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LAS CRUCES DE TÉRMINO DE LA PUEBLA DE CASTRO

RECORDANDO AQUELLAS CRUCES


 


Autor del artículo: Román Carrera Giménez
Publicado en el Libré de las Fiestas de La Puebla de Castro de 1993.





     Allá por los años de mi infancia no había pueblo de España que no tuviera una cruz a la entrada o en sus proximidades a un lado del camino. La Puebla de Castro contaba con dos, pero en los albores de aquella República nacida el 14 de abril de 1931, una mañana al levantarnos y salir a la calle nos encontramos con la desagradable sorpresa de que durante la noche habían sido derribadas y por consiguiente destrozadas, la cruz del Portal y la cruz de los Charcales. Pronto empezó a vislumbrarse aquella gran tragedia que pocos años más tarde caería sobre España.


Restos de una Cruz de Término encontrada en la partida de “Las Casiellas”.
Se desconoce el lugar original en el que estuvo ubicada.
Foto realizada por Pedro Bardaji Suarez.


      La primera de estas cruces se hallaba situada frente al Portal de la calle del General Prim, en medio de la plaza a la cual dio su nombre: PLAZA DE LA CRUZ.


Pedestal de la Cruz del Portal.
Sentado, Eugenio Cama Permisan de Casa Nasarre.
 Foto facilitada por Casa Chandomingo

      Sobre dos gradas de piedra con base de unos 3 metros en cuadro, estaba el pedestal que sostenía un poste de madera de unos 5 metros, al final del cual asomaba la sencilla cruz de hierro que tendría sobre 50 ó 60 centímetros. En torno a ella se realizaban muchos juegos infantiles y, en sus gradas, sentados, se reunían los mozos por las noches durante el verano.

            Como recuerdo destacado tengo el de la procesión de San Marcos, el 25 de abril, la cual dando la vuelta alrededor de la cruz, regresaba a la iglesia por la misma calle del General Prim por la que había llegado cantando las Letanías de los Santos. También el 3 de mayo, día de la Santa Cruz, pasaba por su lado la procesión que con el mismo canto se dirigía hacia la era de “Andrés” donde tenía lugar “la bendición de términos”, rito que también se realizaba el 9 del mismo mes, día de San Gregorio, desde el pie de su imagen en la diminuta ermita atalaya del Torrocón.

            La Cruz de los Charcales se hallaba a la derecha, encima del “camino Minqué” en el punto en que arranca el camino vecinal que desde la carretera de Graus accede a nuestra Villa. Datada probablemente de finales del siglo pasado o principios del actual, erigida en sustitución de la que anteriormente hubo al final de la recta en el llano de la Laguna, a la derecha y donde empieza hacia abajo el “camino de Resordi”. La referida cruz de los Charcales cuyo poste era hexagonal, toda ella de piedra arenisca y con la imagen de Cristo y de la Virgen, fue labrada por el artesano local D. Mariano Martínez, esposo de la excelente maestra nacional de niñas Dª Pilar Castelar, que durante varios años ejerció en La Puebla donde falleció ya jubilada.

Fotografías de la parte anterior y posterior de la Cruz de Término que se guarda en el Museo de la Iglesia Parroquial de La Puebla de Castro. Posiblemente se trata de la Cruz de la Laguna, que luego fue de los Charcales.  Autor de las fotos: Pedro Bardaji Suarez. 


     Referente a la Cruz de la Laguna, diré que aún se conserva su pedestal en el mismo sitio, envuelto entre zarzas y que es, a mi entender, la que fue rescatada en 1977 de un lóbrego lugar donde se hallaba en el olvido y que hoy es pieza del pequeño Museo de la Iglesia Parroquial.


Pedestal de la Cruz de Término de la Laguna.
Autor de la foto: Fernando Martín Bravo
Pedestal de la Cruz de Término de la Laguna.
Autor de la foto: Fernando Martín Bravo


CRUCES DE ANTAÑO

CRUCES DE ANTAÑO
Autora del poema: Pilar Mur Almeida “Pilarín de Juan Antonio. Año 1947
Publicado en el Libré de las Fiestas de 1993.

Alegrieta en las fiestas de 1982.
Foto gentileza de Manolito del Zapatero

Sobre este poema escribe Román Carrera:

“Este poema me lo facilitó Alegría Nacenta, nuestra querida y simpática “Alegrieta” hija enamorada de La Puebla y residente en Ginebra, que lo halló en el baúl de sus recuerdos”.







I
¡Cruces viejas, olvidadas,
del Portal y la Laguna
que iluminasteis mi pueblo
con claridad de luna!


Cruces llenas de recuerdos
de aquellos lejanos días,
en que erais sombra y consuelo
de esta tierra tan querida.
Cruces que ya no existís,
derrocadas por la ira
de una humanidad que quiso
despedazarse a sí misma
Al contemplar los lugares
en que estuvisteis erguidas,
lloro sintiendo la ausencia
de vuestra sombra querida,
y quisiera, viejas cruces,
traducir en mi poesía,
la nostalgia dolorosa
que siento en el alma mía,
al pensar que sólo sois
el recuerdo de algún día…


II
Cruz bendita del Portal
que presidiste serena
erguida con majestad
en tu pedestal de piedra,
las horas y los minutos
que atravesaba La Puebla.
En tus gradas se sentaron
algún día mis abuelos,
en ellas han descansado
junto al señor, el obrero,
el niño junto al anciano,
y a tu sombra todo el pueblo.
Tú eras seguro refugio
en los infantiles juegos:
“¡Quien toque la cruz no paga!”
exclamaba un pequeñuelo,
y cuando a alcanzarle iban,
subía raudo tus gradas,
te abrazaba y repetía:
“¡Quien toque la cruz no paga!”
Y en sus palabras había
y en su mirar reflejaba
seguridad absoluta,
en la cruz que le amparaba.


Pedestal de la Cruz del Portal.
Sentado, Eugenio Cama Permisan de casa Nasarre.
Foto facilitada por Casa Chandomingo.
 

Bajo tus brazos pasaban
bodas, bautizos y entierros,

y a todos les prodigaban
bendiciones y consuelos.
Todos ¡oh cruz! te querían,

 todos ¡oh cruz! te admiraban,
 pero llegó un día aciago
 y la insensatez humana
 se desbordó, sin barreras

que contuviera sus ansias,

 destrozándose a sí misma,
sin saber qué destrozaba,
y la furia de las hordas

 te derribó de tus gradas,
 y quedó sin ti ese pueblo
 que tanto te veneraba.


 III
Y tú cruz de la Laguna
y después de los Charcales,
bajo la que descansaron
fatigados caminantes,
que encontraron a tu sombra
tranquilidad inefable.
Dominando la campiña
con tus brazos extendidos,
protegías las cosechas
y regías los destinos,
de mi pueblo que te amaba
con fervores campesinos.


Cruz de Término que se guarda en el Museo de
 la Iglesia Parroquial de La Puebla de Castro.
Posiblemente se trata de la Cruz de la Laguna,
que luego fue de los Charcales.
Autor de la foto: Pedro Bardaji Suarez.


Cuando el labriego volvía
de sus campestres labores,
ante ti se detenía
rezando las oraciones,
mientras el sol se perdía
tras el lejano horizonte.
Y traídos por la brisa
se escuchaban mil rumores,
de esquilas de rebaños,
de silbidos de pastores,
el aletear suave
de vencejos voladores,
las campesinas tonadas
de los mozos labradores,
y luego, de la campana
los melancólicos sones.

Yo no puedo comprender
cómo pudisteis ultrajar
y derribar por el suelo,
esos brazos que antaño
con tanto amor os acogieron.

    IV  
Más… ha pasado el horror
de aquellas horas amargas,
y Cristo ha vuelto a la iglesia,
y Dios ha vuelto a las almas,
y mi pueblo arrepentido
de sus acciones pasadas,
llora por sus viejas cruces
del Portal y la Laguna.

¡Oh Cruces!, mi corazón
me dice que no habéis muerto,
y que tornaréis un día
victoriosas a mi pueblo
y que volveréis a erguiros
sobre pedestales pétreos,
que ya no se romperán
como antaño se rompieron
y que volveréis a ser,
lo mismo que en otros tiempos,
para La Puebla de Castro
faro que la lleve al Cielo,
por senderos ideales
sublimes, grandes y eternos.

¡Viejas Cruces!... he querido
cantaros una elegía
y he terminado entonando
vuestra venida futura,
¡oh mis Cruces inmortales
del Portal y La Laguna!





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