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BARASONA Y SU EXPROPIACIÓN EN 1927

BARASONA Y SU EXPROPIACIÓN EN 1.927


 


Autor: Antonio Torres Rausa

(Artículo publicado en el Diario del AltoAragón el domingo 19 de noviembre de 2000)




          Cuando todavía resuena el estruendoso eco de 400.000 aragoneses diciendo no al trasvase del Ebro, yo me acuerdo de aquella caravana de tartanas, mulas y caminantes que se manifestaron en la plaza de Barasona... Pero los riegos del Alto Aragón no regarían más que los del Bajo Aragón y amplias zonas del Pirineo, Mediano, Cancer y Barasona, serían finalmente sacrificados. Mal precedente nos dimos los aragoneses.

Barasona. Años 20 del Siglo XX.

          Cuenta Justo Broto Salanova que “fue a las 10 de la mañana del 17 de Octubre de 1.926 cuando se inauguraron las obras de la presa bajo Lumbierri. Era Domingo y dicen que lucía en un cielo azul un sol esplendoroso (a veces, la naturaleza hace guiños incomprensibles). Esta tarde, en la Casa Consistorial de Barasona, fueron convocados los vecinos por don Pio Rivera, síndico de la Confederación Hidrográfica del Ebro. Don Pio Rivera expuso las condiciones de indemnización, y no hubo más. El vecindario tenía tres años para marcharse. Quienes subieron a Graus se trajeron los escudos de Castro y de Pinós  (ver fachada casa Oncino en el Barrichós)  y la pequeña imagen antigua de la Virgen del Cepillo. De la ermita de San Sebastián se trajo - y formaría la clave del arco de entrada a Hilaturas del Esera, como capricho -, una cabeza de carnero de piedra, recuerdo de la cañada secular. Allá por el 20 de Septiembre de 1.929, las aguas del río desbordaban los parapetos de las huertas, cubrían los ciruelos, subían aún hasta alcanzar los pretiles de piedra del pueblo para mojar las alpargatas a dos ó tres rezagados perplejos e incrédulos.Ese día, bajo un sol espléndido, Barasona, el feliz pueblo de la baja Ribagorza, se sumergía lentamente bajo las turbias aguas de un presunto progreso y desarrollo económico de las tierras bajas de Aragón... ó  de España. Qué más da. La milenaria torre de la iglesia fue la última en despedirse.

          Barasona ocupaba el centro de una llanura ondulada en cerros suaves. Las casas, lo mismo que ocurría con La Puebla,  aprovechaban sus compactas fachadas de piedra y cal para formar una muralla  defensiva  que no le sirvió ante las traicioneras expropiaciones. Según Justo Broto, era un pueblo de colonización, creado por los conquistadores de la zona allá por el siglo XI. Nosotros, como veremos más adelante, le damos una antigüedad mayor.

Foto del Pueblo de Barasona con los escudos de los Castro y los Pinós en Casa Oncino
          Pueblo trazado a cordel en cuadrilátero perfecto, como si de un campamento romano se tratase, con calles rectas que salían de la plaza. Al este, de cara a Graus un portalón (ver fotografía) lucía el escudo de los Castro y el de Pinós (que luego se trasladaría a Graus) como recordatorio de que nos encontramos en plena baronía de Castro.   

Los escudos de los Pinós y los Castros trasladados a Casa Oncino en Graus
Alrededor, la rica huerta que aprovechaba los meandros del río Esera, estaba protegida con paredes contra las frecuentes riadas. Barasona producía cereal, lino, cáñamo para alpargatas, nueces, almendras, ciruelas para secar, vino (algo flojo), ovejas, abundante caza de conejos y perdices... De todo ello había estado siempre bien informado, años atrás y durante siglos, el Abad de La Puebla de Castro sobre cuyo pueblo tenía la jurisdicción del diezmo.

Plaza de Barasona con la Torre de la Iglesa al fondo. Años 20 del Siglo XX.
 
          En su origen, Barasona fue una iglesia sufragánea del Abadiado de Castro, cuyo Abad y Racioneros, desde su atalaya románica, cuidaban de la salud de sus almas. El censo de 1.553 le da una población de 8 vecinos, equivalente a unos 40 habitantes.  Según un documento de 1.573 (“El Abad de Castro contra los jurados de Barasona”, legajo 88 del archivo diocesano de Barbastro), el Abad de Castro, don Francisco Riazuelo y sus sucesores, debía pagar el día de San Martín, a cargo de las rentas del abadiado y para el mantenimiento del cura encargado de Barasona, tres cahices y medio de trigo limpio, bueno y mercadero y un nietro de vino negro, condenando a los habitadores de Barasona a pagar todo lo que costase de más el mantenimiento de un Presbítero, que debía ser un Racionero de los que estaban en Castro formando Colegio con el Abad y que por turnos  ó semaneros, bajaban por el antiguo camino del Soto, cruzaban junto al molino harinero del barón de Castro, en la partida La Ribera, y alcanzaban con relativa facilidad el pueblo de Barasona. Más costoso sería el regreso que, probablemente, lo harían por el actual camino de la Reguera hasta alcanzar el más plano que va desde La Puebla a Castro.

          A partir del año 1.622 el Abad de castro y sus Racioneros se bajaron  a La Puebla de Castro y, poco después, Barasona fue declarada Vicaría Perpetua de La Puebla, con cura propio e independiente en cuanto a jurisdicción, pero conservando el Sr. Abad de La Puebla el derecho al Diezmo  pero  no a la Primicia.

          Todavía a finales del siglo XVIII (“Decretales de La Puebla de Castro de 1.776”, archivo diocesano) Barasona  (ó Varasona, como se escribía entonces) paga al Abad de La Puebla “décimo de trigo, mixtura, ordio común, ordio marcal, abena, cárraon, mijo, vino, cáñamo, lino, pollos, cebollas y guijas, y no se pagan primicia de ningún fruto, pero se advierte pagan décima de corderos y cabritos, aunque en el día, por convenio dan dos reales por cada cordero de décima”. El Abad, por otra parte, está obligado a dar al Vicario de Barasona 20 escudos, 8 cahices de trigo, 4 de centeno, 4 nietros de vino y 4 cántaros.

          Pero el pantano, y sobre todo el barro, sepultaron celosamente otros muchos misterios que quizás los hombres de hoy no merecemos conocer por haber cometido ó permitido el crimen de la expropiación.

Calle de Barasona. Foto delos años 20 del Siglo XX.

          Bienvenido Mascaray, en su interesante libro “El misterio de la Ribagorza”, dice que Barasona es un “crinónimo”, esto es, el nombre de un crimen, el nombre de un pueblo feliz hasta principios del siglo XX, en que fue sumergido bajo las aguas del pantano de Joaquín Costa. Pero el alma sigue ahí, insepulta, ocultando su misterioso pasado.

Según el mencionado libro, la etimología de este pueblo, como la de otros tantos pueblos de alrededor,  (Juseu, Lombierres, Nabarri, Grustan, etc.)  viene del vasco: Baratz = huerta; on =buena; a= la. Barasona quiere decir “La buena huerta, la huerta feliz". Su etimología sugiere una cultura y una existencia ibero-vasca, muy anterior a la romana Labitolosa.  Miles de años antes de los romanos, esta zona y otras de la Ribagorza, estarían pobladas por tribus, sin una unidad política,  pero con un sustrato cultural común de etnia  euskaldúna ó ibero-vasco. Si esto fuera así, como creemos, no debe interpretarse como un apoyo al nacionalismo expansionista vasco, sino todo lo contrario, pues al final de todo, se llegaría a la conclusión de que los  españoles de etnia euskalduna probablemente son muchos más que los que certifican los dispensadores oficiales del nacionalismo.

          Una segunda navarrización se produjo en el año 1.016 cuando Sancho Garcés III el Mayor, rey de Navarra, conquista Ribagorza, a pesar de lo cual el latín y la cultura romana han prevalecido hasta el punto que muchos topónimos de indudable origen ibero-vasco,  se han ido interpretando según los cánones de la cultura vencedora,  en lo cual ha influido, también, el absoluto desconocimiento del vasco. Este sería el caso de Barasona, “La huerta feliz”, que mataron los expropiadores y que esconde bajo los compactos barros del pantano el misterio de sus orígenes, probablemente ibero-vasco.

          En el Ayuntamiento de La Puebla, que también sufrió la expropiación de sus tierras de la Ribera, se guarda la documentación en la que consta el justiprecio del crimen.

          Las tierras consideradas de primera se pagaron a 22,50 Ptas. por área y a 15 Ptas. cada almendro, justiprecios que los de Barasona no aceptaron ya que sus tierras, al estar más próximas que las de La Puebla, suponían  para ellos un mayor valor añadido por su facilidad en el cultivo. En efecto, asi lo argumentó el perito-agrimensor:

 “Deben tener mayor valor  estos últimos (los de Barasona) debido a que  los terrenos objeto del expediente distan por lo menos de 5 a 6 Kilómetros de La Puebla, el camino que se encuentra es inaccesible para el carro y muy malo y pesado para las caballerías, que no pueden llevar más que la mitad de la carga acostumbrada por la razón de que el camino es muy pendiente y escabroso; mientras que esos mismos terrenos de el pueblo de Barasona están el que más a kilómetro y medio con muy buen camino para carro, pues si bien hay que cruzar el río Esera tienen tal costumbre ya de hacerlo que hasta los muchachos de corta edad lo vadean, porque salvo muy raras excepciones la altura del agua no excede nunca de 30 a 35 centímetros, así es que las labores resultan en Barasona un 25% más baratas y los acarreos un 75%, por lo tanto el valor de estas tierras para esos vecinos debe ser un 25% más que el valor que se les ha dado a los de La Puebla.

Los almendros que abona el perito de la Administración a 15  pesetas unos, no los puedo aceptar por considerarlo excesivamente bajo según voy a demostrar. Los almendros....pueden producir seguramente un doble-decálitro de almendras cada año, unos con otros 2/5....Las almendras hace algunos años que se han pagado por lo menos de 4 a 9 pesetas el doble y buscando el término medio que es de 6,50 pesetas resulta que los dos quintos de almendras que ha producido el árbol (unos años por otros) tiene el valor de 2,60 pesetas, deducido una pesetas por gastos de cultivo y recolección queda 1,60 pesetas la renta anual de cada almendro, la cual, capitalizada al 5% dá un valor de 32 pesetas que es el exacto y justo que debe tener cada almendro

          Tenemos la impresión que la Administración se salió con la suya, pese a tan razonables y sutiles argumentos y que no alcanzaban la esencia del problema, que era  el inicio de un proceso de destrucción de los pueblos del Alto Aragón en beneficio de los regadíos de las tierras bajas y de otros intereses capitalistas. Mucho me temo que este ejemplo que nos hemos dado los aragoneses no sea un buen precedente para defender las aguas del Ebro frente a otras comunidades. Tampoco, en este caso, se realizaron las inversiones y obras prometidas en Graus para regar algunas tierras  para los expropiados.

          Construido ya el Pantano, la playa de la Ribera se convirtió a partir de los 50, en un lugar muy exclusivo para “los catalanes” que venían a veranear a La Puebla ú otros pueblos de alrededor, algunos descendientes de Barasona que habían tenido que emigrar a Barcelona, en aquellos tiempos, la capital del trabajo en España.
          En los años del desarrollismo, se construyó la urbanización Lago de Barasona, que es como el barrio marítimo de La Puebla de Castro y un Camping muy visitado por holandeses y belgas. En la actualidad, el Lago de Barasona es un lugar internacional y conocido, pero muy pocos conocen la historia triste que subyace  en  sus aguas.

Torre de la Iglesia Parroquial de Barasona asomando sobre el Pantano

          Por el contrario,  los niños de entonces esperábamos el final del verano, cuando el pantano se deshinchaba por la sequía, para ver la torre de la iglesia que emergía enhiesta y enigmática, con su campanario de ojos tristes y alargados, sin campanas. Nos hacía soñar con las historias que guardaban las casas bajo el barro. Pero esta relación sentimental fue corta, pues allá por los años 50, el regimiento de Artillería  de Montaña, nº 29 parece que hizo puntería y acabó con este último testigo, guardián de un pueblo de 20 casas y  90 vecinos:

Casa Mathias Marro, Casa Sebastián Salas, Vicente Franco, Ramón Viñas, Juan Sopena, Franco Oncino, Lagüens, Agustín Franco, Joseph Angusto, Juan Franco, Joaquín Macarulla, Joaquín Serena, Román Gros, Blas Calvera, Francisco Baquer, Pedro Sesa, Igancio Arnal, Antonio Blanco, Ramón Bardina, Ramón Calvera.

In memorian de Barasona”, la huerta feliz.

LA CASA DE PERALTA: RAPTO EN LA NOCHE, MATRIMONIO FORZADO Y DESIGUAL EN EDAD Y PLEITOS POR SUCESIÓN Y POR DIEZMOS

LA CASA DE PERALTA: UN CURIOSO CASO DE SUCESIÓN, AÑO 1585 Y UN PLEITO POR DIEZMOS, AÑO 1719.

 


Autor del Artículo: Antonio Torres Rausa.

Publicado en el Diario del AltoAragón el domingo 28 de Marzo de 1999.





La Casa de Peralta, actualmente en ruinas, está situada entre La Puebla de Castro y Secastilla. Grustán es un pueblo abandonado entre maravillosos acantilados, próximo a Graus.

La Casa de Peralta vista desde La Puebla de Castro. Autor de la foto: Fernando Martín Bravo.

Francisco Ximénez de Sant Román, señor y tenente del lugar y castillo de Peraltilla de La Puebla de Castro, y de los términos y vasallos del mencionado lugar, tanto masculinos como femeninos, y contando con plena jurisdicción civil y criminal, alta y baja, de mero y mixto imperio, tanto para los que entraren como los que salieren de dichos términos…”

Con estas solemnes palabras, literalmente traducidas del latín, de un documento de 1585, Francisco Ximénez de Sant Román inicia su defensa de propiedad del castillo y lugar de Peralta, que entonces se decía Peraltilla (Casa de Peralta), ante los alegatos de legitimidad de don Juan Bernat de Mur, cuyo padre había muerto cuando tan apenas había cumplido los 6 años, siendo su madre Gracia de Mur y de Abizanda.

La Casa de Peralta. Debajo se aprecian los corrales donde se guardaba el ganado.
 Foto facilitada por Antonio Torres Rausa.

Desde entonces, hacía ya 40 años, la familia Ximénez había entrado en la sucesión de la Casa de Peralta, ante la supuesta ilegitimad de Juan Bernat. Su padre se llamaba Bernat de Arcas y era Señor de Grustán. Pero el haber tomado el apellido De Mur, de su madre, no obedecía, alegaba, a que sus padres no estuviesen casados, sino a la voluntad de conservar el apellido con el que, desde tiempo inmemorial, era identificada la Casa de Peralta. Esto mismo es lo que le decía su tío, Pedro Arcas, Señor de Lapenilla, persona con la que siempre estuvo muy unido su padre, con una extraña complicidad que acaso sobrepasaba la de simples hermanos. ¿Cómo no iban a estar casados legítimamente sus padres, si como le explicaba su tío, en su bautizo, que tuvo lugar en La Puebla de Castro, oficiaron 12 clérigos y 12 madrinas?


La Casa de Peralta. La entrada principal. 
A la derecha la puerta de entrada a la capilla. 
Foto facilitada por Antonio Torres Rausa.

Cuando murió su señor padre a los 80 años, Juan Bernat de Mur tenía 6 años, demasiados pocos para poder defender lo que era suyo, pero los suficientes para darse cuenta y poder recordar cómo uno de los hermanos Ximénez amenazaba con crucificar a su madre, ya viuda, si no se casaba con su hermano.
 
El caso es que, destruida o quemada toda la documentación que había en su casa, tuvo que esperar treinta y tantos años para reclamar sus derechos, demasiados probablemente para que no se cumpliera el viejo refrán de “melior es conditio possidentis” (mejor que usted los posea).

En efecto, don Francisco Ximénez de Sant Román, Infanzón y Señor temporal de Peralta, en un grueso volumen de 1585 que hemos encontrado en los archivos de la Diócesis de Barbastro, contrarresta la legítima reclamación de don Juan Bernat de Mur con toda una historia que, como dicen los italianos, “si non e vera e bene trovata” para lograr sus fines.


El grueso volumen comienza aduciendo contra la legitimidad razones de parentesco, que hacían imposible el matrimonio de Bernat de Arcas con Gracia de Mur y de Abizanda, nada más y nada menos que su sobrina bisnieta. En efecto, el hermano de Bernat de Arcas, llamado Pedro de Arcas, Señor de Lapenilla, engendró a Leonor de Arcas que, casada con Juan de Mur, Señor de Peralta (Casa de Peralta), tuvieron a Catalina de Mur, madre de Gracia de Mur y de Abizanda, su esposa aparente. Así pues, Gracia de Mur y Abizanda era bisnieta de Pedro Arcas y sobrina nieta del que abría de ser su marido a la fuerza Bernat de Arcas. Parentesco muy desigual que, como decía su madre Catalina, Dios nunca bendeciría.

En este sentido, relatan Juan Plana y Pedro Pocino, vecinos de Peralta y otros vecinos de La Puebla de Castro, que pese a las presiones morales sufridas, doña Catalina siempre se opuso a que su hija legalizase el penoso amancebamiento que no por público era más fácil de sobrellevar en una sociedad dominada por las instituciones eclesiales. Pero como decía doña Catalina, “Dios nunca podría bendecir una relación tan desigual”, si bien en su fuero interno, pensaba más, sin duda, en el origen infame de esta relación. Es entonces cuando sus profundos y sombreados ojos, acaso de tanto llorar, adquirían la terrible fijeza de la resolución inamovible que el rencor, tragado y digerido lentamente, alimentaba.

La Casa de Peralta vista desde San Gregorio. 
Autor de la foto: Fernando Martín Bravo.

Las declaraciones de los susodichos testigos, las de Rodericus Labazuy, infany carlans de Juseu, y las de Pedro Sin, Infanzón y labrador del mismo lugar, que pese a los 70 años bien cumplidos gozaba de una muy buena memoria, hacían justicia a la terca resolución de la Madre.

Era el testimonio de Pedro Sin acaso el más valioso, ya que había servido durante año y medio a Bernat de Arcas, y la sazón, señor de Grustán. Acaso, aunque él no lo diga, le acompañó a perpetrar el delito, ya que era el confidente de los dos hermanos pasándose el año y medio de servicio entre Grustán y Lapenilla, Señoríos de ambos hermanos como queda dicho.

LOS HECHOS, según el cualificado testimonio de Pedro Sin, ocurrieron de la siguiente manera: Al anochecer, cuando el pastor recogía los ganados en los corrales que hay fuera del castillo de Peralta, bajó la señorita Gracia de Mur a cerrar la puerta, en el momento que un encapuchado montado a caballo la cogió del brazo y la hizo subir a las ancas del caballo rodeándola con una toalla por la espalda, hundiéndose a continuación, a todo trote, por el estrecho barranco que conduce hacia Graus.

La Casa de Peralta. Autor de la foto: Pedro Bardaji Suarez

A los gritos de la niña y cascoteo del caballo, su padre y criados de la casa pusieron en persecución al jinete y los ochos lacayos con los que iba protegido el raptor, sin alcanzar otra utilidad que la identificación del malhechor: se trataba de Bernat de Arcas, Señor de Grustán, viejo conocido y pariente de la casa, hombre que frisaba ya los 73 años.

Como decimos, llegados a Graus, se perdió la pista del raptor, que llegó con la niña al lugar de Albelda, a la casa de Mosén Pou, donde la preñó y donde vivieron como marido y mujer. Este hecho lo confirma Monserrate Sagarra, labrador (¿labradora?) de Juseu, que entonces vivía en Albelda y era conocedor del rapo habido en la Casa de Peralta.

Entre tanto, el padre de la infeliz criatura, Juan de Abizanda, había escrito al Obispo de Lérida, no porque supiera que su hija se hallara en Cataluña, sino porque Barbastro era entonces sede vacante, para que todos los párrocos estuviesen apercibidos de estos hechos e hiciesen volver a los huidos a su casa, con la promesa de perdón y de aceptación de la prole si la hubiese.

El mismo testigo que los vio en Albelda, pudo confirmar en testimonio jurado que, pasados seis años, vio a Bernat de Arcas y a Gracia de Mur en la Casa de Peralta, viviendo como marido y mujer y a Juan de Mur (Juan Bernat de Mur), reputado como hijo y que se dirigía a sus padres llamándoles “señor padre y señora madre”.

El documento de 1585 no incluye la sentencia definitiva de la legitimidad de Juan de Mur.


PLEITO POR DIEZMOS CON EL ABAD DE LA PUEBLA DE CASTRO D. PEDRO BORRUEL EN EL AÑO 1719.


En todo caso, las dos familias litigantes, probablemente llegaron a algún acuerdo, sellado con matrimonio, pues hemos visto el apellido Ximénez de San Román y de Mur en un pleito que el Abad de La Puebla de Castro, don Pedro Borruel, mantuvo contra la Casa de Peralta, en reclamación de trece corderos, correspondiente al diezmo de corderos del año 1719 y en el que se amenazaba con la pena de excomunión mayor late sententiate al mencionado Ximénez de San Román y de Mur.

La Casa de Peralta. Autor de la foto: José Noguera García.

Arrogantes infanzones los de la Casa de Peralta, solariegos de Grustán, verdadero nido de águilas entre piedras, bravos acantilados y aromas de viagra. Aventureros de dama y caballo, poco cristianos en el pago de los diezmos.

La Casa de Peralta se ramificó en Graus, pues en el padrón de Infanzones de Graus, aparece como tal “Don Carlos Ximénez, hijo de Don Martín Ximénez de San Roman, Señor de Peralta, Infanzón notorio y público”.

ABADIADO DE CASTRO - 2 de 3 - LAS VISITAS PASTORALES DE LOS AÑOS 1.528, 1597 Y 1.699

ABADIADO DE CASTRO (2 de 3)

2) LAS VISITAS PASTORALES DE LOS AÑOS 1.528, 1597 Y 1.699

(Autor: Antonio Torres Rausa)

Este trabajo se publicó en 2 entregas en el periódico "Diario del Alto Aragón". La fecha de publicación de los artículos fueron: domingo 1 de mayo  de 2002 y domingo 26 de mayo de 2002.



LAS VISITAS PASTORALES DE LOS AÑOS 1.528 y 1597

Los obispos como verdaderos rectores y pastores de sus diócesis, han tenido desde el siglo IV la obligación canónica de visitar sus parroquias una vez al año, y si la diócesis es muy extensa, al menos cada dos años. Esta era una obligación personal, salvo fuerza mayor, ó sede vacante, en cuyo caso era realizada por un visitador delegado del obispo ó del cabildo en su caso. Como se comprenderá, por pequeña que fuera la diócesis, si deducimos los meses más inclementes y las principales festividades del año, en que el Obispo debía presidir la liturgia en la catedral, eran muchos los días del año en que al obispo y su séquito, por lo general, un notario, un fiscal y un nuncio, se les podía encontrar con sus mulas y carruajes, por los peñascosos caminos de la vieja Ribagorza.

 Cada viaje era preparado concienzudamente y era avisado con doble carta, una para el párroco, no estuviera ausente, y otra para los jurados del pueblo a fin de asegurarse un buen alojamiento que no siempre coincidía con las abadías. El cuestionario por lo general era común a los distintos pueblos programados en el viaje y respondía a las preocupaciones del obispo: conductas de los curas, estado material de las iglesias y objetos del culto, abadías, cementerios, libros parroquiales, testamentos, etc. Por todo ello cobraban los visitadores unos derechos que se llamaban de dieta, de pila (por la visita a la pila bautismal), de testamentos, de sepultura, etc. que les permitía sobradamente sufragar los gastos de desplazamiento y que se anotaban en un libro paralelo al de la visita.

Analizadas desde hoy las visitas pastorales, constituyen un valioso testimonio de la vida de aquellos pueblos, muy centrada por cierto en la iglesia, su liturgia, las celebraciones importantes de sus vidas, presididas por el clero desde el bautismo hasta la muerte. Puede decirse que la iglesia y lo que acontecía en ella, era lo único de importancia y de relieve que pasaba por sus anodinas vidas, nacidas para sufrir, trabajar de sol a sol, desde los 4- 5 años hasta  el fin de sus días que, por término general, ocurría antes de los 60 años. El tener un retablo con imágenes de santos, diablos ó ángeles con que llenar su necesitada imaginación ó un buen juego de campanas en lo alto de la torre, para guiar al perdido en las noches más obscuras, levantar el ánimo en un bandeo festivo ó modular los sentimientos tristes en el toque de difuntos,  eran necesidades que debían ser aseguradas por el Visitador, y por supuesto, entraban en los cuestionarios de las visitas pastorales, como en la que se hace en 1.597 a La Puebla conminando a los Jurados de la villa a que, en el plazo de un año, concierten un retablo para el altar mayor. Fue precisamente el 25 de Julio del año 1.597 cuando el Visitador Carolus Muñoz, Dei Apostólica Sedis Gratia Barbastrensis,  visitó la parroquial de San Román de Castro y de La Puebla, aneja a Castro. Entre otras cosas, manda al Abad, Vicario y racioneros de Castro que en los tres dichos lugares (Castro, La Puebla y Barasona) enseñen cada Domingo la doctrina cristiana y que hagan guardar las fiestas y cumplir con el precepto de ir a misa. Pero lo que el Visitador subraya con tinta roja es que no se entiende que los de La Puebla de Castro sigan sin tener un retablo en el altar mayor, tal como había ordenado hace un año. Por lo cual conmina a los Jurados y primicieros de dicho lugar a que en el plazo de un año concierten con un maestro un retablo cuyo proyecto, traza y formas él deberá aprobar, bajo pena de cincuenta escudos. Este sería el anterior retablo que hubo en La Puebla y que desapareció, no se sabe como, al traer de Castro el actual, sin duda de mayor calidad.
Hay que destacar en esta visita, que se ordena arreglar la pila bautismal de Castro, poniendo un vaso por dentro y una carroza a modo de tapadera. A la vez se ordena a los jurados y primicieros se compre unas crismeras de plata (las actuales que se conservan) para La Puebla y una horquilla de plata.


Sesenta y nueve años antes, en el mismo mes de Julio, concretamente el 16, del año 1.528 llegaba a Barasona la esperada comitiva presidida por Don Jacobus Maqull, Visitador Apostólico delegado del Cabildo de Lleida, a la sazón, sede vacante, y a cuya diócesis pertenecían la mayor parte de los actuales pueblos de la Diócesis de Barbastro, todavía no erigida. Serían, poco más ó menos, las 8- 9 de la mañana. No habían madrugado mucho ya que el día anterior habían visitado los pueblos de Aguinaliu, Castarlenas y Pueyo, donde habían dormido.

El programa de la visita ya se lo había anunciado al Abad de Castro, D. Francisco de Riazuelo, y a los jurados de La Puebla. Primero harían la visita a Barasona, luego la de Castro y, finalmente, la de La Puebla, donde pasarían la noche ya que la abacial de Castro se encontraba bastante deteriorada, como ellos mismos comentan en el resumen de la visita. Al día siguiente, 17 de Julio, cumplirían con Volturina, Obiergo y Sequastella. Los días de Julio eran largos lo cual unido a una buena organización del itinerario, les permitía hacer tres pueblos en un día.


Foto de Barasona antes de ser inundada por el Pantano
Comienza con la visita a Barasona, y dice que la iglesia está dedicada a San Sebastián y servida por un vicario, cuyo nombre es ilegible, pero lo suficiente para saber que ya entonces tenía cura residente, aunque dependiente del Abad de Castro. Esto no ocurría con La Puebla que era atendida, lo mismo que Peraltilla (la actual Casa Peralta), por unos Racioneros que vivían en Castro. El visitador dice que es una parroquia sufragánea de la de Castro y halla todo correcto, el campanario y sus dos campanas, así como el cementerio que se halla a la salida del pueblo, debidamente cerrado y cercado. Es una iglesia de poca importancia ya que no tiene otros altares y “beneficios”, por lo que poco más hay que comentar. No obstante, en el libro de visitas, aparece con título propio, no así la visita a La Puebla que aparece como apéndice de la de Castro, eadem diari personarum”, ya que efectivamente era en Castro donde residían el Abad y los Racioneros que atendían La Puebla y Peraltilla (La actual Casa de Peralta).

De Castro dice que la iglesia está dedicada a San Román, y está presidida por D. Franciscus de Riazuelo el cual no es sólo rector sino Abad. Del espléndido retablo (hoy en La Puebla) dedicado a San Román y que había sido pintado hacía unos 28-30 años, probablemente a instancia de alguna anterior recomendación pastoral, no dice mas que “visitó el altar mayor y lo encontró adornado con todo lo necesario y bastante decentemente”, lo cual no nos debe extrañar ya que para entonces esta monumental obra no era más que un conjunto de cuadros con la historia de la Pasión y la vida heroica de San Román para ejemplo de las cuatro casas que había en la aldea. “Invenit illud ornatum omnibus necessariis satin decenter” Casi nada, que diría un coleccionista de arte.

Por el contrario, y curiosamente, al hablar del altar mayor dice que hay un beneficio, bajo la invocación de San Román y cuyo beneficiado es Bernardus Juan Sierra, el cual no está presente y tiene de rentas cien sueldos con la obligación de celebrar en dicho altar 20 misas por los fundadores del Beneficio que son la familia Falena.  Una forma de vincular a la tierra y a la carrera eclesiástica a los hijos, las familias pudientes, como probablemente sería la familia Falena, dejaban en testamento una cantidad de dinero adscrita a una fundación o beneficio de modo que se beneficiasen determinadas personas, por lo general los hijos, induciéndoles así a la carrera eclesiástica, a la vez que se aseguraban con sus oraciones un tranquilo descanso en el más allá. Bernardus JuanSierra sería el beneficiado y aunque ausente, al menos 20 días debería estar en Castro para celebrar las respectivas misas y poderse llevar los cien sueldos, cantidad con la que entonces se podía comprar 34 gallinas y que equivalía a 20 sueldos ó jornales de un peón.

Visitó el delegado episcopal otro altar dedicado a San Miquel, el cual estaría adosado al muro de la epístola. En este altar había un beneficiosub eadem invocatione” cuyo beneficiado era Salvador Angulo, presbítero ausente, el cual tenía por rentas  diez libras (aproximadamente 700 sueldos), debiendo celebrar en dicho altar sesenta misas. Este mismo altar tenía otro beneficio, bajo la invocación del Beato Albino y cuyo beneficiado era el Venerabilis Miquel Calvera, presente en Castro, el cual tenía de rentas diez libras y entre otras cosas que no se leen bien, cuatro casas que el visitador halló convenientemente conservadas, con la obligación de celebrar sesenta misas. Por lo que se ve, este altar era una mina de oro y la mayoría de las casas de la aldea pertenecerían al venerable Calvera, por cierto apellido que aparecerá posteriormente en Barasona y que ya existía en La Puebla en el famoso censo de 1.495. En la actualidad, del apellido Calvera no queda en La Puebla más que el topónimo “la baseta de Calvera”. Los otros apellidos de Santaliestra y Juan Sierra quedan patentes en sendas casas del pueblo.

Del resto de la visita, se destacan dos grandes lámparas que ardían frente al altar mayor, el cementerio que lo halló debidamente cerrado y el campanario en el que halló tres campanas, debidamente conservadas. La abadía, ya hemos dicho que la encontró  indigente” por lo que la mandó restaurar bajo pena de diez libras.
Destacamos la noticia que nos da del cementerio, debidamente cerrado, y que debemos situar junto al muro sur de la iglesia, en donde hay abierta una puerta por donde bajarían a los muertos desde el interior de la iglesia.

Respecto a personas y dignidades dice el visitador que hay en Castro cuatro dignidades, ademas del Abad, que son: Dominus Juan Sierra, dominus Calvera, que sirve Volturina, Manuel Santaliestra y Romualdus Santaliestra, que cuidan de la iglesia de Castro, de la villa de La Puebla de Castro, de Barasona y de Peraltilla.

A continuación habla de las relaciones económicas entre Abad y racioneros.



LA VISITA PASTORAL DE AÑO 1.699 Y OTROS DOCUMENTOS
             

Las visitas pastorales que los Obispos hacían a sus parroquias por imperativo canónico, se debían hacer una vez al año, con un cuestionario más ó menos standard y que casi siempre respondía a conductas y cosas materiales. Pero cuando se enteraban, por una acusación, de que algún cura no cumplía con sus obligaciones canónicas, sobre todo, sus obligaciones derivadas del celibato, la actuación era rápida y fulminante. Podrían aprender de esta forma de actuar, muchos monseñores de hoy que por tapar conductas reprobables de sus clérigos han tenido que enfrentarse incluso con la justicia secular.

La visita pastoral la efectuó a La Puebla de Castro el día 20 de Febrero de 1.699,   Don Joseph Martínez del Villar, por la Gracia de Dios, Obispo de Barbastro. Respondía a una acusación efectuada por el fiscal de la Diócesis, el Reverendo Emanuel López, que “dijo y alegó que en la Iglesia Colegial de la Villa de La Puebla de Castro y San Román de Castro hay una gran necesidad de visita y así mismo a los Abad, Racioneros, Vicario y Beneficiados de la Iglesia Colegial, por no cumplir aquellos con las obligaciones que tienen de sus beneficios.....para corregir y castigar sus operaciones y modo de vivir y examinarlos de su idoneidad y suficiencia......  La acusación es genérica pero ya se encargará el obispo de concretarla en el edicto que manda al Capítulo de La Puebla para que sea publicado en la primera misa de precepto que se celebre en la colegial y que, visto desde hoy, nos llama la atención por su claridad y valentía.

El edicto dice así: “Nos D. Joseph Martínez del Villar, por la Gracia de Dios.....etc. etc. sobre todo Juez Apostólico Delegado en las causas de visita...a todas y cualesquiera personas, así eclesiásticas como seglares de cualquier estado, grado ó condición sean a cuya noticia de abajo contenido...os exhortamos y amonestamos bajo las penas puestas por derecho que todo lo que supiereis ó hubieseis entendido algunos de dichos crímenes ó excesos...lo manifestéis ante Nos dentro del tiempo abajo señalado, especialmente si sabéis ó habéis entendido que no se digan y celebren los aniversarios y misas de tabla que hay fundados en esta Iglesia Colegial de Beneficios y Capellanías con el orden y cuidado que se debe. Item si sabéis ó habéis entendido que por culpa del Abad, Racioneros y Vicario de esta colegial, se haya muerto algún parroquiano sin recibir los Santos Sacramentos ó que haya dejado de visitar los enfermos consolando y exhortándolos a que dispongan en tiempo las misas concernientes a descargo de sus conciencias, ó que no les hayan ordenado sus testamentos habiéndoselo pedido, ó que no acudan a ayudar a buen morir a los enfermos, como tienen obligación ó que no declaren  al pueblo el evangelio los Domingos y Fiestas Principales, ni enseñen a los niños la doctrina cristiana...ó que pidiéndole entre el año algún parroquiano le confiese y comulgue no lo haya querido hacer. Item si sabéis que los Abad, Racioneros, Vicario ó Beneficiados sean causa de algunas riñas ó disensiones, si han jugado públicamente con escándalo a los dados, tablas, naipes, pelota, ó, otros juegos, ó si han sido tratantes ó entendido en otros oficios y ejercicios que desdigan el hábito sacerdotal....Item si sabéis que hayan vivido ó viven deshonestamente teniendo conversación con personas sospechosas entrando en sus casas ó consintiendo que ellas entren en las suyas de suerte que de su trato y de las frecuentes entradas y salidas de los unos en las casas de los otros, haya murmuración y verdadero escándalo, ó que se tengan en su servicio mujeres sospechosas..

..Y porque todo lo dicho resulta de gran daño al Pueblo....os amonestamos  y exhortamos bajo las penas puestas por derecho que si algo supiereis ó hubierais entendido de lo arriba dicho ó de otros cualesquiera vicios, lo vengáis a denunciar ante Nos y en nuestro Palacio episcopal de Barbastro en quince días naturales........Y que esto lo mandamos a vos el Vicario de la Colegial de La Puebla de Castro y a cualesquiera de sus presbíteros de esa diócesis que el primero día festivo ó en cualquier otro lo publiquéis en dicha colegial el presente edicto y de dicha publicación nos hagáis relación al pié de la presente...........

En nuestro Palacio episcopal de Barbastro el veinte del mes de Febrero del año de mil seiscientos noventa y nueve. Joseph Obispo de Barbastro.”


Al pié del edicto consta. “Ago verdadera relación el abajo firmado como he publicado el presente edicto al tiempo del ofertorio de la misa conventual en veintidós de Febrero del año mil seiscientos noventa y nueve en la Colegial de La Puebla de Castro. Mosén Ildefonso Ferrer  Vicario de La Puebla de Castro”.

Las desviaciones y excesos del clero de La Puebla no debían ser infrecuentes si tenemos en cuenta su número, su fuerza como colectivo y las complejas relaciones económicas que mediaban entre Concejo, Abad y Racioneros. En el año 1.699, para una población que no alcanzaba los 600 habitantes, el Colegio presbiterial está formado por el Abad y por tres racioneros, Juan Gudal, Jaime Janbel y Rafael de La Casa.

Las disensiones entre el propio Capítulo eran casi siempre por la complejidad de sus relaciones económicas. Ya en la visita pastoral del año 1.571 que comentamos en otro capítulo y por una sentencia arbitral del año 1.573 que se conserva en el archivo de la diócesis de Barbastro, sabemos que el Abad D. Francisco de Riazuelo estaba  obligado a dar de las rentas de su abadiado “por cada año y perpetuamente a los dichos bayles, consejo y jurados y universidades del dicho lugar de La Puebla  cien sueldos jaqueses en cada año, pagadero por el día de San Martín, y un caíz de trigo, bueno, limpio y mercadero, ...y medio caíz de segaltrigo, bueno, limpio.. y un nietro y medio de vino... todo pagadero por el mismo día de San Martín, y esto ab aeterno, para siempre jamás.” Todo esto irá a cargo de la Abadía y será el mínimo de subsistencia para pagar al Racionero que se haga cargo de La Puebla, siendo todo lo necesario que excediere a estas cantidades por cuenta del Concejo.

Si complejas eran las relaciones económicas con un solo Racionero, imaginémonos la época que comentamos en la que había tres Racioneros. De una época algo posterior, año 1791, tenemos la “Nota de los Beneficios, Capellanías y servicios que hay fundados en La Puebla de Castro” y que nos sitúan en el contexto que comentamos. Las disensiones que surgían entre Abad y Racioneros venían de la obligación de aquél de dar al conjunto de los tres Racioneros, 16 cahices y medio de trigo, 17 nietros de vino y 6  escudos, todo ello a cargo de los diezmos.

Por la respuesta que el Abad, D. Francisco Lacasa, dio al cuestionario presentado por el obispo en 1.818, sabemos que “los diezmos los percibe el Abad y los (cuatro) Racioneros, y éstos tienen la décima de cuatro casas, y además de esto paga el Abad a dichos Racioneros cuatro cahices y medio de trigo a cada uno, y cuatro nietros de vino, y al Vicario de Barasona cuatro cahices de trigo, cuatro de mixtura y ocho nietros de vino. Se paga la décima de pan, vino, aceite, cebada, corderos y cáñamo. No hay casa privilegiada” (excusada, es decir, reservada al Rey).

A parte, había que repartir los derechos derivados de novenas, misa conventual, entierros etc. cuya normativa compleja y prolija quedó definitivamente plasmada en el año 1.777 en el “Lucero de las costumbres, estilos y observancias de la Iglesia Colegial de La Puebla de Castro”, un modelo de regulación minucioso y prolijo que pondría fin a las permanentes disputas entre el propio clero y jurados.

Con respecto al incumplimiento con las obligaciones de los aniversarios según los Beneficios y Capellanías, el problema era el siguiente. Los Beneficios eran una especie de fundaciones que afectaban las rentas de un capital mobiliario ó inmobiliario para efectuar un determinado número de misas a favor del fundador de la capellanía. Como es natural, con el transcurso de los años y la inflación, un beneficio podía no generar los suficientes intereses ó rentas, por lo que el capellán que ostentaba el beneficio dejaba de cumplir con la obligación. Hay que señalar que sólo el Obispo podía reducir ó modificar las condiciones del Beneficio, lo cual ocurría siempre a instancia del beneficiario cuando las rentas no compensaban las obligaciones.

Es así mismo interesante anotar la obligación que, según el edicto, tenían los sacerdotes de asistir en los testamentos a los que eran requeridos, como verdaderos notarios que eran, y su influencia en el descargo de las conciencias de los causantes que, con frecuencia, dejaban sustanciosas sumas para misas.

Del celibato queda patente en el edicto la importancia que se daba incluso a las formas externas, de modo que si no castos, al menos debían ser cautos, aunque el obispo no limita la acusación a las puras apariencias externas.


ABADIADO DE CASTRO - 3 de 3 - ESTUDIO DEMOGRÁFICO Y ECONÓMICO DE LA PUEBLA DE CASTRO EN LOS SIGLOS XVIII Y XIX

ABADIADO DE CASTRO   (3de3)

3) ESTUDIO DEMOGRÁFICO Y ECONÓMICO DE LA PUEBLA DE CASTRO
    EN LOS SIGLOS XVIII y XIX. Se analizan documentos de 1747 y 1817.

(Autor: Antonio Torres Rausa;
 Licenciado en Filosofía y Letras y en Derecho, organista y miembro fundador de la Asociación Aragonesa Aguilera de Heredia, amigos del órgano)

Artículo publicado en el “Diario del AltoAragón”, 10 de agosto de 2009

Bendición de las casas el Sábado Santo y recogida de huevos por Mosén Antonio Olivera y el sacristan Mariano Serena "Borbón". Fecha de la foto: 4 de Abril de 1954. Se encuentran en la Plaza Mayor, en la puerta de Casa El Sastre.
Los monaguillos cantábamos: ”Ángeles somos, del cielo venimos, cestas traemos y huevos pedimos”
A TRAVÉS de amplios cuestionarios que los visitadores apostólicos preparaban en sus visitas pastorales a las parroquias de su diócesis, hemos conocido cantidad de datos sobre pueblos que hoy serían totalmente desconocidos. En su día, publicamos en este mismo medio, las visitas pastorales del Obispo de Barbastro a La Puebla de Castro en los años 1528, 1597 y 1699. De las visitas se desprenden cantidad de noticias sobre el retablo, campanas, ajuar de la Iglesia, vida y conducta de los curas y parroquianos, etc.

Hoy me voy a centrar en los datos que aporta la cédula que envía el cura de La Puebla de Castro a su obispo el 7 de abril de 1747, en la que le da cuentas del Cumplimiento Pascual de sus feligreses, que dicho sea de paso, corresponde al 100% de los habitantes del pueblo.

La Iglesia obligaba, y que yo sepa el precepto sigue vigente, a que todos sus feligreses comulgasen y confesasen, por lo menos, una vez al año. Este precepto se hacía cumplir en la Pascua y se aprovechaba para realizar un examen previo de doctrina cristiana. De esta manera, la Iglesia tenía un conocimiento total del estado espiritual de su grey, que en lo que se refiere al estado material, como también veremos, lo realizaba a través del diezmo.

La confesión tenía que ser sincera en cuanto a los pecados más graves y vergonzantes pues, de lo contrario, la comunión sería sacrílega: Por eso, para facilitar el anonimato, se traían confesores de otros pueblos que no conociesen al penitente y así y todo, en muchos casos, el cumplimiento pascual no dejaba de ser un “cumplo y miento”. En todo caso es justo reconocer, el prestigio que siempre tuvo la Iglesia con respecto al sigilo sacramental o secreto de confesión, lo cual no impedía tener un exhaustivo conocimiento de cada uno de sus feligreses y del conjunto de su grey.

El documento que analizo se refiere al Cumplimiento Pascual que hubo en La Puebla de Castro el 7 de Abril del año 1747 y que se encuentra en el archivo de la Diócesis de Barbastro. El racionero y regente Joseph asevera “por la verdad in pectore sacerdotis que han cumplido todos los parroquianos con los anuales preceptos de confesión y comunión... y así mismo han sido examinados y aprobados en la doctrina Cristiana como consta del asiento en los cinco libros”. En la cédula analiza casa por casa y a cada uno de sus vecinos, haciendo constar su estado, casado-a, soltero-a, viudo-a, mancebo, doncella, párvulo-a, menor, criado-a , pastor...

Dice que los nacidos y bautizados en el año 1746 son 27, de una población de 422 habitantes. Los difuntos adultos son 12 y los difuntos párvulos suman 28.

La primera conclusión que sacamos es la elevada tasa de natalidad que sobrepasa el 6% de la población, que no es nada si tenemos en cuenta la mortandad que asciende al 10% (hoy consideraríamos una mortandad normal la que va entre el 0,8 y el 1%). Por lo que se observa, el tránsito del parvulario era más que difícil, ya que de los 40 fallecidos más de la mitad son párvulos.

Los parroquianos que enumera la cédula que han cumplido con el precepto, son 422, incluidos 5 menores, y siendo el cumplimiento el 100% de la población, significa que ése es el número de habitantes, incluyendo a los 19 habitantes de Castro. La hoy desaparecida aldea de Castro estaba constituida por Casa Joseph Rami (9 de familia más 2 pastores y una criada), Casa Ramón Oncino (2 de familia y un criado) y Casa Joseph Salamero (4 de familia). También se incluye la actualmente en ruinas Casa Peralta, con sus 2 casas, la denominada principal o Casa de Dª Theresa Soldevilla Viuda (5 de familia más la criada) y Casa del Basallo, donde vive un matrimonio al servicio de la principal.

El total de 422 vecinos se distribuyen en 99 casas con un promedio de poco más de 4 personas por casa. En la mayor parte de las casas convivían 3 generaciones y en algún caso 2 matrimonios que ni siquiera eran familia pero que aprovechaban la misma casa.
Las casas de mayor poderío económico son las más pobladas: “Casa Juan Antonio La Casa” y “Casa Andrés Gudel” que tienen 11 miembros respectivamente contando 2 criados y 2 criadas cada una de ellas.

Es de destacar la “Casa del Abad”, que cita a Magdalena Aguilar como casera, María Nadal como criada y a Pedro Cardid y Fco. Joyas como criados. El abad es con toda seguridad el Dr. Joseph de Lasala, siendo obispo de Barbastro D. Juan Manuel Cornel, hijo de Cerler y que por cierto murió en La Puebla de Castro cuando iba de viaje.

No es de extrañar el poderío del Sr. Abad, ya que La Puebla de Castro era un abadiado de patronato señorial, dependiente del Marqués de Castro que elegía al abad y lo presentaba al Obispo. Prerrogativa exclusiva del abad de Castro era el derecho de colación o investidura de sus racioneros o curas coadjutores, único caso que se daba en toda la diócesis de Barbastro. El abad de La Puebla de Castro tenía el diezmo sobre Castro, La Puebla, Barasona y Peralta. Como quiera que de los diezmos había que repartir 2/9, en concepto de tercias reales, al señor temporal (marqués de Castro) y ¼ al Sr. Obispo (de ahí viene la frase de “tener muchos cuartos”), había que llevar una disciplina contable muy prolija, lo que nos permite hoy tener una idea muy aproximada de la producción agropecuaria de aquellos tiempos.

Tenemos documentación muy precisa del valor del diezmo del Abad en una fecha algo posterior, cuando al quedar vacante el abadiado por muerte del abad en 1817, D. Antonio Díaz, en nombre de su Ilma., pide al capellán de La Puebla de Castro D. Francisco Lacasa que cuantifique el valor del diezmo de la cosecha próxima a efectos de poder determinar qué tanto por ciento debía pedir al nuevo candidato para el puesto de Abad. Por lo que se ve para optar al puesto tenía que ser un clérigo con cierta liquidez ya que su señor (obispo o marqués), que irían algo alcanzados, pedían dinero por adelantado. De la contestación que D. Francisco Lacasa hace a su Ilma. Se deducen las siguientes cifras:

Ingresos del Sr. Abad por diezmada
Cahíces de mixtura ............................ 70
cahíces de trigo ................................. 14
cahíces de ordio-cebada ..................... 8
cahíces escalla .................................. 24
cahíces avena ..................................... 2
nietros de vino ..................130 (26,000 l)
arrobas de cáñamo ........................... 20
mijo
pollos
gallinas de treudo ............................... 4
quintales de aceite .............................. 8

Producción global de Castro,
La Puebla y Barasona
Cahíces de mixtura ...........................700
cahíces de trigo ................ 140 (93.240l.)
cahíces de ordio-cebada .................... 80
cahíces escalla ................................ 240
cahíces avena ................................... 20
nietros de vino ........... 1.300 (260-000 l.)
arrobas de cáñamo ......................... 200
mijo
pollos
gallinas de treudo ............................. 40
quintales de aceite ............................ 80
               (aprox. 4000 l.) (mala cosecha)

Éstos son los ingresos que se estima tendrá el Abad en el año 1818 y, en consecuencia deducimos los totales del abadiado. El Sr. Abad, aparte de sus obligaciones con el Sr. Obispo y con el Marqués de Castro tendrá que repartir entre sus racioneros, que eran cinco, y el vicario de Barasona. Naturalmente, tenía, además, los ingresos derivados del culto, por lo que, en conjunto, el abad de La Puebla de Castro se permitía una vida relativamente holgada y su puesto era codiciado por la mayor parte del clero de la diócesis.

La mixtura era la materia prima con la que se hacía el pan que comían los pobres, es decir, la mayoría del pueblo. Con sólo 140 cahíces de trigo estimamos que sólo podía comer pan blanco una tercera parte de la población, lo cual coincide con las noticias que nos da el Diccionario Madoz que dice que La Puebla produce pan sólo para una tercera parte de su población. La rentabilidad del suelo era muy baja, no mucho más alta que la de siglos anteriores que no sobrepasaba la relación de 3 granos por cada uno de simiente.

En cuanto al aceite, si estimamos un consumo de 25 litros por persona, debemos pensar en una autosuficiencia con cosechas normales de 10.000-12.000 litros.

En cuanto a la producción vinícola es claramente superior a la de los tiempos últimos, antes de que las viñas fueran arrancadas. En el año 1943 se declaró una cosecha de 168.000 l. y en 1962 sólo se alcanzaron 162.400 litros. En la fecha a que nos referimos había mucha viña plantada y una producción de 260.000 litros reportaría a las principales casas los necesarios recursos para mantener un cierto estatus.

No deja de ser paradójico en una visión moderna de la economía, que con estas cifras de producción aportadas se pudieran mantener en el conjunto de este territorio 25 criados, 11 criadas y 6 pastores, según aparece en la citada cédula del Cumplimiento Pascual de 1747.







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