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TORRECIUDAD: PROPIEDAD Y PATRIMONIO EN LOS SIGLOS PASADOS.

LA PROPIEDAD Y EL PATRIMONIO DE TORRECIUDAD EN SIGLOS PASADOS


Autor del artículo: Antonio Torres Rausa

Publicado en el diario del AltoAragón del día 10 de Agosto de 1999


Vista aérea de Torreciudad. Fotógrafo Jose Luis Nuñez. Piloto Viecente Brieba

EL viajero, o quizás peregrino, que llega por El Grado al Santuario de Nuestra Señora de los Ángeles de Torreciudad, asomado sobre el Cinca ya sometido y embalsado bajo el retablo de la Peña Montañesa, si despliega un mapa de carreteras, pensará que esta a los pies del viejo Sobrarbe, ya en la con­fluencia con el Somontano. Y es así, si no fuera porque, históricamente, salvo un periodo que fue Tenencia del Señor de Boltaña, Torreciudad ha sido siempre un enclave ribagorzano, tanto en su depen­dencia y propiedad de la Baronía de Castro, en su dependencia municipal, después, de Secastilla, como en su juris­dicción eclesiástica del Priorato de Bolturina.

Bolturina. Foto anterior a la década de 1980 en la que fue deshabitado el pueblo.

Si los pueblos tienen alma, Bolturina sigue conservándola entre las derruidas paredes de su Iglesia, que sigue mante­niendo la jurisdicción sobre Torreciudad, como se hace patente cuando para cele­brar un matrimonio en el Santuario, quien quiera que sea el ministro cele­brante, debe pedir permiso expreso al Cura de La Puebla de Castro, no tanto como Cura de La Puebla, sino como encargado del fan­tasmagórico, pero real, aunque abando­nado pueblo de Bolturina.

Foto Inicio del testamento de Fernán Sánchez según una copia medieval
Cuando el primer Barón de Castro, Fernán Sánchez, el hijo natural de Jaime I El Conquistador, se disponía a marchar a las partes ultramarinas”, hizo un tes­tamento en el año 1269 por el que se ase­guraba de la justa sucesión a sus impor­tantes posesiones. Entre las que deja al rey, su padre, en el caso de que su espo­sa Aldonza no estuviera preñada, destaca "Ciudad", esto es, Torre-Ciudad. Otros castillos y villas, como Olvena, Burgamán, Pomar, Puy, Pintano, etc., etc., las deja a sus hermanos, significando con ello una evidente primacía a favor de Ciudad (Torreciudad), que imaginamos no sería por razones económicas, sino más bien, estratégicas y/o religiosas.

El caso es que Fernán Sánchez regre­só sano y salvo de las partes ultramari­nas y, por consiguiente, Torreciudad siguió perteneciendo a la Baronía de Castro, como donación que le había sido efectuada por el rey D. Jaime I El Conquistador a mediados del S. XIII.

Por un documento de Posesión de la Baronía de Castro, tomada por D. Guillén Ramón Galcerán de Castro y de Pinos, de fecha 26 de Julio de 1530, entre las posesiones que enumera, se encuentra “el/los lugares, castillos térmi­nos y torre de Olvena, de Castro, de La Puebla de Castro y Ciudad (Torreciudad);  el lugar de Bolturina, su castillo y términos".

La posesión de Torre-Ciudad seguirá perteneciendo a la Baronía de Castro hasta que un ascendiente del actual Duque de Medinaceli, la cedió a la Iglesia, según dice un Prior del Santuario, como luego vere­mos. 

Pero la posesión de la Iglesia tampo­co fue pacífica y continuada. Hemos encontrado un expediente posesorio de la Casa-Santuario, de fecha 16 de Noviembre de 1872, por el que se reco­noce como propietarios a unos vecinos de Bolturina. Esto no nos sorprende pues fue frecuente, a partir de la desamortiza­ción de 1836, que algunos monasterios y bienes de la Iglesia, fuesen adquiridos por personas piadosas con el fin de evi­tar cayeran en manos desaprensivas. En este contexto, encontramos un auto de aprobación posesoria que se inscribió en el Registro de la Propiedad de Benabarre a nombre de unos determinados vecinos de Bolturina y que dice: 
el Señor D. Francisco Baldovinos Juez municipal de Secastilla, habiendo visto esta infor­mación recibida a instancias de D. Ra­món Sesa y Sánchez, D. Lorenzo Vidal y Castán, D. José Plana y Buil, D. Vicente Sesa y Cera, D. Antonio Sesa y Mur, D. Mariano Sánchez y Barbanoy, D. Antonio Miranda y Sopena, D. Ramón Figueras y Salamero y D. José Castarlenas y Bestué, vecinos de Bolturina, para acreditar la posesión en que se hallan comuniter et pro indiviso de la casa Santuario de Nuestra Señora de Torre-Ciudad... resultando asimismo que según dictamen del Tribunal Municipal se han observado en este expediente las formalidades prevenidas por la Ley Hipotecaria... que se verifique la inscrip­ción solicitada sin perjuicio de terce­ro...”.
Más adelante aparece la inscripción en el registro, que dice: 
Inscrito el documento que precede en el registro de la Propiedad, tomo doce del Ayun­tamiento de Secastilla, folio ciento cincuenta y cinco, finca número ciento treinta y tres, inscripción primera, Benabarre, treinta de Diciembre de mil ochocientos setenta y dos”.

Como ya es conocido, toda la docu­mentación del Registro de Benabarre se quemó en el año 1939, por lo que no hemos podido comprobar las menciona­das inscripciones.


Dentro de esta fase de propiedad pri­vada del santuario, el 23 de Mayo de 1871, encontramos un pleito entre dos partes, de un lado, la propiedad de la Casa, representada por José Sánchez, y del otro lado, el Prior del Santuario que, aparte de no ser persona muy grata para los de Bolturina, no paga los 27 duros de arriendo de la Casa, cuyo con­trato anual había concluido el 27 de marzo. Dicen los propietarios, en carta dirigida al Gobernador de la Diócesis, que 
hemos resuelto que como el Prior, en vez de cumplir con sus obligaciones que tiene y han cumplido los anteriores, nos ofende y falta, hemos resuelto que para que no se rebaje más la devoción a la Virgen por abusos que todo el mundo sabe, para en adelante no cedemos más la Casa Santuario en arriendo, disponiendo Uds. desde hoy de la Iglesia, y nosotros de la casa”.

En 1917, la posesión de la Casa Santuario, así como de las dos fincas que rodean al Santuario, aparecen, sin ninguna contra­dicción, como propiedad de la Iglesia, según la carta que su Prior, D. José María Pano, escribe al Excmo. Gobernador de la Diócesis, y que dice:

Que el citado Santuario se halla en quieta y pacífica posesión, a título de dueño, de las fincas que se describen a continuación, en jurisdicción de Bolturina, Municipalidad de Secastilla:
Una heredad denominada las Fajas, sita en el término llamado Sopena, cons­ta de 18 pequeñas fajas con algunos árboles almendros, sostenidas todas ellas por grandes paredes, rodeada de escar­pados peñascos, en cuyo centro se halla la Casa Santuario: mide 20 áreas, 26 centiáreas... vale 60 ptas. 28 céntimos, siendo apreciada de la clase inferior.

   Un trozo de terreno nombrado Huerto, sito en el término llamado Gorterrina, situado entre dos próximas escarpadas vertientes, formando tam­bién esta finca mucha inclinación. En el centro y sostenidas por altas y gruesas paredes hay tres fajas estrechas y escalo­nadas destinadas a huerta, con una superficie de 9 áreas, las cuales se bene­fician con el agua de una fuente nacida en la misma finca. Hay también en dicho huerto tres higueras, una pequeña faja de 43 cepas, en su parte más alta y al este un trozo de yermo cubierto de peñascos con un nogal y seis encinas pequeñas y en su parte más baja y al oeste un peque­ño cañar. Mide toda la finca 95 áreas 6 centiáreas... Toda la finca ha sido apre­ciada de inferior clase y tasada por los peritos D. Santos Acín y D. Francisco  Baldovinos en la suma de 135 ptas. La posesión de esta finca fue interrumpida en el año 1874 por detentación de D. José Sánchez, vecino de Bolturina, y devuelta la posesión al expresado Santuario, con fecha 3 de Noviembre del mismo año, por orden del Administrador de la Propiedad de la Provincia.

  Que el Santuario de Torreciudad posee las dos fincas anteriormente des­critas desde más de dos siglos y medio ha, por cesión que de sus terrenos enton­ces incultos, se supone, le hizo el ascen­diente de hoy Excmo. Sr. Duque de Medinaceli (sucesor en la Baronía de Castro).

    Que no existe título inscrito de la propiedad de los referidos inmuebles.

    Que con el fin de que, sin perjuicio de tercero de mejor derecho, pueda inscribirse la posesión de las fincas de que se trata en el registro de la Propiedad de Benabarre a favor del Santuario..."

Castillo Torre y el Santuario de Torreciudad. Autor de la Foto Serie Documental Aragón el Viaje Fascinante

En cuanto al patrimonio mueble del Santuario, aquí también vale el viejo refrán de que lo que veamos por fuera de la casa, lo encontraremos dentro. De un inventario de 1871, destacamos lo más relevante, que por otra parte, es todo:
Iglesia.- Una imagen de la Virgen de plata; 28 manteles de altar; 8 casullas; 2 capas pluviales; 25 mantos para la vir­gen; un cáliz de plata; una corona para la Virgen y Niño, con diamantes y piedras preciosas al parecer de latón; 7 pendien­tes al parecer de plata; 22 pendientes de color de oro; un crucifijo de plata; un rosario de plata; colgado en las paredes varios trofeos regalo a la Virgen.
En la Casa.- Colchones 11, platos finos y bastos 43, cucharas de hierro 24, vasos 18, sábanas 51, sartenes 9, camas paradas 10, trigo 23 fanegas, centeno 39 fanegas, harina 6 fanegas, piezas de toci­no 3.
En el corral.- Un burro, más los dos burros que están por el mundo.
En la bodega de la casa.- 2 tinajas de tierra, 6 toneles, una cuba vacía de vino.
En la bodega del pozo.- Una cuba principiada de vino. 
Gallinero.- 24 aves de pluma.
Antiguo Santuario de Torreciudad y la Torre de señales. Autor de la foto: Pedro Bardaji.

Todos los Santuarios, como la Iglesia en general, han ido acumulando bienes y riquezas en el transcurso de los tiempos que revoluciones más o menos oportunas se han encargado de adelgazar. En el caso de Torreciudad, ya hemos visto el exiguo patrimonio, ajuar y jocalias, según declara uno de sus últimos Priores. Tenemos constancia, por otra parte, que siempre fue así. Siempre pesó sobre el mismo la amenaza de su abandono por falta de medios, lo cual contrasta con la categoría de sus patronos, los Barones de Castro, una de las ocho principales casas de Aragón, según fue declarado en las Cortes de Monzón, y que fueron sus pro­pietarios hasta el primer tercio del siglo XVII que lo donaron a la Iglesia.


Como dice un filósofo, ninguna reli­gión ha nacido ni ha sobrevivido en fron­dosos valles y, siempre, la Virgen ha pre­ferido visitar peñascosos lugares de gen­tes pobres”. Eso sí, lugares bonitos, como Torreciudad.


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