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LA LLEGADA DEL AGUA Y LA LUZ A LA PUEBLA DE CASTRO

ABASTECIMIENTO DE AGUA Y LUZ A LA PUEBLA DE CASTRO.


EL AGUA  LLEGÓ AL PUEBLO EN 1918 Y A LAS CASAS EN 1962; Y LA LUZ EN 1920.


 

Autor del artículo: Antonio Torres Rausa.


Artículo publicado en el "Diario del AltoAragón" el domingo 20 de octubre de 2002


EL CORAN Y LAS DOS FUENTES


          El Corán ha sido, y es, la fuente de La Puebla de Castro. Está a 2 kilómetros del pueblo, según se baja en dirección a Secastilla por accidentado camino que conduce al término de La Huerta, denominación pretenciosa que comprende, como mucho, una docena de pequeños huertos  regados por las aguas sobrantes del Corán y de un lavadero público, un poco más allá, que hoy apenas se utiliza.

     
 
El Corán, fuente y depósito de agua, año 2012. Autor de las fotos: Pedro Bardaji Suarez
          Posiblemente la romana Labitolosa ya se abastecía  de estas sabrosas y refrescantes aguas, que irían por su propio peso en larga canalización  hasta la propia ciudad que está, según cálculos del arqueólogo Pierre Sillieres, en una cota más baja que la fuente. Esta no era  la situación de La Puebla, que por su altitud, obligaba a sus habitantes al esfuerzo diario  de bajar a buscarla con caballerías y argados en el mejor de los casos, o, incluso, al hombro o sobre la cabeza de las abnegadas mujeres.


El lavadero de la Huerta. Autor de la foto: Fernando Martín Bravo.
  En los atardeceres de la Primavera, es muy gratificante bajar al Corán, merendar junto a la fuente y llegar hasta el lavadero de la Huerta, donde todavía se puede ver alguna mujer aclarando la colada. En otros tiempos, las lavanderas, cuando regresaban al atardecer, se juntaban con las otras mujeres que habían bajado a buscar agua al Corán, todas ellas con  sus cuellos  erguidos y sosteniendo en la cabeza, sobre trenzado paño, el cántaro de agua ó el balde de la ropa limpia. Yo creo que la elegancia que tienen las mujeres de La Puebla al andar, viene determinado por esa exigente manera de llevar  un cántaro ó barreño sobre la cabeza con garboso equilibrio, algo así como las brasileñas que, según  tengo entendido, han desarrollado sus culos de pomelo, subiendo las pendientes de las altas favelas. Pero los dirigentes de entonces, entre ellos el canónigo D. Francisco Trell, no entendiendo, felizmente, de estas sutilezas, decidieron subir las aguas a La Puebla.

            Después de muchas reuniones y burocracia, el 8 de Abril de 1916 se autorizó la ejecución por Administración de las obras de conducción de agua para el abastecimiento de La Puebla, siendo el presupuesto de 29.162,39 Ptas y por Real Orden de 17 de Diciembre de 1917 se aprobó un presupuesto reformado que elevó el primitivo a 32.670,79 Ptas. De este importe, 5.034,66 correspondían a la adquisición y montaje de la maquinaria para la elevación del agua, y 27.636,13 Ptas. para el resto de la obra. El Ayuntamiento debía hacerse cargo del 20% de la primera cantidad y del 10% de la segunda y principal, en un plazo máximo de 20 años.

Depósito del agua construido en 1918 junto a la Iglesia y a la acacia centenaria
plantada por el abuelo de Casa Yardo.
Postal antigua facilitada por Manolito del Zapatero.
         El agua llegó a La Puebla en el año 1918, construyéndose el actual depósito que está junto a la Iglesia, bajo la sombra de la centenaria acacia que plantó el abuelo de Casa Yardo, desde donde se distribuía el agua a la fuente del Portal y a la del Chinchano, los nuevos foros de reunión de mozas y mozos en edad de cortejar.
 
Fuente del Chinchano. Llenando los cántaros,
Pilarín de Casa Ronda, año 1950.
 ¡Cuantos secretos nunca revelados y cuantas declaraciones de amor se habrán hecho bajo la cantaril música de estas fuentes! ¡Y cuántas miradas de odio se habrán cruzado al relámpago del plateado chorro de sus aguas en una coincidencia no deseada! La fuente servía para reconciliar ó para distanciar. Era como el confesionario laico del pueblo. Pero la fuente era, sobre todo, el pretexto para garbearse las jóvenes por la calle, con su cántaro que nunca llegaba a colmar la tinaja, y la Agencia Efe para las señoras que, por la edad, ya no tenían otra lujuria que el chismorreo. Hoy que la gente es más libre e independiente y está mejor informada, ya no necesita de fuentes para exhibirse y platicar, lo cual  hace que las fuentes de La Puebla ya no son lo que eran.


 Placa de cerámica conmemorativa y Fuente del Chinchano año 2012. Autor de las fotos: Pedro Bardaji Suarez

         El presupuesto de ejecución suscrito por el ingeniero Nicolas Liria, fue definitivamente aprobado por la Dirección General de Obras Públicas el 10 de Enero de 1930. Desde entonces, todos los pueblenses han sido clientes de una de esas dos fuentes, respetando la jurisdicción que cada una de ellas abarcaba y manteniendo cada una sus peculiaridades: la del Chinchano salía más fresca y alborotada, la del Portal, más sosegada y  accesible a los forasteros que llegaban al Portal.

Fuente del Portal. Postal antigua facilitada por Manolito del Zapatero

Fuente del Portal año 2012. Autor de la foto: Pedro Bardaji Suarez
          El año 1962 marca un hito en el progreso de La Puebla de Castro. El agua llega a las casas. Ciertamente con un retraso de 1.962 años con respecto a sus anteriores inquilinos, los ciudadanos romanos de Labitolosa que, como hemos descubierto bien recientemente, tenían hasta baños públicos.

Vista general de las Termas I de Labitolosa. Foto del Gobierno de Aragón
          Antes de 1962 había casas que tenían retrete y otras no. Por eso, era frecuente encontrarse en las eras, huertos y campos de cercanía, a hombres (las mujeres eran más recatadas), en la posición específica de evacuar, lo cual llegaba a ser tan  urbano y social que, sobre todo los niños, lo hacían por parejas y en grupo, no por otra razón que aprovechar la monserga del desplazamiento en amena conversación.  Quiere decirse que se invitaba a aliviarse,  como quien invita a café, y a más de uno le venían las ganas.

         El baño era entonces cosa de algún estrafalario que se las daba “de capital”. Paquito el de Chandomingo tenía una regadera en la era  que se alimentaba de un pequeño depósito que había colocado en el pajar. No sé cuantas veces se duchó con este artilugio pero es lo cierto que lo enseñó a mucha gente. Los más jóvenes, una vez habíamos aprendido a nadar en la balsa de Juan Sierra, siempre llena de agua porque nunca regaba, bajábamos al Pantano los Domingos por la tarde, siempre con la recomendación de las viejas: “Ojo, zagals, no tos afoguez”, que era como pedir templanza  en la comida a quien no ha probado bocado en toda la semana.
  

            Como digo, fue en 1962, siendo alcalde D. Antonio Laplana, el carpintero, cuando llegó el agua a las casas. Las fuentes perdieron su importancia social siendo sustituidas por la T.V. y el “retrete” pasó a llamarse “water”, palabra asociada a la modernidad.

Calle los Hornos, Manuel Cobos Sopena "Manolito del Zapatero" en bicicleta,
a la izquierda se aprecia la zanja recién tapada
de la distribución del agua a las casas. Año 1962.
Foto facilitada por Manolito del Zapatero.
  
          El primer presupuesto de Distribución de aguas fue aprobado provisionalmente por la Diputación de Huesca y enviado a su aprobación definitiva al Excmo. Sr. Ministro de la Gobernación, el 19 de Noviembre de 1960. El importe del presupuesto era de 405.027,32 Ptas., de las que 230.152,46 debían ser aportación del municipio, 55.277,60 Ptas. subvención de la Diputación, y 119.557,26, subvenciones de otros planes. El proyecto había sido redactado ya en el año 1.959 por el ingeniero D. Antonio García Arenas. El proyecto fue puesto a subasta por el Ayuntamiento y fue adjudicado a D. Vicente Trallero Perera, cuñado del entonces Secretario del Ayuntamiento, D. Ignacio de Mur, circunstancia que fue objeto de mucha crítica, creo yo que carente de fundamento, ya que el Sr. Trallero realizó espléndidamente el proyecto, con magnífico torreón de elevación de aguas, por 65.026.- Ptas. menos de lo que marcaba el presupuesto, lo cual, en verdad, ya es acertar...

Torreón de elevación de aguas realizado por D. Vicente Trallero el año 1962.
Autor de la foto: Pedro Bardaji

 
Panorámica en la que se aprecia el actual sistema de abastecimiento de agua al pueblo que la toma del Pantano de Barsona.
Autor de la foto: Pedro Bardaji Suarez


 

 

LA ELECTRICA PUEBLENSE Y EL MOLINO


            Hacia el año 1920 debió constituirse la sociedad que trajo la luz eléctrica al pueblo y el molino harinero como industria que permitía rentabilizar las importantes inversiones requeridas. El molinero arrendatario vino de Monzón y se llamaba Manuel Español, de muy grata memoria.

            La aportación de las 64.500 Ptas. de capital fue desembolsado por 16 accionistas que suscribieron las 258 acciones de un nominal de 250 Ptas. Los mayores accionistas fueron D. Ramiro Castillón Escudero,  médico del pueblo, con un desembolso de 26.250 Ptas, equivalente a 105 acciones, y D. Antonio Trell Labrid con la misma participación, si bien su hermano José  participaba con 2.500 Ptas, equivalente a 10 acciones, con lo que la familia Trell Labrid era la principal accionista. Tambien la Fraternidad Pueblense participaba con 6 acciones ó 1.500 Ptas.

            En la Junta General habida el 9 de Enero de 1921, en las cuentas presentadas por D. Ramiro Castillón, se hizo constar la buena marcha de la sociedad y “el abatimiento que ha producido a esta sociedad la actitud de varios vecinos, al protestar sin verdadero conocimiento de causa de la justificada elevación, (el precio de cada lámpara se eleva hasta 2,50 Ptas.) ya que estos incrementos no por negocio sino por patriotismo deben sostenerse: 1º por ser menores a los que rige en los pueblos vecinos y no vecinos y 2ª porque para este pueblo es un deber verdaderamente de patriotas contribuir al sostenimiento de las obras realizadas que han operado en el mismo un cambio tan grande como pasar de un pueblo de las Urdes a un pueblo civilizado”. Qué lejos estaban de pensar que unos años más tarde tanto D. Ramiro Castillón como D. Francisco Trell Labrid “el canónigo”, hermano de D. Antonio, iban a ser asesinados al inicio de la guerra civil. Definitivamente, lo de pueblo civilizado parece que era excesivo.

            Pero la globalización y las fusiones ya asomaban en aquella época de progreso galopante. El 28 de Diciembre de 1.927 D. Ramiro Castillón, en representación de la Electrica Pueblense, y D. Francisco Grau Vilalta, en representación de Arrendataria de la Electrica del Cinca, “Catalana de Gas y Electricidad,S.A.” firmaron un contrato de suministro para el alumbrado y fuerza motriz de La Puebla de Castro y Olvena y sus términos municipales. El precio se reduce a 0,15 Ptas por Kilovatio-hora.

            Pese a esta importante rebaja del precio de la luz, la mayor parte de las casas seguían compartiendo con una sola bombilla cocina y  comedor, situando la bombilla en una ventanita abierta en el tabique de separación de ambas estancias, artilugio que respondía a la expresión “dame la media”, que era como iluminar la estancia con media bombilla.







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