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EL CAMINO ROMANO DE ACCESO A LABITOLOSA

 El camino romano de acceso a Labitolosa
El puente sobre el río Ésera


Autor del artículo: Ernesto Baringo Jordán.
Investigador de la temática: “El Hombre y el Río”

Escrito en Monzón, 26 de octubre de 2011.
Publicado en el Nº2 de la Revista Cultural “Historias d´aquí” de la Asociación Cultural de La Puebla de Castro que dirige Rafael Franco Suiles, año 2011



             Como testimonio de sus antiguas raíces La Puebla de Castro cuenta con los restos de la ciudad romana de Labitolosa y no estará de más el que se resalte, aunque sea con carácter general, la importancia que el imperio romano le daba a una población de este rango.

              Para un romano –y para un griego- no toda aglomeración humana era una ciudad, sino que esta tomaba su verdadera realidad únicamente cuando sus habitantes lograban crear en ellas los instrumentos de una vida colectiva: santuarios, lugares de reunión, edificios oficiales de toda índole, fuentes públicas, etc. El mismo suelo de la ciudad estaba consagrado a los dioses y constituía un lugar sagrado.
              Desde el año 1991, la doctora María Ángeles Magallón Botalla, del Departamento de Ciencias de la Antigüedad de la Universidad de Zaragoza, ha dirigido las excavaciones que han permitido conocer las características de esta ciudad. Entre los restos localizados y que se encuentran mejor conservados, destacan el edificio de la Curia, con muestras de pedestales y zócalos tallados y dos edificios de Termas -los más completos hallados en Aragón-, con sus respectivas salas frías, templadas y calientes.

Labitolosa y sus comunicaciones
              La fundación de Labitolosa por los romanos tuvo que llevar implícito un objetivo y todo parece indicar que se trataba de controlar y organizar un territorio próximo a los Pirineos. Para ello, tenían que jugar un papel fundamental las comunicaciones. La ciudad, sería un importante núcleo de población y también el centro de organización de un territorio y por ello, un estratégico cruce de caminos.
Accesos a Labitolosa según Mª Angeles Magallón Botalla
              Es de destacar, la gran importancia que los romanos dieron a su red viaria, pues de hecho, para aquella civilización unas comunicaciones adecuadas tenían prioridad sobre cualquier otra actuación de carácter público y en el caso de la fundación de nuevas ciudades, el primer asunto a resolver serian sus accesos y su integración en la malla de caminos del Imperio.
              Debemos, por tanto, considerar que Labitolosa debió contar con varios caminos y entre ellos, uno principal -que con mucha seguridad permitiría el tránsito de carros- que uniría la ciudad con la Vía Augusta que desde Tarraco (Tarragona) e Ilerda (Lleida), cruzaba el Cinca a la altura de Tolous (Monzón) y se dirigía a Caesaraugusta (Zaragoza) pasando por Osca (Huesca).


Las calzadas romanas
               El mundo romano aprovecho gran parte de los caminos preexistentes y creó una red de comunicaciones adaptada a sus nuevas necesidades. Se utilizó parte del sistema indígena transformando progresivamente aquellos caminos que eran necesarios para la conquista y su posterior expansión. Es evidente que el nuevo entramado viario tuvo un destacado papel en el desarrollo de las ciudades antiguas. Los núcleos habitados situados preferentemente en las cercanías de los ríos son a su vez punto obligado de rutas y caminos. El análisis de la ubicación de gran parte de las ciudades prerromanas nos permite observar su posición en encrucijadas de caminos naturales que controlan el paso de las calzadas e incluso vigilan un vado. (1)
                 Para la conquista de Hispania, e inicialmente para su control militar, los romanos construyeron una importante red de calzadas. Posteriormente, serian excelentes vías de comunicación para el movimiento de tropas, la recaudación de impuestos, explotación de los recursos naturales y  facilitar el comercio.
              El Itinerario de Antonio.-  Es una recopilación de rutas principales del Imperio Romano que se data en torno al 290 de nuestra era, cuando se calcula que las vías principales sumaban unos 10.000 kilómetros. De los 374 caminos descritos, 34 corresponden a la provincia hispana. Con el nº I del Itinerario, encontramos la denominada Vía Augusta, que cruzando los Pirineos por el Coll de Portus, pasaba por la actual Barcelona y posteriormente desde Tarraco (Tarragona) pasando por Ilerda (Lérida), Mendiculia (Las Pueblas, en Esplús), Tolous (La Alegría, en Monzón), Caum (Ilche) Pertusa y Osca (Huesca), llegaba a Caesaraugusta (Zaragoza); y que desde aquí, se dirigía a Leg. VII Gemina (León).

Red de Calzadas romanas en Hispania.
theromansknewfiles. wordpress
               Eduardo Saavedra, Ingeniero de Caminos Canales y Puertos, en su discurso de ingreso en la Real Academia de la Historia, el año 1862, recogiendo las noticias suministradas por el Itinerario de Antonino, más los datos de los titulados Vasos Apolinares, presentó el “Mapa Itinerario de la España Romana”, donde figuraban las calzadas militares, nombres y situación de las mansiones. El documento, es todavía un punto de partida imprescindible para el estudio de las vías romanas en Península. Posteriormente, han sido muchos, los investigadores, que han recorrido y estudiado distintos tramos de las vías representadas en dicho mapa.
              El binefarense P. Eduardo Llanas, 1843-1904, después de realizar, en el mes de mayo del año 1.883 el recorrido del tramo de vía: ILERDA – OSCA. En su discurso de ingreso en la Real Academia de las Buenas Letras de Barcelona, confirmó su trazado a su paso por nuestra provincia: “… Siguiendo ese camino desde Esplús en dirección a Valcarca, todavía pisareis cinco kilómetros de la vía romana, cuyos restos desaparecen al declinar el camino hacia la pintoresca cuenca del Cinca….” (2) Llanas, con el equipo que le acompañaba, práctico cortes transversales en distintos puntos donde todavía existían tramos de la vía, para examinar su construcción, y la describe de la siguiente forma:
 “sobre el terreno previamente nivelado, una capa de argamasa de 0,04 metros de espesor, encima de la cual se extiende un lecho de piedras irregulares, de 15 centímetros de grueso, y que se halla cubierto con una capa de argamasa igual a la primera. Sobrepuesto a todo esto, viene un extracto de hormigón, muy rico en cal, y de un espesor de 20 centímetros de altura, sobre el cual descansa el afirmado, mezcla de de tierras y gravas, que en su centro alcanza más de 30 centímetros de altura, y que formando el lomo de la calzada, facilita el desagüe de la misma.”

Calzada Romana. www.culturaclasica.com
Y añade más adelante: “Tiene esta vía ocho metros de ancho, incluyendo un metro por cada uno de los dos andenes, formados por buenas piedras sillares, incrustadas en la capa de hormigón, y por ende, sobrepuestas a las tres capas inferiores, y que por sí solos pregonan la magnificencia del pueblo que tan soberbias vías de comunicación poseía.”
              El investigador Isaac Moreno Gallo -conocedor directo de numerosos tramos de calzadas romanas- ha realizado una importante labor de estudio documental y técnico de las mismas, siendo autor entre otras publicaciones de un monográfico sobre este tema (3) y del libro: “Vías Romanas, ingeniería y técnica constructiva”. Moreno, nos dice que las características constructivas típicas, de las vías romanas son entre otras las siguientes:
-  “Evidencia absoluta del empleo de técnicas de ingeniería, tanto en el trazado como en el afirmado, que permiten sobradamente el tráfico rodado…”
- “La economía, no solo de construcción sino sobre todo de conservación y explotación, primaba sobre todos los demás factores. En consecuencia, esta premisa condicionaba fuertemente el diseño de la infraestructura.”
 - “Algunos de los puentes que sirven a estos caminos han pasado a ser romanos gracias a los otros y viceversa, ambos por ser de piedra y muy antiguos, y sobre todo por la falta de pruebas que demuestren lo contrario.”


La vía, Gallica Flavia-Tolous-Labitolosa
              María Ángeles Magallón Botalla es autora de la obra “La red viaria romana en Aragón”; probablemente el trabajo de investigación más importante que sobre las calzadas romanas se ha hecho en nuestra región. Entre las mismas, señala la vía: Gallica Flavia (Fraga) –Tolous (Monzón) – Labitolosa, que discurriría por la margen izquierda del río Cinca. De esta vía, existen actualmente algunos tramos, en los que se puede apreciar sus orígenes romanos, que hoy son llamados “caminos viejos”.
              Una de las características del emplazamiento de la ciudad romana de Labitolosa, es el de su ubicación entre dos importantes ríos de carácter torrencial, como son el Cinca y el Ésera, esta circunstancia llevaría a plantearse como algo prioritario, la construcción de un paso estable sobre al menos uno de estos ríos, y todo apunta -tal como señala Mª Ángeles Magallón-  que el acceso a Labitolosa pasaría sobre el Ésera. Río, que aunque de menor entidad que el Cinca, recoge importantes caudales de origen pirenaico y sobre el que existen datos de haber tenido puntas de hasta 1300 metros cúbicos por segundo (octubre de 1907); y  tenemos el referente de que los aliviaderos de la presa de Barasona, fueran calculados para un caudal de 1500 m3/sg.  


¿Hubo un puente romano sobre el río Ésera para el acceso a Labitolosa?
              A pesar, de que no se hayan localizado restos del mismo, ni existan referencias concretas sobre su emplazamiento, la respuesta a esta pregunta, por lo expuesto anteriormente, debe ser afirmativa.
              Aunque en algunos casos, los puentes medievales se asentaron sobre los restos de puentes de origen romano, existe una gran confusión sobre el tema. En el Alto Aragón con excepción de unos restos existentes en Pertusa, puede afirmarse que ninguno de los puentes medievales tienen nada en común con la ingeniería romana salvo sus arcos de medio punto, en algún momento de nuestra historia se intentó vincular con la época romana muchas construcciones que posteriormente se ha demostrado que apenas tenían doscientos años.
              El llamado Puente del Diablo ha sido considerado por algunos historiadores como romano pero sin haberlo estudiado debidamente. Mª Teresa Iranzo, en la monografía “OBRAS PÚBLICAS MEDIEVALES: LOS PUENTES ARAGONESES” (4) al escribir sobre este puente dice: “está comúnmente aceptado que el conocido como <<Puente del Diablo>>, una amplía bóveda con las pilas perforadas por arquillos de aligeramiento, es obra romana;” 

El puente del diablo. Autor de la foto: Ernesto Baringo Jordán
              El Puente del Diablo, está construido con piedra arenisca y asentado sobre un estrato de calizas y daba servicio a un camino de herradura; su arco tiene 21,60 metros de luz y se eleva 15 metros sobre el lecho del río. Por su traza y técnica constructiva es medieval y comparándolo con otros puentes, su origen debería  fijarse entre los siglos XII y XIII. Sus elevados arcos laterales -dados los caudales punta del río Ésera- actuarían de aliviaderos en más de una ocasión. 
              En el puente se pueden apreciar varias reparaciones, e incluso una reconstrucción casi total, en la que se elevaría y apuntaría ligeramente el arco y en la que seguramente se le añadieron los aliviaderos laterales. Dicha reconstrucción, podría haberse debido a su destrucción por una riada del Ésera similar a la que en el año 1604 (tal como está documentado) destruyó el puente de Castro, situado aguas arriba. Las luces de desagüe de ambos puentes -aliviaderos incluidos- son de unos 300 m2. Deberíamos de descartar, que el Puente del Diablo tenga alguna relación con el paso del río Ésera por los romanos y ello en base a lo siguiente:
              En primer lugar por la duración de la piedra arenisca con la que está construido, tanto las partes más antiguas como las posteriores. Esta piedra, tiene una dureza muy baja y su composición la hacen muy vulnerable a la erosión y está demostrado, que este tipo de piedra -con pequeñas variaciones en sus calidades- expuesta al aire libre y pasado un periodo relativamente corto de tiempo, su grado de descomposición es muy elevado y de hecho, los edificios construidos con ella en los siglos XIV y XV han tenido que ser restaurados.
              Por otra parte, los caminos de acceso a este puente eran inapropiados, incluso para el tránsito de personas y caballerías, e imposibles para una vía romana, la historia así lo demuestra. En un trabajo de Antonio Torres Rausa, publicado en el periódico AltoAragón (5), se recoge lo siguiente: “Efectivamente, el 18 de enero de 1542, don Berenguer de Castro Cervellón, Señor de la Baronía de Castro y Estadilla, autoriza a su criado y vasallo Francisco “el Negro”, ante el notario Francisco de Lecina, para que pueda cerrar con puertas y llaves el puente de Olvena, debido a los numerosos robos y muertes que propiciaba tan angosto y solitario paraje. En su lugar, autoriza a utilizar la barca que el Marqués tiene sobre el río, poco más abajo,…”

Barca de paso, desembocadura del Ésera. Finales del s. XIX.
 Fotografía faiciltada por Ernesto Baringo Jordán
(a finales del s.XIX, la llamada “Barqueta de Estada”, estaba ubicada a unos 230 metros aguas abajo del puente)


Posible ubicación y características del puente
              Como ya se ha expuesto, el paso romano del río Ésera y sus accesos, debían ser aptos para el tránsito de carros. Tenemos el referente, de que la llamada Barqueta de Estada, permitía el transporte de carros de un lado a otro del río y de que los caminos que a ella llegaban eran carreteros. Uno de los caminos, discurría  desde Estada, elevado sobre la acequia de su huerta, hasta la altura del embarcadero donde la cruzaba.

Detalle en Mapa del I.G.C. Olvena.hoja 288 año 1952. 
Aparecen señalados: el Puente del Diablo, el Paso de Barca, el Vado y el Mesón.
              Continuaba en la otra orilla por el Camino de Estada a Graus. A unos 1500 metros, existía un mesón –lo que da idea de la importancia de la ruta- y un cruce de caminos para Olvena o Arcusa,  mientras que el camino principal seguía con dirección a San Roque, hacia La Puebla de Castro y Graus (6). Este recorrido por las características de su trazado, podría tener como antecedente la vía romana de acceso a Labitolosa.

Ruinas del mesón en el Camino de Estada hacia La puebla de Castro y Graus.
Autor de la foto: Ernesto Baringo Jordán
              El puente romano, podría haberse situado en el lugar donde siglos después se colocó la barca de paso -incluso ésta, pudo utilizar los viejos restos del puente como puerto-. En ese lugar,  el río ya ha salido del congosto y va más extendido, lo que permitía construir un puente relativamente largo que, sin elevarse mucho sobre las aguas ordinarias que circularan por el Ésera, permitiera también el paso de las avenidas ordinarias “los mayencos”; las grandes riadas podían arrastrar algunos trozos del tablero de madera del puente, pero resultaba relativamente fácil su reposición una vez que bajara el nivel de las aguas. En nuestra provincia, durante siglos, particularmente en el río Cinca, han existido varios puentes de estas características.
              Hemos de considerar, que no todos los puentes construidos por los romanos fueron construidos íntegramente de piedra, con sus correspondientes arcos de medio punto, sólidas pilas con aliviaderos sobre ellas y tablero horizontal. Los romanos, también construyeron puentes de madera que sustentaron sobre pilas hechas de sillares de piedra y argamasa. El profesor Jesús Liz hacía la siguiente consideración:“Su éxito se debe más que a la relativa economía de confección, a las ventajas que comportaba desde el punto de vista técnico, esto es, una razonable solidez conferida por sus pilas pétreas, que se libraban de las presiones que pudieran haber ejercido unos arcos…” (7)
              Como referente para este posible puente, tenemos el que durante unos ocho siglos existió en Ainsa sobre el Cinca (cierto que de manera interrumpida), y del que quedan los restos de un estribo y de dos de sus pilas. Este puente tendría algo más de 100 metros de longitud, la distancia entre las pilas de piedra era de 13,50 metros y el tablero se elevaba 3,00 metros sobre las aguas bajas del Cinca. El puente tuvo que ser reconstruido en numerosas ocasiones pero aún así, su mantenimiento resultaba más económico que si todo él hubiera sido de piedra.
_______________
(1)      Magallón Botalla, María Ángeles: CAMINOS Y COMUNICACIONES EN ARAGÓN-Las vías romanas en Aragón.  Zaragoza-1.999
(2)       Bulletí de la Associació d´ Excursions Catalana, Nº XII   janer- mars,1889
(3)       Ingeniería e Historia,  Revista Obra Pública Ingeniería y Territorio, Colegio de Ingenieros de Caminos Canales y Puertos – Septiembre 2001.
(4)       STVDIVM Revista de Humanidades  Universidad de Zaragoza, 1997
(5)      Diario AltoAragón, 7 de febrero de 1999
(6)      Instituto Geográfico y Catastral, Hoja 288  2ª edición 1952
(7)       Liz Guiral, Jesús  PUENTES ROMANOS EN EL CONVENTO JURIDICO CAESARAUGUSTANO, Institución Fernando El Católico- Zaragoza, 1985

Accesos a Labitolosa. Mapa del IGC Escala 1 -50.000






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