujano de La Puebla de Castro.

De vuelta en Casa del Cirujano y al desayuno que dejó a mitad, y que el descaro sufrido no le dejó acabar, Mosén Antonio interroga a la Siña Vitoriana: “¿quién me ha engañau?”. Responde Vitoriana: “pues mire, han siu la moceta de Romeu y la moceta del Cortante”.

¡Madre mía el revuelo que se levantó en el pueblo! Las críticas, de boca en boca aún calentaban más el ambiente. Parecía que hubiéramos cometido el crimen más grande del mundo. El vecindario, aquí y allá, comentaba escandalizado: “¡que pocas vergüenzas estas mocetas, que descaradas, ir a engañar a Mosén Antonio, la persona más digna y respetable del pueblo!”.

¡La que habíamos armado! Estábamos asustadísimas. Pasamos siete días sin apenas salir de casa por miedo a encontrarnos con Mosén Antonio. A buscar agua a la fuente íbamos al oscurecido y, a la era, a llevar la pastura al tocino, bien pronto por la mañana; en fin, un verdadero tormento. Mi amiga todavía estaba peor, el disgusto le produjo un terrible dolor de cabeza que no la dejaba levantarse de la cama.

Al octavo día pensé que había que poner fin a tan angustiosa situación y me decidí a pedir perdón a Mosén Antonio. Llevaba la pastura a la era con estos pensamientos en la cabeza cuando, llegando a la mitad del portal, veo a Mosén Antonio salir por el cubierto de Gros. Mi decidida valentía se tornó en el espíritu de un mosquito.  Espantada de verlo agaché la cabeza y, temblando y sin mirar atrás, escapé a correr con la caldereta de la pastura en la mano. Llegué como pude, pero a salvo, a la era a dar de comer al hambriento tocino.

Serafina Suárez Salamero.

De vuelta en casa, y recobrado el ánimo, volví a mi propósito. Recuerdo repetirme en el pensamiento: “¡venga valiente, ve a pedirle perdón…!”. Esta vez, evitando el efecto sorpresa fui yo quien salí al encuentro de Mosén Antonio. Lo encontré en el jardín de la iglesia poniendo arena a un florero. Al verme llegar levantó la cabeza y me dijo: “¿A dónde vas?”. Yo respondo: “vengo a pedirle perdón”. Él dice: “pues más vale, porque s¡ no, no os perdono… ¿y la otra buena pieza, dónde está?”. Yo contesto: “está enferma en la cama con dolor de cabeza”.  Él concluye: “le dices que si no viene a pedirme perdón que se atenga a las consecuencias”. Dicho esto, me dio una bofetadeta y me fui loca de contenta.

Liberada de la pena, corro a Casa del Cortante, subo las escaleras y entro como una fuina en la habitación a contárselo a mi amiga. Allí seguía ella, tumbada en la cama, con su fuerte dolor de cabeza, repitiendo estoy muy mala, muy mala, pero que muy muy mala...”. Yo, recordando las palabras de Mosén Antonio le digo que haga el favor de levantarse enseguida y de ir a pedirle perdón como yo había hecho. Mi amiga, tozuda, se resiste: “no iré y no iré, no ves que estoy muy mala…”.

Amalia Ciutad Mora.

Para vencer su negativa utilicé mi intuición y una pequeña mentirijilla. Le dije que Mosén Antonio me había dicho que de no ir las dos a pedirle perdón, como castigo nos mandaría, el día de Año Nuevo, salir delante de todos los asistentes durante la misa en el momento de la Adoración del niño y, delante del altar mayor, a mí me haría sujetar al Niño Jesús y a ella la bandeja para la colecta mientras los vecinos pasaran a adorar. Mi amiga se imagina la situación, se lleva las manos a la cabeza y exclama asustada: “¡Ay Dios mío, que desgraciadas, allí delante de todo el pueblo, tú sosteniendo el Niño Jesús y yo con la bandeja…!,  ¡Qué vergüenza más grande…!, ¡Pobres de nosotras… ya nunca mos casaren….! ¡Nunca mos casarén…!”.

Mi artimaña dio resultado. Mi amiga saltó de la cama y fuimos las dos, arrepentidas, a presentar nuestras disculpas a Mosén Antonio… ¡¡y nos perdonó!!

Las dos nos hemos casado con dos chicos maravillosos, mi amiga, Amalia Ciutad Mora, con Julián Lasierra Marro de Casa Nuguero; y yo, Serafina Suárez Salamero, con Gregorio Bardají Cajigós de Casa Baldellau.

Todos los años, al llegar el 28 de Diciembre, recordamos aquel día en que engañamos a Mosén Antonio. Hay vivencias que nunca se olvidan. Por cierto, Amalia y yo aprendimos a pensar dos veces las cosas antes de hacerlas, consejo que os recomiendo también para  vosotros.






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