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LA HERMANDAD NUESTRA SEÑORA DEL FUERO, LA FRATERNIDAD PUEBLENSE Y LAS COSTUMBRES EN LOS ENTIERROS

LA HERMANDAD NUESTRA SEÑORA DEL FUERO, LA FRATERNIDAD PUEBLENSE, Y LAS COSTUMBRES EN LOS ENTIERROS EN LA PUEBLA DE CASTRO.

Autor del artículo: Pedro Bardaji Suarez
Colaborador: Gregorio Bardaji Cajigos

             La Fraternidad Pueblense, inició su andadura en 1898 y finalizó abruptamente en Julio del 1936, al estallar la Guerra Civil. Se trataba de una Sociedad de socorros mutuos, formada por varones entre 20 y 50 años, de carácter benéfico, cuya finalidad era la de socorrer a los asociados en caso de enfermedad que los incapacitara para trabajar, el prestarles dinero  con la correspondiente fianza personal, sin garantía inmueble, asegurar su vida por una cantidad en beneficio de la viuda o familiares, y asistir y acompañar en los entierros a los Socios difuntos.

La Cofradía denominada “Hermandad Nuestra Señora del Fuero”, de origen mucho más antiguo que la “Fraternidad Pueblense”, tenía como principal objetivo, benéfico y caritativo, acompañar desde la casa mortuoria a la Iglesia, los cadáveres de los Hermanos fallecidos, asistir a los funerales y conducirlos al cementerio.
Interior de la Iglesia de Santa Maria donde se venera la Virgen del Camino Fuero.
 Autor de la foto: Rafael Franco Suiles

Al constituirse en 1898La Fraternidad Pueblense” muchos de los Cofrades o Hermanos de la “Hermandad Nuestra Señora del Fuero” se hicieron Socios de la “Fraternidad Pueblense” y siendo que ésta última, entre sus objetivos incluía en gran medida los mantenidos por la “Hermandad Nuestra Señora del Fuero”, parecía inevitable la fusión de la antigua “Hermandad” en la “Fraternidad”.

El propulsor de esta fusión fue D. Francisco Trell Labrid, cura párroco de La Puebla de Castro y Socio de la Fraternidad Pueblense. Ejerció el cargo de Presidente de la Junta Directiva del la Fraternidad en 1906 y el de Secretario desde 1907 hasta 1922 en que fue nombrado Canónigo de la Catedral de Barbastro y pasó a residir habitualmente en dicha ciudad.
D. Francisco Trell Labrid,
 Socio de la Fraternidad Pueblense y
Canónigo de la Catedral de Barbastro.
Foto facilitada por Antornio Torres Rausa.

En el curso de la 2ª Junta General de la Fraternidad Pueblense celebrada el día 27 de Agosto de 1899, el mencionado D. Francisco Trell Labrid tomó la palabra y propuso a la Asamblea la citada fusión; cito textualmente parte de su discurso recogido en el Acta de dicha reunión: “… puesto que la inmensa mayoría de los Socios de la Fraternidad Pueblense pertenecían también a la Hermandad Nuestra Señora del Fuero y, además, la nueva Sociedad defiende en su reglamento la conservación de las buenas costumbres de acompañamiento, asistencia a los funerales y demás actos que la Cofradía tenía establecidos.” Discutida la moción se acordó por unanimidad, cito textualmente, “…que la Fraternidad Pueblense acogerá a los Cofrades de la Hermandad Nuestra Señora del Fuero que quisieran adherirse y tuvieran más de 50 años y/o no contaran de buena salud; así  como la fusión o refundición de ambas en una sola a los efectos exclusivos de conservar las laudables costumbres relativas a funerales y que dicha Hermandad tenia establecidas, cuyo deber será mutuo y recíproco entre Socios y Hermanos”.

Con esta fusión, 4 Socios pagados con fondos de la Fraternidad Pueblense quedaron encargados de conducir al cementerio no solo a los Socios y a los Hermanos Cofrades adheridos, sino también a esposas de unos y otros y demás individuos adultos de sus respectivas familias que fallecieran dentro del término municipal de la villa de La Puebla de Castro.

Veamos algunos acuerdos tomados en Junta General y recogidos en la correspondiente Acta de la misma:
  • 15 de Agosto de 1905. Se acuerda, por unanimidad, la prestación de sábanas para entierros: gratis para el funeral de los Socios; se cobrará  2 pts. para los funerales de los familiares de los Socios y 3 pts. para los no Socios.
  • 15 de Enero de 1910. Se acuerda hacer 4 ó 6 capas para que las lleven los Socios que conducen los cadáveres al cementerio. 
  • 23 de Enero de 1911. Se acuerda que La Sociedad no asista a los entierros que se produzcan en aquellas casas donde viva un Hermano Cofrade y un joven que pudiendo ser Socio de la Fraternidad no lo sea. 
  • 25 de Enero de 1920 se acuerda pagar a los conductores de cadáveres 2 pesetas a cada uno cuando, cito textualmente, “fueranlo en el poblado” y 2’50 pesetas “cuando sea en despoblado”. 
  • 18 de Enero de 1925. Se nombran como acarreadores de cadáveres a los Socios: Antonio Mazana Miranda, Victoriano Subias Cortina, Andrés Doz y Angel Espuña; pagándoles 7 pts. a cada uno. En años sucesivos será en ésta primera Junta General del año, que se celebra en Enero, en la que se acordarán el nombramiento de los Socios que ocuparan durante ese año el cargo de “acarreadores de cadáveres”.

Pago de dietas al Socio acarreador de cadáveres D. Antonio Espuña

  • 24 de Enero de 1926. El Socio Antonio Girón Buiro sustituye como acarreador de cadáveres al Socio Victoriano Subias Cortina. 
  • 20 de Enero de 1928. Se acuerda que serán los Socios acarreadores de cadáveres los encargados de gestionar el alquiler de sábanas, capas y cirios para los entierros, estableciéndose el siguiente baremo de precios para los que no son Socios y/o no tengan derechos adquiridos: alquiler de sábanas 5 pts.; alquiler de sábanas, capas y cirios 10 pts.; los cuatro acarreadores con las sábanas, las capas y los cirios (servicio completo) 20 pts. 
  • 20 de Enero de 1929. Se acuerda elevar a 2 pesetas la multa para el Socio que no asista al entierro de otro Socio sin causa justificada. No pagar esta multa se considera motivo de expulsión de la Sociedad. El Socio Gregorio Giron Llacera sustituye como acarreador de cadáveres a Antonio Giron Buiro. 
  • 24 de Agosto de 1930. La Junta Directiva apercibe a la Asamblea que si no se corrige el desorden que se ha visto en los últimos entierros, se procederá a imponer una multa. 
  • 25 de Enero de 1931. Dimiten los acarreadores de cadáveres Antonio Mazana Miranda y Ángel Espuña; y entran en sustitución: Sebastián Visar Sopena y José Balaguer Menal; acordándose pagarles 10 pts. por conducir cadáveres de las familias de los Socios y 12 pts. para los no Socios.

Pago de dietas al Socio acarreador de cadáveres D. Sebastián Visar Sopena

  • 23 de Agosto de 1931. Se acuerda que la Misa de Aniversario en memoria de los Socios difuntos que se celebra anualmente el día de San Román, sea de asistencia libre para todos los Socios. 
  • 24 de Enero de 1932. Se discute si llevar los cadáveres directamente de casa al cementerio. El Socio y ya Canónigo de la Catedral de Barbastro, Francisco Trell Labrid, se opone. Tras la discusión y deliberación se acuerda que La Fraternidad Pueblense no se entrometerá en estos asuntos, quedando a voluntad del interesado o familiares.  
  • 22 de Enero de 1933. Se acuerda que los acarreadores de cadáveres sigan obligados a llevar el uniforme (capa) en los entierros de los Socios, y libres en su vestimenta en los entierros de los no Socios. 
  • 20 de Agosto de 1933. Se recuerda que es obligación de los Socios acompañar a todos los Socios difuntos sin distinción alguna de clases ni de ideologías. Solo a la familia le corresponde el derecho de distinguir y exteriorizar los ideales y forma de pensar del difunto.  
  • 20 de Enero de 1935. Se acuerda que a partir de ahora, en vez de pasar lista de los Socios que acuden a los entierros en la Plaza de la Cruz al finalizar el acto, se realizará ahora en el cementerio, en el lugar que resulte más apropiado para ello. 
  • 2 de Febrero de 1936. Se acuerda hacer tarjetas de asistencia para los entierros que ha de cumplimentar el Socio y entregar a la salida del acto. De este modo se evitará el tener que esperar mientras se pasa lista hasta que aparezca el nombre de uno para poder abandonar el acto.

Tarjeta de asistencia a entierros del Socio D. Juan Antonio Salinas Bergua.
 Entró como Socio de la Fraternidad Pueblense en 1912

              El médico y humanista D. Manuel Clemente Cera (nacido el 15 de noviembre de 1927 y fallecido en 2013), en su libro de memorias titulado “Memorias de un Médico Internista”, recuerda que los entierros en La Puebla de Castro en tiempos de la República, a pesar del agnosticismo ambiental, conservaban el aspecto severo, emotivo y espiritual tradicional. Se permitía la salida del párroco desde la iglesia al domicilio del difunto, iba revestido con capa pluvial negra y bonete, asistido por dos monaguillos revestidos con sotana negra y roquete blanco, con cruz alzada. En el patio de la casa mortuoria, adornada con crespones negros, tapices negros y bordes plateados, se encontraba el féretro. Después del rezo de un responso, era conducido en andas sobre los hombros de cuatro varones vestidos con blusón negro hasta el pórtico del templo, en cuyo interior se oficiaba la misa de “corpore insepulto”. Al término de la misa se iniciaba el sepelio, presidido por el sacerdote y sus acólitos, seguido de los hombres y detrás las mujeres, y en riguroso orden, se llegaba hasta el cementerio. Doblaban las campanas tocando a muertos.

              En un artículo publicado en el libré de las fiestas de 1998, el señor Román Carrera Gimenez (nacido en 1917 y fallecido en 2007) comparte sus recuerdos sobre la Fraternidad Pueblense y las costumbres en los entierros; nos cuenta que:
  • Los 4 Socios acarreradores de cadáveres también se encargaban de llevar a hombros el Santo Sepulcro en la Procesión del Viernes Santo. 
  • Estos 4 Socios, tanto para los entierros como para la procesión, se ponían una túnica negra rodeada de una franja amarilla y, una especie de bonete de los mismos colores, siendo estas prendas propiedad de la Sociedad al igual que los paños fúnebres que media hora antes del entierro se colocaban en el patio de la casa del fallecido. 
  • Para acompañar al difunto desde casa a la iglesia, cada Socio de la Fraternidad Pueblense portaba una vela encendida que, a la llegada, depositaba en una gran cesta blanca de mimbre allí en el pórtico. 
  • Al llegar al cementerio solo entraban, acompañando al difunto, los que formaban el duelo, el Cura y los Monaguillos, estos últimos portando la cruz alzada, el acetre con el hisopo y la naveta con el incensario. Los demás acompañantes se quedaban fuera y en el camino ya que por entonces esa era la costumbre. Mientras tanto, el Secretario de la Fraternidad Pueblense, subido sobre la pared del camino, con una libreta y un lápiz en mano, iba pasando lista nombrando uno a uno en voz alta a los Socios, los cuales contestaban con la voz de ¡presente!

Cementerio de La Puebla de Castro. Autor de la foto: Pedro Bardaji Suarez

  • La buena costumbre de entrar todos en el cementerio, la introdujo en el año 1947, el entonces recién llegado Cura Párroco Mosén Antonio Olivera, diciendo que igual que entraba él debían entrar los demás. 
  • El día de San Román se celebraba una ceremonia en recuerdo de todos los Socios de la Fraternidad Pueblense que habían fallecido. El rito era el siguiente. A continuación de la solemne Misa, el Cura se cambiaba la casulla y estola de color rojo por capa y estola de color negro, avanzaba hacia la grada del presbiterio y, ante el túmulo y la Cruz parroquial, que se acababan de colocar en el centro de la iglesia, entonaba el solemne responso ‘’Libérame Domine’’, que era cantado por el coro. Al finalizar el canto, el Sacerdote rodeaba dos veces el túmulo, una con el hisopo, otra con el incensario.


Si desea saber más sobre “La Fraternidad Pueblense”, clicar sobre el título siguiente:
LA FRATERNIDAD PUEBLENSE



Los datos utilizados en este artículo han sido obtenidos del libro de actas de la Sociedad denominada “La Fraternidad Pueblense” y de dos ejemplares del reglamento de la misma, el publicado en 1899 y el modificado y publicado en 1922; los dos primeros documentos se guardan en el archivo de la Iglesia parroquial de La Puebla de Castro y he podido consultarlos por gentileza del cura párroco, Mosén José Mairal Villellas; el ejemplar del reglamento de 1922 me lo ha facilitado Casa Teruel. Y también del artículo titulado ‘’La Fraternidad Pueblense’’ escrito por Román Carrera Gimenez y publicado en el Libré de las Fiestas de La Puebla de Castro de 1998; y del libro “Memorias de un Médico Internista”, escrito por Manuel Clemente Cera, publicado en 2006. La Busca ediciones S.L.





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